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Ars longa, vita brevis

A los menores les pasa algo

15 de December de 2008


Foto: Ideal

Actualización: si te parece interesante este artículo, menéalo.

Una de las frases más repetidas últimamente es aquella que afirma que los menores son un gran peligro para la sociedad, ya que «no se les puede hacer nada» (ejemplo). Esta idea, que no sé por dónde empezó (tal vez por una de las reformas del Código Penal que impedía, a mi juicio con buen criterio, que un menor pudiera ir a prisión con un montón de violadores y asesinos de 40 años o más que están de vuelta de todo), ha tenido un gran éxito y en la actualidad goza de muy buena salud.

Sea eso cierto o no, la verdad es que yo voy tranquilamente por la calle y no me siento amenazado por los menores, al menos no más que por los mayores. Sí, es cierto que a menudo se emborrachan y son ruidosos, pero en fin, si no se emborracharan ni fueran ruidosos no serían españoles, ¿no? Además, no me causan más molestias que los mayores de edad –que también nos emborrachamos y hacemos ruido, a veces por razones tan peregrinas como un partido de fútbol–.

Pero el caso es que no es cierto que no pueda pasarles nada. El otro día, como os comenté, asistí a una charla del juez Emilio Calatayud, titular del Juzgado n.º 1 de menores de Granada, hombre bien conocido por casi todo el mundo, sobre todo por algunas de sus sentencias, que muchos tildan de extravagantes. Sirva como ejemplo aquella en que condenó a un menor, acusado de robo, a sacarse el título de la ESO.

Este hombre es un animal de la oratoria y tiene su charla preparada al dedillo. De hecho, lo que puede verse en estos dos impresionantes vídeos (1, 2) lo dijo por completo en la charla. Pero los dos vídeos enlazados, juntos, duran unos escasos 20 minutos, y la charla se prolongó durante aproximadamente una hora y media. Una hora y media que se hizo corta, llena de informaciones interesantes, de hechos poco conocidos, de datos eruditos pero amenos y de alguna que otra broma para aligerar el ambiente. Si tenéis la oportunidad de verlo, no os lo penséis e id. Vamos al meollo.

Con algunas de las afirmaciones de este juez no estoy demasiado de acuerdo (es ligeramente conservador para mi gusto), pero todas las sostiene sobre sólidos argumentos, y siempre sabe de lo que habla. He aquí algunas de las cosas de las que me acuerdo. Lamento no haber llevado mi Moleskine, pero si la memoria no me falla, esto fue lo que más me hizo reflexionar:

A los menores sí les puede pasar algo. La gente piensa que un menor puede asesinar a una persona y que «a los dos días está en la calle, después de un par de meses jugando con la Playstation». Pero esto no es así. Calatayud dio datos de menores a los que ha tenido internados entre diez y doce años. Puede parecer poco, pero estamos en España: como él mismo recordó, hay etarras con delitos de sangre que han pasado menos tiempo en la cárcel.

Por supuesto, estas condenas tan largas no se aplican a un menor que roba un videojuego (¿quién en sus cabales alejaría de sus padres a un menor para meterlo en un centro por una nonada como esa?). Se aplican, igual que cuando se juzga a personas adultas, para delitos graves, como violaciones y homicidios.

Pero aun así, un menor que piensa que la policía «no lo puede tocar» se equivoca de medio a medio. Con las leyes en la mano, un menor puede estar hasta cinco días a disposición de la justicia, entre el encierro que puede decretarle la Policía, primero, luego el fiscal y finalmente el juez.

Los centros de menores no son campamentos de verano. Hace unos años, probablemente fuera así. Pero los nuevos centros que se están construyendo en la Junta de Andalucía tienen, a menudo, más seguridad que las prisiones para adultos, y de ahí no se escapa ni McGyver.

