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La Lengua » In soviet Russia

Ars longa, vita brevis

In soviet Russia

21 de September de 2008

Una de estas dos fotos se tomó durante el extinto régimen socialista de la Unión Soviética:

Ha acertado quien haya dicho: «La primera es de la URSS, y la segunda también». Ambas fotos provienen de esta preciosa colección (vía Menéame), donde podéis encontrar un puñado más de ejemplos desconcertantes.

Una de las cosas ambiguas de ir acumulando años –ambiguas porque uno no sabe si son buenas o malas– es esto de tener ya Historia sobre las espaldas. Si hablo de la Unión Soviética en clase, la mayor parte de mis alumnos no había nacido cuando se disolvió en 1991, y les suena tan lejano como cuando mi abuela me habla de la II guerra mundial. Es algo que estuvo ahí, que tuvo enormes consecuencias, que indudablemente aún influye en la configuración de su mundo… pero ya no está y no va a volver.

En mi barrio, como en casi todo el mundo libre, teníamos una visión bastante clara de lo que era la URSS, gracias a documentales como Rocky IV, donde un Sylvester Stallone, protagonista y director, le daba una paliza al capitán del ejército popular Ivan Drago, un momento antes de recibir el aplauso del mismísimo Mijail Gorvachov (sí, jóvenes lectores, la comedia absurda se inventó mucho antes de lo que suponíais).

Éramos unos chicos algo especiales, porque hablábamos en la calle, entre pedrada y pedrada, sobre si la primera bomba nuclear lanzada por los pérfidos eslavos caería en lo alto de nuestras cabezas. El caso es que un día la URSS cayó, pero nadie dejó de tirar bombas: los buenos y los malos. Aunque lo cierto es que los buenos han cogido bastante ventaja, ya que la URSS aún tiene problemas más urgentes. No debe de ser fácil para una sociedad desmantelar un titán monstruoso como lo fue el mayor país que ha existido jamás.

Ya hace casi dieciocho años, y en las próximas elecciones españolas empezarán a votar los chicos que nacieron en la era posterior a la URSS.

Aunque en occidente pensábamos que en la Rusia soviética se comían a los niños crudos para desayunar mientras nosotros masticábamos chicle, llevábamos vaqueros y bailábamos rock’n’roll, después hemos sabido que la realidad era mucho más terrible de lo que parecía. Solo hay que recordar las obras que han escrito al respecto Martin Amis (Koba el temible), George Orwell (Rebelión en la granja y 1984) y sobre todo Alexander Solzhenitsyn (Archipiélago gulag). Donde creíamos que había un control absoluto del estado en las vidas de la gente, donde un 25% de tus vecinos eran informadores para el KGB, donde la gente hacía cola durante horas para que les diesen una exigua ración de azúcar o leche, la realidad fue al menos tres veces peor. Hubo pueblos enteros exterminados para hacer no sé qué plan de reestructuración económica, millones de personas asesinadas por motivos políticos, e innumerables esclavos de los gulags, víctimas de un régimen que prometía la liberación del trabajador y la dignidad de la clase proletaria.

Todo eso lo hemos ido sabiendo después, ahora que la gente más o menos puede hablar con libertad. Pero curiosamente también podemos conocer las mentiras del otro bando, del nuestro, viendo las fotos de los pimpollos punk de arriba, de una integración laboral de las mujeres mucho mayor que la que aún hoy tenemos en el mundo occidental, y de varios melenudos despendolándose en un concierto de rock.

Tiendo a creer que la mayor parte de los tiranos socialistas tiene buenas intenciones. No creo que los dirigentes chinos, coreanos o cubanos tengan a todo un pueblo oprimido solo por afán de lucro personal. Ese objetivo sería mucho más fácilmente alcanzable con una economía liberal. Gente con mucho menos talento se ha hecho rica mucho más rápidamente en un país como España, donde no puede soñarse la inmensa riqueza que alberga China, por ejemplo. Vergonzosamente rica. Y sí, son odiados por algunos, pero otros les votan.

Los mayores problemas de estos regímenes son dos. Por una parte, no saben elegir el momento en que una ideología platónica ha costado ya suficientes vidas. Por otra, que contiene a la primera, tal vez no tienen un sistema de valores muy aceptable. Quizás la igualdad total de la sociedad no es un bien mayor que la vida humana. Pero en los gigantes rojo y amarillo eso es difícil de apreciar. Cuando pasas de los mil millones de habitantes, realmente la tragedia de una muerte (o de un millón) es fácil tomársela con una distancia. Seamos francos: la muerte de un millón de cantoneses o de mongoles no le importa al mundo más que la de Lady Diana, y a nosotros no más que la de nuestro perro.

