Ars longa, vita brevis

Aprender

30 de September de 2008

What teachers and learners need to know is what we have known for some time: first, that vivid, vital, pleasurable experiences are the easiest to remember, and secondly, that memory works best when unforced, that it is not a mule that can be made to walk by beating it.

Lo que los que enseñan y los que aprenden necesitan saber es lo que ya hemos sabido durante algún tiempo: primero, que las experiencias vívidas, vitales y placenteras son las más fáciles de recordar, y segundo, que la memoria funciona de la mejor manera posible cuando no se la fuerza, que no es una mula que pueda ser obligada a caminar a fuerza de golpes.

John Holt, How Children Learn, en la editorial Pelican.

Hace unos días leí sobre este libro en Boing Boing y me picó la curiosidad. No lo encontré en castellano, pero sí varias copias en inglés (os recomiendo, para libros que penséis que no podéis encontrar, el sitio www.iberlibro.com). Hoy me ha llegado, y le he echado un vistazo por encima. El fragmento de arriba está en la página 8.

Es fácil caer en el escepticismo cuando nos encontramos con alguna de las verdades incontestables que hay entre sus páginas. Dice Holt que cuando un chico está en la escuela, su objetivo no es aprender. Su objetivo es evitar el castigo, conseguir la play de sus padres o incluso agradar al profesor, y en ello pone toda su concentración y la fuerza de sus cinco sentidos. Así, muchos logran aprender, pero no todo lo que deben, puesto que para ellos, en realidad, el aprendizaje no es un fin, sino un medio.

Claro, se puede argumentar: ¿y qué aprenderían los alumnos si no tuvieran miedo al castigo o al suspenso? Yo no lo sé, pero este escritor –profesor además– parece que hizo una serie de experimentos donde dejó a un grupo de niños en una habitación con mucho material didáctico, sin instrucciones, horarios ni exámenes. Dice que los resultados fueron sorprendentes: todos aprendieron mucho, a su ritmo, guiados por su propia curiosidad.

Pero ¿realmente aprenderían lo que necesitan aprender, o solo lo que les gusta?

Y aquí está la pregunta que yo hago: ¿qué es lo que los niños y los jóvenes necesitan aprender?

Cualquiera tan cínico y desengañado como yo sabrá que la escuela gratuita y universal es simplemente un instrumento para que los proletarios aprendamos a manejar las máquinas de los empresarios, que cada vez son más complicadas. Ahora se da Informática en los institutos, pero no precisamente para que los chavales ronden la Wikipedia en su casa, sino para que accionen el terminal bancario en la empresa de Botín. La escuela, más que para permitir al proletariado escapar de su condición, se creó para formar a un proletariado más eficiente (y más obediente: para ello las clases de Religión, las de Historia tergiversada y las de Educación para la ciudadanía).

Ya me conocéis, yo soy un buen profesional, no porque me guste mi trabajo, sino porque me gusta hacer bien todo lo que hago. Y en el instituto sigo las programaciones y los reales decretos. Pero en mi clase de Historia y cultura de las religiones en 1.º de Bachillerato –no evaluable mientras no se demuestre lo contrario– les he contado a mis alumnos hoy historias sobre Stonehenge, las líneas de Nazca, las pinturas rupestres de Argelia, los observatorios astronómicos de los indígenas precolombinos y el gran caballo blanco de Uffington. Los druidas, los menhires y las runas. A pesar de ser a primera hora sigo manteniendo una asistencia casi total de alumnos, algo que sinceramente no esperaba. Y cuando ha sonado el timbre y he dicho que la clase había acabado, después de responder a un par de dudas, me he fijado en que algunos alumnos estaban apuntando todos esos nombres extraños en sus cuadernos, para googlear en casa. En mis clases de Lengua castellana y literatura, la mayoría apuntan lo que les digo, con más miedo que interés. Es una diferencia mucho más grande de lo que parece a simple vista. Quiero decir: unos chicos de diecisiete años, que tienen en la cabeza más tetas que cualquier otra cosa –sobre las chicas no sé, porque nunca he sabido qué hay en sus cabezas a esa edad ni a ninguna–, han apuntado los nombres de unos monumentos que fueron acabados miles de años antes de que el primer artista de hip hop ladrara por la radio, y quizás a esta hora alguno esté aprendiendo y asombrándose de lo interesante que es este mundo, con lo aburrido que parecía. Los de Lengua, asignatura obligatoria y evaluable, habrán acabado la tarea obligatoria con un evidente fastidio, en el menor tiempo posible, para ponerse a hacer lo que sea que les guste.

