Ars longa, vita brevis

La vida es sueño

18 de May de 2008

(Si no te interesa la literatura, y sí la violencia en los videojuegos, ve hasta el final del post, después de la raya divisoria.)

Planteamiento: el rey de Polonia, Basilio, tiene un hijo y siguiendo la costumbre de los reyes antiguos –y, al parecer, de los modernos– va a visitar a unos astrólogos para que predigan su fortuna. El augurio no puede ser más nefasto: el recién nacido será un tirano que esclavizará a la nación tras provocar la muerte del monarca.

Asustado por el vaticinio, Basilio decide encerrar al príncipe Segismundo en las entrañas de un monte, para que no pueda cumplirse el fatal destino leído en las estrellas. Pero cuando pasa el tiempo y el rey siente cercana la muerte, decide probar a Segismundo, por ver si es verdad el hado de los astros.

Tiene un plan: sacará a Segismundo de su prisión y le hará ver que es el heredero del trono, para observar si su comportamiento es justo y digno, como corresponde a su sangre. Si es así, todo seguirá su curso y tras el hecho biológico ocupará el trono de Polonia. Pero si se muestra tiránico, como predijeron los magos, volverá a encerrarlo en su prisión y ahí se le convencerá de que el breve lapso en que fue príncipe no había sido más que un sueño.

(Hay, como en todo buen drama clásico español –y este es el más español y más clásico de todos–, otras tramas secundarias que complementan y se entrecruzan con la principal: la deshonrada Rosaura, que va a Polonia a cobrarse en sangre el deshonor de su madre; y los primos de Segismundo que son los primeros en la sucesión real, siempre que el príncipe natural no sea digno de tal dignidad, valga la redundancia. Además, tenemos al gracioso Clarín, que nos provocará más de una risa hasta que llegue su trágico final.)

Lo primero que hace Segismundo al salir de su cautiverio es arrojar por la ventana (vulgo defenestrar) a un criado por un quítame allá esas pajas. El resto podéis leerlo por ahí, o mejor aún, en el libro.

Calderón de la Barca toca temas principales en el pensamiento político y filosófico de la época. ¿Son los reyes buenos y justos por naturaleza, como corresponde a su linaje? ¿Se puede escapar del destino? ¿Debe un súbdito fidelidad al monarca por encima de todas las cosas, incluso el propio honor? ¿Está la justicia en el término medio, y en saber ser pacífico sin ser pusilánime? ¿Es la educación de los príncipes la garantía de que van a obrar justamente? Y todo con un enorme telón de fondo que impregna cada réplica de esta obra inmortal: la violencia está por todas partes.

Todo ello lo hace con una impresionante maestría en la versificación, con el dominio de las figuras retóricas, con una inteligentísima dosificación de la acción que han convertido esta obra de teatro en la cumbre del drama patrio. Procuro leerlo al menos una vez al año, y es lo que os aconsejo. Si sois perezosos, os recuerdo que una obra de teatro es como una película leída (mutatis mutandis), y que no os llevará más allá de dos horas si la leéis con el detenimiento y el deleite necesarios. Además, podéis hacer como yo: leerlo en tres sentadas, siguiendo la división en tres jornadas –actos– que hace Calderón de la historia. Es una manera barata y poco costosa de acercarse a una de las cimas de la humanidad.

SEGISM. También oíste decir
que por un balcón a quien
me canse sabré arrojar.
CRIADO 2.º Con los hombres como yo
no puede hacerse eso.
SEGISM. ¿No?
¡Por Dios, que lo he de probar!

(Cógele en los brazos, y éntrase, y todos tras él, y torna a salir.)

[…]
SEGISM. Cayó del balcón al mar;
¡vive Dios, que pudo ser!

Periódico El País, sección Vida & artes: Los videojuegos violentos arrasan. En la noticia que os enlazo no, pero en la edición impresa del mismo artículo aparece el subtítulo: «¿Es PEOR esta agresividad que la del cine?» Negrita, cursiva y mayúsculas son mías.

¿Puede una violencia ficticia ser peor que otra violencia ficticia? ¿Por qué El País no compara la violencia de los videojuegos con la de La vida es sueño de Calderón?

En el famosísimo juego Grand Theft Auto (al que, por otra parte, nunca le he visto demasiada gracia por ningún lado) uno puede dedicarse al tráfico de drogas, a asesinar prostitutas y a atropellar a gente por la calle con un coche robado. Esto no está bien si se hiciera en la vida real, pero ¿en un videojuego?