El problema no es el botellón; el problema es que los menores beben. La ley dice que en España no se puede beber hasta los 18 años. Y este límite tiene una razón poderosa y concreta: el alcohol es una sustancia tóxica. Los adultos tienen la obligación de proteger a los menores, y para protegerlos hay que alejarlos de las sustancias nocivas, hasta que tengan edad de hacer de su capa un sayo y de su cuerpo una piltrafa. ¿Que la gente se queja por el botellón? Lo que tendría que hacerse es detener a todos los menores que están bebiendo, sea en la calle o en cualquier discoteca, ponerlos en poder de sus padres y tomar las medidas legales oportunas.

Alrededor de este punto, Emilio Calatayud contó algunas historias realmente espeluznantes sobre menores que están, literalmente, desquiciados. Ha juzgado a menores de edad politoxicómanos, cuyos cerebros son médicamente irrecuperables porque desde antes de los quince años han estado probando diversas sustancias tóxicas en grandes cantidades.

Aquí, sin embargo (es una reflexión mía esta vez), desafiamos las leyes anti botellón celebrando grandes fiestas donde menores de edad beben y fuman hasta perder el conocimiento. Un porcentaje bajo, pero horrible, de estos menores acabará siendo un adulto-bebé, sin capacidad casi para atarse los cordones de los zapatos. A mí no me gustan nada las prohibiciones –ni las leyes, ya que hablamos de eso–, pero si tenemos leyes de protección de menores, una de las que debería cumplirse con más celo es la que les prohíbe machacarse el cuerpo. ¡Se hace más caso a un menor que falta al instituto que a uno que se emborracha todos los fines de semana! El que yo, igual que vosotros, lo haya hecho desde los catorce años no le resta nada de importancia al asunto.

Algunas leyes son delirantes, pero el mayor problema no son las leyes, sino su falta de aplicación. Por ejemplo: según el Código Penal, una agresión a cualquier funcionario en el ejercicio de sus funciones públicas (por ejemplo, un profesor o un médico de la Seguridad Social) constituye un delito de atentado. Sin embargo, hasta ahora este artículo no se aplica. Tampoco el artículo 155 del Código Civil, que dice literalmente que

Los hijos deben:

1. Obedecer a sus padres mientras permanezcan bajo su potestad y respetarles siempre.
2. Contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella.

¿Por qué no se aplican estos y otros artículos? ¿Por desidia de los jueces, interés de los políticos, por una sociedad que en general no se toma a sí misma en serio? Supongo que por un poco de todo, pero si se aplicaran las leyes, tal vez nos iría mejor. Pero ya se sabe: en este país, las leyes son orientativas, no de obligado cumplimiento.

¿Cuándo llegará la informática a la administración de la Justicia? Como dijo el juez, sería deseable que la Justicia gozara del mismo programa informático que Hacienda. Como escatimes un euro a los impuestos, no paran de amargarte la vida hasta que lo pagas (después de un gasto administrativo mayor que ese euro, o dicho castizamente, sale más caro el collar que el perro). Sin embargo, en España hay criminales sueltos –y delinquiendo– porque no ha llegado a no sé qué juzgado la orden de que a tal tipo o tipa los metan entre rejas. ¿No es, al menos, tan importante la Justicia como la Hacienda pública?

No hay que expulsar a los menores de los centros educativos. Según este juez, eso es como un premio para el menor, es como echar de la cárcel una semana a un preso porque se porta mal. Es necesario dotar a los centros del personal y el dinero suficiente para que, dentro de ellos, se pueda reeducar o «reinsertar» al menor en la convivencia del colegio o instituto. El alumno tiene que estar escolarizado hasta los 16 años, es un contrasentido expulsarlo cuando estudiar es su obligación.