Y esto es un dilema: porque debes enseñar a tus alumnos lo que viene en tu programa, sabiendo que estás consiguiendo, con toda certeza, quitarles las ganas de aprender, quitarles el instinto primigenio de que aprender es muy divertido y una de las capacidades más asombrosas y útiles de los mamíferos superiores. Pero debes hacerlo para que de mayores sean unas eficientes ratas que pulsan la palanca en el banco o en la cadena de montaje de alguna fábrica, porque no quieres que en el futuro sean unos inadaptados, sino unos elementos productivos y eficaces dentro de la ciclópea maquinaria picadora de carne que tienen montada entre los políticos y los grandes empresarios.

O, aunque en realidad no lo prefieras, es tu trabajo. Triste, sí, pero de algo hay que comer.

Lo que jamás llegué a pensar es que fuera precisamente una asignatura sobre religiones la única que me permitiera contarles a mis alumnos la verdad sin tapujos.

Stultitia magna est

29 de September de 2008

Muchos de los que ahora se autodenominan liberales niegan el cambio climático, a pesar de la cantidad aplastante de datos que confirman que nos estamos cargando el sistema térmico terrestre. No creo que sea por estupidez. Creo que es porque la mayoría de los «progres» creen en el cambio climático; y como ahora actuamos todos como perritos de Pavlov, babeando ante la campanilla, pues reaccionamos en un sentido determinado. Todo lo que les guste a los progres es malo para los liberales, y viceversa. Si un liberal critica que se den mayores dotaciones presupuestarias a las comunidades autónomas más ricas, todos los progres se pondrán automáticamente a favor de tal medida, aunque ello vaya directamente en contra del pilar fundamental del izquierdismo.

Pues bien, lamento confesaros que me está pasando algo parecido. A base de escuchar memeces del Ministerio de Igualdad, temo que me van a convertir en un machista recalcitrante de aquí a poco.

La Ministra Aído pide la retirada de un anuncio del Ministerio de Economía por sexista (vía Menéame). Cito:

En el anuncio se escucha una voz femenina que dice: “Cómo psicóloga te digo que deberías dejar ese trabajo y olvidarte de tu mujer, que te absorbe toda la energía positiva”.

A continuación, una voz masculina responde: “¿Dejar a mi Puri? pero ¡tú estás loca!, ¡si mi Puri es lo más grande!. Cómo se nota que no has probado las croquetas de mi Puri”.

El anuncio finaliza con una voz en ‘off’ que dice: “Si tu vida es como tú eliges que sea ¿tu inversión no debería ser igual?. Compra letras del Tesoro. Tesoro Público. Gobierno de España”. […]

Para la senadora popular [sic] es un “escándalo” que el Ejecutivo haga un anuncio “sexista y machista”, en línea “con los estereotipos más discriminatorios y alejados de una sociedad democrática”.

Toda publicidad sexista es censurable -ha aseverado- pero cuando el responsable es el Ministerio de Economía y Hacienda y el vicepresidente segundo del Gobierno, entonces es “gravísimo” porque este anuncio, que “atenta contra los valores éticos y morales”, es propio de un país en el que las mujeres ocupan un papel subordinado” pero no es propio de una sociedad más justa, libre e igual”.

En fin, ya sabéis que una de mis últimas paranoias conspiratorias es que la «emancipación» laboral de la mujer, tal y como está entendida ahora, es una inteligente estrategia del poder económico para añadir más carne a la picadora capitalista (o eso, o las valientes mujeres que luchaban por sus derechos hace dos siglos lo que pretendían era tener una jornada laboral de doce horas, sin un sueldo digno, sin derechos y con miedo a perder su empleo. Que me da en la nariz que la cosa no iba en realidad por ahí).

Sobre mi polémica conspiranoica podéis leer este enlace, que va ya por 27 furibundos comentarios.

Y sobre este mismo post, ¿qué decir? No añado nada a los comentarios que queráis dejar, aparte de la sensación de que, al lado de ministras como estas, uno empieza a pensar que el machismo sería el mal menor.

(Por cierto, dejando aparte las croquetas de la Puri, me pregunto si esta lumbrera se ha percatado de que aparece otra mujer en el anuncio: una licenciada universitaria con una profesión liberal, una psicóloga. Pero supongo que el objetivo no es convertir a todas las mujeres en profesionales liberales, sino borrar del mapa a todas las cocineras. Pues es una pena.)

Comida

28 de September de 2008
Cantidad de comida

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Si no ves la presentación sobre estas líneas, haz clic aquí.

Esta presentación me la pasó mi amigo Antonio al correo hace unos días, y por alguna razón evité ejecutar el mecanismo automatizado que empleo para los correos que empiezan por FW: y tienen documentos adjuntos (borrar sin leer). En ella se ve a unas cuantas familias de diversas partes del mundo posando delante de su provisión semanal de comida, y un breve texto que acompaña a la imagen nos informa del gasto que supone a cada una de ellas.

La primera impresión que tiene uno es la de que cuanto más industrializado está un país, más y mejor come una familia, ya que puede gastar más dinero en alimentos. Alemania y los Estados Unidos posan orgullosos delante de su botín de entre 300 y 500 dólares, colmado de alimentos de última moda envueltos en plástico. Da bastante lástima la diapositiva que representa a la familia chadiana, con su saco de harina, sus pocas legumbres y algún limón al precio de 1,62 dólares semanales.

