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La Lengua » 2008 » September

Ars longa, vita brevis

Toros y ritos

16 de September de 2008

En Secundaria hay una asignatura llamada Historia y cultura de las religiones. Los chicos la llaman «Estudio», ya que gran parte de los profesores que la imparten se dedican a dejar que los alumnos hagan la tarea o estudien alguna asignatura de la que tengan un examen próximo. Creo que sucedía algo parecido con la antigua Ética que daban los que no querían cursar Religión católica.

El caso es que esto es bastante injusto, ya que la asignatura de Religión católica cuenta a los que la siguen para la nota y la media del curso, y normalmente se convierte en una maría. Los profesores de Religión, o mejor diremos algunos de ellos, intentan ponerla bastante fácil para no perder alumnos, e hinchar las notas. Recordemos en este punto que los profesores de esa asignatura no entran por concurso-oposición como el resto, sino designados digitalmente por el Obispado o qué sé yo, aunque los pagamos entre todos.

Es injusto, decía, porque la nota de Historia y cultura de las religiones no cuenta en los totales del curso, con lo que los alumnos pierden la oportunidad de tener una maría que les dé un empujoncito con la media. Además, a menudo, cuando se enteran de que la nota de esta materia es irrelevante, se dedican a destrozar la clase y perder el respeto al profesor. ¿Qué puede hacerles, después de todo?

Lo primero que he hecho cuando he entrado a la primera de mis clases de Historia y cultura de las religiones es decirles a mis pupilos que la nota de mi asignatura no contaba. Después de ello les he explicado un poco por qué sucede esto, incluso con la nueva ley –los socialistas, por algún motivo, permiten este desajuste discriminatorio para los alumnos no católicos, que en Melilla representan un porcentaje superior al 50%–, y el sistema que pretendo seguir en la clase.

Básicamente es el siguiente: nada de exámenes, mucho debate, mucho trabajo, algo de investigación en internet y libros, algún documental o película que les muestre realidades religiosas que no son la suya, y mucho darle al coco para que entiendan que todas las afecciones religiosas, incluso las distintas a la suya, incluso las de los que no tenemos ninguna, son respetables mientras respeten a los demás. Y a los de 1.º de Bachillerato, ya que acaban de entrar en una etapa bastante más dura y exigente que la anterior, les he prometido que algún día que les viniese bien repasar un examen les dejaría un rato. No lo hago por no trabajar. Creo que el perjuicio que obtengo dejando de escuchar a los alumnos –que es uno de los pocos placeres de ser profesor– es menor que el de no dejarlos aprovechar un rato de una asignatura que no va a ayudarles a subir nota.

Sigo maravillándome cuando compruebo lo mucho que escuchan y callan, y luego hablan con gran raciocinio, estos pequeñajos cuando les metes algo en la cabeza. En 2.º de la ESO (gran nombre para la etapa educativa, por Tutatis), con alumnos de 13 años, uno musulmán ha comenzado la clase diciéndome que él cuando ve a un hebreo –en Melilla hay uno o dos miles– lo insulta. Al final de la clase, por lo menos, pensaba sobre si eso estaría mal. Creo que podré lograr algo mucho mejor con el tiempo. En 1.º de Bachillerato, con chicos que ya rozan la mayoría de edad, les he hablado de la paradoja del matemático Bertrand Russell sobre la existencia de Dios y su reductio ad absurdum, y después un poquito sobre la duda cartesiana. Puede parecer un poco heavy para la primera clase, pero ya nos habíamos presentado, no hay libro de esta asignatura y algo había que hacer. He de confesar que los alumnos han alucinado bastante, pero me he encontrado con esas caras de asombro que duran un segundo y que afloran en el mismo instante en que uno se da cuenta de un hecho extraordinario, y ha sido precioso. Uno –otra vez un musulmán–, ante las ideas de Russell, me ha dicho que la religión no hay que tomársela como algo lógico ni científico, sino como una norma que hay que cumplir y se acabó. Aunque él no lo sospecha, me ha abierto el camino para mi maligno plan para que se cuestionen todo en la vida.

Normalmente, los profesores que cargan con esta asignatura que no quiere nadie suelen enfadarse e ir a Jefatura de estudios a protestar, y a preguntar si no había nadie más pringado a quien endosársela. Este año no ha habido problemas, porque yo era el último que había llegado y no se me ha pasado por la cabeza protestar. No sé por qué, pero estaba más ilusionado que otra cosa con ella. Sigo sin entender por qué la gente le tiene tanto miedo.

