Ars longa, vita brevis

A kind of magic

31 de August de 2008

Se acabaron las vacaciones, y con ellas la sequía que ha invadido este blog durante varias semanas.

Espero que lo comprendáis. Este es el primer verano en quince (15) años que paso sin preocupaciones: desde que empecé la carrera, siempre he tenido algo que estudiar para septiembre, y desde que terminé, una de dos: o no tenía trabajo, o tenía miedo de perderlo. Como sabéis los que seguís el blog, en julio finalmente obtuve una plaza en propiedad de profesor de secundaria, con lo cual este mes de agosto ha transcurrido con la tranquilidad de que no voy a volver a estar desempleado jamás (aunque hay que matizar que en la vida no hay nada seguro salvo la muerte, la Ley de Murphy, los impuestos y el canon digital).

La mayor parte del tiempo la he pasado en Málaga y algunos de sus pueblos, o mejor dicho, en algunas de sus playas, tostándome un poquito, visitando amigos, comprando, yendo al cine y haciendo ese tipo de cosas. Algunas de las impresiones del verano las plasmaré en otros posts.

Fui también un día a Tarifa, en concreto a Punta Paloma, y me quedé maravillado con sus playas. Ya me he bañado en los tres mares que rodean la Península, tras haber probado las gélidas aguas del océano Atlántico.

(Ya, ya sé que en realidad no están tan frías, y que además el Cantábrico está aún más frío, pero tened en cuenta que uno está acostumbrado al Mediterráneo, que se parece más a una sopa que a un mar.)

Aparte del frío, me resultó curiosa y agradable la sensación que deja el Atlántico en los labios. El Mediterráneo, al ser un mar cerrado, está mucho –pero que mucho– más salado que el océano. Si tragas agua por error, te acordarás durante un buen rato. Comparado con eso, el Atlántico me dio la sensación de que podía beberme todo un vaso si llegara a terciarse.

Y para que no todo fuera bueno, y ahora que, teniendo trabajo fijo, estaba volviéndome conservador y menos revolucionario exaltado, acabé las vacaciones con una experiencia no demasiado agradable.

El miércoles por la mañana aterricé en el aeropuerto de Melilla, después de un vuelo que por momentos dio bastante miedo por el viento (ha sido la única vez que he pasado miedo en un avión). La pista de aterrizaje del aeropuerto de Melilla, a pesar de haber sido ampliada hace poco, es bastante corta, y solo pueden aterrizar aviones pequeños, de esos que llevan hélices en lugar de turbinas. Eso hace que a veces el avión se desestabilice y te pegue algún sobresalto, especialmente si sopla fuerte viento de levante (TM).

Ya con los pies en el suelo, y tras dar las gracias al Monstruo Espagueti Volador por haberme depositado en tierra sano y salvo, me dirigí a la terminal para esperar las maletas. Entonces se me acerca una agente de la Guardia Civil y me pregunta si la puedo acompañar un momento.

Como había consumido todas las drogas antes de embarcar, no tenía miedo de que encontraran nada (además, iba yo solo con mi persona, ya que aún no tenía mi maleta… además, nadie se trae drogas a Melilla desde Málaga, sino más bien al contrario). Antes de desaparecer en el cuartito, la agente de la Ley le dice a mi novia: «En seguida te lo devuelvo». Vale.

La señora me pide el DNI y me dice que va a proceder a identificarme, a lo que accedo más por educación que por sumisión (o por su misión, «su» de ella). Me dice que puedo sentarme. No lo hago, tengo ganas de llegar a casa lo antes posible y echar unas partiditas a Civilization Revolution con Bosco.

Entonces observo que está anotando en una hoja todos mis datos. Y empiezo a mosquearme. Le pregunto:

–¿Por qué está apuntando mis datos?
–Tengo que identificarle.
–Ah…
–¿Es que le molesta?
–… No, no es que moleste, es que no sé por qué tienen que apuntar mis datos. Además, ya me han identificado en el aeropuerto de Málaga.
–¿Ah, sí? ¿Ya le ha identificado allí la Guardia Civil?
–No, la Guardia Civil no, el personal del aeropuerto, antes de subir al avión.

