Ars longa, vita brevis

Balada del adúltero – Juan Antonio Canta

30 de October de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

Esta canción tiene una letra tan asombrosamente buena y lírica, que voy a escribirla completa. Pero antes, unas palabras dedicadas al autor.

Juan Antonio Canta (nacido Castillo) dio sus primeros pasos profesionales en el mundo de la música al frente del grupo Pabellón Psiquiátrico, uno de los clásicos de los primeros tiempos del rock español de los ochenta. Con este grupo llegó a grabar cuatro discos, y alcanzó un relativo éxito, al parecer más en Latinoamérica que aquí. Tras deshacerse el grupo, estuvo estudiando interpretación, componiendo y tocando como cantautor en los bares que querían contratarlo.

En 1996 le llegó el éxito de forma inesperada: grabó el disco Las increíbles aventuras de Juan Antonio Canta, que estaba destinado, como tantos otros productos de calidad, a pasar sin pena ni gloria en un país a cuya «cultura musical» le sobran, francamente, las dos palabras.

Sin embargo, un hecho fortuito lo catapultó a la fama. Pepe Navarro, que entonces presentaba y dirigía el programa de mayor éxito en la televisión, Esta noche cruzamos el Mississippi, que pasaba por ser lo más chabacano que habían conocido los televidentes hasta el momento (¡ay!, no podíamos ni imaginar lo que nos esperaba después), entró en un bar cordobés donde Juan Antonio estaba actuando, y decidió contratarlo para su show.

Juan Antonio salía, noche tras noche, con su traje y su cara de vacío existencial, interpretando un insulso tema titulado «La danza de los cuarenta limones». Detrás de él salían casi siempre unas pechugonas bailando, para hacer contraste con la seria apariencia del músico. La canción se convirtió en un éxito instantáneo, y a Juan Antonio empezaron a salirle actuaciones por todos lados, no como el artista y el genio que era, sino como un freak de feria del que reírse, de la especie que tanto ha proliferado después gracias a programas que han superado al Mississippi en mal gusto.

Pocos meses después de publicar el disco y de su ascenso a lo más amargo de la fama, Juan Antonio Canta se ahorcó en su apartamento. Era el 22 de diciembre de 1996, y tenía 30 años. Pocos días antes había escrito una carta a Martirio (otra de nuestras grandes artistas olvidadas), donde se intuía el final de un artista asqueado por el bussiness. Nos dejó un único disco en solitario, que contiene joyas como «Catherine Deneuve», «Te quiero» o «Copla del viudo del submarino» (versionada por La cabra mecánica unos años más tarde), preciosas composiciones de letras a veces profundas, a veces irónicas, a veces relativamente culturetas, pero siempre inteligentes y cuidadas. La letra de la canción que os presento hoy es una de las baladas más sentidas sobre un hombre que es infiel a su mujer, sin saber bien cómo. Disfrutad. Y sed malos este fin de semana, a veces es la única forma de vivir.

Anoche estuve con otra mujer.
No recuerdo su nombre ni su piel.
Tan solamente sé que no eras tú:
me di cuenta cuando encendí la luz.

Estaba tan cansado de luchar
por ti y por mí con todos los demás,
que fue como una especie de oasis.
Contártelo no me resulta fácil.

Estaba allí, y yo también estaba,
estábamos los dos, y tú no estabas.
Bebíamos licores de canela
y entonces fue y salió la luna llena.

Reíamos como tú y yo al principio,
antes de que compráramos pisito,
ella tenía tu misma sonrisa,
y de repente, me empezó la prisa…

Y le hice el amor como un toro robusto,
con algo de rencor, sin encontrarle el gusto.
Y le hice el amor detrás de unos arbustos.
Luego, en el ascensor, un
coitus interruptus.

Fue por no hacerle el feo,
solo pensaba en ti.
Mas me callo… ya veo
que no crees en mí.

Yo sólo soy un hombre, ¿qué harías tú?
¿Esconderla, igual que un avestruz?
Te digo francamente la verdad.
Ahora decide tú lo que será.

