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La Lengua » Aprender

Ars longa, vita brevis

Aprender

30 de September de 2008

What teachers and learners need to know is what we have known for some time: first, that vivid, vital, pleasurable experiences are the easiest to remember, and secondly, that memory works best when unforced, that it is not a mule that can be made to walk by beating it.

Lo que los que enseñan y los que aprenden necesitan saber es lo que ya hemos sabido durante algún tiempo: primero, que las experiencias vívidas, vitales y placenteras son las más fáciles de recordar, y segundo, que la memoria funciona de la mejor manera posible cuando no se la fuerza, que no es una mula que pueda ser obligada a caminar a fuerza de golpes.

John Holt, How Children Learn, en la editorial Pelican.

Hace unos días leí sobre este libro en Boing Boing y me picó la curiosidad. No lo encontré en castellano, pero sí varias copias en inglés (os recomiendo, para libros que penséis que no podéis encontrar, el sitio www.iberlibro.com). Hoy me ha llegado, y le he echado un vistazo por encima. El fragmento de arriba está en la página 8.

Es fácil caer en el escepticismo cuando nos encontramos con alguna de las verdades incontestables que hay entre sus páginas. Dice Holt que cuando un chico está en la escuela, su objetivo no es aprender. Su objetivo es evitar el castigo, conseguir la play de sus padres o incluso agradar al profesor, y en ello pone toda su concentración y la fuerza de sus cinco sentidos. Así, muchos logran aprender, pero no todo lo que deben, puesto que para ellos, en realidad, el aprendizaje no es un fin, sino un medio.

Claro, se puede argumentar: ¿y qué aprenderían los alumnos si no tuvieran miedo al castigo o al suspenso? Yo no lo sé, pero este escritor –profesor además– parece que hizo una serie de experimentos donde dejó a un grupo de niños en una habitación con mucho material didáctico, sin instrucciones, horarios ni exámenes. Dice que los resultados fueron sorprendentes: todos aprendieron mucho, a su ritmo, guiados por su propia curiosidad.

Pero ¿realmente aprenderían lo que necesitan aprender, o solo lo que les gusta?

Y aquí está la pregunta que yo hago: ¿qué es lo que los niños y los jóvenes necesitan aprender?

Cualquiera tan cínico y desengañado como yo sabrá que la escuela gratuita y universal es simplemente un instrumento para que los proletarios aprendamos a manejar las máquinas de los empresarios, que cada vez son más complicadas. Ahora se da Informática en los institutos, pero no precisamente para que los chavales ronden la Wikipedia en su casa, sino para que accionen el terminal bancario en la empresa de Botín. La escuela, más que para permitir al proletariado escapar de su condición, se creó para formar a un proletariado más eficiente (y más obediente: para ello las clases de Religión, las de Historia tergiversada y las de Educación para la ciudadanía).

Ya me conocéis, yo soy un buen profesional, no porque me guste mi trabajo, sino porque me gusta hacer bien todo lo que hago. Y en el instituto sigo las programaciones y los reales decretos. Pero en mi clase de Historia y cultura de las religiones en 1.º de Bachillerato –no evaluable mientras no se demuestre lo contrario– les he contado a mis alumnos hoy historias sobre Stonehenge, las líneas de Nazca, las pinturas rupestres de Argelia, los observatorios astronómicos de los indígenas precolombinos y el gran caballo blanco de Uffington. Los druidas, los menhires y las runas. A pesar de ser a primera hora sigo manteniendo una asistencia casi total de alumnos, algo que sinceramente no esperaba. Y cuando ha sonado el timbre y he dicho que la clase había acabado, después de responder a un par de dudas, me he fijado en que algunos alumnos estaban apuntando todos esos nombres extraños en sus cuadernos, para googlear en casa. En mis clases de Lengua castellana y literatura, la mayoría apuntan lo que les digo, con más miedo que interés. Es una diferencia mucho más grande de lo que parece a simple vista. Quiero decir: unos chicos de diecisiete años, que tienen en la cabeza más tetas que cualquier otra cosa –sobre las chicas no sé, porque nunca he sabido qué hay en sus cabezas a esa edad ni a ninguna–, han apuntado los nombres de unos monumentos que fueron acabados miles de años antes de que el primer artista de hip hop ladrara por la radio, y quizás a esta hora alguno esté aprendiendo y asombrándose de lo interesante que es este mundo, con lo aburrido que parecía. Los de Lengua, asignatura obligatoria y evaluable, habrán acabado la tarea obligatoria con un evidente fastidio, en el menor tiempo posible, para ponerse a hacer lo que sea que les guste.