Este punto es en el que menos estoy de acuerdo de todos los abordados por el juez. En primer lugar, si un centro educativo es como una cárcel (relacionado) donde tenemos a un montón de gente por el delito de ser menores de dieciséis años, no creo que la visión correcta sea convertir los institutos en la prisión de Alcatraz, sino trabajar para que parezcan menos una cárcel y más algo que es bueno para el futuro de los jóvenes. Por otra parte, cada vez creo menos en la educación obligatoria hasta una edad tan avanzada, sobre todo porque su origen es la necesidad de tenerlos metidos en algún sitio mientras sus padres reponen productos en el Pryca y sus madres friegan cuartos de baño de bancos, y no se tomó esa medida pensando en lo que era mejor para los alumnos. Sí estoy de acuerdo, sin embargo, en que no todos los alumnos pueden aprender de la misma manera: a los catorce años, hay alumnos que sabes que no puedes mantener sentados. Seguramente las aburridas horas de Lengua, Matemáticas, Sociales, Naturales, etc. sean para él una tortura sin ningún fruto (como todas las torturas), y además su presencia en clase impide el aprendizaje de los compañeros que están mejor adaptados. ¿Qué puede hacerse? En opinión del juez Calatayud, por ejemplo, enseñar un oficio desde más jóvenes. Y no estoy en desacuerdo del todo.

La mejor herramienta para impedir la delincuencia juvenil es la educación. Y la educación no se da sólo en la escuela. Ni siquiera la mayor parte. La educación es responsabilidad de toda la sociedad, enterita. Nada que añadir ni quitar a este respecto.

Todos somos delincuentes. Lo único es que casi nunca nos pillan. En España ya quedan pocas cosas que no sean delito, hay una sobreabundancia de leyes para todo. ¿Quién no se ha tomado unos cubalibres y ha conducido hasta su casa? Pues, según el nuevo Código Penal, quien lo haga es un delincuente. Otra cosa es que no se pille. ¿Quién no ha reparado el coche en el taller sin solicitar la factura, para que le salga más barato? ¿Quién no ha intentado defraudar al Fisco? Casi todo el mundo ha hecho alguna de estas cosas, u otras que están tipificadas como delitos.

Reflexión personal: en este país poca gente respeta las leyes porque vea un bien en su existencia, más bien lo hacemos por miedo al castigo (el miedo, principal instrumento del poder). ¿Cómo podemos escandalizarnos de que los menores cometan delitos? ¿Cómo podemos ser tan hipócritas?

Está aumentando significativamente el número de padres víctimas de violencia doméstica por parte de sus hijos. Este juez ha llegado incluso a dictar órdenes de alejamiento para los hijos. ¿Cómo puede ser? En opinión de Calatayud, las razones son varias.

Una de ellas es la incapacidad que hemos adquirido de decir «no». En España hemos perdido la costumbre de prohibir cosas a los menores, olvidando que ciertas prohibiciones (como las que impiden beber lejía, fumar o tirarse desde el balcón) son necesarias para el correcto crecimiento y desarrollo del menor. Entonces, los padres se encuentran un buen día con un toro de 16 años que no conoce límites. Y pretenden entonces educarlo, hablar con él y todo eso, pero –dijo sabiamente su señoría– a los 16 años no se puede empezar a educar a nadie. O se empieza desde que es un bebé, o mal asunto tenemos entre manos.

Esto enlaza con otro tema que al juez, como a mucha gente, le parece una aberración: que pegarle un cachete a un hijo se considere legalmente un maltrato. Es justo que haya leyes para que los menores (y también los adultos, que a veces se olvida eso) no reciban agresiones, pero dictar sentencias, ley en mano, de cárcel y alejamiento para unos padres por un simple bofetón (odioso, pero simple al fin y al cabo) puede muchas veces traer consecuencias mucho peores para el menor, con lo que la ley no consigue protegerlo como es su fin.

Nadie duda, por supuesto, de que al animal que dejó impedida a una niña de seis años y a la madre de ella, que lo permitió, hay que alejarlos de la sociedad un buen tiempo y castigarlos con todo el peso de la ley. Pero para un menor a cuyo padre un día se le fue la mano y le dio un coscorrón, ¿qué es peor? ¿Dejar el hecho impune, o emprender un penoso y costoso proceso judicial, en que el niño aprenderá que es intocable y que aquí se hace lo que dictan sus santos testículos? ¿Es más grave que un padre pegue un bofetón a un chico de quince años que vuelve de porros hasta las cejas a las tres de la madrugada, o es por el contrario peor que ese padre acabe en la cárcel?