Me mata esta dualidad,
me distrae y me destruye.
Mas mírame a la cara, mujer,
pórtate como un hombre

y hazme el amor como un toro robusto,
con algo de rencor, sin encontrarle el gusto.
Pero hazme el amor detrás de unos arbustos.
Luego, en el ascensor, un
coitus interruptus.

No me hagas el feo,
solo pensaba en ti.
Mas me callo… ya veo
que no crees en mí.

Ellis Island

29 de October de 2008

nada se asemeja más a un lugar abandonado que otro lugar abandonado

Este corto y curioso librito de Georges Perec te prosa y te versa algunos hechos relacionados con la isla de Ellis, la puerta de entrada a los Estados Unidos durante la época en que probablemente vivió su mayor flujo inmigratorio, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Millones de personas veían aproximarse la isla de Manhattan, con la Estatua de la libertad, y pensaban que la tierra prometida estaba a su alcance, pero antes debían pasar un examen médico y una especie de interrogatorio. El libro, en sus escasas 61 páginas, es una especie de collage que pega curiosidades y datos históricos de forma un tanto libre e interesante.

La inmigración fue virtualmente libre durante bastante tiempo, hasta que los estadounidenses empezaron a pensar que no cabían muchos más y empezaron a restringir la entrada, por medio de una especie de ley llamada Literacy Act, que exigía, entre otras cosas, que los aspirantes a norteamericanos adoptivos supieran leer y escribir en su idioma. El examen médico era un tanto peculiar: si te veían sano, en una inspección superficial que solía durar unos dos minutos, te espetaban un «Welcome to America» y ale, para adentro. Si el doctor veía algún signo de enfermedad, te pintaba en el hombro con tiza una inicial –correspondiente al tipo de enfermedad del que hubiese visto indicios– y te hacían pasar a otra sala sin explicarte nada, para un examen más minucioso. Algunos pasajes del libro son impresionantes:

La mayoría de los inspectores hacía concienzudamente su trabajo y buscaba junto con los intérpretes obtener datos más correctos y precisos acerca de los recién llegados.

Un gran número era de origen irlandés y poco habituado a la gráfica y a la consonancia de los nombres de Eruropa Central, de Rusia, de Grecia y de Turquía. Por otro lado, muchos emigrantes deseaban tener nombres que parecieran americanos. De aquí que, en Ellis Island, tuvieran lugar innumerables historias de cambios de nombre: un hombre venido de Berlín fue llamado Berliner; otro llamado Vladimir recibió el apellido Walter; otro llamado Adam, el de Adams; un Skyzertski devino Sanders; un Goldenburg, Goldberg, mientras que un Gold se transformó en Goldstein.

Aconsejaron a un viejo judío ruso elegirse un apellido muy americano para que las autoridades no tuvieran dificultades en la transcripción. Pidió consejo a un empleado de la sala de equipajes, quien le propuso Rockefeller. El viejo judío repitió varias veces: Rockefeller, Rockefeller, para estar seguro de no olvidarlo. Pero cuando, muchas horas más tarde, un oficial le preguntó su nombre, lo había olvidado y respondió, en yiddish, Schon vergessen (ya lo he olvidado), y fue así inscripto con el nombre muy americano de John Ferguson.

Esta historia es tal vez demasiado bella para ser verdadera, pero, en el fondo, poco importa si es verdadera o falsa.

Para los inmigrantes ávidos de América, cambiar de nombre podía ser considerado una ventaja. Hoy, para sus nietos, es diferente. Notemos que en 1976, año del bicentenario, varias decenas de Smith de origen polaco pidieron llamarse nuevamente Kowalski (tanto uno como otro apellido significan “herrero”).

El 2% de los emigrantes fue rechazado. Esto representa, aunque parezca poco, doscientas cincuenta mil personas. Tres mil de ellas se suicidaron en Ellis Island entre 1892 y 1924.