La cosa finaliza sin mayores incidentes. Volvemos fuera y un amigo de mi novia, que trabaja en el aeropuerto, le dice «Le habrás tratado bien, que es amigo mío». Ella se ríe y yo no.

A uno siempre se le ocurre qué decir cuando ha pasado la oportunidad. Cuando me preguntó si me molestaba tendría que haber respondido:

–¡SÍ! ¡ME MOLESTA!

Me molesta que, por las buenas, me puedan llevar a un cuarto apartado a identificarme, sin haber hecho nada, y que alguien apunte mis datos –me da igual que ese alguien lleve un uniforme–, y sobre todo me molesta porque durante todo el proceso no me dan explicaciones, y solo me dicen lo que están haciendo cuando yo lo pregunto, y eso después de una respuesta sarcástica.

Me molesta que todos hayamos aceptado que en cualquier momento a una persona libre y adulta le puedan robar un par de minutos de su tiempo, sin darle explicaciones, sin haber hecho nada, y que pensemos que es normal y que tenemos esa obligación.

El amigo de mi novia dice que la agente tiene órdenes de identificar a un pasajero de cada avión elegido aleatoriamente. Mi media naranja dice que me eligió a mí por guapo, aunque yo, después de tantas fiestas y tanto susto me sentía, más que guapo, algo desenfocado, y con los ojos inyectados en revolucionaria y roja ira:


Se ha pagado a Clark Gable el correspondiente canon por la copia de sus orejas.

Al terminar el proceso salimos, y mi novia y su amigo se estaban riendo. Yo espeté un tímido «Me han torturado», pero nadie me creyó.

Y aquí estamos otra vez. Aunque regresé hace cuatro días, he dedicado veinte horas diarias a jugar a la consola (sí, solo veinte, pues hay que comer y dormir). Mañana empiezan las clases, y con ellas, mi obligación y mis ganas de escribir para escapar de mi obligación. Os hablaré de la última película de Batman y de otras cosillas. Espero que hayáis sido indulgentes con mi falta de atención al blog y a vosotros. Y que el verano también haya sido bueno por allí, donde quiera que estéis.

Os leo en los comentarios.

Desnaturalizada

24 de August de 2008

Esta gorila del zoológico de Münster, en Alemania, al parecer no se separa de su bebé desde que este murió. En la noticia dicen que el bebé se llama Claudio, ya que alguien le puso un nombre, como otra muestra de falta de respeto hacia los animales salvajes (creo que ponerle nombre a un mono es como vestirlo de legionario para que amenice con sus gracias el aburrimiento del personal).

Se me ocurre que, tal vez, es un intento irracional de aferrarse a lo último que le queda de su instinto, de su vida salvaje, tras haber sido encerrada en esas cámaras de tortura que llamamos parques zoológicos: el instinto maternal.

Deportes

19 de August de 2008

De-por-tes igual a seis.

(Martes y Trece)

No me gusta ver los deportes por televisión ni tampoco in praesentia y, sin embargo, no tengo nada en contra de los que lo hacen. De hecho, tampoco me parece una diversión extraña ni absurda. A mí me gusta echarme al campo con unos prismáticos para ver pájaros y jugar a la consola hasta perder el sentido, y supongo que las razones que aporte para defender tales distracciones son igual de rebatibles que las de los que encuentran divertido sentarse con una cerveza a ver cómo unos cuantos tipos afirman su virilidad pegando patadas a un cacho de cuero.