Y esto es un dilema: porque debes enseñar a tus alumnos lo que viene en tu programa, sabiendo que estás consiguiendo, con toda certeza, quitarles las ganas de aprender, quitarles el instinto primigenio de que aprender es muy divertido y una de las capacidades más asombrosas y útiles de los mamíferos superiores. Pero debes hacerlo para que de mayores sean unas eficientes ratas que pulsan la palanca en el banco o en la cadena de montaje de alguna fábrica, porque no quieres que en el futuro sean unos inadaptados, sino unos elementos productivos y eficaces dentro de la ciclópea maquinaria picadora de carne que tienen montada entre los políticos y los grandes empresarios.

O, aunque en realidad no lo prefieras, es tu trabajo. Triste, sí, pero de algo hay que comer.

Lo que jamás llegué a pensar es que fuera precisamente una asignatura sobre religiones la única que me permitiera contarles a mis alumnos la verdad sin tapujos.

9 comentarios en “Aprender”

  • # julifos dice:
    30 de September de 2008 a las 22:21

    Lo poco que recuerdo haber aprendido “regladamente” me sirve únicamente una vez cada siete años en una partida de Trivial o similar.

    Y con el resto de las cosas, autodidactas, me ocurre parecido, a decir verdad. Sólo me reclaman —fuera de lo laboral— para resolver problemas relacionados con computadoras o para tomar cañas.

    Pero las cosas autodidactas sí que me sirven a mí, en lo personal y lo laboral.

    El miedo, para mí, es el factor number one para aprobar o sacar buena nota (que no aprender) en el cole. Yo siempre fui a tientas por los límites que separaban las buenas notas y el hedonismo, intentando andar por uno, pero con un pie en el otro. Tuve la suerte de tener facilidad para sacar notas aceptables con el mínimo esfuerzo. Muchos compañeros tuvieron que estudiar en verano, asistir a clases particulares o academias, estar castigados sin bajar al parque por las tardes, etc. Eso sí: por circunstancias personales de cada uno, ellos solían tener más “playstations” que yo. Pero eso es lo de menos. Lo importante es que uno iba al colegio “porque sí” y cuando había examen uno se cagaba en los pantalones por la emoción de sacar una u otra nota, sabiendo como sabía que, por lo general, había estudiado más bien poco.

    Mi mujer, sin en cambios, es una aprendedora compulsiva. A ella sí le gustaba “aprender”. Ella estudiaba, de verdad, me lo han dicho sus hermanos, todos los días. Incluso se levantaba temprano. Siempre rellenaba los libros de actividades. Yo no conozco nada igual.

    Respecto de los profesores (no sé si éste es el mejor sitio para meter estas parrafadas, dado que ni siquiera le conozco a vd.), siempre he pensado que eran unos señores con bigote (antiguamente) que estaban a un paso de ser tus padres. Eso es algo muy malo. Tenías que prestarles atención obligatoriamente y te podían castigar si les salía de los cojones. Si querían, te podían hacer la vida imposible. Como tus viejos. Durante los 14 años de educación reglada que sufrí (tuve la suerte de poder autoexpulsarme de las aulas universitarias al final del segundo curso de Filología Hispánica) he tenido profes malones, majetes… Pero buenos 4: el de Literatura de segundo de BUP (por eso me tiré por las Letras), el de Mates de octavo de EGB (era bueno, el jodío), el de Historia del Libro y el de Literatura Medieval (las dos de primero de FIlología). A ellos les gustaba lo que enseñaban y sabían “emocionar” al alumno, al menos al que estuviese interesado en la materia. Lo más importante en la vida es la “emoción”. Para aprender y para todo. Ahora que has dicho algo sobre Stonehenge y esas cosas, hace poco estuve en la “ruta de los menhires” de Valdeolea, por pura casualidad. Me hubiese quedado a vivir allí, con los menhires. Unos pedruscos absurdos ahí puestos, clavados en la tierra desde hace miles de años. Los pusieron unos tipos que eran nuestros antepasado y no sabemos por qué (aunque muchos dicen saber el porqué). Se me empieza a ir la olla. Salud!