La última página del libro también es digna de cita, y juraría que ya la había leído por ahí, especialmente las últimas líneas:

los inmigrantes que desembarcaron por primera vez en Battery Park no tardaron en percibir que lo que les habían contado sobre la maravillosa América no era del todo exacto: tal vez la tierra pertenecía a todos, pero aquellos que habían llegado primero estaban ya servidos, y no podían evitar, amontonarse de a diez en los tugurios sin ventanas del Lower East Side y trabajar quince horas por día. Los pavos no caían rostisados en los platos y las calles de New York no estaban pavimentadas con oro.

En realidad, la mayoría ni siquiera estaba pavimentada. Y comprendían entonces que se los había hecho venir para que ellos las pavimentaran.

La negrita es mía. Por cierto, el nombre de Ellis –antes se había llamado Isla de las ostras, entre otras denominaciones– viene del apellido de un señor que la compró por una ridícula cantidad de dinero. Este hombre, años después, la regaló a la ciudad de Nueva York, que a su vez se la vendió al Gobierno, obteniendo una cifra de dinero nada despreciable.

Noche canalla

27 de October de 2008

Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,
me guiaba su risa por la ciudad tan gris.
Ella tenía en su boca colinas de Ketama
y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes
por donde nos decían que se llegaba al mar;
se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,
por más que yo me muera no la podré olvidar.

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.
Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.
Sólo queda el calor de mi pobre navaja.
Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir.
En un barrio de muertos me trajeron al mundo.
Esta noche canalla no respondo de mí.

Poema de Javier Egea.

Tromba de agua en Melilla

26 de October de 2008

En las últimas horas han caído 80 litros por metro cuadrado de lluvia en Melilla, lo que ha provocado el desbordamiento del río de Oro (que la mayor parte del año no lleva ni gota de agua). Antes de que nos echara la Policía nos ha dado tiempo a ir a curiosear al susodicho río y a grabar un vídeo. Por desgracia, mi cámara de fotos estaba sin batería, así que he tenido que grabarlo con el teléfono. Aun así, creo que se puede apreciar lo impresionante de la escena:


Enlace al vídeo en YouTube

Causa y efecto

El Senado reactiva una ponencia para estudiar la realidad del Islam (Público). Según el enlace, al que le presumo la inocencia de la veracidad, el objetivo de esta ponencia es «llegar a conclusiones que contribuyan a mejorar la integración y la relación con la comunidad musulmana».

No digo que me preocupe, pero sí que me asombra un poco. ¿Ya saben a qué conclusiones quieren llegar, antes de realizarla? ¿Entonces para qué la hacen? ¿Y si llegan a conclusiones distintas? ¿Y si descubren que, en realidad, el Islam es como el resto de las religiones, organizaciones arcaicas con una visión fanática y acientífica del mundo y que pretenden que todos los demás aceptemos sus premisas sin rechistar?

Jum, mala cosa. Pero hay más, algo bueno y algo malo. Es bueno que se intente, según el artículo enlazado, enseñar a la gente que no es lo mismo Islam que islamismo, y que no es lo mismo islamismo que yihadismo. Sin embargo, hay algo que me chirría. Si en España equiparamos (o casi) el terrorismo que actúa y el terrorismo de palabra, esto es, la exaltación del mismo, ¿por qué sin embargo no asimilamos islamismo y yihadismo? No digo que una u otra cosa sean lo correcto. Solo que todos moros o todos cristianos, sin intención de irme por el chiste fácil.

En otro lugar del artículo se citan las palabras de un senador socialista, para quien el Islam es «una religión “respetable y legítima” que contribuyó a importantes avances para la humanidad».

Y a mí el buenismo me parece una adorable forma de ser, siempre que se mantenga en individuos de cuatro o cinco años. Los niños pequeños son, de vez en cuando, inocentes y puros, y sería una aberración que a esa edad ya fuesen elementos desengañados de vuelta de todo. Por la misma razón desconfío a los tíos hechos y derechos que van de buenos. El Islam no contribuyó a ningún avance importante para la humanidad, como no lo ha hecho ninguna religión. A lo sumo, han permitido, a veces incluso subvencionado, investigaciones científicas o manifestaciones artísticas (siempre que se hicieran a mayor gloria del credo correspondiente, claro está). Han permitido, a veces, el desarrollo paralelo de las sociedades donde se establecían. Aunque lo normal era que impidiesen o retrasasen este desarrollo, y ejemplos los tenemos a mano: el enorme atraso científico y económico que causó la contrarreforma cristiana en la España del siglo XVII, o el tremendo estancamiento en cuestiones de derechos humanos en los países donde actualmente impera el Islam.