Sin embargo, a medida que iba avanzando por las fotografías me daba cuenta de que me apetecía mucho más degustar lo que comen las familias que están en la parte media de la tabla. Son países desarrollados, pero aún no industrializados a lo bestia. México, con sus 189,09 dólares, muestra una apetecible colección de frutas, verduras y pan artesanal, aunque da un poco de grima la cantidad de Coca-Cola que son capaces de meterse entre pecho y espalda. Con China (155,06) pasa algo parecido, aunque esta vez la bebida de cola ha sido sustituida por algún sucedáneo no capitalista (Mao-Cola o vete tú a saber); en Italia, por 260,11, disfrutan de un envidiable banquete siciliano. El menú de Mongolia (40,02 dólares) me hace la boca agua, como el de Ecuador (31,55) y el de Bután (5,03). Pagaría lo que fuera por gastar 20 dólares al mes, menos de 14 euros, y disfrutar de unos alimentos que tienen una pinta de sanos que te sientan de culo en lugar de tanta patata frita de bolsa, pizza precocinada y ternera con encefalopatía espongiforme bovina.

¿Para esto trabajamos tanto? ¿Para comer plástico y pagar veinte veces más? Empiezo a entender la cara de estúpidos que se nos está poniendo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Luis de León (1528-1591), alias Fray. No, no Fry como el de Futurama, Fray como de fraile.

Aunque con el juego este del capitalismo, ya ni tener un huerto te dejan ya. A ver si revienta la burbuja y puedo comprarme unos metros cuadrados.

A Song For Life – Eric Johnson

26 de September de 2008

El mejor ordenador de la historia

25 de September de 2008

A mediados de los ochenta los ordenadores eran cosa de frikis. Y además era una cuestión estadística: si no tenías granos y gafas, no tenías uno. Y ni siquiera todos los cuatro ojos con acné estaban interesados o podían permitirse comprar una de esas máquinas.

A mediados de los ochenta los ordenadores eran grandes trastos con pantallas culonas de dos colores: verde y negro. Eran capaces de mostrar texto y eso era algo casi increíble.

A mediados de los ochenta el dispositivo mediante el que te comunicabas con el ordenador era un teclado grande y tosco. El ratón había sido inventado a mediados de los 60, pero nadie tenía uno.

A mediados de los ochenta un ordenador muy caro solía tener unos 256 kilobytes de memoria. Si multiplicas por cuatro, tienes un megabyte. Si luego multiplicas por 1.024, tienes un gigabyte. Si vuelves a multiplicar por dos, tienes la memoria que yo tengo instalada en el MacBook, que es el mínimo con lo que suelen venir los ordenadores actuales de gama baja. Es decir, que hemos multiplicado por 8.192 la memoria de un ordenador puntero de mediados de los ochenta para obtener la de uno barato de unos veinte años después.

Es curioso que teniendo en cuenta ese dato la mayor parte de la gente siga teniendo problemas con los ordenadores.

A mediados de los ochenta, con un ordenador podías escribir algún texto, crear alguna base de datos, algún programa –si sabías mucho– y poco más. Y entonces apareció el Amiga.

Cuando apareció el Commodore Amiga, los ordenadores caros podían hacer lo que habéis leído antes. Entonces, este extraño aparato con nombre español hizo cosas que hasta entonces eran, literalmente, no inimaginables sino imposibles. La mayoría de los ordenadores no podían dibujar una línea recta en la pantalla, y el Amiga 1000 era capaz de mostrar una imagen casi indistinguible de una fotografía en 4.096 colores simultáneos (la tarjeta gráfica VGA, creada tres años después, y que no se empezó a convertir en estándar en los compatibles IBM hasta principios de los noventa, mostraba a la vez un máximo de 256). La resolución máxima era de 640 x 512 (la VGA podía ofrecer una resolución de 640 x 400, limitando el número de colores a 16). Un sonido con calidad totalmente realista salía en estéreo por sus cuatro canales simultáneos (la primera SoundBlaster apareció en 1989). Venía con un ratón de dos botones y una disquetera que leía discos de densidad simple a 1 megabyte (los compatibles solo podían manejar 0,7 megabytes en los mismos discos). Su corazón incluía una serie de circuitos (llamados custom chips), de nombres femeninos, como Lisa y Paula, que se encargaban de diversas tareas y desahogaban al procesador central, el increíble Motorola 68000, de gran parte del trabajo. El Amiga 1000 fue el primer ordenador multimedia de la historia, muchos años antes de que a alguien se le ocurriera la palabra. Diez años antes de que Bill Gates pretendiera haber inventado la multitarea con su Windows 95, el Amiga ejecutaba diez programas a la vez sin despeinarse. Si querías tener un ordenador de otra marca que se le acercara un poco en posibilidades, debías esperar cinco años a que inventaran todo eso, gastarte el doble de lo que costaba el Amiga en otro ordenador, y luego comprarle un monitor en color, un ratón, una tarjeta gráfica y otra de sonido. Gastándote unas trescientas mil pesetas en hardware de Amiga, incluyendo el propio ordenador, podías montar en tu casa una empresa de edición de vídeo totalmente profesional, lo que con cualquier otra opción habría elevado el precio por encima de los dos millones.