Ah, sí, los toros del título. No creo que nadie dude de que acorralar a un toro entre cien personas (?) y clavarle lanzas hasta la muerte sea una cobardía. En realidad, tengo la convicción de que los mismos que lo hacen, y los que los jalean, y los que le pegan patadas en la cabeza una vez comprobado que ya no va a revolverse, son conscientes de que son unos cobardes gusanos. Ese no es el problema. El problema, al menos para mí, es mi absoluta incapacidad para entender cómo pueden hacerlo. Y aunque me considero una persona bastante fría y calculadora, aquí voy a hablar de los sentimientos. Los sentimientos que me producen todas esas fotos y vídeos de condenados a muerte, da igual si por un estado, por unos terroristas fanáticos o por unos simples psicópatas, al ver las caras de súplica, terror y sumisión ante el sufrimiento que muestran las personas que están siendo torturadas física o psicológicamente.

(Creo que el mero hecho de decir a una persona que va a morir por la decisión de otra u otras, sea un encapuchado o un juez a cara descubierta, aunque no llegase a cumplirse la sentencia, constituye en sí mismo una tortura cruel.)

El miedo y el sufrimiento son una de las partes que más nos conectan con nuestros parientes animales. Son herramientas evolutivas que permiten al individuo autoconservarse al evitar situaciones que puedan comprometer, como se dice ahora, su existencia. Si no existiese el dolor no sería posible, quizás, la trasferencia de genes. Las personas que sufren la rarísima enfermedad que les impide sufrir dolor suelen morir jóvenes, escaldadas, víctimas de fracturas o tumores que no llegan a percibir, o de cualquier otra forma extraña.

Y cuando veo a un toro con cuatro lanzas clavadas en la cruz, mirando a todos lados para ver por dónde puede escapar del sufrimiento, veo la misma expresión, el mismo nerviosismo y la misma ansiedad que en una persona. Y veo un circo romano donde los gladiadores buscan con sus últimas fuerzas una vía de escape ante una turba de descerebrados comedores de tortilla de patatas¹ y tragadores de vino. Y la verdad es que no me avergüenza decir que siento ganas de llorar ante el patetismo de un bicho que por las buenas tiene que sufrir para que un montón de borrachos canten no sé qué canción tradicional, aunque sí me avergüenza el hecho de que no haya juez que ponga los huevos sobre la mesa y acabe con estas barbaridades. Porque ya se sabe, lo principal no es la humanidad, entendida como el sentimiento y el comportamiento que debe diferenciarnos a los seres humanos «normales» de los psicópatas asesinos. Lo importante es conservar las estúpidas tradiciones, ya sea la de cubrir a una mujer con un burka, la de liarse a tiros por un trapito de colores o la de divertirse provocando un sufrimiento indecible a un animal en los últimos momentos de su vida. Por suerte, creo que no hay un cielo para los animales (ni siquiera para los de dos patas), porque el alma del toro seguramente preferiría ir al infierno que reencarnarse en este mundo apestoso que estamos cultivando.

(Sí, qué bien, los toros se pegan la gran vida en las dehesas, como si vivir en una dehesa fuera un hotel, como si un toro tuviera enemigos naturales… Vale, id vosotros cinco años a la mansión Playboy y después os llevamos una horita a Hostel. En serio, quien quiera apuntarse, ahí están los comentarios.)

Una persona indiferente ante la cara de angustia y dolor de un animal, es mucho más capaz de ser insensible ante la misma cara de angustia y dolor en una persona. Es una cuestión de pura y fría lógica. Citemos como tantas veces a Gandhi: «Es posible valorar el grado de civilización de una sociedad por la forma en que trata a sus animales».

Bueno, pues ya que mi asignatura no cuenta para nada y nadie la quiere, también intentaré emplearla en conseguir que la generación que herede este país sea un poco más humana. O, al menos, si es posible, trataré de reducir el número de hijos de perra. Que ya cansan.

(1) Sé que en la era de la expansión romana no existía la tortilla de patatas en Europa, porque este tubérculo fue introducido desde América del Sur muchos siglos después. Pero espero que aceptéis la expresión como licencia poética.

La tele engorda

Dicen que la tele engorda. Incluso las de pantalla plana. Que ganas hasta siete quilos. Supongo que eso será cierto si te la comes.

