La leyenda de Robert Johnson

Robert Leroy Johnson nació en 1911 en Hazlehurst, Mississippi, hijo de Julia Major Dodds. Era su hijo número once, pero… el padre no era el marido de Julia Dodds, sino otro hombre. Por eso no pudo adoptar el apellido de su madre y eligió el de Johnson. Robert pasó varios años de su vida buscando a su verdadero padre, pero no se sabe si llegó a encontrarlo.
Desde joven empezó a tocar la guitarra, pero cuentan que su técnica no era nada del otro mundo: otro negro imitando de forma barata los sonidos del blues del Mississippi que estaban de moda entre la comunidad afroamericana de los alrededores. Pero entonces desapareció durante un tiempo y cuando volvió se había convertido en el mejor guitarrista de blues del mundo.
No se sabe quién lo enseñó a tocar, o si aprendió de forma autodidacta, pero hay una leyenda que a él le gustaba divulgar. Alguien le dijo que cogiera su guitarra y fuera a media noche a un cruce de caminos que había cerca de la plantación Dockery y que esperara. Así lo hizo, y al cabo de poco tiempo llegó un hombre negro de elevada estatura que le pidió la guitarra. Johnson se la dio, y el hombre la afinó y se la devolvió. Entonces le dijo que se convertiría en el mejor cantante y guitarrista de blues, y que el precio que pagaría a cambio sería su alma. Johnson aceptó. Se dice que el gigante negro era el mismo diablo.
Cuando se le volvió a ver tocando y cantando por las calles, sus conocidos no creían lo que estaban oyendo. La técnica de Robert Johnson a las cuerdas era algo nunca oído, cantaba como los ángeles, y componía melodías que hoy en día siguen considerándose como los cánones del estilo delta blues.
Durante los años 30 llegó incluso a hacerse un nombre en la zona, y todos los que lo oían quedaban impresionados. Un conocido suyo lo llevó a un modesto estudio de grabación, donde interpretó dieciséis canciones. Johnson tocó de cara a la pared, según cuenta la leyenda, por su extraordinaria timidez (aunque probablemente la razón real fuese que se quería aprovechar la acústica del estudio para lograr un mejor sonido). El dueño del estudio quedó tan impresionado que lo recomendó a una discográfica de mayor entidad para que grabase su música.
En total se grabaron 29 canciones (aunque de algunas de ellas hay dos tomas, muy diferentes una de la otra). Algunos de sus discos constituyeron un miniéxito local, ya que llegaron a vender 5.000 copias. A Johnson le iban bien las cosas.
Entonces, el 16 de agosto de 1938, murió después de tres días de horrible agonía. Tenía 27 años. Fue el primero de una lista de músicos prematuramente fallecidos exactamente a su edad, y que incluye a genios como Janis Joplin, Jim Morrison de The Doors y Kurt Kobain.
La leyenda dice que el músico estaba actuando en un local, y después del concierto, se puso a flirtear con una guapa joven que había ido a verlo. Pero la joven estaba casada. Con el dueño del local en que el guitarrista estaba actuando.
Al cabo de un rato, le pasaron a Johnson una botella de whisky abierta para celebrar su éxito. Un amigo suyo se la quitó, advirtiéndole de que nunca debía beber de una botella que no hubiese sido abierta por él mismo. Entonces el músico lo agarró por las solapas y le dijo que jamás se atreviera a quitarle una botella de las manos. Casi todo el mundo coincide en que el whisky que contenía estaba envenenado con estricnina. La estricnina es un potente veneno que en la dosis adecuada puede provocar convulsiones y asfixia, y finalmente la muerte. La descripción de los últimos momentos del mejor guitarrista de blues del mundo, narrada por algunos de sus amigos, coincide con la causada por este letal compuesto.
Después de su defunción, la música de Robert Johnson cayó en el olvido. Pero en 1961 John Hammond, un directivo de Columbia Records, se empeñó en editar el recopilatorio King of the Delta Blues Singers, con dieciséis de las grabaciones que habían aparecido originalmente en discos sencillos de 78 revoluciones por minuto. Hammond le pasó una copia del disco sin publicar a la nueva estrella de la discográfica, Bob Dylan, que quedó absolutamente enamorado de la música de Johnson. El disco se convirtió en un éxito casi inmediato entre los músicos de la época que revolucionaron el rock and roll, y fue admirado por gente tan enorme como los Led Zeppelin, los Rolling Stones, John Fogerty o Eric Clapton –especialmente este último–, que a menudo interpretaban y grababan versiones de la música del negro que había vendido su alma al diablo. En 1970 se publicó la segunda parte del disco, con el resto de las grabaciones.