Lo dicho, nada en contra de que la gente se divierta como quiera sin jorobar al prójimo. Incluso el otro día, en casa de mi amigo Karim, en Guadalmar, vi un fragmento de la victoria del tenista Nadal en los juegos olímpicos, mientras a pocos metros ETA colocaba una bomba, y he de decir que en algunos momentos llegué a sentir cierta emoción cuando algún punto entraba en grave disputa. No sé explicar por qué, porque no me gusta ver deportes ni entiendo maldita cosa de tenis, y además no soy nacionalista, pero sucedió.

Por otra parte, a menudo disfruto practicando deporte, ya que así uno cuida un poco de la salud y del aspecto físico, y además puede despejar la cabeza de tan graves problemas como atribulan al hombre joven preocupado por el planeta que holla. No obstante, el gozo suele quedarse en la agradable sensación cuando cesa el ejercicio, y en comprobar que a uno la ropa le sienta bien. Que no es poco, habida cuenta de que vivo en una sociedad febrilmente frívola.

Lo que no acepto, lo que me cabrea, es que intenten tomarnos por estúpidos describiéndonos el deporte como cosas que no es. Como un noble ejercicio de humanidad y compañerismo, de intención de jugar limpio, de decencia y hermandad entre las naciones de la Tierra. Venga, hombre, que uno no ha nacido ayer.

En esto el deporte guarda bastantes semejanzas con la política. Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabe que los políticos son, en una mayoría tan vasta que convierte a la minoría en numéricamente despreciable, unos corruptos, ladrones y chuloputas, con perdón. Al menos los que pintan algo; los que se meten en política por sus ideales, o acaban cambiando su dirección en favor de la corriente, o, gesto más noble, acaban abandonando. Sin embargo, hay un porcentaje de la población que cree las mentiras, y piensa que los políticos son hermanitas de la caridad; nos dicen que en la empresa privada ganarían más –los pobreticos–; piensan de verdad que los políticos, especialmente, claro, los de su partido, son lo que deberían ser: empleados públicos obedientes con la masa analfabeta que los coloca en el sillón de cuero. A esto ayudan algunos medios como Libertad Digital o Público. Pero en fin, esto es para quien quiera creérselo, como lo de la nobleza del deporte.

El deporte es un sustituto de la guerra y de la caza, y como tal, no le hace falta una mayor defensa. Antes que enviar a las generaciones más válidas a desgarrarse la carne en las trincheras por quién sabe qué cuentas suizas, siempre es mejor insultar a los jugadores del equipo contrario, pensar que los jugadores de tu equipo son los mejores del mundo siempre –y aunque hayan nacido a miles de kilómetros– y, de vez en cuando, abrir la cabeza entre seis o siete a un hincha del equipo rival a la salida de esa nueva unidad métrica llamada campo de fútbol. Son males menores, podría decirse.

Pero el espíritu deportivo no tiene nada que ver con el orgullo nacional, ni con la hermandad y el juego limpio, ni con nada de eso. El espíritu deportivo consiste en que un patán que no sabe hacer la o con un canuto de dos papeles gane miles de millones al año, conduzca coches que valen lo que la casa de vuestros padres antes de la explosión de la burbuja dichosa y salgan por la noche a enrollarse con unas cuantas fulanas. Dinero, poder y sexo. Esto es muy lógico, amigos, porque como dije antes el deporte es un sustituto de la guerra, y las guerras son una orgía lujuriosa de intereses económicos donde la primera víctima suele ser la inteligencia. No tiene nada de raro.

No nos tomen por tontos. No nos digan que el deporte es una noble acción, y yo no diré que los videojuegos curan el cáncer. Creo que es un trato justo.

P: ¿Cuántos idiomas habla?
R: Bien, sólo el castellano
P: ¿El catalán tampoco?
R: Sí, pero el catalán es un dialecto, no es un idioma, igual que el gallego. Es como el asturiano. Eso no son idiomas. Yo creo que son dialectos, no los considero idiomas.