¿Y entonces por qué la mayor parte de vosotros, especialmente los jóvenes, jamás habéis oído hablar de él? La historia es larguísima, y las razones aún no están claras del todo. Después de un comprensible éxito, las ventas empezaron a decaer, y el Amiga sufrió una larguísima agonía, la mayor parte de la cual en realidad se encontraba en estado de coma. Hubo, y creo que aún lo hay, un heroico grupo de supervivientes que nunca renunciaron a su querido ordenador, y que seguían programando para él, usándolo y defendiéndolo, hasta convertirse en fanáticos. Hoy en día, cualquier ordenador de 600 euros hace mucho más que un Amiga, y sin ningún inconveniente, salvo los continuos cuelgues. Y hasta ese problema puede reducirse casi a cero si usas Mac OS o Ubuntu. Sin embargo, sigue habiendo gente que vive aún en la época de la espada y la brujería. Porque el párrafo anterior, después de todo, solo habla de números. La experiencia está en el siguiente.

Porque si nunca usaste un Amiga en su momento, hay un hecho mágico que has perdido para siempre. La magia de presenciar lo imposible. Imagina que, mientras lees esto, Un rayo sale de tu monitor y se materializa en medio de la estancia con la forma de Natalie Portman, y que se sienta en tu regazo a ver cómo lees lalengua.info mientras te hace caricias y arrumacos. Sería algo imposible que te dejaría con la boca abierta y con ganas de enseñárselo a todo el mundo. Pues eso es lo que se sentía. Tu amigo te invitaba a ver su nuevo ordenador, del que habías oído hablar, y cuando te mostraba cualquier demo, cualquier juego, cualquier imagen digitalizada, pestañeabas un par de veces porque sabías que lo que estabas viendo y oyendo no era posible.

Quizá alguien de la vieja guardia de entre los lectores del blog pueda dejar un comentario para confirmar a vosotros, jóvenes maleducados, consentidos, bailadores de reguetón, escuchadores de hip hop y masticadores de Big Macs, que no me estoy inventando nada. Que el que tuvo la fortuna de presenciar una de estas máquinas en funcionamiento en aquella época no ha vuelto a tener una sensación igual al sentarse frente a un montón de chips de silicio.

Después ha habido tarjetas VGA y SVGA, y –¿cómo se llaman las que vienen con los ordenadores modernos? a nadie le importa– otras; PlayStations uno, dos y tres, Nintendos y SuperNintendos, Sega Saturn (otra que tal vez no les suene a los jóvenes) y Dreamcast, Xbox uno y trescientos sesenta, monitores de veintisiete pulgadas y discos duros de un terabyte. Gráficos en 3D y todo eso. Pero no ha vuelto a haber magia.

Recuerdo que la primera vez que encendí mi Amiga 500 en casa –fue el modelo que sucedió al Amiga 1000– y metí un juego de rol por turnos en la disquetera, cuyo nombre no recuerdo, dije en voz alta: «¡Madre mía! ¡Tengo estos gráficos en mi ordenador!» Días después, mi amigo se compró otro Amiga 500, y al introducir el mismo juego repitió exactamente la misma frase.

Veinte años después me compré una Xbox 360 y puse a cargar el DVD del juego Gears of War. Tras ver los gráficos y oír el sonido, me dije a mí mismo: «Dios mío, esto es increíble». Pero no añadí signos de exclamación. Y además sabía que me estaba mintiendo a mí mismo.

¿Qué fue lo que se cargó al Amiga? Nadie lo sabe, pero os doy unas cuantas pistas. Una fama inmerecida de que era un ordenador que solo servía para jugar. Sí, era cierto que los juegos del Amiga estaban a años luz de los que se podían ver en cualquier otra plataforma, pero se obviaba un dato: si el ordenador era capaz de hacer eso, además era capaz de hacer lo que hacían todos los demás usando solo un 1% de su potencia. Además, la empresa Commodore, hoy desaparecida, demostró una ceguera gigantesca en cuestión de publicidad y negocios. Bill Gates ya estaba empezando a mostrarse como el genio de las finanzas y los negocios –que no de la informática– que todos conocemos. El Amiga estuvo saltando entre varias compañías que no entendieron la magia que contenía y que fueron cargándoselo poco a poco. Y el resto es historia oculta.