El ingenio no decae.

Venga crisis

15 de September de 2008

Los políticos liberales, entendiendo «liberal» en el sentido europeo del término, suelen decir que el estado debe intervenir en el mercado lo menos posible, ya que este se regula a sí mismo y sabe lo que más le conviene.

Estoy bastante seguro de que tienen razón, pero el problema viene cuando uno se da cuenta de que lo que le conviene al mercado no siempre es lo que le conviene a la gente. De hecho, la gente y el mercado suelen tener intereses independientes, cuando no opuestos. Además, los políticos, por muy liberales que sean, deberían intentar mantenernos en el engaño de que quienes les pagan sus sueldos, es decir, sus jefes, somos nosotros, y no las empresas. Lo que pasa es que el común de mis compañeros de especie es tan aborregado –o diría incluso acemilado– que ya le da igual todo, los políticos se ríen de nosotros y bueno… antes, si nos quitaban el pan y el circo fútbol, liábamos la de Dios es Cristo, pero ahora nos conformamos con que nos dejen el fútbol. Y claro, lo siguiente que hacen es quitarnos el pan.

Ya está media España en la calle –sin trabajo, quiero decir– y no pasa nada ni pasará. Bueno, si nos gobernara la derecha, algún sindicato convocaría una huelga general a la que no iría ni Dios, aunque obligasen al Urdaci de turno mediante sentencia a decir que ha sido un exitazo. Pero con un gobierno de derechas disfrazado, ni siquiera eso.

Durante todos los años que llevamos en democracia, y ya es casi tan vieja como yo, los trabajadores han ido perdiendo derechos y poder adquisitivo sin parar. Mientras tanto, los ingresos de las empresas se han multiplicado. En la etapa de gran bonanza económica (que abarcó las legislaturas de Aznar y parte de las de Rodríguez Zapatero) a nadie parecía importarle que los beneficios empresariales subiesen a la estratosfera mientras los sueldos, en el mejor de los casos, se mantenían estables, aunque casi siempre bajaban. Ahora ya están todos en Brasil, o Suiza, o donde quieran, y no piensan repartir nada de lo que han ganado entre quienes se lo han hecho ganar. Y este santo Gobierno de izquierdas no piensa obligarlos, porque la libertad es lo primero, especialmente la del mercado.

Tengo un amigo que, cuando ve la cola del Inem, tiene ganas de hacer el gesto de la ceja de ZP y decirles a todos: «Que no te quiten la alegría». Luego no lo hace, porque es muy buena persona.

Yo simplemente me alegro de no haber seguido el consejo ovino de tantos blogs que insistían en que votásemos, que votásemos lo que fuera, pero que fuéramos a votar. Como ya dije antes de las elecciones, yo a esto no juego. Sí, pago las barajas y todo eso para no ir a la cárcel, pero no juego. Me quedo mirando.

Dicen que si no votamos, corremos peligro de volver a la dictadura. Y sigo sin hacerles caso. Por dos motivos. Primero, porque no soy un cobarde, y si quieren convencer a la gente con el miedo deberían probar con las ancianitas.

Y segundo, porque no creo que en realidad hayamos salido nunca de la dictadura.

Sí, ya sé que no todos son iguales. Algunos son incluso peores. Muchos te piden que votes (incluso los partidos, que como he sugerido antes, perdieron la vergüenza cuando se dieron cuenta de que ya no era necesaria) admitiendo que su opción es mala, pero que las otras son aún peores.

Yo respondo lo mismo que cuando alguien me da a elegir entre una mierda de perro y otra de burro: que se la coma tu p*** madre.

Girl – The Beatles

12 de September de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

When I think of all the times
I’ve tried so hard to leave her,
she will turn to me and start to cry.

And she promises the earth to me
and I believe her,
after all this time
I don’t know why.

Cuando pienso en todas las veces
que he intentado dejarla,
y ella se volvía hacia mí y empezaba a llorar.

Y me prometía la Tierra,
y yo la creía…
después de todo este tiempo
no sé por qué.

Una araña recorre europa

9 de September de 2008

Aunque confieso que tengo aracnofobia, y nunca lo he negado, he de decir que las que menos pánico me dan son las tarántulas. Pero esta sí que da miedito: es tan grande como España, y se come todas las moscas que le eches pulsando la barra de espacio. Vía Boing Boing.