Robert Johnson tenía un estilo bastante personal de tocar la guitarra, influido por el bluesman Son House pero con su toque personal. Utilizaba el bottleneck, un instrumento (a veces literalmente el cuello de una botella rota) que se desliza por encima de las cuerdas y produce un efecto sonoro muy característico. También solía afinar su guitarra de forma diferente a la tradicional para lograr sonidos que de otra forma le habrían sido imposibles.
Keith Richards, guitarrista de los Rolling Stones, dice que la primera vez que oyó un disco de Robert Johnson preguntó: «¿Quién es el otro tipo que toca con él?» No había ningún otro tipo. Johnson tocaba tan bien que parecía que había al menos dos guitarristas interpretando al mismo tiempo. Eric Clapton recuerda que, en los años sesenta, si alguien no sabía quién era Robert Johnson, ni siquiera le dirigía la palabra. Hoy en día los guitarristas siguen impresionándose con la música de Johnson y estudiando su estilo.
Robert Johnson no hizo un pacto con el diablo, pero su leyenda es un claro ejemplo de buena venta de un producto. Lo primero es tener un producto de calidad. Innumerables horas de ensayo, acompañadas de un impresionante talento natural, hacían de su forma de tocar algo que la gente quería ver y escuchar. Y la inteligente patraña de su pacto diabólico hizo que el público tuviera una curiosidad morbosa por conocer su música, incluso décadas después de su muerte. Al pobre negro del delta del Mississippi la música no llegó a hacerlo rico, pero el producto de su talento sigue vivo después de 70 años, y eso es algo que muy pocos productos consiguen.
En 1986 el cineasta Walter Hill rodó un largometraje basado en la leyenda de Robert Johnson, que en España se llamó Cruce de caminos. En esta película, un joven Ralph Macchio (sí, el mismísimo Karate Kid) emprende de la mano de Willy Cuatro Ojos Brown un viaje hasta las raíces del delta blues, en el Mississippi, donde el anciano negro ha prometido enseñarle una canción número 30 desconocida de Robert Johnson. Durante el viaje el joven guitarrista se convertirá en un hombre, tanto en lo bueno como en lo malo, aprenderá que no hay cosa más lista que un anciano en un asilo y tendrá oportunidad de conocer al diablo en persona, al que no tendrá miedo de retar. Y el reto es, ni más ni menos, que enfrentarse a un guitarrista interpretado por Steve Vai, uno de los mejores guitarristas de rock de la historia. Al final de esta película se encuentra la escena cinematográfica preferida por los jóvenes guitarristas de todo el mundo, el inmortal Crossroads Duel, en que el joven y tímido Eugene no solo se juega su alma inmortal, sino también la del pobre Cuatro Ojos. Vaya presión:
(Por cierto aquí tenéis un final alternativo que me ha tenido riendo como treinta minutos seguidos.)
En los últimos tiempos se ha apuntado que probablemente las grabaciones originales de Johnson fueron aceleradas, una técnica bastante usada en la época para que sonara todo más compacto y brillante. Aunque no es una teoría totalmente aceptada, lo cierto es que hay investigadores que han decelerado la música hasta un 20% y el sonido suena bastante más natural, y la voz parece más apropiada para un cantante negro de blues. Lo podéis juzgar por vosotros mismos en esta página, al final. Ahí también veréis la otra de las dos únicas fotografías que se conocen del guitarrista y cantante. Sea como sea, con música acelerada o no, ya es irreversible el hecho de que Robert Johnson ha sido una de las influencias musicales más importantes de la música del siglo XX, e incluso del XXI, y te creas lo del diablo o no… maldita sea, es casi imposible tocar así sin ayuda divina. O demoníaca. O como sea.
2 comentarios en “La leyenda de Robert Johnson”
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# Reset Reboot dice:
Pues si, conseguí las famosas 29 canciones y es impresionante este tio… Por cierto, curioso detalle de la muerte con estricnina, tengo que contarselo a mi niña, que de venenos entiende un rato y su ordenador esta apodado de con ese nombre xD
^^
PD: Si alguna vez me encontrais retorcido y con una muerte agonica, ¡vengadme! xD
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# Roddy dice:
Hace tiempo leí una novela sobre este señor e hice un breve y poco constructivo comentario en mi blog. Te pongo el texto por si te interesa buscar el libro.
Blues de los sueños rotos. Walter Mosley. Bien, es una novela acerca de un viejo de color negro obsesionado con Robert Johnson, músico de blues que existió de verdad y es un mito para los amantes de ese tipo de música. Mosley no se priva a la hora de hacer victimismo de la raza negra y de abusar de los tópicos esos de “tengo el blues” y tal. Osea, que una persona normal puede estar “de bajón”, como dicen ahora los que ven Crónicas Marcianas, o simplemente quemado, o triste, pero los negros son especiales y ellos “tienen el blues”. Vaya Vd. a la mierda, hombre.