  • # MrBlonde dice:
    30 de September de 2008 a las 23:15

    Me encantaría asistir a una de esas clases, Elías. Aunque solo sea para ver las caras de los alumnos. Se deben parecer a las de mis compañeros de clase y yo (menos uno que siempre se dormía) en clase de Filosofía, una materia que da mucho pie a pasarse el temario por el forro de los mismísimos como hacía mi profesor de bachillerato, dando la materia a su manera y hablándonos del doble de autores de los que entraban en Selectividad.

    Julifos, tiene gracia pero me siento 100% identificado con tu experiencia como estudiante. Yo también aprecié montones de veces el placer, la adrenalina de ir a un examen sin haber estudiado y a pesar de ello no fracasar. Y podría suscribir cada palabra que has puesto cambiando “mujer” por “hermana” jeje. Qué trabajadora es, madre mía. Siempre la he admirado por esa constancia y capacidad de concentración en el estudio que yo nunca tuve, ni tengo, ni creo que tenga jamás. Y mira que en la Universidad es difícil lo de aprobar sin aplicarse mucho. Pero la emoción del examen y los cafés y cervezas en el bar no me los quita nadie :).

  • # Manuel dice:
    1 de October de 2008 a las 10:03

    Durante mi época escolar (en EGB) no era un mal estudiante y de hecho muchos profesores les decían a mis padres que podía hacer mucho más de lo que realmente hacía… si quisiera.

    Mis notas eran de Notables, con poco esfuerzo, y algún Sobresaliente suelto… pero sin grandes alardes y por debajo de los ‘cerebritos’ (que diría Homer Simpson) que copaban los Sobresalientes.

    En el Instituto, empecé a saber porqué me costaba alcanzar todos esos Sobresalientes…

    El tema es que había muchísimas asignaturas que por su falta de interés o ser mal enseñadas, me aburrían soberanamente…
    Esas asignaturas suponían algún Suficiente, y requerían de un mayor esfuerzo por mi parte para alcanzar los Notables, y no digamos ya los Sobresalientes…

    Mientras tanto, los ‘cerebritos’ seguían con sus Sobresalientes y algún Notable (los menos) perfilándose para su entrada triunfal en la carrera de moda, porque entonces la gente estudiaba lo que estaba de moda y no lo que les gustaba…

    Así, tras la selectividad muchos entraron en Aeronáutica, Telecomunicaciones y otras carreras ‘cool’, mientras yo me conformaba con mi querida Informática, que era lo que realmente me gustaba y lo que tenía interés por estudiar…

    Y allí, en la Universidad… fue donde finalmente me di cuenta de que no es que no fuera un buen estudiante… sino que durante muchos años me habían obligado a estudiar cosas que no me suscitaban interés alguno.

    En apenas 3 años, y muchas veces sin esforzarme demasiado, terminaba la carrera con una buena nota media… mientras mis antiguos compañeros pasaban penurias en sus respectivas carreras e incluso alguno terminaba por abandonar y dejarlo…

    Así que no puedo estar más de acuerdo contigo… las cosas que resultan interesantes son mucho más fáciles de estudiar… y pasan de ser una penitencia a ser una auténtico placer.

    Pero como tú dices, la ‘Educación’ está planteada de forma que beneficie a las necesidades de otros… y no a los propios estudiantes.

    Luego se habla del fracaso escolar, de la falta de creatividad… pero la realidad es que las ganas de aprender, y el ingenio, están enterrados bajo un montón de temarios absurdos y aburridos.

  • # Sin palabras dice:
    1 de October de 2008 a las 20:44

    Seguro que escribes tu todos los post???