¿Está bien que un príncipe arroje a un criado por la ventana por capricho? ¿Está bien que dos policías degüellen al pobre de Josef K. en medio de la calle, por un delito que ni siquiera sabe cuál es (El proceso, de Franz Kafka)? ¿Está bien que una mujer decida que su marido ya está demasiado anciano y fláccido, que huya con un príncipe más joven y más guapo, y que por culpa de esta lujuria insensata mueran miles de guerreros aqueos y troyanos (La Iliada, de Homero)? ¿Está bien que un profesor de Literatura engatuse a una madre para acostarse con su hija de doce años (Lolita, de Vladimir Nabokov)? ¿Está bien que, para que un general guarde la cara, se fusile tras un sorteo a tres valientes soldados franceses cuyo único crimen ha sido sacar una papeleta de una bolsa (Senderos de gloria, de Humprey Cobb)?

¿Son peores esas muestras de violencia que las mostradas en los videojuegos? ¿Alguien que haya leído esos libros ha sentido el impulso de imitarlas? ¿Son un peligro? ¿A qué viene la pregunta de El País?

Yo os diré a qué viene: la industria del videojuego es algo que de momento no controlan. El cine y la literatura están suficientemente controlados, mediante dinero y más dinero. Tienen medianamente controlado lo que vemos y lo que leemos, y nos dicen lo que es bueno y lo que es malo.

Sin embargo, los videojuegos están creados por gente, en la mayoría de los casos, jovencísima; gente que raramente llega a la treintena, que tiene sus propios valores. Y quienes compran videojuegos son gente que no lee sus evangelios (léase en sentido propio y figurado), que no lee sus listas de éxitos, jóvenes a los que no pueden comerles el coco contándoles que no sé qué película iraní es el colmo de la ética, como si en el arte hubiese habido ética alguna vez, como si alguna vez hubiese sido nada más –y nada menos– que estética adornada con otros valores secundarios (esta vez, sí, los morales).

Pues lo sentimos, señores de El País: de momento, los videojuegos son nuestros, como una vez lo fue la música rock y pop. Ya llegará el día, supongo, en que sepáis controlar la industria, y entonces a los videojuegos les pasará como le pasa al pop actualmente: ya no será cosa de sucios hippies fumadores de marihuana, de delincuentes engominados que hacen carreras de bólidos en el cauce seco de un río ni de melenudos heavies que descabezan pollos con la boca delante de una audiencia drogada; será cosa de cantantes del loco y de academias donde la mediocridad rasada será la tónica general.

No dudo que algún día ganaréis; hasta entonces, nosotros os seguiremos atropellando y violando delante de la Xbox.

Pobres diseñadores ricos

Menudas perlas se leen en un artículo que publica elmundo.es, titulado El mercado criminal que esconde el mundo de las imitaciones. Empieza así:

La tienda de los hermanos Chedadi en Lavapiés, implicada en la financiación de los atentados del 11-M, vendía falsificaciones por encargo. El mercado de imitaciones de frenos y parachoques alemanes ha nutrido durante años a Hizbulá. Y, en 1993, los extremistas que pusieron un coche bomba en el World Trade Center consiguieron dólares frescos gracias a la venta de ropa con marcas falsas en Broadway.

Y después sigue con lo mismo, para que triunfe la idea general: cada vez que compras un producto que lleva una marca falsificada, Dios mata a un bebé gatito. Está visto que a la gente no le dan demasiada pena los diseñadores que visten gafas de 30.000 euros y viajan en jets privados –difícil sentir pena de ellos, cuando uno gana 1.000 euros mensuales y paga 700 de hipoteca–, así que es hora de atacar desde otro frente: los pobres tenemos la culpa del 11 de marzo por comprar polos de la marca Lacoste con un cocodrilo falso. Seguimos citando:

La clave del ‘boom’ es la producción masiva en China, donde las autoridades empiezan a luchar contra un concepto ajeno a su cultura desde que Confucio invitaba a copiar los escritos de los grandes autores para distribuirlos democráticamente.