Esto lo dijo uno de los héroes nacionales, y lo leí aquí vía Por la boca muere el pez. También piensa el nuevo Leónidas, por cierto, que un hombre es para una mujer (es decir, que de matrimonios homosexuales ni hablar).

En las presentes olimpiadas, un atleta no ha roto el récord de los cien metros. Esto no es lo curioso, lo curioso es que no lo ha hecho porque no ha querido. Aunque la mayor gloria deportiva es la de los juegos olímpicos, en una competición posterior el premio económico será mayor, así que ha preferido esperar. Es preferible, parece, y más acorde con el «espíritu deportivo», ganar un poco más que recibir una corona de laurel (o lo que den ahora) en una competición que tiene más de dos mil años. Vía Menéame.

Y eso por no hablar de la que se ha liado en lo de los barcos.

O del episodio de aquel Eto’o o como quiera llamarse, cuando dijo la estupidez esa de «corro como un negro para ganar como un blanco», ya que es sabido que todos los blancos del mundo ganamos como un jugador de Primera División de fútbol. Y, aunque sea una estupidez, hay que reconocer que fue sincero y no habló del espíritu de marras.

Y aunque de vez en cuando uno de estos multimillonarios done diez mil euros para construir una escuela de fútbol en no sé qué país africano, que eso es lo que necesita África, gente jugando al fútbol, y no escuelas para aprender a escribir, ordenadores ni agua potable, esos gestos me recuerdan al viejo lío de Jesús con la prostituta. No, no es lo que estáis pensando. Una ramera entregó uno de sus sostenes viejos para ayudar a los pobres y todo el mundo la criticaba por ello. Pero entonces llegó Jesús en persona y dijo algo así como: «Tiene más valor lo que entrega ella que vuestras monedas de oro, ya que el sostén representa más en su patrimonio que las monedas en vuestra riqueza». Toma ya. Ahora eso se llama sistema impositivo proporcional o algo así.

Resumiendo y repitiendo: no nos tomen por más estúpidos de lo que somos. Que con lo que lo somos tenemos de sobra.

Informe semanal

18 de August de 2008

No, no es por las vacaciones, es que realmente estoy haciendo pocas cosas que hagan funcionar el coco, así que se me ocurren pocos posts para escribir (en realidad, ninguno).

No estoy leyendo nada, estoy disfrutando de mucha playa (la foto de arriba es en Benalmádena), mucho sol y demasiada feria de Málaga, y a veces uno llega a pensar que la edad ya no da para tanto. Aún no he ido siquiera a comprar libros; lo dejaré como siempre para uno de los últimos días. Eso si queda dinero, que lo de celebrar oposiciones gasta más de lo que uno puede llegar a imaginar. Pero se gasta a gusto, claro.

(Los lectores nuevos del blog tal vez no se estén enterando de nada. Sugiero que se den una vuelta por las etiquetas “Política” y “Literatura”, creo que es donde están los posts más interesantes.)

Estuvimos en Guadalmar, en el mismo aparcamiento donde ETA ha puesto una de sus últimas bombas, menos de veinticuatro horas antes de la explosión. No conseguirán amargarme el verano. Y además me da alegría comprobar que ellos mismos creen tan poco en sus propios delirios que cada vez van buscando hacer menos daño. Me gustaría que alguna vez comprendiesen del todo, y que luego buscasen la independencia o lo que les salga de ahí por medios políticos, pacíficamente y contando con toda la población vasca, aunque esto último lo veo difícil, mientras Euskadi siga gobernada por unos políticos para quienes parece importar exclusivamente la opinión del 50% de la población que les baila las gracias. Ya veremos. Ojalá estas bombas hayan sido las últimas, pero dado el gen dominante de la estupidez de nuestra raza no apostaría mi trasero.

Hace un calor sofocante en Málaga, como todos los veranos, pero se está muy a gusto, como todos los veranos. Este agosto teníamos pensado hacer un viaje al extranjero, pero después del agotamiento físico y mental de las oposiciones hemos decidido aplazarlo hasta el año que viene, y así además tenemos tiempo para ahorrar. El destino prioritario es Japón, pero se aceptan sugerencias.