Me enteré, ni sé cómo, de tantas horas que pasa uno aquí sentado, de que acaban de publicar el nuevo sistema operativo del Amiga, el AmigaOS 4.1. Ni siquiera sabía que aún podías comprar uno de estos trastos. Me picó la curiosidad y estuve investigando un poco, y he encontrado una inspirada y detallada historia de esta caja mágica en Ars Technica (en inglés). Aquí tenéis la entrada de la Wikipedia en español sobre este ordenador, y aquí la historia del Amiga en la Wikipedia en inglés. Están bastante bien, pero a los que no hayáis visto uno de estos monstruos en funcionamiento en 1988 no os dirá gran cosa. Y es normal. Mi abuela se emociona con los tangos de Gardel, y a mí me gustan, pero no llego a llorar con ellos. Supongo que, aparte de que Gardel fue algo muy grande, como el Amiga, la cuestión de fondo es que cuando mi abuela escucha a Gardel está usando los oídos de su juventud. Supongo que lo mío con este cacharro también es cosa de los ojos de mi juventud, que no han vuelto a ser los mismos.

Si sois de los míos, el comentario es obligado.

Epílogo

Hombrepordiós. Si en la Xbox 360 tengo gráficos de alta definición y sonido Dolby Digital envolvente 5.1. Y se conecta a Internet. Y sus escenarios tienen una iluminación totalmente fotorrealista.

Sí, pero ese no es el tema. Yo sé que dentro de diez años jugaré a un juego cuyas imágenes no podré distinguir de una película de Hollywood. Y tal vez ya habrá despegado la realidad virtual, y podré ponerme el casco, los guantes y todo eso. Es cuestión de tiempo, cantidad y trabajo bruto. Y de que los chips van a ir siendo cada vez más pequeños, potentes y baratos. Pero es algo que sé que va a ocurrir, porque es algo posible. La magia está en lo imposible, no en los números. Ya no se trata del doble de colores, o el cuádruple de resolución, o de veinte canales de sonido, o de que el mando me vibre en las manos. La vibración ha de sentirse dentro. No, no ahí, marranos. Más arriba. Hacia el centro del pecho, un poco a la izquierda.

Tres (miniposts) en uno

24 de September de 2008

Se acumulan los enlaces y ya se sabe, ars longa, vita brevis. La mayoría acaba en la papelera, pero por algún motivo se han salvado estos tres:

  • La física de lo imposible (Ciencia Kanija)

    Campos de fuerza, ropas que te hacen invisible, viajes en el tiempo, teletransportación… estos y otros asuntos fueron inspiración para narraciones fantásticas durante años. Después la ciencia los descartó por imposibles. Pero la ciencia se olvidó del que en realidad es su principio, la máxima de Sócrates: solo sé que no sé nada. Hoy en día algunos de estos trucos de magia se consideran posibles en un futuro no tan remoto.

  • Monstruos, fantasmas y dioses: Por qué creemos (Ciencia Kanija otra vez)

    Las personas que no tienen una creencia religiosa suelen ser más proclives a creer en espíritus, chupacabras y otras criaturas inexistentes. Un 40% de universitarios encuestados cree que sus casas están encantadas. Y otras revelaciones paradójicas en el post enlazado.

  • Angelina Jolie, ‘censurada’ por imprimir glamour a la violencia (El Mundo)

    El poder sigue protegiéndonos del mundo real, que, según parece, solo pueden disfrutar ellos. Esta vez es una agencia de publicidad británica, que considera que unos carteles con una chica guapa y un arma son inmorales y deben ser censurados. ¿Que la violencia tiene mucho glamour? Hombre, eso se sabe desde Homero, por lo menos. Pero tiene guasa que uno de los países que se ha ido al culo del mundo a pegar tiros para que baje el precio del crudo se la coja con papel de fumar viendo el anuncio de una película. Ver para creer.

Internet mala

23 de September de 2008

Bueno, parece que por muy buena que sea la educación en Finlandia, están saliendo a una tragedia homicida por año. Habría que investigar eso. Aquí en España los que acabamos psicópatas somos los profesores. Creo que debería buscarse un término medio.

Bien, he visto la noticia en Antena 3, durante el lapso que transcurre entre que acaban Los Simpsons y empieza Padre de familia en La Sexta. Después de contar los desgraciados sucesos, han terminado diciendo que el flipado este se había grabado practicando el tiro con su arma y había subido los vídeos a YouTube.

Me pregunto si realmente ese dato es relevante para la noticia, ya que el hombre no decía en los vídeos, que yo sepa, «El 23 de septiembre voy a ir al instituto y voy a montar el juicio final». Eso lo dejan para el espectador. Y, sobre todo, lo dejan con una velada insinuación: qué mala es internet.

