Ars longa, vita brevis

El monolito, explicado

3 de April de 2008

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Se cumple el 40º aniversario de la película más grande de todos los tiempos, 2001: una odisea del espacio, del director Stanley Kubrick y con guión de Arthur C. Clarke, que nos dejó tristemente hace unos días.

Esta cinta supuso la confirmación del séptimo arte como Arte con mayúscula, un arte adulto, independiente y autónomo, una obra digna de admirar, de recordar y de imitar. Una pieza de manufactura humana que no se basa en el diálogo, en la imagen, en la música ni en el guión, sino que usa esas y otras herramientas para crear una experiencia de belleza total.

Pero… sigue habiendo gente que la detesta y gente que no la entiende. Dicen que son más de dos horas de imágenes casi sin diálogo (de los 140 minutos, solo 40 son hablados, y la mayoría de las elocuciones son del robot HAL). Que es lenta, a pesar de que condensa un millón de años en poco más de dos horas. Y que no tiene sentido.

Aunque la intención de Kubrick no era que la gente entendiese la película, sino que la sintiesen como una experiencia autónoma, mística o religiosa, tanto da, el hecho es que la intención de Clarke sí era que la gente comprendiese lo que estaba pasando.

Lo más incomprensible, aparentemente, de la película es el monolito. Una enigmática estructura negra de proporciones perfectamente matemáticas (1 x 4 x 9, los tres primeros cuadrados) fabricada en un material desconocido, que aparece en la película en cuatro momentos cruciales. Hace un millón de años, en África, donde viven unos simios peludos e idiotas que con el tiempo se convertirán en humanos. Otra en el año 2001, enterrado en la luna, al que los astrónomos de la NASA bautizan como TMA-1 (Anomalía magnética 1 del cráter Tycho). Otra en las cercanías de Júpiter (aunque en la novela de Clarke es Saturno, pero en la película era demasiado complicado replicar los anillos con los efectos especiales de 1968). Y una última en la misteriosa habitación que convierte a un prematuramente envejecido Dave Bowman en el famoso niño de las estrellas.

La esencia del monolito, o al menos su función, de acuerdo con la idea de Clarke, es bastante clara. Es al mismo tiempo una alarma y un catalizador. Hay una entidad poderosa y no desvelada, –¿Dios? ¿Unos extraterrestres? ¿El propio universo?– que va sembrando monolitos a lo largo y ancho del universo. La intención del primero, enclavado en la sabana africana, es estimular la evolución en unas formas de vida primitivas que son susceptibles, con el tiempo, de alcanzar la inteligencia. Cuando nuestros velludos antepasados descubren el monolito al amanecer, primero sienten un miedo ancestral, e intentan golpearlo, aunque los más valientes se atreven a acercarse, olerlo, tocarlo e incluso lamerlo.

Estos simios están al borde de la desaparición. Viven en un mundo que se está secando, y las antiguas selvas africanas se están convirtiendo en secas y desoladas sabanas. Hay un exiguo charco de agua que encima tienen que pelear con otro grupo de monos en apariencia más fuertes que ellos. Los leopardos los diezman. Son herbívoros (como casi todos los grandes monos) y tienen que competir por las escasas plantas que les sirven de alimento con gigantescos y bobalicones tapires (una especie de cerdos salvajes).

Después del encuentro con el monolito, uno de los monos buenos (Moonwatcher se llama en la novela, aunque en la película no se le da nombre) se siente algo extraño. Empieza a jugar con unos huesos de tapir. Y descubre algo. Sirven para golpear. Multiplican la fuerza de su brazo. Y están más duros que sus músculos, así que pueden hacer más daño. El monolito ha propiciado el descubrimiento de la herramienta por primera vez en la historia de la Tierra.

Este descubrimiento va aparejado con otros no menos interesantes. Los tapires que pasean tranquilamente a su lado son una fuente de proteínas inmensamente más rica que las hojas de los agonizantes arbustos. Y aunque son unas bestias enormes, con la ayuda de las recién descubiertas armas los pueden matar y comer su carne, con lo que se hacen más grandes y fuertes, e incluso les sobra comida. El mono se ha hecho omnívoro. Y además, con el hueso, puede matar al leopardo, su mortal depredador.

El siguiente encuentro con los monos rivales cambia las tornas por completo. Los otros son más grandes, más osados, y reclaman su derecho al agua por la fuerza. Nuestros tímidos protagonistas no se atreven a acercarse mientras el macho dominante enemigo bebe. Pero entonces Moonwatcher da un paso adelante con un hueso en la mano, se acerca a su rival y lo asesina a golpes de fémur. Se acaba de cometer el primer asesinato de la historia. El grupo de Moonwatcher será el que lleve la delantera en la carrera por la evolución: son nuestros antepasados directos. El monolito les ha hecho ver cosas de las que nunca antes se habían dado cuenta.

Un millón de años más tarde, la NASA descubre el segundo monolito, el TMA-1, excavando en la luna. El gobierno de los EEUU lo mantiene en riguroso secreto y congrega a un grupo de expertos para estudiarlo. Se ha intentado dañar su superficie con todas las energías imaginables, pero no parece inmutarse. Al cabo de unas semanas, un grupo de astronautas se acerca para examinarlo en primera persona. Entonces, TMA-1 comienza a emitir un sonido ensordecedor a unos decibelios altísimos, que derriba a los hombres de dolor.

TMA-1 era el segundo paso. El primero era estimular la aparición de la inteligencia en unos animales primitivos, para convertirlos en seres racionales. El segundo servía de aviso. El monolito está enviando a través del espacio una señal: el monolito enclavado en la sabana africana ha culminado su misión con éxito, y un millón de años después, los monos han alcanzado un desarrollo tecnológico tal que son capaces de construir naves espaciales y abandonar su planeta. Por eso TMA-1 estaba enterrado en la luna. Para avisar de que ya hemos llegado hasta ahí.

