Paradigma y sintagma: una alegoría

Ferdinand de Saussure, en su celebérrimo Curso de lingüística general¹, fue capaz de ver un montón de cosas que, aunque hoy nos parezcan tan evidentes, nadie había percibido antes. Entre estas cosas se encuentra una pareja de opuestos (dicotomías, las llamó) que nombró paradigma y sintagma.

El sintagma es un grupo de palabras que se producen conjuntamente. Por ejemplo, la oración que hay justo antes del punto anterior («El sintagma es…»). Las relaciones que se establecen entre una palabra y las que aparecen en su sintagma (p. ej., entre «grupo» y «El», «sintagma», «es», etc. en el ejemplo anterior) se llaman relaciones sintagmáticas.

El paradigma es el conjunto formado por una palabra y todas las que pueden aparecer en su lugar en un contexto (sintagma) determinado. Por ejemplo, en la oración «El león es un animal», «león» forma un paradigma junto con un numeroso grupo de palabras, como «cocodrilo», «mosquito», «perro», etc. Las relaciones entre las palabras de un paradigma se llaman relaciones paradigmáticas.

Vamos a hablar de política, como habréis adivinado. Para representar visualmente la dicotomía sintagma/paradigma se suele recurrir a los ejes vertical y horizontal:

En el ejemplo se percibe con toda claridad, modestia aparte: el eje verde es el sintagmático, y todas las palabras de ese color están en relación sintagmática con la abeja; por su parte, el eje fucsia es el paradigmático, y todas esas palabras, intercambiables entre ellas y por la abeja, forman un paradigma.

El bienestar futuro de la humanidad depende de que aprehendamos estos dos conceptos.

Los grupos de poder económico y político procuran que andemos siempre peleados con los elementos de nuestro sintagma, esto es: con los trabajadores que tenemos al lado de nuestros hombros. Aparentemente, la abeja y el «se» no se parecen en nada, puesto que uno es un sustantivo y el otro un pronombre; no obstante, aunque no se parecen, funcionan de maravilla juntos. Nuestro paradigma son los currantes, amigos míos: la gente que se levanta temprano para enriquecer a los bancos y a los partidos políticos.

El paradigma son los que tenemos arriba y debajo, pero sobre todo arriba: la alondra y la mosca. Se parecen a la abeja, pero solo en el color: en realidad, guardan mucha más relación con las palabras de otros posibles sintagmas: «La alondra se comió todo el grano»; «La mosca vive de la muerte y la miseria de los demás.»

La alondra y la mosca quieren que nos fijemos en el color, la religión, la lengua, la nacionalidad. Quieren pelearnos con las palabras verdes, para ir haciendo su agosto mientras nosotros empleamos nuestro escaso tiempo libre en odiarnos.

Lo llevan consiguiendo mucho tiempo, es verdad. Pero no es imposible que algún día cambiemos el cuento y echemos a andar la oración.

(La alondra y la mosca son las grandes empresas, los bancos, los políticos. No sé si hacía falta decirlo, pero en fin, por si acaso, dicho queda.)

(1) En realidad, Saussure nunca escribió su Curso. Hoy podemos disfrutar de él, una de las cimas de la humanística del siglo XX, gracias a las notas que dos de sus alumnos tomaron en las varias conferencias que el lingüista suizo impartió en la Universidad de Ginebra.

Un comentario en “Paradigma y sintagma: una alegoría”

  1. John Constantine dice:

    La clase de lengua me ha encantado, pero como metáfora no me termina de convencer…

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