Pobres diseñadores ricos
Menudas perlas se leen en un artículo que publica elmundo.es, titulado El mercado criminal que esconde el mundo de las imitaciones. Empieza así:
La tienda de los hermanos Chedadi en Lavapiés, implicada en la financiación de los atentados del 11-M, vendía falsificaciones por encargo. El mercado de imitaciones de frenos y parachoques alemanes ha nutrido durante años a Hizbulá. Y, en 1993, los extremistas que pusieron un coche bomba en el World Trade Center consiguieron dólares frescos gracias a la venta de ropa con marcas falsas en Broadway.
Y después sigue con lo mismo, para que triunfe la idea general: cada vez que compras un producto que lleva una marca falsificada, Dios mata a un bebé gatito. Está visto que a la gente no le dan demasiada pena los diseñadores que visten gafas de 30.000 euros y viajan en jets privados –difícil sentir pena de ellos, cuando uno gana 1.000 euros mensuales y paga 700 de hipoteca–, así que es hora de atacar desde otro frente: los pobres tenemos la culpa del 11 de marzo por comprar polos de la marca Lacoste con un cocodrilo falso. Seguimos citando:
La clave del ‘boom’ es la producción masiva en China, donde las autoridades empiezan a luchar contra un concepto ajeno a su cultura desde que Confucio invitaba a copiar los escritos de los grandes autores para distribuirlos democráticamente.
La idea parece buena, y nace de uno de los pensadores más dotados de la antigüedad oriental; sin embargo, está claro que, entre Confucio y la SGAE, el periodista empeña sus simpatías en la segunda. Tiene la decencia, al menos, de admitir que «aún no se percibe la conexión con las redes más oscuras del planeta». Es decir: que es una conjetura, o dicho de otra forma: que se lo han inventado.
Se le olvida mencionar, no obstante, los datos científicos, recogidos por varios estudios periodísticos, que demuestran que muchas de esas marcas deslocalizan sus cadenas de producción, y que la alta costura que visten los que pueden pagarla está confeccionada, en varias de sus marcas, por niños que apenas superan los diez años de edad, por mujeres que son despedidas cuando tienen la regla o quedan embarazadas, por trabajadores que, como esclavos, laboran interminables horas extras no pagadas por miedo a quedarse sin sus exiguos salarios (no es un invento: aquí tenéis los datos).
Pero eso no es lo que debe importarnos: no las precarias condiciones de los que, siendo trabajadores, como nosotros, están a miles de kilómetros, sino las grandes marcas, que están aquí cerquita (y no olvidemos que un gran grupo editorial, como el de cualquiera de los periódicos nacionales, es también una gran marca). A eso llevan jugando los poderosos miles de años: a que entendamos que tenemos más en común con David Beckham que con un trabajador que tiene nuestros mismos problemas, pero que está lejos. Así es más fácil que aceptemos la sumisión. Nos dicen –a veces con otras palabras–: «Ten miedo del que tiene otra religión, otro color de piel, otro idioma u otro continente, pero nosotros, los que te sacamos la sangre hora a hora, somos vuestros amigos, los que te protegeremos de los que son como tú, pero que viven lejos y hablan una jerga extraña y adoran ídolos paganos.»
Y eso funciona en todas partes, oiga; yo estoy muy mayor para creerme la patochada de que occidente (sea eso lo que sea) tiene esclavizado al resto del mundo (sea lo que sea). No, señores: el mileurista de aquí no hace ningún daño al milrupista de La India; pero el millonario de La India y el de aquí empeoran la vida de él como empeoran la nuestra.
Los enemigos del bienestar de las clases medias y bajas no son los incultos que compran en el top manta o los horteras que fatigan los mercadillos en busca de falsificaciones baratas. Los enemigos son los del petróleo, que tanto enriquece a los jeques de Arabia Saudí que financian los atentados islamistas como a la familia Bush que siembra la muerte en el Golfo Pérsico¹; los de las grandes marcas de ropa, que ponen a trabajar a niños por comida en el lejano oriente y los políticos que aquí, en España, hacen leyes antifalsificaciones a su medida y posan en revistas de moda haciendo promoción de la alta costura española. ¿Moda española? ¿Me beneficia a mí, o al común de los españolitos, que Vittorio & Luccino muestren sus diseños en Nueva York? Entonces, ¿por qué hacéis leyes para ellos? ¿Por qué me sacáis en el telediario los millones que ingresan?
Yo no soy tonto, señorías. Aún estoy dormido, pero de tonto no tengo un pelo.
En La Lengua: Logo.