El buenismo, como forma de ser, es adorable. Pero para niños pequeños. En sociedades de adultos es mejor que las cosas se digan como son. Que se toleren las religiones, siempre y cuando no contravengan ninguna de las leyes democráticas de los estados, y que se garantice que en la privacidad de los hogares y templos de culto cada uno pueda creer en Dios, Alá, Yahveh, el Monstruo Espagueti Volador o los extraterrestres de la galaxia Cuatro. Pero que no se nos intente convencer de que las religiones son lo que no son. Y, sobre todo, en una sociedad adulta e inteligente, no se hacen investigaciones ni ponencias buscando conclusiones concretas. No se puede poner el efecto delante de la causa, al menos fuera de la mecánica cuántica.

Crazy On You – Heart

23 de October de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

With bombs and the devil, and the kids keep comin’
No way to breathe easy, no time to be young.

But I tell myself that I was doin’ all right.
There’s nothin’ left to do at night
But to go crazy on you.
Crazy on you.

Sed buenos, chicos. Las chicas no hace falta.

El fracaso de la escuela (y VI)

22 de October de 2008

1. Metáforas

Elías (en clase de 2.º de ESO): Así que una metáfora es cuando identificamos aquello de lo que hablamos, la realidad, que llamaremos R, con otra cosa que no es la realidad, pero que para nosotros guarda alguna relación de semejanza con ella, y a la que llamaremos imagen o I. Por ejemplo, cuando el poeta dice que la chica que le gusta es «una gata», en realidad está hablando de una chica (R), pero la identifica con una gata (I), para que entendamos que para él la chica es una persona sensual, indomable e independiente. […]

A continuación vais a crear vosotros una metáfora. El término real lo voy a escoger yo: es el instituto. Y ahora vosotros vais a escoger una imagen, algo que no es el instituto, con la que lo vais a identificar, para que yo entienda que para vosotros el instituto tiene alguna característica de esa imagen. A ver, levantando las manos, ¿qué imagen vais a escoger?

Varios alumnos al unísono: Una cárcel.

(Hoy)

2. Cita:

Lo que hacemos en la escuela (olvidándonos de todas las cosas agradables que predicamos) viene a decir de hecho a los niños pequeños: «Vuestra experiencia, vuestras preocupaciones, esperanzas, temores, deseos, intereses no cuentan nada. Lo que cuenta es lo que nos interesa y preocupa a nosotros, y lo que hemos decidido que tenéis que aprender. […]

Pensando en los niños que conozco, me parece que se pasan una parte tan importante de su desarrollo haciendo lo que la gente les dice, o no haciéndolo, e invierten tanto tiempo en reaccionar de una forma u otra ante las presiones externas, que tienen muy poco tiempo para averiguar quiénes y qué son.

(Páginas 195 y 196)

Sí, realmente, es algo parecido a una cárcel. Excepto para el alumno que tiene tendencia excesiva a valorar los juicios que hacemos las personas mayores; el que se ha convertido en una máquina de agradar a profesores y padres, y que, tan joven, ya tiene decidido que el mundo es como es y que no hay que cambiar nada, sino amoldarse. Y yo creo que, en realidad, nuestra función debería ser convencerlos de que el mundo no solo puede, sino debe cambiar.

En La Lengua:

El fracaso de la escuela (V)

19 de October de 2008

Sospecho que, dentro de veinte años, contaremos con aparatos del tamaño de una radio de transistores, que supongo constituyen una plaga también en Gran Bretaña, que realizarán todas las operaciones actualmente comprendidas dentro de las matemáticas que se enseñan en las escuelas, y más. No sólo las operaciones básicas, sino raíces cuadradas y vaya Vd. a saber qué otras. Y no serán muy caros.