La idea parece buena, y nace de uno de los pensadores más dotados de la antigüedad oriental; sin embargo, está claro que, entre Confucio y la SGAE, el periodista empeña sus simpatías en la segunda. Tiene la decencia, al menos, de admitir que «aún no se percibe la conexión con las redes más oscuras del planeta». Es decir: que es una conjetura, o dicho de otra forma: que se lo han inventado.

Se le olvida mencionar, no obstante, los datos científicos, recogidos por varios estudios periodísticos, que demuestran que muchas de esas marcas deslocalizan sus cadenas de producción, y que la alta costura que visten los que pueden pagarla está confeccionada, en varias de sus marcas, por niños que apenas superan los diez años de edad, por mujeres que son despedidas cuando tienen la regla o quedan embarazadas, por trabajadores que, como esclavos, laboran interminables horas extras no pagadas por miedo a quedarse sin sus exiguos salarios (no es un invento: aquí tenéis los datos).

Pero eso no es lo que debe importarnos: no las precarias condiciones de los que, siendo trabajadores, como nosotros, están a miles de kilómetros, sino las grandes marcas, que están aquí cerquita (y no olvidemos que un gran grupo editorial, como el de cualquiera de los periódicos nacionales, es también una gran marca). A eso llevan jugando los poderosos miles de años: a que entendamos que tenemos más en común con David Beckham que con un trabajador que tiene nuestros mismos problemas, pero que está lejos. Así es más fácil que aceptemos la sumisión. Nos dicen –a veces con otras palabras–: «Ten miedo del que tiene otra religión, otro color de piel, otro idioma u otro continente, pero nosotros, los que te sacamos la sangre hora a hora, somos vuestros amigos, los que te protegeremos de los que son como tú, pero que viven lejos y hablan una jerga extraña y adoran ídolos paganos.»

Y eso funciona en todas partes, oiga; yo estoy muy mayor para creerme la patochada de que occidente (sea eso lo que sea) tiene esclavizado al resto del mundo (sea lo que sea). No, señores: el mileurista de aquí no hace ningún daño al milrupista de La India; pero el millonario de La India y el de aquí empeoran la vida de él como empeoran la nuestra.

Los enemigos del bienestar de las clases medias y bajas no son los incultos que compran en el top manta o los horteras que fatigan los mercadillos en busca de falsificaciones baratas. Los enemigos son los del petróleo, que tanto enriquece a los jeques de Arabia Saudí que financian los atentados islamistas como a la familia Bush que siembra la muerte en el Golfo Pérsico¹; los de las grandes marcas de ropa, que ponen a trabajar a niños por comida en el lejano oriente y los políticos que aquí, en España, hacen leyes antifalsificaciones a su medida y posan en revistas de moda haciendo promoción de la alta costura española. ¿Moda española? ¿Me beneficia a mí, o al común de los españolitos, que Vittorio & Luccino muestren sus diseños en Nueva York? Entonces, ¿por qué hacéis leyes para ellos? ¿Por qué me sacáis en el telediario los millones que ingresan?

Yo no soy tonto, señorías. Aún estoy dormido, pero de tonto no tengo un pelo.

En La Lengua: Logo.

(1) Todos hemos visto las fotografías de Sadam Husein departiendo cariñosamente con miembros del actual gobierno de los Estados Unidos, y a los grandes empresarios europeos y norteamericanos de todos los colores tomarse sus margaritas en Marbella con los árabes que cortan manos y cabezas y lapidan a trabajadores en la Península Arábiga.

Salidos de internet 0, Jesús 1

17 de May de 2008

En mi paso por el mundo de las modelos de adultos he visto mucho dolor… mucho desengaño. Muchas chicas perdidas meterse en este negocio solo por un poco de dinero extra… para ayudarse a pagar sus estudios… para mantenerse a ellas o incluso a sus hijos como madres solteras. «Es solo algo temporal.» Solo durante un tiempo… unas pocas fotos.

Yo también me metí en esto para ganar algo de dinero extra y ayudarme a pagar mis estudios. Prácticamente nunca acaba donde tú creías que iba a acabar… el camino sigue… el agujero se hace más hondo… (sic) y el camino más oscuro. La mayor parte del tiempo las chicas ni siquiera se dan cuenta. Un día ves a una preciosa chica haciéndose unas inofensivas fotos desnuda… y al día siguiente están firmando en la línea de puntos un contrato con una compañía de porno duro. Perdidas. Destrozadas. Solas.
[…]
He tomado la decisión de abandonar el mundo del porno… y seguir al Señor. He aceptado a Jesucristo como mi Señor y Salvador y voy a dedicar mi vida entera a sus designios. He encontrado la única cosa que puede llenar y llenará ese vacío… y esa cosa es DIOS.