Quizás si yo me grabo practicando el corte de tomate con un cuchillo y un mal día –Dios no lo permita– entro en la delegación de Hacienda y juego a Jack el Destripador, también decidan añadir el dato. Porque lo importante no es que haya relación entre unos simples vídeos y la locura homicida de un paisano, lo importante es seguir metiendo a la gente el miedo para que huyan de internet, el medio que no controlan. Para que no compren por internet y compren en sus absurdas teletiendas, para que no dejen a sus niños acercarse a un ordenador, no sea que les entre el virus de la pornografía infantil (no hace falta ser muy concreto con los datos: el miedo es fundamentalmente desconocimiento).

Padres, tenedlo presente –parecen decir–: se educarán mucho mejor vuestros hijos a la manera tradicional (es decir, con la tele, Está pasando y El diario de Patricia) que con la peligrosa y pornográfica Wikipedia.

Pues no cuela.

Haz algo por tu libertad

22 de September de 2008

Y sin moverte de donde estás sentado ahora mismo, claro, ya que la libertad no es tan importante como para que te levantes de la silla.

En un par de días el Parlamento Europeo va a votar una serie de medidas relacionadas con el mundo digital, entre ellas la posibilidad de que vigilen todo lo que haces donde estás ahora mismo sentado –tu ordenador– y también el hecho de que un proveedor de servicios de internet (ISP), como Telefonica o cualquier otro, pueda tomar medidas si advierte que estás haciendo cosas que atenten contra la propiedad intelectual.

Dicho de otro modo: tu ISP va a tener la posibilidad de vigilar lo que estás haciendo desde la intimidad de tu hogar y usando un servicio por el que les pagas (y que, en el precio, no queremos que vaya incluida la obligación de ser espiado); además, a partir de dentro de poco un ISP –esto es, una simple empresa– podrá recortar tus servicios si cree que te estás descargando el último disco de Teddy Bautista, sin que medie la intervención de un juez.

Dicho de otro modo aún: se va a conceder a empresas el poder de tomar decisiones que afectan a tu privacidad y a lo que puedes o no puedes hacer, basándose en sus criterios, sin denuncia, sin juicio y sin sentencia. La evidencia de que no ya quienes nos gobiernan, sino quienes nos juzgan y condenan, son los poseedores del capital es cada vez más clara.

Dicho de un cuarto modo: cuando una empresa crea que estás atentando contra sus intereses, puede actuar contra ti sin que se celebre un juicio. Poder ejecutivo para las empresas.

Pero tranquilos, no todo ha cambiado: cuando un simple y pobre –y, por lo tanto, honrado– ciudadano como vosotros o como yo sienta que sus intereses están siendo perjudicados por una empresa, nosotros tendremos que seguir el clásico procedimiento judicial que nos costará años de vida y salud y miles de euros. Por los viejos tiempos, supongo.

El paquete de medidas contra la libertad de los esclavos (¿para qué usar eufemismos?) se conoce como Telecoms package. Se han propuesto las enmiendas 133 y 138, que pretenden, la primera que los estados no puedan vigilar alegremente lo que hacen los ciudadanos con su conexión a internet; la segunda, que una empresa no pueda tomar medidas contra un usuario si no interviene una autoridad judicial.

La página The Open Rights Group (vía Boing Boing) ha propuesto que todos los que no se sientan a gusto siendo un poco más esclavos escriban a los parlamentarios para que las enmiendas sean aprobadas. Ellos han publicado un enlace de contacto con los europarlamentarios británicos. Yo os doy la información de nuestros paralamentarios, los españoles: aquí. Ahí podéis ver la lista de los cincuenta y cuatro europarlamentarios españoles. Haciendo clic sobre cualquiera de los nombres accederéis a sus direcciones de correo electrónico. Sería bueno que recibiesen un montón de mensajes advirtiéndoles de que aún no hemos aceptado del todo nuestra esclavitud.

Si no lo hacéis, dentro de poco tiempo el Estado tendrá potestad legal para vigilar cada uno de los tecleos que ejecutas en tu ordenador conectado a la red, y Telefonica podrá interrumpir tu conexión si cree que estás atentando contra los derechos de propiedad intelectual de Alejandro Sanz.

Si lo hacéis, quizá el resultado sea el mismo, pero sentiréis en vuestro interior la sensación de que, aparte de ser prostituta, al menos no has puesto la cama. Si te fornican, al menos lo harán a la fuerza y sin tu consentimiento.

Yo voy a escribir a una parlamentaria socialista, ya que es conocido que ellos son muy buenos y velan por los intereses del ciudadano, y no del capital. Dentro de un rato publicaré el texto del correo que les he enviado, por si alguien quiere ahorrarse trabajo. Pero de momento prefiero publicar este post ya. ¡Solo nos quedan dos días!