  • # Elías dice:
    1 de October de 2008 a las 21:10

    Sin palabras: sí, de momento yo los escribo todos. Pero hay que tener en cuenta que padezco trastorno tripolar.

  • # Laura dice:
    2 de October de 2008 a las 16:42

    Elías:
    Me encanta todo lo que escribís. ¡Cómo me gustaría estar en una de tus clases, en particular en la de Historia de las religiones, (por estos lares… nada de eso existe).
    Creo que es un provilegio de tus alumnos el tenerte como docente. Lamentablemente , existen pocos profes que se interesen por las verdaderas necesidades de los muchachos. Siempre andamos corriendo atrás del programa y de las exigencias burocráticas (o debería llamarlas:”burrocráticas”? , ya que nos hacen trabajar y sudar como burros)y perdemos de vista , el transmitir el placer de conocer y aprender por el placer mismo. En fin… ya vendrán tiempos de revancha… esa es la esperanza…
    Un beso, desde Uruguay
    L.

  • # Juan dice:
    14 de October de 2008 a las 20:48

    Yo estudié historia y cultura de las religiones en 3º, la estoy estudiando en 4º, y la estudiaré si la hay en 1º de Bachillerato. ¿Por qué? Porque es realmente interesante. Aprender es muy interesante, y sobre todo aprender lo qeu te gusta. A pesar de que tenía mucho interés en la religión en general, me sorprendí de que me gustó mucho más de lo que realmente pensé, y eso qeu ya pensaba que me iba a gustar. Hoy en día es mi asignatura favorita, y eso que, por cierto, en mi instituto es evaluable. Mi opinión es que lo que a uno le gusta más interés pone, más busca por su cuenta, más atiende en clase más ganas tiene de aprender.
    Iré al grano, porque no tengo mucho tiempo, y de hecho debería estar haciendo los deberes de historia y cultura de las religiones (jeje). Creo qeu se deberían dar, al menos en 4º y Bachiller más optativas, y no imponer asignaturas como lengua y literatura porque si. Yo voy viendo como a pesar de aprobar en un futuro no voy a saber casi nada de lengua y literatura, no me divierto aprendiéndolo, y al final ni siquiera lo aprendo. Creo que cuando algo te lo imponen terminas no estudiándolo, mientras que las cosas qeu te interesan las estudias hasta sin profesor. Me gustaría tener otro panorama de optativas, no tener que dar lengua en Bachillerato, y dar más lo que a mi me guste, para aprovechar más el tiempo

  • # Elías dice:
    14 de October de 2008 a las 21:01

    Juan, bienvenido al blog.

    En realidad, descubrimos un poco más tarde que en la ESO sí es evaluable (en Bachillerato no), mediante un decreto aprobado con nocturnidad y alevosía.

    Yo sí creo que la lengua es importante y que se debería dar más importancia a su estudio, aunque tal vez de una forma distinta (más práctica, más leer y escribir por placer, y menos análisis morfológico y medir versos). Tal vez así te interesase más. Reconozco que barro para casa, porque yo soy profesor de lengua, pero por la misma razón te aseguro que esta asignatura tiene cosas apasionantes si eres capaz de trasmitirlas como profesor.

    De todas maneras, leyendo tu comentario, adivino que te gustarán los últimos posts acerca del libro El fracaso de la escuela, de John Holt, que he ido publicando por entregas (ahora mismo son portada de la página). Y te recomiendo encarecidamente, como a todos, que lo leas. Disfrutarás y aprenderás, y las dos cosas a la vez 🙂

  • # Juan dice:
    15 de October de 2008 a las 14:58

    Como contestación a tu comentario, si, es cierto, seguramente tengas razón, la lengua es importante.

    Pero al menos en mi instituto se da de una manera que parece que los profesores estén buscando que la lengua no interese a nadie. Parece que solo se da importancia a análisis sintáctico y morfológico, estudiar literatura porque si, y leer libros que son un tostón.

    Según mi punto de vista se deberían mandar libros más divertidos, y hacer cosas prácticas como leer y escribir. Básicamente coincido con tu opinión.

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