La modelo de internet Erica Campbell deja el mundillo para seguir a Jesús. Y lo cuenta en su página personal. Dios, sin duda, es todopoderoso. ¡Su poder llega hasta internet!

Black Hole Sun

16 de May de 2008


Enlace al vídeo en YouTube

Times are gone for honest men […]

Black hole sun, won’t you come
and wash away the rain.
Black hole sun, won’t you come,
won’t you come,
won’t you come.

Impresionante canción del grupo Soundgarden, pioneros del movimiento grunge (aunque fuesen Nirvana los que se llevaron la fama), y para mí probablemente el grupo más interesante de los 90. En este vídeo aparece solo Chris Cornell interpretando la alucinante Black Hole Sun acompañado únicamente de su guitarra acústica, pero si os interesa, aquí tenéis el vídeo original, con una estética inquietante y de pesadilla y el original Kim Thayil a la guitarra solista:

Disfrutad del viernes, mijitos.

Twitter y Facebook

14 de May de 2008

Todo el mundo debe de saberlo a estas alturas: Twitter es una página web en que la gente puede ir posteando lo que hace en cada momento concreto. Una idea tan sencilla y, aparentemente, absurda como esa se ha alzado como uno de los mayores éxitos de la red en los últimos años.

Por su parte, Facebook sirve, según el mensaje en su página de inicio, para

Mantenerte en contacto con tus amigos y tu familia
Compartir fotos y vídeos
Controlar tu privacidad en línea
Volver a contactarte con antiguos compañeros de clase

Hace unos meses me registré en Twitter, animado por Sonia Blanco y Kialaya. Pero sólo he posteado una o dos veces. Ni siquiera recuerdo cuál es la página de mi cuenta, aunque hay gente que la ha encontrado, porque de vez en cuando recibo un correo electrónico avisándome de que alguien me está siguiendo (qué grima, ¿verdad?).

En este tiempo no he sido capaz de encontrarle una utilidad. No digo que no la tenga, ojo. Gente como Enrique Dans parece sacarle mucho partido, pero yo no. No sé a quién puede interesarle qué estoy haciendo en cada momento. Actualmente mi rutina es bastante, y perdonad la redundancia, rutinaria: consiste en levantarme a las 6.30, poner la cafetera, mirar el correo electrónico, quitar la cafetera del fuego y servirme el café, mirar un rato internet (fundamentalmente mis suscripciones de Bloglines), preparar mi ropa, ducharme e ir a las 8.30 al instituto a trabajar. A las 14.25 salgo del trabajo, vuelvo a casa, almuerzo, me calzo una siestecita de unos 15 minutos, me tomo un café y me voy a la biblioteca de la UNED de Melilla a estudiar (16.40). Entre las 20.00 y las 20.30 regreso a casa, doy un paseo con el perro, ceno, preparo exámenes o clases, o consulto algo de información para los temas de las oposiciones, miro algo por internet y a las 23.30 aproximadamente me acuesto con un libro en las garras. Sobre las 0.00 quedo dormido y otra vez a la rueda. Los fines de semana se producen escasas variaciones. Martes, jueves y domingos hago algo más de media hora de footing con mis amigos.

No, no suelo ser tan aburrido: esto solo durará hasta que acaben las oposiciones. Normalmente las horas de estudio son sustituidas por sesiones de guitarra, mucho internet, mucha lectura, algún paseo y alguna compra. Pero este año es lo que toca.

En vacaciones es distinto, claro, sobre todo si salgo de viaje; pero tampoco le encuentro mucha gracia a que la gente sepa dónde estoy haciendo qué en cada momento del día (sobre todo porque no sé a quién demonios puede interesarle).

Melilla es pequeña, y si alguien necesita encontrarse conmigo, me llama por teléfono y en diez minutos, si estoy disponible, puedo estar con esa persona frente a frente. Cuando estoy fuera, si voy a tener tiempo para quedar con alguien de la ciudad que voy a visitar, cruzamos unos mensajes de correo o un par de llamadas y lo arreglamos.

Así que me siento halagado por la gente que se ha puesto a seguirme en Twitter, pero es muy improbable que llegue a escribir algo, por lo menos de momento. Si la cosa cambia en un futuro próximo, ya avisaré.