Pero voy a retomar el sentido del post. Decía que hemos ido sabiendo las mentiras del régimen socialista soviético. Pero hay mentiras que aún no asumimos. No nos hemos dado cuenta aún de que los otros tampoco eran los buenos. Mientras Stalin y Kruschev asesinaban a miles, desde Estados Unidos se orquestaban operaciones de intervención en países asiáticos y latinoamericanos. Sí, siempre lo hemos sabido, pero creímos –y muchos aún lo creen– que lo hacían porque uno de los bandos tenía que ganar, y ese tenía que ser el bueno. Hoy día vemos con mayor claridad que nunca que las operaciones de liberación que ha llevado EEUU a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI son poco más que movimientos financieros cuyo fin es principalmente la expansión de las cadenas McDonald’s, Disney, Starbucks, suma y sigue. Y esos son los monstruos de nuestro siglo, que siguen comiendo, no tienen la intención de caer y son capaces de comer todo el terreno que los trabajadores hemos ganado a costa de muchísima sangre desde mediados del siglo XIX.

¿Lo lograrán? Es posible. Cuando hablo con cualquiera, sus ambiciones suelen estar comprendidas dentro de la maquinaria: un coche, una pantalla plana, unas vacaciones horteras en el Caribe. Para todo ello es necesario gastar, comprar, hipotecar, trabajar. Y trabajar cada vez más, y gastar cada vez más. No soy el primero que lo dice ni seré el último, pero hemos pasado de ser homo sapiens (si es que lo hemos llegado a ser alguna vez) a convertirnos en homo consumens.

¿Y ahora qué? Pues os cuento: cada vez más cámaras en todos lados. Cada vez trabajamos más y cobramos menos. Cada vez tenemos algo más parecido al partido único en la mayoría de los países democráticos. Cada vez sabemos más de los niños que mueren de hambre, y cada vez nos importa menos. Ah, y el Estado, por si no lo sabes, almacena todo lo que haces desde tu ordenador o desde tu teléfono móvil durante un año, por si acaso. Aún no han inventado el modo de registrar nuestras conversaciones en el parque de forma totalmente efectiva, pero todo se andará. No, no es una paranoia mía, es una ley aprobada en las Cortes. Es curioso que aceptemos eso, con lo que nos hemos horrorizado cuando sabíamos que en la Europa que había tras el telón de acero ponían a la gente micrófonos en los dormitorios. Ya no necesitan ponerlos en ningún sitio, nos los ponen en el móvil y los llevamos nosotros. La cabeza agachada y a obedecer. Ah, y a votar todos, claro.

La caída de la Unión Soviética ha tenido un efecto curioso. Nos estamos convirtiendo en ellos. Y es mucho más fácil ahora, porque no tenemos al monstruo vivo para mirarlo y ver lo mal que están. Nos estamos convirtiendo en esclavos, como ellos, pero no nos damos cuenta porque ya no los tenemos para mirar nuestro reflejo.

Por eso es curioso esto de las fotos. En algunas de ellas, me da la impresión de que habían llegado a un punto que nosotros hemos perdido. De que vivían mejor de lo que nosotros estamos viviendo ahora. Y nosotros seguimos bajando. Pero estamos tranquilos, porque no tenemos un Némesis en el que mirarnos y darnos cuenta de que aún podemos estar mucho peor… y lo estaremos.

Aunque, ahora que los iraníes tienen la bomba, tal vez todo acabe de otra manera. El caso es estar bajo la bota del miedo, la bota de nuestro hijo de puta o del hijo de puta ajeno.

2 comentarios en “In soviet Russia”

  • # MrBlonde dice:
    21 de September de 2008 a las 22:48

    Muy buen post, con miga, lo he compartido en Google Reader, a ver si mis amigos lo aprecian.

  • # V. dice:
    22 de September de 2008 a las 9:52

    Comparto una vez más contigo la totalidad de tus palabras.Estar en la misma sintonía de forma casi constante con alguien no me gusta, porque le resta espacio a la polémica y le quita “salsa” (“sarsa” como dicen por Melilla algunos) al asunto.
    No sé si recuerdas aquél proyecto junto a tu hermano de hacer un refugio nuclear en el patio del edificio donde yo vivía (ahora dejado de la mano de Dios,o mejor dicho puesto en manos de especuladores).
    Aquél documental “Rocky IV” nos marcó, no es un signo de verguenza reconocerlo.Nuestras mentes infantiles, puras y absorbentes cual esponjas cogieron toda aquella amalgama de puñetazos y entrenamientos en la nieve al son de fanfarrias de tal manera que nos llegó a hacer creer que era todo cierto.

    En fin Uli, ahora que la mayor parte de mis amigos viven de la inercia generada por su juventud,que hablo más con ellos de hipotecas y facturas que de mujeres y vino, que el transformador que los avivaba ha pasado de 220 a 125 ,en un proceso inverso a su peso,y que siento que me ahogo en un bucle absurdo de palmetadas y sonrisas ,me viene de puta madre saber que aún hay alguien que mira la vida con los mismos prismáticos que miraba los pájaros años atrás.

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