Balada del adúltero – Juan Antonio Canta
Esta canción tiene una letra tan asombrosamente buena y lírica, que voy a escribirla completa. Pero antes, unas palabras dedicadas al autor.
Juan Antonio Canta (nacido Castillo) dio sus primeros pasos profesionales en el mundo de la música al frente del grupo Pabellón Psiquiátrico, uno de los clásicos de los primeros tiempos del rock español de los ochenta. Con este grupo llegó a grabar cuatro discos, y alcanzó un relativo éxito, al parecer más en Latinoamérica que aquí. Tras deshacerse el grupo, estuvo estudiando interpretación, componiendo y tocando como cantautor en los bares que querían contratarlo.
En 1996 le llegó el éxito de forma inesperada: grabó el disco Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta, que estaba destinado, como tantos otros productos de calidad, a pasar sin pena ni gloria en un país a cuya «cultura musical» le sobran, francamente, las dos palabras.
Sin embargo, un hecho fortuito lo catapultó a la fama. Pepe Navarro, que entonces presentaba y dirigía el programa de mayor éxito en la televisión, Esta noche cruzamos el Mississippi, que pasaba por ser lo más chabacano que habían conocido los televidentes hasta el momento (¡ay!, no podíamos ni imaginar lo que nos esperaba después), entró en un bar cordobés donde Juan Antonio estaba actuando, y decidió contratarlo para su show.
Juan Antonio salía, noche tras noche, con su traje y su cara de vacío existencial, interpretando un insulso tema titulado «La danza de los cuarenta limones». Detrás de él salían casi siempre unas pechugonas bailando, para hacer contraste con la seria apariencia del músico. La canción se convirtió en un éxito instantáneo, y a Juan Antonio empezaron a salirle actuaciones por todos lados, no como el artista y el genio que era, sino como un freak de feria del que reírse, de la especie que tanto ha proliferado después gracias a programas que han superado al Mississippi en mal gusto.
Pocos meses después de publicar el disco y de su ascenso a lo más amargo de la fama, Juan Antonio Canta se ahorcó en su apartamento. Era el 22 de diciembre de 1996, y tenía 30 años. Pocos días antes había escrito una carta a Martirio (otra de nuestras grandes artistas olvidadas), donde se intuía el final de un artista asqueado por el bussiness. Nos dejó un único disco en solitario, que contiene joyas como «Catherine Deneuve», «Te quiero» o «Copla del viudo del submarino» (versionada por La cabra mecánica unos años más tarde), preciosas composiciones de letras a veces profundas, a veces irónicas, a veces relativamente culturetas, pero siempre inteligentes y cuidadas. La letra de la canción que os presento hoy es una de las baladas más sentidas sobre un hombre que es infiel a su mujer, sin saber bien cómo. Disfrutad. Y sed malos este fin de semana, a veces es la única forma de vivir.
Anoche estuve con otra mujer.
No recuerdo su nombre ni su piel.
Tan solamente sé que no eras tú:
me di cuenta cuando encendí la luz.
Estaba tan cansado de luchar
por ti y por mí con todos los demás,
que fue como una especie de oasis.
Contártelo no me resulta fácil.
Estaba allí, y yo también estaba,
estábamos los dos, y tú no estabas.
Bebíamos licores de canela
y entonces fue y salió la luna llena.
Reíamos como tú y yo al principio,
antes de que compráramos pisito,
ella tenía tu misma sonrisa,
y de repente, me empezó la prisa…
Y le hice el amor como un toro robusto,
con algo de rencor, sin encontrarle el gusto.
Y le hice el amor detrás de unos arbustos.
Luego, en el ascensor, un coitus interruptus.
Fue por no hacerle el feo,
solo pensaba en ti.
Mas me callo… ya veo
que no crees en mí.
Yo sólo soy un hombre, ¿qué harías tú?
¿Esconderla, igual que un avestruz?
Te digo francamente la verdad.
Ahora decide tú lo que será.
Me mata esta dualidad,
me distrae y me destruye.
Mas mírame a la cara, mujer,
pórtate como un hombre
y hazme el amor como un toro robusto,
con algo de rencor, sin encontrarle el gusto.
Pero hazme el amor detrás de unos arbustos.
Luego, en el ascensor, un coitus interruptus.
No me hagas el feo,
solo pensaba en ti.
Mas me callo… ya veo
que no crees en mí.