Este texto es de finales de los años sesenta del siglo XX. Aparece en la página 189. ¿Fue Holt un visionario, o simplemente usó la lógica más elemental? Recordemos lo que decía al respecto, a finales de los 70, el famoso profesor Frink de Los Simpsons:

Dentro de 100 años, los ordenadores serán el doble de rápidos, 10.000 veces mas grandes, y tan caros que sólo los cinco Reyes más ricos de Europa podrán tener uno.

Y es que es lo que yo digo: hay profesores y profesores.

En La Lengua:

Ocho mensajes de Dios

16 de October de 2008

PARA: quinceañeros
ASUNTO: Dejad de masturbaros justo antes o después de rezar

Me pone de los nervios, en serio. Primero rezadme, y luego esperad un rato, porque a veces todavía estoy ahí respondiendo vuestras plegarias y entonces empezáis a haceros una paja y eso me distrae. Sé que tenéis que hacerlo, pero hay un momento y un lugar. ¿A que no lo hacéis justo antes de hacerle una pregunta al profesor? No, claro que no. Bueno, algunos de vosotros sí, pero sé quiénes son y ese es un problema diferente. El resto de vosotros, dame unos quince minutos por lo menos antes y después de rezar. Si no lo hacéis, haré como si no os hubiera oído. Incluso si es la paz mundial o algo parecido, no pienso contestar, es asqueroso.

DIOS

Ocho mensajes directamente desde el escritorio de Dios, en Holy Taco.

Los nuevos MacBooks

15 de October de 2008

Imagen: apple.com

Cualquiera que esté más o menos al tanto de las noticias tecnológicas sabrá que ayer la marca Apple renovó su línea de ordenadores portátiles, tanto los de gama media-baja (Macbook) como los de gama alta (MacBook Pro). Yo voy a hablar del MacBook, que es el que conozco, ya que manejo uno de los primeros modelos desde hace unos dos años y medio.

Primero, el diseño. Lo más destacable, aparte de lo feo que me parece (comparado con mi viejo y leal MacBook de primera generación) es la nueva forma de diseñar el cuerpo del portátil, hecho prácticamente de una pieza de aluminio, lo que tiene una ventaja principal: a menor número de piezas, menos piezas que pueden romperse. Personalmente, el acabado en aluminio no me vuelve loco, y me parece más bonito el plástico blanco, pero claro, eso ya depende del gusto de cada cual. Las teclas del nuevo son negras, y también me parecen más feas que las del modelo anterior. Este modelo, sin embargo, es algo más delgado que el MB clásico.

En cuanto a la potencia, aquí sí que hay mejoras destacables: una tarjeta de vídeo de nVidia, bastante mejor que la Intel que solían traer, y que –según Steve Jobs– tiene un rendimiento de hasta cinco veces mejor que la anterior tarjeta. Ello combinado con un bus de datos más eficiente, hace que el nuevo pequeño Mac portátil sea si no una bala, sí una flecha comparado con el anterior.

¿Justifica esto comprarse un portátil nuevo? Depende… yo creo que usar un portátil para jugar es tirar el dinero. Un ordenador es una herramienta, y quien elige un portátil lo hace por sus características específicas: portabilidad, comodidad, tamaño y duración de la batería. En una palabra, independencia respecto a los ordenadores de siempre, ligados a un lugar fijo, con todos sus cables y sus componentes y su gran peso. El portátil es para quien necesita tener herramientas informáticas disponibles en varios sitios: en el trabajo, en casa, en las vacaciones. Si lo que quieres es jugar, lo mejor es que te compres un iMac, o que te montes un ordenador clónico con piezas buenas, una tarjeta gráfica potente y un buen monitor de veinte pulgadas para arriba. O, como en mi caso, cómprate una consola, que es un trasto fabricado específicamente para juegos. De todas maneras, las únicas ocasiones en que he echado en falta algo más de potencia gráfica han sido viendo películas en Full HD (1.080 puntos de resolución vertical, una burrada), lo que no hago prácticamente nunca, y cuando activo la vista de edificios 3D en Google Earth (que lo hago más a menudo y sí que me fastidia un poquito).