Por cierto, he comprado un cacharrito para el MacBook que es muy interesante: una tarjeta para ver la televisión. Es un minireceptor que se conecta al puerto USB y a través de él se puede ver la televisión digital terrestre. Soy perfectamente capaz de aguantar sin tele un verano, pero me he enganchado a la buenísima Jekyll –y a la malísima Invasión Jurásica– y no quería perderme los capítulos. Con este trasto puedes pausar la televisión, programar grabaciones de los canales, y una serie de otras cosas. Tiene un par de fallos, pero me está salvando algunos ratos en blanco.

Tengo un vecino confiado con un router Wifi, gracias al cual podéis estar leyendo este post tan insustancial.

Reset, te llamaré un día de estos, probablemente hacia el fin de la feria, porque estoy cargado de compromisos. Pero esta vez no podemos dejar pasar el viaje sin vernos.

Espero que vuestras vacaciones estén siendo igual de anodinas y cansadas, y de perjudiciales para el cuerpo. Tenemos todo el invierno para recuperarnos. Para ello, por cierto, también he adquirido otro cacharrito. Pero ya os hablaré más adelante. Primero ha de terminar la feria de Málaga. Y luego la de Melilla. A pasarlo bien, hermanos.

Don’t Leave Me This Way – Harold Melvin and the Blue Notes

15 de August de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

Don’t leave me this way,
I can’t survive, I can’t stay alive
without your love, baby,
don’t leave me this way.

Nacionalismo

14 de August de 2008

Al menos, según se entiende mayoritariamente en España:

Vía Daniel Tercero.

¡Racistas!

12 de August de 2008

Varios diarios británicos –espejos en donde la prensa internacional debería mirarse, ¡ja!– han acusado a la selección española de baloncesto de racismo, porque se han hecho una foto estirándose la cara con los dedos para simular los ojos rasgados (elmundo.es).

¡Cualquiera que, a estas alturas, siga defendiendo que los orientales tienen los ojos distintos que los europeos es un racista, un facha y un retrógrado!

Sí, va con ironía veraniega la cosa. Y quién me iba a decir, ahora fuera de todo sarcasmo, que este invento de las olimpiadas me iba a despertar un ápice de interés. En fin, los comentarios son vuestros.

Psicohistoria esto

10 de August de 2008

Parece ser que van a rodar la adaptación al cine de Fundación, la novela más popular del prolífico Isaac Asimov. Este autor, en vida, evitaba autorizar que adaptaran sus obras al cine, después de un primer encuentro desagradable con la meca del séptimo arte (recomiendo leer su autobiografía, que, por otra parte, es divertidísima, para conocer los detalles). Sin embargo, por mucho cociente intelectual de 140 que se tenga, al final el dinero manda, y tras el triste fallecimiento del escritor por SIDA ya son varias las adaptaciones que se han filmado de sus relatos (por ejemplo, Yo, Robot y El hombre bicentenario).

Pedro Jorge ha tenido un momento de iluminación y ha previsto el resultado de la producción, visto en manos de quién está:

Ya me la voy imaginando.

Hari Seldon medirá dos metros treinta de alto, apenas habrá cumplido los veinticinco años –a pesar de tener tres doctorados, ser campeón de todas las artes marciales habidas y por haber y tener una novia en cada espaciopuerto-, le gustará coleccionar objetos de principios del siglo XXI en la Tierra (aunque nadie sabe dónde está ni cuando caía exactamente el siglo XXI) y tendrá unos músculos tan tremendos que a su lado Leónidas parecerá un viejecito fofo. Cargará con una tremenda ametralladora con la que personalmente acribillará a toda la Segunda Fundación (sí, la Segunda Fundación es de los suyos, pero estas películas nunca respetan la lógica mundana). El clímax de la cinta será la batalla final de treinta minutos contra el Mulo. El Mulo será un cruce genético de tres metros de alto con cabeza de caballo que lanzará rayos por la punta de los dedos. Liderará un ejército de mulitos, todos hijos suyos (cierto, sigue sin tener lógica; véase el paréntesis anterior). Seldon se defenderá lanzándoles calculadoras, pero al final acabará empalando al Mulo (después de cargarse a todos los mulitos) con una regla de cálculo de 3 metros mientras le dice “¡Psicohistoria esto!”. Al final se corona emperador de la galaxia proclamándose Dios Emperador de Dune (sí, lo sé).

El fin de la inocencia

5 de August de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

No sé si la de este chico, pero mi infancia ha muerto hoy. Sus padres le dan, por Navidad, su regalo más ansiado: una Xbox 360… pero en la caja no hay una consola, sino un par de jerseys. Y después todos pasan un buen rato riéndose de él, mientras lo filman con una cámara. No sé qué decir, ¿decís algo vosotros?

Lecturas de verano

Aunque el tedio me ha atrapado con más fuerza que en toda mi vida, Feedburner me cuenta que este blog tiene unos 350 suscriptores, así que me veo obligado, como los noticiarios de la tele, a escribir algún post insustancial para llenar estas horas tan calientes.

Así que voy a hablar de mi libro. La penúltima vez –penúltima en todos los sentidos– que me presenté a las oposiciones, cuando aprobé pero sin obtener una plaza, comencé a leer El universo elegante de Brian Greene. Por una u otra razón lo dejé en la página ciento cuarenta y tantos. Esta vez lo he retomado desde el principio y voy algo más avanzado.

El tema central del libro es la teoría de las supercuerdas. Esta teoría nació de una necesidad, y esta necesidad de un problema. Hagamos algo de historia.

El mayor científico que ha existido en nuestro planeta fue Isaac Newton, formulador, entre otras, de la teoría de la gravedad, que explicó, por fin, por qué una manzana caía de un árbol precisamente hacia abajo, y también por qué razón la Tierra gira alrededor del Sol y la Luna alrededor de la Tierra. Su teoría arrojó luz sobre uno de los principales misterios del funcionamiento de nuestro universo.

Un par de siglos después, Albert Einstein daba vueltas a alguna que otra inconsistencia que manchaba la ley gravitatoria del gran genio, y tras mucho pensar enunció dos nuevas teorías: la de la relatividad general y la de la relatividad especial.

Estas teorías están relacionadas con unos cuantos hechos del universo que golpean los morros de nuestra intuición mundana, y que a pesar de eso son hechos, ya que están comprobados experimentalmente. Por ejemplo, que no hay nada, absolutamente nada más rápido que la luz. Ni siquiera la gravedad (este era el principal problema de las teorías de Newton). También afirmaba Einstein que, cuanto más rápido se desplaza alguien a través del espacio, más lentamente transcurre el tiempo para él. Es decir, que si emprendemos un viaje hasta una estrella lejana a una velocidad próxima a la de la luz y regresamos, habremos envejecido menos que los pobres que se quedan en la Tierra sin vacaciones por culpa de la crisis económica. Perdón, estanflación.

Parece ser, asimismo, que es imposible, para dos cuerpos que se desplazan en un movimiento uniforme –no acelerado–, decir que uno de ellos se mueve y el otro no. Es decir, que el movimiento es relativo. Si yo viajo en un tren y tú me observas desde el andén, científicamente es posible defender, y demostrar, que cualquiera de los dos está moviéndose… o parado.

Y uno de los conceptos más ofensivos para nuestra observación cotidiana: el recorrido más corto entre dos puntos puede no ser una línea recta, ya que el espacio se deforma debido a la acción de las masas. Y –aquí viene un enorme bofetón a nuestra inteligencia– también el tiempo se deforma por el mismo principio. De hecho, el tiempo y el espacio son manifestaciones parecidas de la realidad. Son dimensiones a lo largo de las cuales podemos viajar, aunque en la dimensión temporal solo podemos ir en una dirección.