En cuanto a Facebook, pasa un poco tres cuartos de lo mismo. Casi toda la información personal que quiero compartir con el mundo se encuentra a golpe de Google: si buscáis “elias gomez” (al menos desde la web española) aparece en primer lugar un jesuita en la Wikipedia, pero de los Elías Gómez que estamos vivos, este blog que estáis leyendo es el primer resultado, y el segundo mi página de fotos en Flickr (un par de resultados más abajo aparece una web donde hay publicados algunos relatos de mi padre, que no os aconsejo perderos).

Creo que si alguien quisiera encontrarme y dedicara un par de minutos, sería capaz de hacerlo, con saber mi nombre y mi primer apellido (o mi nombre de pila y la ciudad donde vivo). Y, aparte de eso, no le encuentro mucha más chicha a Facebook en estos momentos.

Así que gracias por hacerme sentir un poquito importante, pero de momento no le encuentro la gracia a estos dos bombazos de la web 2.0. Más adelante, como digo, ya veremos. Y hablando de esto, ¿alguien tiene una opinión distinta? Pues a comentar como cosacos.

Soledad

Y, sin embargo, nuestro destino es ser incomprendidos.

Johann Wolfgang von Goethe: Las desventuras del joven Werther.

El efecto McGurk

12 de May de 2008

A menudo os quejáis en los comentarios de que La Lengua está muy bien, es un blog interesante escrito por un hombre joven de aspecto atractivo, pero… no os proporciona ninguna oportunidad para sorprender a vuestros amigos y quedaros con ellos. Pues bien, hoy eso va a cambiar.

Primero subid el volumen de vuestros altavoces. Ahora mirad y escuchad el siguiente vídeo (es importante que lo miréis al tiempo que lo escucháis). No sigáis leyendo hasta que lo hayáis visto una o dos veces:


Enlace al vídeo en YouTube

Bien. Un hippie diciendo «da, da, da», seguramente puesto de ácido hasta las cejas. Hasta aquí todo correcto, ¿verdad?

Ahora reproducid el vídeo por segunda vez. Pero esta vez, sin mirarlo. ¡Ahí va! ¿Ahora dice «ba, ba, ba»? ¿Qué es lo que ha pasado?

Lo que habéis experimentado es el efecto McGurk, según la Wikipedia «un fenómeno perceptivo que demuestra la interacción entre vista y oído en la percepción del habla. […] Su efecto es muy poderoso, funciona incluso cuando el oyente conoce la existencia del efecto». Podéis hacer la prueba si queréis.

No he investigado demasiado, pero creo que en este caso concreto esta explicación es posible: los fonemas (sonidos lingüísticos mínimos) /b/, /d/ y /g/ solamente se diferencian entre sí en un rasgo: el lugar de articulación. La /b/ es bilabial (haced la prueba), la /d/ es interdental y la /g/ es velar. La abertura de la boca en la /b/ es mínima, o inexistente; en la /d/ es media, y en la /g/ es máxima (esto no es correcto siendo lingüísticamente quisquillosos, pero para que lo entendáis es suficiente). Nuestra percepción del habla no se basa solamente en el oído, sino también en la vista, aunque, para ser franco, yo me acabo de enterar. Si nuestro oído oye la /b/, con su abertura mínima, pero nuestros ojos ven la /g/, parece ser que nuestro cerebro opta por un término medio y nos hace oír el fonema /d/. Podéis comprobarlo: si miráis el vídeo sin sonido, está claro que el hippie no está pronunciando ni la /b/ ni la /d/, sino muy probablemente la /g/.

Seguramente esto está relacionado con las probabilidades de éxito perceptivo en situaciones no idóneas de comunicación. Nuestro cerebro intenta buscar una solución intermedia, la más probable, aunque no sea la más apropiada para algún caso concreto, pero que en muchos casos puede funcionar. Me parece un ejemplo adaptativo interesantísimo.