Por lo demás, el nuevo MB incluye una salida de vídeo distinta de la tradicional, lo que hace que tus viejos monitores sean inservibles (a no ser que te compres el adaptador, por el módico precio de cinco lechugas), y ha perdido su entrada FireWire. Personalmente, creo que la de mi MacBook solo la he usado una vez, con una grabadora externa de DVD, pero leyendo los comentarios de los blogs norteamericanos parece que a ellos les supone una gran pérdida. No habría estado mal, sin embargo, que en lugar de simplemente cargarse la entrada FireWire hubiese sido sustituida por otro puerto USB, ya que los dos del MB a menudo se quedan cortos.

Por último tenemos su trackpad (ignoro si hay una palabra para esto en español). Al parecer es una gozada, no tiene botón, sino que todo él es el botón, y reconoce los gestos que hagas con uno, dos, tres o cuatro dedos simultáneos, lo que sin duda le da una gran versatilidad. Me gustaría probarlo. Sin embargo, esa tampoco es una razón para comprarme un nuevo cacharro, ya que normalmente el mío lo uso en casa conectado a un ratón.

Todo esto viene envuelto en un aumento de precio de unos doscientos euros, que teniendo en cuenta las mejoras (excepto la falta de FireWire, y añadiendo un gigabyte al modelo básico, que empieza en dos) no parece una locura. Sigue habiendo, supongo que por poco tiempo, la opción de comprar el modelo blanco unos cincuenta euros más barato que ayer por la mañana.

También se presentó ayer un nuevo Cinema Display, realmente bonito por fuera, y con cámara, micrófono y altavoces incorporados. Además, añade una mejora destacable: tiene un solo cable con tres salidas, una para el vídeo, otra para un puerto USB (conectándolo a tu ordenador tienes otros tres puertos en la parte de atrás del monitor) y un conector de corriente, para que el monitor le suministre energía a tu portátil. Esto es bastante innovador y útil… siempre que tengas un portátil de Apple; en caso contrario, el adaptador de corriente es otro cable suelto e inútil. El tamaño de la pantalla es de 24 pulgadas, bastante grande, y viene con tecnología LED, de menor consumo y mayor brillo que los monitores tradicionales. El acabado es brillante, como el de la pantalla de los MacBooks, cosa que a mucha gente le molesta pero que a mí, personalmente, me parece que le da gran viveza a la imagen. Será probablemente porque no sé apreciar la verdadera calidad… pero eso es lo que hay, amigos. De todas maneras, a unos 900 euros que lo van a poner, yo sé de alguien a quien no le van a colocar uno de estos flamantes Cinema Displays.

Total, que no me lo compro, esperaré a ver si mejora mi economía, que quiero comprarme un iMac como ordenador principal y dejar el MB para uso exclusivamente portátil. Aun así, aunque solo sea por curiosidad…

¿Cuánto pagaríais por un MacBook blanco de segunda mano, con 2 gigabytes de RAM, 200 gigabytes de disco duro, procesador Intel Core Duo a 1,83 gigahercios, unidad combo –lector de DVD y grabador de CD– y un mando a distancia original de Apple (con los nuevos modelos tienes que comprártelo aparte)? Regalaría tres adaptadores, para poder enchufar el MacBook a un monitor VGA o DVI, o a un televisor mediante conexión RCA. Va incluido, por supuesto, el sistema operativo Mac OS X Tiger (versión justo anterior a la actual, y de todas maneras muy superior a Windows XP y Vista y, según algunos, incluso a Leopard), y la suite de ofimática iWork ’06 original y en su cajita, que, no quiero engañaros, me parece caca de la vaca. Ah, y una batería prácticamente nueva (la que tengo conectada ahora funciona perfectamente, solo que tiene un problema: se apaga cuando quiere si la desconectas de la corriente, pero para mantenerlo conectado va de maravilla).

Solo por preguntar, claro.

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho