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La Lengua » Los sabios

Ars longa, vita brevis

Los sabios

24 de July de 2008

En el libro que estoy acabando, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, del que ya os he hablado, se cuentan numerosas aventuras del rey macedonio, la mayor parte de ellas inventada.

La parte que estoy encontrando más interesante es la de las tribulaciones de Alejandro por la India y Etiopía. Como os digo, gran parte de la historia es pura ficción; por ejemplo, se dice que Alejandro mató a Poro –el gigante rey de los indios–, aunque lo cierto es que, después de vencerlo en combate, lo mantuvo en el trono bajo su supervisión, siguiendo la inteligente estrategia que le concedió la victoria tantas veces y tan rápido: respetar en lo posible las tradiciones de los pueblos conquistados, e incluso fingir adaptarse a ellas para ganarse el beneplácito de las poblaciones. Valga de ejemplo su boda con la hija del emperador Darío, celebrada por el rito persa. Y, de paso, la vida licenciosa que adoptaba en las numerosas regiones juerguistas de la antigüedad. Todo sea por el imperio. En fin, sigamos, que nos estamos perdiendo.

En los capítulos referidos a la India se habla de extrañas regiones, como una donde siempre reina una oscuridad absoluta, tal, que ni con antorchas puede verse nada; puede que esta leyenda tenga una base real en las noticias que llegaban de viajeros del norte de Europa, donde es de noche durante seis meses. También se nos cuenta la existencia de hombres sin cabeza, que tienen los ojos y la boca en el pecho; árboles que hablan, uno con voz de hombre, y el otro, de mujer; cangrejos grandes como leones que devoran a los soldados; pájaros con cabeza humana que trasportan a Alejandro hasta la estratosfera y desde allí le permiten ver todo el mundo de un vistazo, con la gran serpiente verde que lo rodea con su cuerpo alargado; etc., etc., etc.

También se encuentra en la India con varias tribus de bárbaros que viven dedicados a la meditación y la filosofía, sin ambiciones, sin vestido y sin riquezas (me recuerdan a los inmortales del relato de Borges). El rey helénico mantiene varias conversaciones con ellos, y os selecciono aquí algunos pasajes que me han resultado muy interesantes:

Allí los vio Alejandro habitar enteramente desnudos en sus chozas y cuevas. Lejos, a un buen trecho de distancia, vio a sus mujeres y a sus hijos que guardaban sus rebaños.

Alejandro los interrogó en este diálogo: […]

–¿Quiénes son más, los vivos o los muertos?
Le contestaron:
–Los muertos son, por un lado, muchos más; pero como ya no existen, son incontables. Así que los que se ven son más numerosos que los invisibles.[…]
–¿Qué es más extenso, la tierra o el mar?
Respondieron:
–La tierra. Pues se extiende aun bajo el mismo mar.
Preguntó de nuevo:
–¿Cuál es el más destructivo de los animales?
Respondieron:
–El hombre.
Dice él:
–¿Cómo?
Ellos replican:
–Convéncete con tu propio ejemplo. Mira, siendo tú mismo una fiera, a cuántas fieras llevas contigo, para arrebatar tú solo la vida de otras fieras.
Alejandro no se encolerizó, sino que esbozó una sonrisa. Y dijo:
–¿Qué es la monarquía?
Contestaron:
–Un poder injusto de superioridad, una audacia favorecida por la oportunidad, una carga dorada.[…]
–¿Tenéis un jefe?
Respondieron:
–Sí, tenemos un caudillo.
Les dijo:
–Querría saludarle.
[…]
Al verle, Alejandro le saludó. Y él contestó a Alejandro:
–¡Salud!
Pero no se levantó ni le honró como a un rey.
Le preguntó Alejandro si tenía bienes propios.
Contestó él:
–Nuestras propiedades son la tierra, los árboles frutales, la luz del sol, la luna, el coro de los astros, el agua. Cuando tenemos hambre acudimos a los árboles frondosos y comemos sus frutos naturales.[…] Tenemos a mano también el gran río Eufrates, y cuando tenemos sed, nos llegamos hasta él y bebemos su agua hasta contentarnos. Tenemos cada uno nuestra mujer propia.[…]
Después de oír tales cosas les dijo Alejandro a todos:
–Pedidme lo que queráis y os lo daré.
Le respondieron con una frase unánime:
–¡Danos la inmortalidad!
Alejandro contestó:
–A eso no alcanza mi poder. También yo soy mortal.
Le dijeron:
–¿Para qué, si eres mortal, mueves tantas guerras? ¿Para conquistarlo todo y dejarlo en cualquier momento? ¿No lo vas tú a dejar de nuevo a otros tras de ti?[…]
Después de esta charla, Alejandro ofreció a Dándamis [el jefe de los brahmanes] oro, pan, vino y aceite:
–Toma estas cosas, anciano, en recuerdo de nosotros.
Dándamis se rió y dijo:
–Esto no nos es de utilidad, pero, por no pareceros que os las despreciamos por soberbia, te aceptaremos el aceite.
Luego hizo un montón de leña, le prendió fuego, y en presencia de Alejandro derramó el aceite sobre la hoguera.

1 comentario en “Los sabios”

  • # Marcos dice:
    24 de July de 2008 a las 22:57

    Un yogui descoloca al más pìntado. Y lo de ostentar el apodo de Magno tiene tela, no solo hay que saber hacer buenas preguntas.
    Aprovecho para darte las felicitaciones por las oposiciones de marras. Esto último es offtopic o algo ‘asín’ ¿no?

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