Esto tiene que ver con la teoría de la comunicación. En todo acto de comunicación, además de un hablante, un oyente, un mensaje, un código (por ejemplo, un idioma), un canal por el que viaja el mensaje y una situación, también existe el ruido, que es un fenómeno que no siempre tiene que ser acústico (un manchurrón en un texto escrito es ruido, hablando en términos de lingüística). El lenguaje tiene diversos procedimientos para minimizar el efecto que el ruido tiene en las comunicaciones. En castellano, por ejemplo, el género y el número no los muestra solo el sustantivo, sino también los artículos, determinantes y adjetivos¹ («los perros negros»); esto no sucede en todas las lenguas, porque cada una tiene sus propios procedimientos (véase el inglés the black dogs, donde el número solamente viene expresado por el sustantivo).

Hay otros formas en que nuestro cerebro nos intenta engañar, como en el caso de los estereotipos y los prejuicios. Por ejemplo, si sufrimos tres robos a manos de extranjeros, es muy probable que nuestro cerebro forme la idea de que todos los extranjeros son posibles ladrones. Esto es un prejuicio, no es justo, y por supuesto no es real, puesto que el que me hayan robado tres extranjeros no convierte a todos los extranjeros en ladrones… pero nuestro cerebro, sin que nosotros tengamos participación en ello, piensa que nuestra supervivencia o bienestar están más protegidos si nos engaña con el prejuicio, y allá que se va. Por eso, supongo, es tan difícil deshacernos de nuestros prejuicios: la razón nos dicta una cosa, pero ciertos mecanismos inconscientes en nuestro cerebro irracional nos arrastran a su terreno. Y lo irracional aún sigue siendo un poderoso motor en el mundo de este siglo; si no fuera así, no estarían buenas todas las secretarias, sino que serían todas muy eficientes.

Creo que se puede relacionar este efecto con una corriente lingüística bastante extendida en los últimos años, la pragmalingüística. Esta escuela pone de relieve la importancia del contexto lingüístico y del extralingüístico en la comunicación, llegando a proclamar, con gran parte de razón, que la mayoría de los mensajes son incomprensibles si atendemos solo a su forma puramente lingüística. Y ejemplos se pueden poner a puñados:

Una oración como «Ve por ahí» no puede ser totalmente interpretada sin conocer el lugar (que está en la realidad, fuera del lenguaje) indicado por el deíctico «ahí». En este caso, lo importante es la situación espacial en que se produce el acto de comunicación.

La oración «Dame eso» puede ser interpretada de varias formas distintas. Si se la dice un chaval a su hermano, es simplemente una petición para que le acerque algo, sin mayores implicaciones. Pero si es pronunciada por un ciudadano a un funcionario con el que no tiene ninguna confianza, refiriéndose a algún papel, connota un cierto cabreo en el hablante, y una desconfianza en la pericia del oyente. Lo que entra en juego aquí es la relación entre los interlocutores y el marco lingüístico, que es una serie de relaciones y circunstancias estereotipadas que se dan en determinadas situaciones.

El análisis y la comprensión del lenguaje, como si fuera algo totalmente aislado, y puramente auditivo (o puramente visual, en el caso de la palabra escrita) pertenece al pasado, y hoy en día casi nadie se plantea su estudio como un ente totalmente autónomo e independiente de otros cientos de factores. Estudiar la comunicación lingüística como algo pleno en sí mismo sería como estudiar el funcionamiento del corazón de un ser vivo, sin tener en cuenta las arterias y venas que parten de él o lo alcanzan, la función que tiene en un organismo superior o las operaciones que el resto del cuerpo tiene que realizar para que cumpla con su utilidad.

Por lo demás, ahí tenéis el vídeo, si le hacéis el truco a alguien en el trabajo, seguro que seréis los más populares en la oficina hoy. Me debéis una. Vía Menéame.

(1) Esto es conocido como redundancia lingüística, un fenómeno que va en contra de la economía de las lenguas naturales, pero que tiene la necesaria utilidad de reducir la entropía o incertidumbre causada por el ruido.

Post nihilista

11 de May de 2008

1. En latín nihil significaba «nada», y era un nombre indeclinable.

2. En un relato del recientemente fallecido Stanislaw Lem, el viajero de las estrellas visitaba un planeta donde la ingeniería genética había sido totalmente dominada por los seres humanos. La utilizaban, por ejemplo, para crear muebles biológicos: si uno necesitaba una silla, iba a una tienda de plantas, compraba una semilla y la plantaba. Unos meses después había crecido una silla en el sitio de la plantación, una silla del modelo y tamaño concretos que había elegido el comprador. Lo mismo con las mesas y los armarios. Esto tenía varias ventajas: era mucho más barato comprar una semilla que una silla completamente hecha; se podía elegir el color, la forma y el tamaño a gusto del usuario; en épocas de escasez uno podía arrancarle una pata a la silla y servirla en ensalada, y la pata volvía a crecer.