Actualización: Os pego el texto del mensaje que he escrito a una europarlamentaria, por si os apetece usarlo, con las modificaciones que veáis pertinentes:

Estimado/ a señor/ a [apellido]:

Dentro del paquete legal conocido como «Telecoms package» que va a votarse en breve en el Parlamento Europeo hay una serie de medidas que creo que atentan gravemente contra los derechos de los ciudadanos. Entre ellas, las más importantes se refieren a la potestad de los Estados miembros para vigilar las comunicaciones privadas de los particulares y el poder que se concede a las empresas, sin intervención judicial, para restringir el acceso a internet de los usuarios si ellas entienden que se está atentando contra los derechos de propiedad intelectual.

Le escribo este mensaje para pedirle que vote a favor de las enmiendas 133 y 138, cuyos fines son eliminar estas posibilidades que devendrían en una merma considerable de los derechos de los ciudadanos de la Unión Europea. Puede encontrar el texto de ambas enmiendas en los siguientes enlaces:

http://www.laquadrature.net/wiki/Telecoms_Package_Plenary_Amendments#Amendment_133_.2B.2B

http://www.laquadrature.net/wiki/Telecoms_Package_Plenary_Amendments#Amendment_138_.2B.2B.2B

Sin otro particular, le saluda atentamente

[nombre del que firma]
[ciudad, estado]
[dirección de correo electrónico]

In soviet Russia

21 de September de 2008

Una de estas dos fotos se tomó durante el extinto régimen socialista de la Unión Soviética:

Ha acertado quien haya dicho: «La primera es de la URSS, y la segunda también». Ambas fotos provienen de esta preciosa colección (vía Menéame), donde podéis encontrar un puñado más de ejemplos desconcertantes.

Una de las cosas ambiguas de ir acumulando años –ambiguas porque uno no sabe si son buenas o malas– es esto de tener ya Historia sobre las espaldas. Si hablo de la Unión Soviética en clase, la mayor parte de mis alumnos no había nacido cuando se disolvió en 1991, y les suena tan lejano como cuando mi abuela me habla de la II guerra mundial. Es algo que estuvo ahí, que tuvo enormes consecuencias, que indudablemente aún influye en la configuración de su mundo… pero ya no está y no va a volver.

En mi barrio, como en casi todo el mundo libre, teníamos una visión bastante clara de lo que era la URSS, gracias a documentales como Rocky IV, donde un Sylvester Stallone, protagonista y director, le daba una paliza al capitán del ejército popular Ivan Drago, un momento antes de recibir el aplauso del mismísimo Mijail Gorvachov (sí, jóvenes lectores, la comedia absurda se inventó mucho antes de lo que suponíais).

Éramos unos chicos algo especiales, porque hablábamos en la calle, entre pedrada y pedrada, sobre si la primera bomba nuclear lanzada por los pérfidos eslavos caería en lo alto de nuestras cabezas. El caso es que un día la URSS cayó, pero nadie dejó de tirar bombas: los buenos y los malos. Aunque lo cierto es que los buenos han cogido bastante ventaja, ya que la URSS aún tiene problemas más urgentes. No debe de ser fácil para una sociedad desmantelar un titán monstruoso como lo fue el mayor país que ha existido jamás.

Ya hace casi dieciocho años, y en las próximas elecciones españolas empezarán a votar los chicos que nacieron en la era posterior a la URSS.

Aunque en occidente pensábamos que en la Rusia soviética se comían a los niños crudos para desayunar mientras nosotros masticábamos chicle, llevábamos vaqueros y bailábamos rock’n’roll, después hemos sabido que la realidad era mucho más terrible de lo que parecía. Solo hay que recordar las obras que han escrito al respecto Martin Amis (Koba el temible), George Orwell (Rebelión en la granja y 1984) y sobre todo Alexander Solzhenitsyn (Archipiélago gulag). Donde creíamos que había un control absoluto del estado en las vidas de la gente, donde un 25% de tus vecinos eran informadores para el KGB, donde la gente hacía cola durante horas para que les diesen una exigua ración de azúcar o leche, la realidad fue al menos tres veces peor. Hubo pueblos enteros exterminados para hacer no sé qué plan de reestructuración económica, millones de personas asesinadas por motivos políticos, e innumerables esclavos de los gulags, víctimas de un régimen que prometía la liberación del trabajador y la dignidad de la clase proletaria.

Todo eso lo hemos ido sabiendo después, ahora que la gente más o menos puede hablar con libertad. Pero curiosamente también podemos conocer las mentiras del otro bando, del nuestro, viendo las fotos de los pimpollos punk de arriba, de una integración laboral de las mujeres mucho mayor que la que aún hoy tenemos en el mundo occidental, y de varios melenudos despendolándose en un concierto de rock.

Tiendo a creer que la mayor parte de los tiranos socialistas tiene buenas intenciones. No creo que los dirigentes chinos, coreanos o cubanos tengan a todo un pueblo oprimido solo por afán de lucro personal. Ese objetivo sería mucho más fácilmente alcanzable con una economía liberal. Gente con mucho menos talento se ha hecho rica mucho más rápidamente en un país como España, donde no puede soñarse la inmensa riqueza que alberga China, por ejemplo. Vergonzosamente rica. Y sí, son odiados por algunos, pero otros les votan.

