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La Lengua » Mil novecientos ochenta y cuatro

Ars longa, vita brevis

Mil novecientos ochenta y cuatro

25 de November de 2008

Parque Vigeland, Oslo (2)

Dentro de nada, va a ser delito comer. ¡Vaya! Si ya lo es. En el significado más sexual de la palabra y en el menos. Vayamos por partes.

En Georgia, Estados Unidos, una chica de 17 años «practicó sexo oral» (vamos, creo que ya entendéis lo que hizo) con un chico de 15. Desde entonces, y doce años después, esta mujer está en una lista de sex offenders. Es decir, que es público y notorio que es una delincuente que abusa sexualmente de menores. Esta situación puede, incluso, costarle su casa, 12 años después. Las leyes de ese estado dicen que un sex offender no puede vivir a menos de 1.000 pies (unos 300 metros) de un lugar donde los niños se reúnan. Recordemos que esta joven es una sex offender por hacerle una… en fin, ya sabéis, a su novio de 15 años cuando ella tenía 17.

Recordando mis 15 años, dudo mucho que un joven de esa edad pueda soñar con algo más maravilloso que ser ofendido de esa manera por una chica de 17. ¿Y fue procesada por abusar de un menor? Esta gente, seguro, es la que critica a los talibanes por apedrear a los homosexuales, o a las mujeres que gozan del sexo extramatrimonial. ¡Qué mundo! [Noticia en inglés, vía Boing Boing]

Segunda parte. También en Estados Unidos, una mujer ha sido acusada de posesión de pornografía infantil. El motivo: llevó unos carretes a revelar. En los carretes había fotos de ella, su pareja y sus hijos, en diversos juegos inocentes o tomando un baño. Pero la foto que la ha hundido en el infierno es una en que aparece dando de mamar a su bebé. Procesada por comer, igual que la chica de la noticia anterior (si me permitís la licencia poética). Aunque, en este caso, el que comía era el rorro. [También en inglés, vía Menéame]

En este segundo caso, fue el encargado de la tienda de revelado de fotos quien denunció a la mujer. Por si acaso. La policía nos ha convertido en sus perros. Quieren que tengamos miedo de todo, porque si tenemos miedo de todo, como los niños pequeños, haremos caso a cualquier orden, para no perder la protección de los fuertes y cálidos brazos de papá. Temed a Al Qaeda, a los piratas de Internet, a Internet a secas, a los pederastas, a los hombres, todos maltratadores. A veces tengo miedo de mí mismo: voy andando por la calle con la hija pequeña de mis amigos, y a veces, sin poder evitarlo, me pregunto cómo me veo a los ojos de los demás. ¿Pareceré un pederasta? ¿Está bien que la coja de la mano, que la suba a hombros? A veces incluso resulta difícil actuar con naturalidad, en este mundo de maltratos psicológicos, monstruos austríacos y leyes de género.

Ah, y ten también miedo de tu vecino, o del empleado de la tienda, porque te está vigilando como un perro, y en el momento menos pensado y con el motivo más banal –como darle la teta a tu bebé– puede presentarse en la comisaría para indicar, como un buen ciudadano, que puede que tú no seas un ciudadano ejemplar, y que le den su galleta. Y luego, como dicen en Padre de familia:

–¿Cuánto dinero necesito dar para sentirme seguro?
–¿Cuánto lleva ahí?

¿Habéis leído 1984? Pues, como dice Martin Amis, y aunque suene increíble, Orwell se quedó corto. Y no os preocupéis, que todo lo que llega a Estados Unidos lo acabamos copiando. La política educativa, la económica… Tiempo al tiempo.

(Como persona muy interesada en el lenguaje y sus códigos, hay una cosa que me ha venido llamando la atención últimamente. Una especie de camino de doble sentido, un doblepensar maléfico, citando de nuevo al bueno de Orwell. A medida que avanzan los años, cada vez hay más cosas que son delito (hacerle una mamada a tu novio del instituto o dar de comer a tu bebé), con lo cual hay menos cosas que podemos hacer: menos libertad. Cosas maravillosas, como el sexo oral entre adolescentes, han sido convertidas en delitos por los que una persona puede estar pagando décadas. Debe de ser algo horrible, cuando doce años después alguien puede perder su casa por ello. Pero, al mismo tiempo, se crean eufemismos muy agresivos, como sex offender. ¿Sex offender? ¿Qué broma es esta? Si la cosa es tan terrible, llamémosle violación, o abuso de menores, o estupro, o cualquier otra palabra fea. Si en realidad la cosa es tan fea, pongámosle el nombre de la rosa. Pero no lo hacemos. ¿Por qué?

Quién sabe. Puede que si dijésemos que una mujer está acusada de violación por hacerle eso a su novio, o de abusar de un menor por darle de mamar, todos nos lleváramos las manos a la cabeza. ¿Os imagináis a la chica de las noticias hablando de la joven del primer enlace como una «violadora de menores»? Absurdo. Pero quizás con sex offender tragamos el anzuelo. Pues no os dejéis engañar. La foto de arriba la hice en 2001, en el parque Vigeland, en Oslo, y muestra claramente a un sex offender con su víctima. Digo yo.)

3 comentarios en “Mil novecientos ochenta y cuatro”

  • # julifos dice:
    26 de November de 2008 a las 0:17

    Generalmente opino que aquí las cosas suelen llegar veinte años después (es el tópico) que a USA. Pero también opino que hay cosas que son típical-espéin. Y cosas que son del viejo mundo. Aquí comerse un buen pene es algo corriente. Digo yo. No es algo de lo que se hable a la hora de comer, pero si alguien te lo comenta tampoco es tan raro… Lo de dar la teta ni lo comento.