(1) Todos hemos visto las fotografías de Sadam Husein departiendo cariñosamente con miembros del actual gobierno de los Estados Unidos, y a los grandes empresarios europeos y norteamericanos de todos los colores tomarse sus margaritas en Marbella con los árabes que cortan manos y cabezas y lapidan a trabajadores en la Península Arábiga.
5 comentarios en “Pobres diseñadores ricos”
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# Nacho dice:
Elías, creo que este es uno de tus post más desafortunados, no sé si porque estás dormido o porque desconoces como funciona la economía de mercado. Eso de que los “millonarios” son enemigos del bienestar es una idea pueril. De hecho los países con más millonarios son EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia, y ya me dirás si los ciudadanos de esos países no disfrutan un buen nivel de vida.
Obviamente los “millonarios” no son ONGs y no les importa lo más mínimo el bienestar de los ciudadanos, pero cuanto más industrializado está un país, más puestos de trabajo hay en relación al número de trabajadores, con lo cual los empresarios empiezan a competir por los más cualificados incrementando los salarios, lo cual a su vez redunda en un mayor bienestar.Yo no es que sea ningún experto, pero acabo de leer un estupendo libro que se titula “El economista camuflado”, de Tim Harford, el cual te recomiendo que leas para comprender un poco mejor como funciona el mundo. Apuesto a que te hace cambiar de opinión.
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# Elías dice:
Más bien creo que no has entendido bien el post, Nacho, seguramente porque no me he expresado bien.
No digo que los ricos de EEUU sean malos para los pobres de EEUU. Lo que digo, precisamente, es que esta división artificial entre nacionalidades, religiones, razas, etc. está fomentada por varios poderes porque es beneficiosa para el gran capital. Los ricos entre ellos se llevan muy bien, ya sean un protestante megaempresario de los EEUU o un islámico árabe magnate del petróleo.
La idea general es esta: los ricos de todos los países tienen aplastados a los pobres de todos los países (y además, ellos se saltan las fronteras fácilmente con sus deslocalizaciones, con lo difícil que es pasar para los trabajadores). Pero mientras nos tengan convencidos de que el enemigo no es el que tenemos arriba, sino el que tenemos al lado, todo les seguirá yendo bien.
Espero haberme explicado ahora.
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# Nacho dice:
Sí te he entendido y creo que estás equivocado. Por alguna razón has demonizado a los empresarios, al parecer sin darte cuenta de que allí donde más empresarios hay, mejor es el nivel de vida. No porque sean altruistas, sino como consecuencia de la economía de mercado.
El tema de las “deslocalizaciones” es un buen ejemplo. A los empresarios les interesa ir a esos países porque saben que no hay industria local, lo cual significa que hay pocos puestos de trabajo y muchos trabajadores, por lo que los salarios son bajísimos. Los empresarios salen ganando porque ahorran en mano de obra, y, aunque no lo creas, los trabajadores de esos países salen ganando, porque donde antes no había NADA, ahora hay una fábrica de Nike o de Adidas. A la larga este tipo de fábricas crean riqueza, y cuando el nivel de vida de estos países sea tan alto que al empresario ya no le sea rentable, se irá con el chiringuito a otra parte y vuelta a empezar.De nuevo te remito al libro de Tim Harford, que lo explica mucho mejor que yo y de forma más amena.
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# satch dice:
Justo estaba pensando en el mismo camuflado libro que Nacho. Coincidencias del destino.
Por otra parte, por mas vueltas que le doy no le acabo de encontrar sentido a la segunda cita. (Correción). Nos trata de aleccionar indicando que los chinos desconocen el significado de la propiedad intelectual, algo ajeno a su pensamiento.
Mirando hacia atrás, los chinos ya eran expertos en el noble arte del planchado de obras desde hace unos 2500-3000 años. Que hace dos siglos, se decida montar una oficina en patentes en Estados Unidos, que pretenda legitimarse a golpe de juicio o sanción económica, amparandose en una legislación obsoleta, no creo que sea motivo suficiente como para cambiar una mentalidad.
¿Los brasileños prefieren la muerte antes que copiar sin recato alguno un tratamiento antisida? ¿Acaso promueven el avance multitud de patentes actuales, que no hacen más que frenarlo?
Arghhhh
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# lady jekyll dice:
Aunque estoy de acuerdo con algunas de las cosas que denuncias en tu post, hay que señalar, en referencia a lo que dice Nacho, que gracias a la “invasión” de los grandes mercados e industrias occidentales, China se está convirtiendo en la primera potencia económica del mundo…
Saludos ;-)