Dos hombres, dos libros

8 de September de 2008

Una preciosa historia sobre los libros, la infancia y la busca del tiempo perdido, en inglés, vía Menéame.

El caballero oscuro

6 de September de 2008

A decir verdad, la imagen que se me vino a la cabeza cuando oí por primera vez el título de esta película fue esta:

Una vez asumí que el chiste era realmente malo (y que incluso algún que otro delicao a buen seguro me tachará de racista) me di cuenta de que en realidad el título de esta película se inspira en Batman: The Dark Knight Returns (El regreso del Señor de la noche), obra maestra de Frank Miller –el de Sin City–, que tuve la suerte de leer hace tiempo ya, cuando tenía unos doce años.

De hecho, las dos películas que ha rodado Chris Nolan sobre el personaje están muy influidas por los cómics de Miller, especialmente en el tono pesimista y en el relativo acercamiento al realismo que ha adoptado.

Hay quien dice que los batmans de Nolan son hiperrealistas, aunque yo me niego a dar ese calificativo a una cinta que trata de un multimillonario guaperas que dedica su dinero y su físico a pegar mamporros a los delincuentes en lugar de a lo que todos estamos pensando. Sin embargo, es cierto que el director ha tratado de dotar a la historia de cierta verosimilitud, huyendo de los tintes cómicos de la serie pop de los 60 y del estrafalario espectáculo de las películas de Tim Burton (de las dos que hubo entre las de Burton y las de Nolan no pienso decir nada, porque además no he llegado a aguantarles más de diez minutos).

Poco después de estrenarse, El caballero oscuro se convirtió en un exitazo de taquilla y crítica, y ascendió al primer puesto de las mejores películas de la historia del cine según los votos de los miembros de la Internet Movie Database. Ahora mismo está la tercera, por delante de todas las de Kubrick, Ford, Kurosawa, Hitchcock, Woody Allen, Billy Wilder, Chaplin, Eastwood, Fellini, Scorsese, Bertolucci, Buñuel y todos los demás excepto una de Coppola y otra de Frank Darabont.

Los que no la hayáis visto aún, tranquilos, no es mejor que las mejores películas de todos esos tipos que he citado. Pero es sin duda una gran película.

Nolan es un director totalmente eficiente, como se pudo ver muy pronto en Memento y se ha seguido viendo en las siguientes.

Algunas de las virtudes que vimos en la primera de las películas que el director rodó sobre el murciélago siguen funcionando, como es el diseño absolutamente espectacular de los gadgets y vehículos del héroe y la perfecta ejecución de las escenas de acción, que tienen planos de más de medio segundo –en contra de la moda de los últimos tiempos– y, además, que yo recuerde la película no usa la cámara lento-matrix ni una sola vez.

Los actores están todos realmente bien (ahora hablaré del Joker), y aunque la gente se ha quejado de la chica, yo creo que está tan bien como el resto del reparto. Quizás el que esté un poco sosete sea precisamente Bale, aunque ignoro si es que han convenido en que su papel fuera así. De todas formas, si puedes pagar a unos monstruos como Michael Caine, Morgan Freeman y Gary Oldman, es difícil que la película te salga mala.

Para los amantes de las curiosidades, os recordaré que la chica que hace de «chica» (porque su papel es ese), Maggie Gyllenhaal, es hermana de Jake Gyllenhaal, con quien rodó la estupendísima Donnie Darko (haciendo precisamente de su hermana). Pues en este Batman comparte película y planos con Heath Ledger, que hace de Joker, y que rodó con el hermano de ella la película esa famosa de los vaqueros gays. Qué pequeño es el mundo… ¡el Joker es su cuñado!

Vamos con Ledger: el fallecido actor crea un Joker que establece un hito no solo en las películas de Batman, sino en los villanos del cine en general. La creación del psicópata (aunque no todo sea mérito suyo, ya que el maquillaje es simplemente genial) es quizás la mayor obra de arte que se encuentra en las dos horas y media que dura la película. Todos los momentos en los que aparece te quedas pendiente de él, para ver lo que hace o lo que dice, o los gestos que interpreta. Realmente este chico hace olvidar a Jack Nicholson, que, aunque hayamos tardado en decirlo diecinueve años, cuando hizo de Joker en la película de Tim Burton no estaba en su mejor momento creativo (yo diría que ninguno de los que participó lo estaba, ni siquiera el pobre de Prince).

