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La Lengua » Tronco

Ars longa, vita brevis

Tronco

23 de December de 2008

Ya sabéis el tema: «tronco, yo no corono rollos con bombos», el anuncio famoso del que mis alumnos, al verlo, se descojonan. Con perdón.

El caso es que yo pienso que a los jóvenes hay que hablarles en su idioma para que te entiendan. Pero claro, el famoso anuncio (que por cierto, ha costado 200.000 euros, y eso que conozco a gente que ha hecho cosas mejores gratis en el W. C.; y no está bien criticar a la ligera el trabajo de otros, pero total, como lo he pagado yo…) no habla a los jóvenes en su idioma. Comete, en mi opinión, dos fallos principalmente.

El primer fallo es que unos creativos de treinta y tantos piensen que los jóvenes de 2008 hablan igual que ellos cuando eran jóvenes. ¿Cuándo fue la última vez que oísteis la palabra «tronco» sin que fuera referida a la parte dura y áspera que corresponde al tallo de algunos vegetales grandes? No sé, aquí en África estamos muy despegados de vosotros, los peninsulares, pero creo que eso ya no se lleva. Los chicos, creo, ya no dicen «tronco».

Para explicar el segundo fallo es necesario que hagamos como si los jóvenes siguieran llamándose «troncos». Sí, hagamos como que sí. Pero pensar que una forma de hablar y de pensar consiste en cambiar palabras como «novio» por «tronco», «casa» por «choza» (así lo decíamos en mis tiempos, ignoro cuál es la forma juvenil actual) es quedarse arañando apenas la superficie. Es como juzgar la forma de ser de una persona por su ropa. No creo que les llegue el mensaje así.

Es más, dudo que un anuncio molón sirva para evitar los embarazos no deseados. Los jóvenes saben que existe el condón. Y a los que no lo sepan, hay que contárselo, y no hacerles anuncios que los van a dejar más confundidos que otra cosa. Vamos, digo yo. Yo soy más libertario que restrictivo, y me parece muy bien que los chicos de 15 años hagan aquello en lo que un chico de 15 años piensa el 65% del tiempo (el resto del tiempo está dormido o durmiendo). Pero veo fundamental que tengan la información necesaria lo más completa y tempranamente posible. Creo que se debería explicar la sexualidad, incluyendo, por supuesto, los riesgos y las precauciones, más pronto que tarde. Oiga, y si a alguna comunidad religiosa le molesta (y no me refiero sólo a los que vienen de países más retrógrados que el nuestro), pues ahí está la puerta, o la cárcel, lo que prefieran. Pero yo creo firmemente en la bondad de la información.

Cambiemos el chip –yo también quiero parecer una patética imitación de joven–. Ya. Lo que piensen la iglesia cristiana, la islámica, la judía y la ciencióloga me trae sin cuidado. No vivo en un estado confesional. El sexo es una de las mejores cosas de la vida. Y aunque no lo fuera, es lo que permite que esté aquí escribiendo –y tú leyendo allí–. ¿Cuándo vamos a quitarle, por fin, ese barniz pecaminoso que lo ensucia tanto? ¿Cuándo dejaremos de ser tan hipócritas? ¿Cuándo nos vamos a enterar de una vez de que si seguimos diciendo a la gente que una de las cosas que más le gustan, y además totalmente inofensiva, es algo malo, vamos a seguir teniendo unas sociedades llenas de psicópatas en potencia? Políticos, religiones, padres, ¿es que no lo cogéis?

Yo lo cojo pronto, troncos.

Epílogo

Parece que un cantante de rap ha insinuado que la canción del anuncio es una copia de una balada suya. Y yo que pensaba que todas las canciones de rap eran plagios autorreferentes. Na, es broma.

Epílogo 2

Bien pensado, tal vez si no fuera pecado, si no estuviera tan mal visto, no daría tanto gusto. ¿Es posible? Minivotación improvisada en los comentarios. ¿Da más gusto el sexo ahora que es algo casi prohibido por las buenas costumbres? ¿Es el morbo un valor añadido a tener en cuenta? A votar.

5 comentarios en “Tronco”

  • # erre dice:
    23 de December de 2008 a las 0:23

    Hasta donde yo sé, apenas se dice “tronco”, ni “peluco”, por ejemplo. Eso es un fallo de guión. Vamos, que hay que documentarse, como con todo.

    Y… definitivamente, el morbo de que es algo mal visto le da gracia al asunto, no cabe duda.

  • # David Saltares dice:
    23 de December de 2008 a las 1:26

    Hay varias cosas a comentar en tu interesante artículo:

    Es cierto que el mensaje no llega a nadie. Ni se habla así ni se llega siendo tan superficial. Yo creo que quedaría bien algo normal:

    – Oye… ¿por qué no lo hacemos?
    – Pero, ¿tienes condones?
    – Que va, se me olvidó comprarlos.
    Opción 1: – bueno pues vamos al oral.
    Opción 2: – pues entonces nada de nada

    Pues sí, sería algo fuerte pero así se llama la atención y se habla con claridad. Porque eso es lo que pasa entre los jóvenes y chavales de 15 años. No tiene por qué ser exactamente así, sólo lo pongo como ejemplo.

    Lo de que el sexo es algo pecaminoso está muy arraigado en nuestra sociedad, y en casi todas las sociedades. Es algo dañino, que provoca toda esta desinformación, todos estos tabúes y mitos y demás parafernalia. Esto entra ya dentro de la educación que recibe cada uno en el seno familiar y su entorno cercano.

    Por último, creo que el sexo es más placentero por estar “prohíbido”. Sobre todo para los jóvenes, que lo ven como algo maligno, rebelde, “guay”. Aunque en general para todo el mundo.

    Saludos y ya te digo, un gran post.