También se manipulaba la genética de los seres humanos. La gente iba a un laboratorio y salía más alta, más fuerte, con un pene más grande y un mentón más cuadrado, o con pechos más lujuriosos. Pero tiempo después estas novedades dejaron de ser suficientes, y los consumidores comenzaron a exigir otras cosas. Mayor número de piernas, un cerebro más grande, más ojos, tres cabezas, dos anos, etc. Algunas de las modificaciones tenían su función práctica, y otras se hacían por simple decadentismo estético.

Para una persona que no cree en Dios –ni en casi nada– está claro que ninguna inteligencia superior ha decidido que el diseño del ser humano haya de ser concreta y necesariamente como es. El hecho de tener cuatro extremidades, dos ojos, poco vello en el cuerpo, etc. son simplemente adaptaciones de un ser a un entorno en el que el clima, la disponibilidad de alimento, los accidentes del terreno, la gravedad y la interacción con otros organismos ha causado que tengamos este aspecto y no otro; ha causado también, probablemente, que nuestra moral sea la que es.

Algún día, seguramente, empezaremos a expandirnos por el universo cercano. Esto no es una locura, o al menos no más que la de quien en el siglo XVIII pensara que un día íbamos a pisar la luna con nuestras sucias botas. Llegará el momento en que el aire de la tierra no pueda respirarse más, o que no quepamos, o que simplemente por el placer de hacerlo, comencemos a instalarnos en Marte o en no sé qué sitio. Es cuestión de tiempo. No sucederá mañana, ni probablemente en los próximos cincuenta años, pero pasará, de eso no tengo dudas.

Llegará también el momento en que podamos ser tan longevos como queramos. Se podrá detener la oxidación celular, que es lo que nos hace morir (ya lo decía el tatuaje de Angelina Jolie: Quod me nutrit me destruit, lo que me alimenta, me destruye). Se podrá tomar el cerebro de una persona y ponerlo en un cuerpo relativamente nuevo, humano o no. Repito que esto no son delirios de un loco (pueden ser de un loco, pero no delirios); es cuestión de simple ciencia. Hace cien años era una locura pensar que podíamos tener un corazón de plástico, o que si nos arrancábamos un brazo podían injertárnoslo de nuevo.

Tal vez se podrá hacer lo que predijo el bueno de Lem. El común de la gente pedirá ser como Natalie Portman o como Leonardo Dicaprio, pero habrá artistas que pidan tener tres culos.

Y cuando uno pueda decidir su forma, su longevidad, y todas las demás variaciones posibles, ¿cómo nos plantearemos la cuestión moral? Yo puedo pedir un budismo genético: no desear ninguna cosa que no posea. ¿Afectará esto a la definición ética y penal del robo? Y si al cortarme un brazo me vuelve a crecer, o si soy inmune a las armas de fuego por haber comprado una epidermis tan dura como el acero, hecha del material de las telarañas, ¿podré acusar de intento de asesinato a quien me pegue un tiro? ¿Habrá delitos ad hoc, como habrá cuerpos y almas ad hoc?

Yo lo único que sé es que me encanta la ciencia ficción.

Crisis inmobiliaria para dummies

9 de May de 2008

[…] y se compraron chicles a 20 euros.. En qué c·#¬@es estaban pensando??

Pues eso, poco más que decir. Aunque la crisis no será para las inmobiliarias, claro, las crisis siempre caen del mismo lado. Visto en un comentario de Menéame.

Change the World

Enlace al vídeo en YouTube

If I could be king
even for a day,
I’d take you as my queen
I’d have it no other way.
And our love would rule
this kingdom we have made.
‘Till then I’ll be a fool
wishin’ for the day

that I can change the world,
I would be the sunlight in your universe,
you would think my love was really something good
baby, if I could
change the world.

Disfrutad de esta joya de canción en este bonito y estudioso viernes. Alguien ha sugerido en algún comentario que debería decir el título de la canción y el artista en estos posts musicales venéreos. Si hacéis clic en el enlace debajo del vídeo, la página de YouTube os dará la respuesta. ¡Feliz fin de semana y cambiad el mundo!

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