En resumidas cuentas, fue una de las mejores charlas a las que he asistido, y aunque, como he dicho, el juez Calatayud es un poco conservador para mi idea de lo que una sociedad debe ser, no puede dudarse de que todo lo que dice está sólidamente argumentado, que es un profesional que conoce su oficio como pocos y que si hubiese más gente que se tomase su trabajo tan en serio como él, otro gallo nos cantaría. Recuerdo mis palabras exactas al acabar su conferencia: «A este hombre hay que hacerlo ministro de Justicia ya». Lamentablemente, los políticos tienen antes a un montón de amigos a los que devolver favores. Y, después de todo, el bienestar del ciudadano nunca ha sido una prioridad.

8 comentarios en “A los menores les pasa algo”

  • # rafagames dice:
    16 de December de 2008 a las 0:17

    Recuerdo haber visto esos mismos vídeos el año pasado, estando en 4º de la ESO, cuando el cura del colegio se los puso a los de 3º en Educación para la Ciudadanía (a mi me encargaron que montara el proyector y controlara los vídeos, el tonto siempre pringa), y creo que fue la hora de clase perdida mejor aprovechada que nunca he tenido. Me quedé impresionado por las palabras de ese señor y la de verdades que decía.
    Es curioso que la clase a la que le estaba poniendo el vídeo era (y es) la más problemática del colegio. Aun así, cuando terminó la hora un amigo (que concuerda bastante con los perfiles que describe Calatayud) me vino y me dijo que tenía toda la razón, y que él mismo lo reconocía.

    Llevaba tiempo queriendo encontrarme con éstos vídeos de nuevo porque no recordaba ni quién era el juez ni nada, y tengo ganas de mostrárselo a varias personas. Este post, además de haberme encantado, te lo agradezco.

    PD: El diseño ahora me carga más rápido 😀

  • # A los menores sí les pasa algo dice:
    16 de December de 2008 a las 1:21

    […] A los menores sí les pasa algolalengua.info/2008/12/a-los-menores-si-les-pasa-algo/ por Politicamente_Incorrecto hace pocos segundos […]

  • # pitufo dice:
    16 de December de 2008 a las 11:33

    Felicidades por el amplísimo resumen.

    Creo que sí hay que mantener a los menores en los insitutos, no como en la cárcel sino porque la alternativa es peor (la calle) y porque sí aprenden algo incluso los más desmotivados. Que se tenga que adaptar la manera actual de dar clase es otro tema.

    Hace falta más conocimiento sobre los centros de menores, tanto los de justicia como los de acogida o residenciales, hay un porcentaje creciente de alumnos que viven en ellos y para la mayoría de profesores son como un enigma rodeado de mitos. Por supuesto eso implica más coordinación con los servicios sociales, como parte de las funciones de tutoría.

    Lo de dictar orden de alejamiento a un padre por pasarse con una torta es inverosímil, no merece más comentarios

  • # Priscila dice:
    16 de December de 2008 a las 16:36

    Los menores están sobreprotegidos. Y ellos lo saben. Todos los sabemos y somos permisivos con ellos en todos los sentidos para no implicarnos demasiado ni salir trasquilados. Y así nos va.

    Una cosa es expulsar a los alumnos de las aulas y otra muy diferente expulsarlos de los centros educativos. Con lo segundo no puedo estar de acuerdo. Si expulsamos a nuestros alumnos durante 15 días por acumular partes de disciplina, normalmente vuelven peor y con ganas de repetir la experiencia pues viven todo un rito iniciático de vagancia y destrucción. Nadie controla lo que hacen durante esos intervalos: en mi localidad, se juntan todos los expulsados del pueblo y se esconden por las casas y naves abandonadas a fumar porros y beber. Alguna vez la Guardia Civil los ha intentado devolver al redil pues los ha encontrando vagando y maleando, y ha habido que explicarles que no pueden estar en el Instituto y dejarles marchar. Normalmente, a los padres hace años que estos chicos se les fueron de las manos.