  • # Tobal dice:
    24 de December de 2008 a las 10:55

    ¿A la casa no la llaman “keli” o algo así?

    Yo es que empiezo a ser mayor… ¡y no controlo, tronco!

  • # julifos dice:
    25 de December de 2008 a las 2:07

    Naide es dueño del lenguaje, así que no se sabe “lo que se dice ahora”. Es lo que opino. En mi época, la “peña” decía “mogollón” de cosas que en realidad tampoco eran de su época. Decían “tronco”, que era de algunos años antes. Decían “paisa, tronco” y decían “discoteque”, aunque pusieran cara de tontos. Decían “hacerse el sueco”, como hacía veinte años. Y decían “chupar” y “follar” y también “keli”, “kel” o “kelfor” (hace casi veinte años), y decían “talfi”, “tolfi”, “talego”, “lagarto”, “lechuga” y otro montón de gilipolleces, muchas de ellas tomadas directamente del léxico de cuarenta años atrás. También había heavies y punkies, pero otros decían que los punkies originales eran españoles (catalanes) y que los heavies eran los Steppenwolf, no, los Led Zeppelin, no, los Queen, no, los Metallica… Pero nadie sabía quién coño eran los heavies de verdad, ni tampoco los punk ni ningún otro. Sólo sabías quién era Manolo Escobar y quién el Fary.

    Los niños y adolescentes, según mi experiencia, cogen el ochenta por ciento de lo que aprenden (en casa y con sus amigos, mezcla de “moderno” y “antiguo”), y luego hay otro veinte por ciento que directamente se lo inventan. Lo imaginan, creen haberlo escuchado en algún sitio. Y la “conciencia global” se encarga del resto (por ejemplo, uno puede decir una estupidez y el de más allá la escucha y pone cara de “ya sé a lo que te refieres”, aunque no sepa de qué coño le están hablando, aunque se lo imagine).

    El morbo es un factor célebre dentro del sexo. Indiscutible. Y el mal como factor de seducción, también algo viejo. Siempre se ha hablado de la “belleza diabólica” (o maligna), especialmente referida a los jóvenes. En cierto sentido, es lógico, porque en nuestra cultura se demoniza el “te lo voy a de chupar todo por el frente y el revés” y se ensalza el “te voy a hacer un desayuno con frutas y cereales, cariño mío”, desde hace muchos siglos, y el ser humano tiende a desear lo que no tiene. O sea, que uno acaba hasta la polla de desayunarse All-Bran todos los días, pero no hay nadie que se la chupe. Lo ideal sería una mezcla de zumos de naranja y felaciones matutinas, y después una jornada ligera de trabajo para desengrasar. También algo de hacer caca. Es fundamental hacer caca por la mañana. Para el que tenga costumbre. El que lo haga por la tarde, por la tarde, pero suele ser más común por la mañana, después del zumo y la felación, y siempre antes del trabajo, por muy ligero que sea. Lo normal es, si entras temprano a trabajar, que no hagas demasiados esfuerzos hasta la hora de cagar. Luego cagas y… ¡Como nuevo! Desde ese momento hasta la hora del botellín (a las 13 horas en punto) es cuando uno puede desarrollar su máximo potencial. Antes de eso y después de lo otro, es difícil conciliar las actividades contra-natura (siendo “contra-natura” cualquier cosa que se oponga a la defecación por un extremo y a la cerveza por el otro). Es más sencillo siendo un super-saiyan. Pero de normal, uno hace lo que puede. Suelen ser situaciones de neurosis común. Nada patológico…

    Luego, si uno se esfuerza, puede conseguir grandes cosas, ser alguien reconocido, alguien importante… Pero los demás suelen hacer caca a la hora del reconocimiento ajeno. Cuando uno está en clase de sociales acordándose de Marco Polo o Richelieu, en realidad tiene ganas de hacer caca, o bien deseando tomarse un botellín. Es lo malo de ser estudiante, que es difícil conciliar y empalmar de una manera decente una necesidad con la otra. Los adultos lo tienen mejor, aunque en la mayoría de las ocasiones se quedan “coitus interruptus”. Así que uno, entre que se hace caca y necesita una felación y un botijo, no tiene ocasión de acordarse de lo bien que lo han hecho los otros. Eso durante la mayoría de la vida “útil”. Cuando eres un puto viejo, lo que haces es… Perrear. Te buscas tus sustitutos de cagar (si es que es algo que se te da mal), te cambias una mamada por un periódico con churros… Y el botijo te lo tomas como un rey, a las 13 horas en punto. Eso, si no eres mi viejo. Si lo eres, entonces te vas tomando birras cuando puedes y curras dieciséis horas diarias. No me preguntes el porqué. Aún no me queda claro si es algo más o menos común o si una particularidad. Aunque viendo la cantidad de “carajillos” que se siguen sirviendo a diario en los “bares de bien”, yo diría que es algo dolorosamente común.

    Brindo a tu salud, Elías, y a la salud de los lectores de La Lengua. Frsssp. Slurp.

  • # Javier Luque dice:
    27 de December de 2008 a las 16:01

    No deja de tener cierta guasa, si no fuera por lo cara que sale la risa, que con la que está cayendo nuestros políticos se dediquen a gastarse el dinero en estupideces semejantes en lugar de proporcionar educación, entiendo por ésta a la sana información y a las herramientas de pensamiento necesarias para un espíritu crítico.
    Imagino que educar a la gente para pensar y cargar con las lógicas consecuencias de eso resulta en exceso molesto.
    Quizá aún continúe vigente aquello de… ahora dudo de si era de Perich (creo que sí) o de Forges , bueno, aquella coletilla que daba por concluido el chiste: país. Aunque también vale: mundo, me temo.
    Al menos que no les quiten el morbo, como dices.

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