Los mayores problemas de estos regímenes son dos. Por una parte, no saben elegir el momento en que una ideología platónica ha costado ya suficientes vidas. Por otra, que contiene a la primera, tal vez no tienen un sistema de valores muy aceptable. Quizás la igualdad total de la sociedad no es un bien mayor que la vida humana. Pero en los gigantes rojo y amarillo eso es difícil de apreciar. Cuando pasas de los mil millones de habitantes, realmente la tragedia de una muerte (o de un millón) es fácil tomársela con una distancia. Seamos francos: la muerte de un millón de cantoneses o de mongoles no le importa al mundo más que la de Lady Diana, y a nosotros no más que la de nuestro perro.

Pero voy a retomar el sentido del post. Decía que hemos ido sabiendo las mentiras del régimen socialista soviético. Pero hay mentiras que aún no asumimos. No nos hemos dado cuenta aún de que los otros tampoco eran los buenos. Mientras Stalin y Kruschev asesinaban a miles, desde Estados Unidos se orquestaban operaciones de intervención en países asiáticos y latinoamericanos. Sí, siempre lo hemos sabido, pero creímos –y muchos aún lo creen– que lo hacían porque uno de los bandos tenía que ganar, y ese tenía que ser el bueno. Hoy día vemos con mayor claridad que nunca que las operaciones de liberación que ha llevado EEUU a lo largo del siglo XX y lo que llevamos del XXI son poco más que movimientos financieros cuyo fin es principalmente la expansión de las cadenas McDonald’s, Disney, Starbucks, suma y sigue. Y esos son los monstruos de nuestro siglo, que siguen comiendo, no tienen la intención de caer y son capaces de comer todo el terreno que los trabajadores hemos ganado a costa de muchísima sangre desde mediados del siglo XIX.

¿Lo lograrán? Es posible. Cuando hablo con cualquiera, sus ambiciones suelen estar comprendidas dentro de la maquinaria: un coche, una pantalla plana, unas vacaciones horteras en el Caribe. Para todo ello es necesario gastar, comprar, hipotecar, trabajar. Y trabajar cada vez más, y gastar cada vez más. No soy el primero que lo dice ni seré el último, pero hemos pasado de ser homo sapiens (si es que lo hemos llegado a ser alguna vez) a convertirnos en homo consumens.

¿Y ahora qué? Pues os cuento: cada vez más cámaras en todos lados. Cada vez trabajamos más y cobramos menos. Cada vez tenemos algo más parecido al partido único en la mayoría de los países democráticos. Cada vez sabemos más de los niños que mueren de hambre, y cada vez nos importa menos. Ah, y el Estado, por si no lo sabes, almacena todo lo que haces desde tu ordenador o desde tu teléfono móvil durante un año, por si acaso. Aún no han inventado el modo de registrar nuestras conversaciones en el parque de forma totalmente efectiva, pero todo se andará. No, no es una paranoia mía, es una ley aprobada en las Cortes. Es curioso que aceptemos eso, con lo que nos hemos horrorizado cuando sabíamos que en la Europa que había tras el telón de acero ponían a la gente micrófonos en los dormitorios. Ya no necesitan ponerlos en ningún sitio, nos los ponen en el móvil y los llevamos nosotros. La cabeza agachada y a obedecer. Ah, y a votar todos, claro.

La caída de la Unión Soviética ha tenido un efecto curioso. Nos estamos convirtiendo en ellos. Y es mucho más fácil ahora, porque no tenemos al monstruo vivo para mirarlo y ver lo mal que están. Nos estamos convirtiendo en esclavos, como ellos, pero no nos damos cuenta porque ya no los tenemos para mirar nuestro reflejo.

Por eso es curioso esto de las fotos. En algunas de ellas, me da la impresión de que habían llegado a un punto que nosotros hemos perdido. De que vivían mejor de lo que nosotros estamos viviendo ahora. Y nosotros seguimos bajando. Pero estamos tranquilos, porque no tenemos un Némesis en el que mirarnos y darnos cuenta de que aún podemos estar mucho peor… y lo estaremos.

Aunque, ahora que los iraníes tienen la bomba, tal vez todo acabe de otra manera. El caso es estar bajo la bota del miedo, la bota de nuestro hijo de puta o del hijo de puta ajeno.

El día que me quieras – Carlos Gardel

19 de September de 2008


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Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.

¡Cómo ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar!

Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar…

Ella aquieta mi herida,
todo, todo se olvida.

El día que me quieras,
la rosa que engalana
se vestirá de fiesta con su mejor color.

Y al viento, las campanas
dirán que ya eres mía,
y, locas, las fontanas
se contarán su amor.

Hay que comer

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