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La Lengua » El fracaso de la escuela (III)

Ars longa, vita brevis

El fracaso de la escuela (III)

13 de October de 2008

Deberíamos abolir el sistema de asistencia obligatoria a la escuela. Al menos, deberíamos modificarlo, quizá concediendo a los niños un elevado número, 50 ó 60, de ausencias anuales autorizadas. Nuestras leyes sobre la asistencia obligatoria a la escuela sirvieron en otros tiempos para cumplir un objetivo humano y útil. Protegían el derecho del niño a la educación, contra los adultos que, de lo contrario, se hubiesen negado con el fin de explotar su trabajo en el campo, en el taller, la tienda, la mina o la fábrica. Hoy en día, esas mismas leyes no sirven para ayudar a nadie, ni a la escuela, ni a los profesores ni a los propios niños. Obligar a permanecer en la escuela a niños que preferirían no hacerlo representa para las escuelas una enorme cantidad de tiempo y problemas, por no hablar de lo que cuesta reparar los desperfectos que causan estos irritados y resentidos prisioneros tan pronto se les presenta la oportunidad. Cualquier profesor sabe que un niño que, por la razón que sea, preferiría no estar en clase, no sólo no aprende nada, sino que dificulta el aprendizaje de los demás.

Como os dije, un libro plagado de verdades como catedrales, esta en concreto en las páginas 33 y 34. La negrita es mía.

Todos sabemos de qué va el asunto en realidad, al menos en este país. Las tiendas, las fábricas, los bancos y los almacenes necesitan mucha carne no pensante que trabaje el mayor número de horas posibles por el mínimo sueldo. Estas personas no estarían del todo tranquilas si sus hijos no estuvieran vigilados, así que como un regalo a las grandes empresas –que no a los padres, que tienen el deber y también el derecho de pasar más tiempo con sus hijos– se estableció con la LOGSE que todos los chicos entre los 6 y los 16 años deben estar bajo la tutela de los ahora mal llamados educadores.

Ay, perdonadme, ya sé que últimamente suelto muchas palabrotas, pero es que vaya mundo de mierda: en lugar de adaptar los tiránicos horarios de las cadenas de producción para que sirvan a las personas, somos las personas las que tenemos que adaptarnos a los horarios más convenientes para los directores generales y los propietarios de las grandes empresas. ¿Cómo han conseguido convertirnos en unos esclavos tan sumisos? Si hasta un Gobierno que se llama a sí mismo de izquierdas (aunque creo que ellos son los primeros que saben que eso no se lo traga ya nadie) se gasta el dinero en hacer guarderías gratuitas para que los padres dejen a sus hijos y así puedan hacer más horas extras sin cobrar… Se habla de extender la edad obligatoria de asistencia a la escuela hasta antes de los seis años, y al final, en la misma unidad materna de los hospitales habrá una guardería de bebés para que la madre pueda irse a su puesto de cajera en el hiper tan pronto le hayan dado los puntos en la cesárea.

Y les van a regalar no sé cuántos millones (aunque en El País, en Público o donde sea intenten convencernos de que no es un regalo) a los bancos, y la gente mucho darle al pico por Internet, pero luego agachan la cabeza y pagan como idiotas. Pero volvamos al tema, que me pierde esta boca.

En una cosa, al menos, tiene razón John Holt. El chico que va a la escuela sin ganas, ya ha decidido que no va a aprender nada, y si quieres que lo haga te va a costar sudar sangre. No digo que sea imposible, hay profesores milagrosos. Pero si te dedicas a ese alumno, que tienes en contra, tienes que dejar de lado a los demás. ¿Quizás sería más productivo que ese día no fuera a clase, y al otro tampoco, y que al tercero apareciera, como los ahogados, con curiosidad sobre lo que se está dando y ganas de ver a sus amigos? Si fuese al colegio o al instituto por su propia voluntad, casi seguro que no se dedicaría a gandulear ni molestar. Cuando un joven va a jugar un partido de fútbol porque le apetece, no se dedica a pinchar el balón ni a deteriorar la portería, porque va en contra de sus intereses. ¿Por qué pinta la mesa de la escuela y rompe el cristal de la ventana? ¿Cómo podemos convencerle de que la escuela es buena para él? Ahí está el quid de la cuestión.

Este libro es demasiado revolucionario, y pretende dinamitar el sistema educativo. Puede que tenga razón, y puede que no la tenga, pero sus argumentos son muy difíciles de rebatir. ¿Vuestras opiniones?

En La Lengua:

4 comentarios en “El fracaso de la escuela (III)”

  • # julifos dice:
    14 de October de 2008 a las 7:53

    Yo estoy especialmente interesado en que mi hijo no vaya a la escuela obligatoriamente, porque el día que se me crucen los cables y me lo lleve por ahí unos meses de safari (o a pescar peces-gato en el Jarama) no quiero que me pongan en búsqueda y captura por rapto de menores (¡de mis propios hijos!) o me metan en el talego.

    Da repelús decirlo así, a estas alturas de la vida, pero antes pintaban más los niños aprendiendo un oficio que ahora tirándose doce años bajo el primer yugo social, el más fuerte por ser el primero, cuando uno está tierno y se le sueldan definitivamente las cervicales para mirar al suelo, como los cerdos. Todo bien cosido y apuntalado con obligatoriedades y, como dices tú, la complicidad del medio social (empresarios, políticos y medios de comunicación al servicio de ambos, y aquí incluyo a la religión católica, no sé si en “política” o en “empresa”).

    Lo malo, obviamente, es que antes los niños que aprendían un oficio desde pequeños también lo hacían obligatoriamente.

    Y lo otro malo, ya por reiterar, es que la obligatoriedad de la escuela es casi obligada. Aunque yo fuese marqués de Pompadour o dueño de un asador de moda y tuviese todo el dinero del mundo, es difícil que supiese qué hacer con los niños si les tuviese todo el día a mi cargo… Bueno, no. Ni aunque me empeñe. Se me ocurren cincuenta mil cosas interesantes que podrían gustarles. Si es que, al menos los míos, se mueren por aprender cosas. Es que están en la edad… Quieren saberlo todo. Quieren saber coser zapatos, matemáticas puras, fotografía, minería, diseño industrial y ergonomía… Todo lo que les eches. Eso y ver pelis de Disney.

    Con la escuela (así, planteada como revolución) me pasa igual que con política. ¿Hay alguna solución real? Me apunto.

  • # La Lengua » Blog Archive » El fracaso de la escuela (IV) dice:
    14 de October de 2008 a las 15:37

    […] De la página 184. Hoy el comentario a esta cita lo pondrá involuntariamente julifos: […]

  • # La Lengua » Blog Archive » El fracaso de la escuela (V) dice:
    19 de October de 2008 a las 12:31

    […] El fracaso de la escuela (III) […]

  • # raul cima dice:
    3 de February de 2010 a las 22:57

    Recien me encuentro con esta pagina de john Holt con quien acuerdo en todo con sus ideas por lo que siento una gran alegria. Me gustaria si alguien sabe informarme si aun vive ya que me gustaria intercambiar ideas con él, o de lo contrario con seguidores. Y por cierto que los lectores que deseen debatir estas ideas pueden contar conmigo. raulcima@fibertel.com.ar

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