    Creo que debe haber mayor coordinación entre competencias (educativas, sociales, judiciales, etc.) para que los institutos empiecen a funcionar. Cuando un alumno acumula faltas de disciplina, algunas graves, algún organismo público debe hacerse cargo de ellos. Por ejemplo, podrían cumplir las expulsiones en un centro de menores, realizar tareas sociales, trabajar con un educador social, etc.

    En definitiva, no creo que todo esté perdido. Pero hay una parte bien grande de nuestra juventud que está muy podrida y no es ni más ni menos, reflejo de la correspondiente parte de la sociedad que está de la misma manera.

  • # Pedro dice:
    17 de December de 2008 a las 0:47

    Puedo comprobar que a los profesores nos preocupa el tema y es por que lo sufrimos. Y no es que no queramos atender a estos alumnos, pero algo aquí no cuadra. Lo que no podemos hacer atender a la vez a unos alumnos normalmente educados y a otros que no han aprendido ni las más elementales normas sociales. Porque las demandas son totlamente distintas e imposibles de resolver simultáneamente.
    Estos chicos tienen un problema y esa no es la solución.

  • # Pedro dice:
    17 de December de 2008 a las 9:42

    Puedo comprobar que a los prfesores nos preocupa el tema, y es porque lo sufrimos. Y no es que no queramos atender a estos alumnos, pero algo aquí no cuadra. Lo que no podemos hacer, es atender a la vez a unos alumnos normalmente educados y a otros que no han aprendido ni las más elementales normas sociales. Porque las demandas son totalmente distintas e imposibles de resolver simultáneamente.
    Estos chicos tienen un problema y esa no es la solución.

  • # ricardo castellanos dice:
    19 de December de 2008 a las 21:56

    TENEMOS QUE ENSENALES DESDE PEQUENOS LA ESCRITURA[LA BIBLIA];;;;;;;GRACIAS

  • # Marcos dice:
    30 de December de 2008 a las 21:01

    Estando de acuerdo en casi todo: ¿Es más educativo el azote que la ley que prohíbe los azotes?

    Una ley que prohíbe usar la violencia contra los menores, o cualquier persona, o incluso contra los animales, entiendo que pueda parecernos errónea, inútil o desproporcionada, es chocante cuando hay sentencias de cárcel o alejamiento, sí. ¿Pero por qué razón no se opina lo mismo automáticamente sobre esa violencia, o sea que es errónea, inútil, y desproporcionada? Eso ya no lo entiendo. Y no es lo mismo, que leches, me parece mucho peor porque lo que enseña es violencia. Aunque un poco de violencia no es mala, pensaremos. Un poco de cárcel para los que usan la violencia, eso que nos parece una aberración de la justicia y la sociedad, claro.

    ¿Cómo enseñar a una sociedad a no usar la violencia?
    ¿Cómo enseñar a no enseñar la violencia?
    Yo me pregunto por lo que se aprende desde pequeño.

    Quizá sea fácil hablar sin ser padre.
    Bebés que requieren atención continua, y a nadie se le ocurre ponerse violento porque no deja de llorar, que pone los nervios de punta ( y todavía hay algún desgraciado). Pero no tenemos la misma paciencia, ni dedicamos toda esa atención, cuando son no mucho más mayores. Rabietas que sacan de quicio, desobediencias tercas y estúpidas. No lo consentimos, no tenemos tiempo para dedicarles toda la atención, ni la paciencia, ni el humor, ni las ganas… ni la inteligencia, ni el humor, ni el saber hacer.

    Y es tan expeditivo un azote, una amenaza, tan cómodo una de esas pequeñas humillaciones que agradecerán cuando sean adultos y comprendan su terquedad infantil. Para que perder el tiempo en jugar, negociar, conectar, atender (todo a la vez, uff, que chungo) para que el niño se ponga de una vez el abrigo (que no es un abrigo, es una capa mágica de invisibilidad, por ejemplo).

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