Hay dos momentos, entre otros muchos, que creo que quedarán como iconos para la historia del cine. Uno es cuando dice «yo soy como un perro que persigue a los coches… no sabría qué hacer si llegara a alcanzarlos». El otro transcurre un poco antes, después de suceder una cosa que no quiero desvelar para no destripar la película, donde se ve al Joker con la cabeza por fuera de la ventanilla de un coche de policía a toda velocidad, empapándose de aire, precisamente como hacen los perros. El Joker de Ledger es un personaje totalmente coherente dentro de su desquiciada cabeza.

El guión está muy bien cosido y pespuntado, e incluye una trama de policías y fiscales corruptos que me recordó, por su calidad y su intricada construcción, a la de la magnífica Infiltrados de Martin Scorsese. Sí, salvando las distancias y todo lo que queráis, pero hay momentos de la película en que estás más pendiente de las traiciones e intrigas de los chicos buenos que de los crímenes de los malos y los porrazos del hombre murciélago. Casi podría haberse hecho una buena película solo con los asuntos de traición policial, eliminando el tema del superhéroe.

No quería terminar el post sin hablar del evidente fascismo que transpira Batman por cada uno de los poros de su traje de licra. A continuación voy a desvelar el resultado final de la película, así que si no queréis que os la fastidie, los que no la hayáis ido a ver podéis dejar de leer aquí, ir al cine, y luego volver a terminar el post. Avisados quedáis.

Aparte del asunto de tomarse la justicia por su mano, sin atender a presunciones de inocencia ni otras zarandajas, y empleando toda la violencia posible –excepto la pena de muerte, curiosamente–, al final la solución que da el héroe enmascarado para el lío que ha montado él mismo es la del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. La gente no tiene derecho a saber lo que en realidad ha ocurrido. Hay que mentirles, como a niños pequeños, para protegerles de ellos mismos. La gente normal es demasiado irresponsable y por lo tanto no debe tener la información necesaria que le permita tomar sus propias decisiones en libertad. En este sentido, Nolan y su hermano el guionista han dado un paso adelante en el fascismo de las historias de Batman.

Pero, con todo, sigue siendo en mi humilde opinión una película de 9 sobre 10. Id a verla. Y si ya lo habéis hecho, a los comentarios.

Jump – Van Halen

5 de September de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

Oh can’t you see me standing here?
I’ve got my back against the record machine.
I ain’t the worst that you’ve seen.
Oh can’t you see what I mean?

Oh, es que no me ves parado aquí?
Estoy apoyado en la máquina de discos.
No soy lo peor que has visto (supongo que cuando escribieron esto no iban vestidos como en el vídeo).
Oh, ¿sabes a lo que me refiero?

Eddie van Halen ha sido, después de Jimi Hendrix, el principal hito de la guitarra de rock. Después de ellos dos ha habido muchos que han perfeccionado sus técnicas e incluso ha habido algún innovador, pero ninguno ha sido una fuente de inspiración tan clara y poderosa como ellos.

Se sabe, por cierto, que al principio Eddie probó con la batería y luego con el piano, pero no era brillante en ninguno de esos dos instrumentos. Después probó con la guitarra. Desarrolló su inmortal técnica de tapping (tocar notas golpeando –tap– con la mano derecha sobre el mástil, lo que le permitió alcanzar velocidades nunca vistas hasta la fecha) copiando el modo de tocar el piano. En los primeros conciertos de la banda tocaba de espaldas al público, a pesar de su evidente narcisismo, pues tenía miedo de que alguien se lo cargara para copiarle la técnica.

Este grupo sonaba tan bien que se hizo famosa la afirmación de un técnico de sonido, que decía que para grabar a Van Halen le bastaba con tirar un micrófono en algún lugar del estudio de grabación y pulsar Rec. Hoy en día los grupos graban en diferentes sesiones, repitiendo la misma toma un millón de veces. Es lo que tiene preocuparse más por la imagen que por la música.

Aunque hay que decir que es cierto que los Van Halen gastaban cantidades millonarias en hombreras y laca. Pero, a la hora de ensayar, ensayaban. Disfrutad y sobre todo saltad.

La vuelta al trabajo

1 de September de 2008

Para que luego digan que los profesores nos pegamos la gran vida… somos los únicos que empezamos el trabajo y las clases a la vez. La genial viñeta la vi aquí, vía Menéame.

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