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La Lengua » Deportes

Ars longa, vita brevis

Deportes

19 de August de 2008

De-por-tes igual a seis.

(Martes y Trece)

No me gusta ver los deportes por televisión ni tampoco in praesentia y, sin embargo, no tengo nada en contra de los que lo hacen. De hecho, tampoco me parece una diversión extraña ni absurda. A mí me gusta echarme al campo con unos prismáticos para ver pájaros y jugar a la consola hasta perder el sentido, y supongo que las razones que aporte para defender tales distracciones son igual de rebatibles que las de los que encuentran divertido sentarse con una cerveza a ver cómo unos cuantos tipos afirman su virilidad pegando patadas a un cacho de cuero.

Lo dicho, nada en contra de que la gente se divierta como quiera sin jorobar al prójimo. Incluso el otro día, en casa de mi amigo Karim, en Guadalmar, vi un fragmento de la victoria del tenista Nadal en los juegos olímpicos, mientras a pocos metros ETA colocaba una bomba, y he de decir que en algunos momentos llegué a sentir cierta emoción cuando algún punto entraba en grave disputa. No sé explicar por qué, porque no me gusta ver deportes ni entiendo maldita cosa de tenis, y además no soy nacionalista, pero sucedió.

Por otra parte, a menudo disfruto practicando deporte, ya que así uno cuida un poco de la salud y del aspecto físico, y además puede despejar la cabeza de tan graves problemas como atribulan al hombre joven preocupado por el planeta que holla. No obstante, el gozo suele quedarse en la agradable sensación cuando cesa el ejercicio, y en comprobar que a uno la ropa le sienta bien. Que no es poco, habida cuenta de que vivo en una sociedad febrilmente frívola.

Lo que no acepto, lo que me cabrea, es que intenten tomarnos por estúpidos describiéndonos el deporte como cosas que no es. Como un noble ejercicio de humanidad y compañerismo, de intención de jugar limpio, de decencia y hermandad entre las naciones de la Tierra. Venga, hombre, que uno no ha nacido ayer.

En esto el deporte guarda bastantes semejanzas con la política. Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que los políticos son, en una mayoría tan vasta que convierte a la minoría en numéricamente despreciable, unos corruptos, ladrones y chuloputas, con perdón. Al menos los que pintan algo; los que se meten en política por sus ideales, o acaban cambiando su dirección en favor de la corriente, o, gesto más noble, acaban abandonando. Sin embargo, hay un porcentaje de la población que cree las mentiras, y piensa que los políticos son hermanitas de la caridad; nos dicen que en la empresa privada ganarían más –los pobreticos–; piensan de verdad que los políticos, especialmente, claro, los de su partido, son lo que deberían ser: empleados públicos obedientes con la masa analfabeta que los coloca en el sillón de cuero. A esto ayudan algunos medios como Libertad Digital o Público. Pero en fin, esto es para quien quiera creérselo, como lo de la nobleza del deporte.

El deporte es un sustituto de la guerra y de la caza, y como tal, no le hace falta una mayor defensa. Antes que enviar a las generaciones más válidas a desgarrarse la carne en las trincheras por quién sabe qué cuentas suizas, siempre es mejor insultar a los jugadores del equipo contrario, pensar que los jugadores de tu equipo son los mejores del mundo siempre –y aunque hayan nacido a miles de kilómetros– y, de vez en cuando, abrir la cabeza entre seis o siete a un hincha del equipo rival a la salida de esa nueva unidad métrica llamada campo de fútbol. Son males menores, podría decirse.

Pero el espíritu deportivo no tiene nada que ver con el orgullo nacional, ni con la hermandad y el juego limpio, ni con nada de eso. El espíritu deportivo consiste en que un patán que no sabe hacer la o con un canuto de dos papeles gane miles de millones al año, conduzca coches que valen lo que la casa de vuestros padres antes de la explosión de la burbuja dichosa y salgan por la noche a enrollarse con unas cuantas fulanas. Dinero, poder y sexo. Esto es muy lógico, amigos, porque como dije antes el deporte es un sustituto de la guerra, y las guerras son una orgía lujuriosa de intereses económicos donde la primera víctima suele ser la inteligencia. No tiene nada de raro.

No nos tomen por tontos. No nos digan que el deporte es una noble acción, y yo no diré que los videojuegos curan el cáncer. Creo que es un trato justo.

P: ¿Cuántos idiomas habla?
R: Bien, sólo el castellano
P: ¿El catalán tampoco?
R: Sí, pero el catalán es un dialecto, no es un idioma, igual que el gallego. Es como el asturiano. Eso no son idiomas. Yo creo que son dialectos, no los considero idiomas.

Esto lo dijo uno de los héroes nacionales, y lo leí aquí vía Por la boca muere el pez. También piensa el nuevo Leónidas, por cierto, que un hombre es para una mujer (es decir, que de matrimonios homosexuales ni hablar).

En las presentes olimpiadas, un atleta no ha roto el récord de los cien metros. Esto no es lo curioso, lo curioso es que no lo ha hecho porque no ha querido. Aunque la mayor gloria deportiva es la de los juegos olímpicos, en una competición posterior el premio económico será mayor, así que ha preferido esperar. Es preferible, parece, y más acorde con el «espíritu deportivo», ganar un poco más que recibir una corona de laurel (o lo que den ahora) en una competición que tiene más de dos mil años. Vía Menéame.

Y eso por no hablar de la que se ha liado en lo de los barcos.

O del episodio de aquel Eto’o o como quiera llamarse, cuando dijo la estupidez esa de «corro como un negro para ganar como un blanco», ya que es sabido que todos los blancos del mundo ganamos como un jugador de Primera División de fútbol. Y, aunque sea una estupidez, hay que reconocer que fue sincero y no habló del espíritu de marras.

Y aunque de vez en cuando uno de estos multimillonarios done diez mil euros para construir una escuela de fútbol en no sé qué país africano, que eso es lo que necesita África, gente jugando al fútbol, y no escuelas para aprender a escribir, ordenadores ni agua potable, esos gestos me recuerdan al viejo lío de Jesús con la prostituta. No, no es lo que estáis pensando. Una ramera entregó uno de sus sostenes viejos para ayudar a los pobres y todo el mundo la criticaba por ello. Pero entonces llegó Jesús en persona y dijo algo así como: «Tiene más valor lo que entrega ella que vuestras monedas de oro, ya que el sostén representa más en su patrimonio que las monedas en vuestra riqueza». Toma ya. Ahora eso se llama sistema impositivo proporcional o algo así.

Resumiendo y repitiendo: no nos tomen por más estúpidos de lo que somos. Que con lo que lo somos tenemos de sobra.

2 comentarios en “Deportes”

  • # antonio molina dice:
    20 de August de 2008 a las 19:40

    Yo pensaba que la prostituta era una viuda y el sujetador unas pocas monedas. Supongo que tengo una edición antigua jeje.

  • # b.. dice:
    22 de August de 2008 a las 15:21

    Sobre Bolt: menos mal que no quería batirlo, se ve que tampoco quiso batir el de 200 m hace un par de días… Claro.

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