    Por lo demás, a mí también me ha asaltado muchas veces la “duda” a la hora de tirarle un mordisco al culo de mi hijo (que está bien rico) en público, e incluso en privado (ya viendo las noticias de los niños que denuncian a los padres, los profes y a todo cristo viviente…). Pero por ahora la cosa está así: si hay que morder, se muerde. Si hay que chupar, se chupa. Si hay que hacer tocamientos, se hacen. Por ahora es todo natural. No es que nos andemos tocando los penes unos a otros por el pasillo, pero si uno está en pelotas y se dirige a la ducha tampoco hace falta que el de más allá llame a la policía ni nada. En mi familia se da por supuesto que el que está en bolas dirigiéndose a la ducha en realidad tiene intención de ducharse y no de meterle el pene (propiamente dicho) a su antagonista hasta las amígdalas. Y si yo se la pelo a mis hijos es por higiene (el mayor ya ha aprendido a autolimpiársela y se niega a que yo practique la operación, porque le hace cosquillas). Y mientras provoque risas y regocijo (y no vergüenza y silencio), en esta familia se van a mordisquear las orejas, se va a dar la mano para ir por la calle, etc.

    Otra cosa que siempre intento decirle a todo el mundo cuando se habla sobre los USA: no son tan “malos” como parece. Sólo la mitad de ellos. Yo, casualmente, siempre he conocido a los “buenos”. Por una afición que tengo (que es vender napalm y cromos de Picachu por email), he conocido a mucha gente a través de Internet. Y casi siempre he tratado con gente completamente normal. Se me ha atragantado alguno de Texas. Pero tengo un amigo que curiosamente es poli en Ohio. En teoría, se supone que eso es ser muy malo. Creo que en Ohio es donde más donut comen los policías y además tienen fama de ser analfabetos y oligofrénicos. Pues curiosamente este tipo es una bella persona como pocas he conocido en la vida. Directamente lo digo. Y muchos otros también, en muchas partes de USA. ¿A lo mejor es que los “malos” no se relacionan por Internet porque es pecado? Yo creo que no. Creo que son igual que somos por aquí: la mitad de nosotros piensa que la otra mitad es tonta y pavisosa, mientras que la otra mitad piensa de nosotros exactamente lo mismo. Y así bi-partitamente, porque la mitad de la mitad del todo piensa que la otra mitad de la mitad es menos lista e interesante que ella y bla, bla, bla.

    Eso que sucede es necesario. En programación (y en matemáticas) hay cosas parecidas, como las búsquedas binarias (una cosa se parte por la mitad y se buscan coincidencias; si no las hay, se vuelve a partir la otra mitad por la mitad y bla, bla, bla). La otra mitad siempre es el de más allá. Y mi mitad es aquella en la que soy. No es algo necesariamente paritario. A veces puede haber tres o más “partidos”. Pero en el fondo de todo siempre late el “bipartido”: yo y los míos por un lado; y los demás por el otro. Nosotros lo queremos así y ellos también. Yo tengo aquí mi casa y deseo que haya un límite con el vecino. Él también lo quiere así.

    Pero la mitad de los USA son “buenos”. Y la mitad de la otra mitad, también. Y del resto (el 25%), todavía hay muchos que se salvan.

    Aunque sí es verdad que allí van con mucho retraso. Me da la sensación de que no tienen bien resuelto el asunto moral. Tampoco es que aquí lo esté, pero por lo menos en los últimos treinta años ningún político ha dicho en público nada de “porque con ayuda de dios y bla, bla, bla”. Como los faraones. Aunque en Madrid tenemos experiencia con los faraones…

  • # John Constantine dice:
    26 de November de 2008 a las 10:18

    Yo pienso, desde hace tiempo, que con el nivel de estupidez que tenemos a todos los niveles en España, tampoco somos quienes para ponernos a criticar a los USA. Que aquí hemos tenido (tanto de izquierdas como de derechas) presidentes tanto o más impresentables como el que allí va a dejar el cargo. Eso si, allí existe una “mayoría moral” que provoca hechos como los que narra Elías que parecen de frenopático. Lo que pasa es que, en otros ámbitos -que no el de la libertad sexual- aquí existen tambien ciertos usos comunes, que….

  • # Manuel dice:
    26 de November de 2008 a las 14:01

    Qué gran visionario fue Orwell…

    Yo también me leí el libro hace unos años, y me vi la película, y la verdad es que sin llegar ser tan negro, sí que es cierto que cada vez tenemos menos libertad…

    Existen, eso sí, enemigos ‘invisibles’ malísimos y fanáticos que quieren acabar con nosotros, y a los que hay que combatir cómo y dónde sea.

    También se censuran noticias, como ha demostrado la web 2.0 al hacernos llegar informaciones que de otras formas no nos llegarían. Solo que en lugar de haber un Ministerio de Censura, lo que hay son grupos que controlan los medios de comunicación capaces de sentarse con el Gobierno de turno para acordar la manipulación.

    ¿La prueba?… pues la tenemos ahí con el tema de las tropas de Afganistán, enviadas a una zona de guerra mientras se nos vende que van en misión de paz a repartir comida y poco más. ¿Y cuántos medios de comunicación han contado la verdad?…

    Y si bien aquí no llegamos a los extremos de los USA, sí es cierto que no les andamos muy lejos, y que con el tiempo es posible que todo llegue.

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