Acabo de entrar en el apartado dedicado a la mecánica cuántica. Esta disciplina científica se encarga de estudiar y explicar lo que sucede a una escala increíblemente pequeña de las cosas. A una escala incluso menor que la de los átomos. Y aquí viene la paliza a nuestros evolucionados cerebros:

Resulta que la mecánica cuántica es capaz de realizar predicciones sobre el comportamiento de la materia con una precisión prácticamente absoluta. Esto es: que, científicamente, la mecánica cuántica funciona exactamente como esperamos. Y la relatividad general y la especial funcionan del mismo modo a escalas mayores: por ejemplo, al predecir los movimientos de los planetas o la gravedad que mantiene nuestros pies sobre la tierra. Pero… la mecánica cuántica y la relatividad no pueden ser ciertas al mismo tiempo. A pesar de que las predicciones de ambas teorías son increíblemente exactas en cada uno de sus campos, matemáticamente es imposible que las dos sean ciertas.

Aquí es donde entra la teoría de las supercuerdas (o teoría de cuerdas). Mediante unos cálculos matemáticos, complicados pero bastante «elegantes» (de ahí el nombre del libro), parece ser que el problema de la colisión entre la mecánica cuántica y la gravedad se habría solucionado… Siempre y cuando aceptásemos la existencia de once dimensiones –siete más de las que podemos percibir– y, probablemente, de varios universos paralelos que conviven a una millonésima de milímetro de nuestra existencia cotidiana.

Lo malo, parece ser, es que la teoría de cuerdas es perfecta matemáticamente, pero no ha sido refutada por un solo hecho experimental. Así que muchos físicos la admiten como una bonita construcción matemática o filosófica, pero no le dan credibilidad como ciencia experimental. Sin embargo, sus defensores esperan que el CERN –el mayor acelerador de partículas del mundo– sea capaz tarde o temprano de apoyar la teoría de cuerdas con algún dato palpable. Hasta entonces, hay grandes físicos que creen en la exactitud de esta teoría, y otros grandes científicos, entre ellos varios premios Nobel, que no le muestran ningún respeto en tanto no se vea respaldada con un solo dato experimental. No obstante, todos admiten que, matemáticamente, esta teoría es solvente, aunque no todos piensen que sirva para explicar nuestro universo.

De momento el libro mantiene unas cotas altísimas de interés, y he de decir que para alguien como yo, de letras puras, y que recuerda de ciencias lo que unos profesores mediocres le enseñaron en el instituto –y lo que ha podido ir consiguiendo de forma autodidacta–, el libro está siendo comprensible, aunque hay algún pasaje que debo leer un par de veces o tres, y algún otro en que tengo que frotarme los ojos en un gesto de incredulidad. Pero espero acabarlo y llegar a comprender todo el asunto este de las dichosas cuerdas de marras.

La teoría se llama así, por cierto, porque según ella toda la materia del universo estaría compuesta, a un nivel infinitamente pequeño, por pequeños filamentos o cuerdas, y la existencia de distintos tipos de partículas componentes de la realidad (electrones, neutrones, protones, muones, fotones, los escurridizos gravitones, etc.) se vería explicada por un distinto modo de vibrar de estas minúsculas cuerdecitas.

En esta entrada de otro blog podéis leer otra reseña del libro, y al final tenéis un enlace a los tres documentales que se hicieron sobre él (en Google Video). Los documentales me los he visto ya, y aunque abordan el tema con una mayor superficialidad, creo que sirven para entender a grandes rasgos de qué va todo este misterioso asunto. Resumiendo: todos somos cuerdas. Yo me pido de guitarra.

¿Y qué estáis leyendo vosotros?

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