Meses más tarde, la nave Discovery se encuentra en viaje hacia Júpiter, hacia donde apuntaba la señal emitida por el monolito lunar. No saben qué se van a encontrar ahí. Ni siquiera la tripulación, que ha viajado pensando que se encuentra en otra misión. En un momento determinado (cerca de la locura del superordenador HAL) la misión es desvelada al astronauta Dave Bowman. Es el único superviviente después de que HAL aniquilase al resto de la tripulación. Las herramientas del hombre, los huesos de tapir evolucionados, siguen sirviendo para cometer asesinatos, pero ahora se han vuelto tan peligrosos que ni siquiera requieren de la voluntad humana. Bowman escapa de HAL reiniciándolo. Y entonces descubre un gigantesco monolito en la superficie de una de las lunas del gigantesco Júpiter. Sin poder evitarlo, va hacia él, y el monolito se convierte en una puerta espacio temporal que transporta al hombre hacia lo desconocido.

Lo desconocido es una misteriosa habitación de un hotel lujoso, a miles de billones de kilómetros de la Tierra. Bowman sale de la cápsula espacial, incrédulo ante lo que ven sus ojos. Hay una mesa con algo de comida y una copa de vino. Se sienta a comer. En un descuido, tira la copa de vino al suelo. La copa se rompe pero el vino sigue siendo vino, con las mismas propiedades, pero adaptado a la forma de la superficie del suelo en lugar de a la forma de la copa (luego volveremos sobre esto).

Dave Bowman se está haciendo viejo a una velocidad decenas de veces superior a la normal. Ha pasado de aparentar cuarenta años a sesenta. En la siguiente escena, lo vemos como un anciano centenario en su lecho de muerte. Con sus últimas fuerzas, levanta la mano para señalar aterrorizado una aparición que ha surgido justo delante de él. Es el monolito.

Cuando la cámara vuelve a enfocar al hombre, su cuerpo ya no existe. Se ha convertido en el niño de las estrellas. Una especie de feto recubierto de una placenta de energía mística.

El último monolito, igual que el primero, ha provocado la evolución del hombre. De hecho, la ha culminado. El primero convirtió un hatajo de monos en unos seres primitivamente racionales. El último ha causado la culminación de nuestro proceso evolutivo: hemos abandonado nuestras ataduras materiales, y mediante la famosa ecuación de Einstein (E=mc²) nos hemos convertido en seres de energía pura, omniscientes, todopoderosos. Ahora entendemos la metáfora de la copa de vino. La copa (el continente, el cuerpo hecho de carne, sangre y huesos) se rompe, pero el vino, la esencia (el alma, la consciencia o como queramos llamarlo) permanece intacto. El grupo de monolitos ha terminado su misión y el hombre regresa a su planeta (aunque con finales distintos en la película y en la novela).

Se entiende ahora el porqué de la aparición de la melodía Also sprach Zaratustra (Así habló Zaratustra) de Strauss en las dos apariciones del monolito en que este nos empuja hacia la evolución. El compositor produjo esta obra basándose en el libro homónimo de Nietzsche, que cuenta las andanzas del profeta persa Zaratustra (o Zoroastro en su versión castellanizada), a quien el filósofo alemán consideraba el primer inmoralista de la historia. Para Nietzsche –simplificando parte de su filosofía hasta el extremo– la moralidad humana era la principal debilidad que nos impedía evolucionar, que nos hacía sentir compasión por los débiles, permitiendo que sobrevivieran y empeorando así la especie. La actitud zoroastriana nos permitiría avanzar como especie, y por eso cuando el hombre evoluciona ayudado por el monolito, escuchamos las palabras de Zoroastro en los inmortales tonos ascendentes y míticos de Strauss.

Y eso es todo. El monolito no es más que eso. Un catalizador de nuestra evolución, y al mismo tiempo un testigo mudo, impasible e indiferente de nuestro gran viaje por el inmenso y misterioso cosmos.

19 comentarios en “El monolito, explicado”

  • # scirius dice:
    3 de April de 2008 a las 13:56

    Curiosamente también pienso que es la mejor película jamás filmada y cuanto más la veo, más me gusta.

    Sin embargo no estoy del todo de acuerdo contigo en una cosa. Creo que Kubrick quiere que hagamos una profunda reflexión sobre las apariciones del monolito, por supuesto. Pero creo que la forma en la que el monolito interactúa con su entorno en cada aparición me hace pensar que la intención es que lo tomemos como un hito en la evolución, yo creo que es solo un “marca páginas” en la evolución del hombre no toma parte activamente.

    En la primera aparición del monolito no hace que Moonwatcher “invente la herramienta”, simplemente está ahí.

    En la segunda aparición ocurre algo; el sonido, pero ¿es el monolito el que produce el sonido o es que el hombre ha evolucionado hasta alcanzar en ese preciso momento la capacidad de “oír el ruido del universo” del que forma parte?. En mi interpretación el monolito simplemente está ahí. Hemos pasado de animal a hombre y de hombre a hombre en el universo.

    He ahí aquello en lo que no coincido con tu opinión, no veo que el primero y el segundo formen un segmento (estimulo-aviso del resultado) sino que más bien ambos son puntos que forma parte de la misma curva.

    Sobre lo que escribes en relación a la tercera aparición del monolito, ¿quién puede ponerle un solo pero? yo no desde luego.

    PD: Un artículo magistral el tuyo.

  • # Arlekom dice:
    3 de April de 2008 a las 14:28

    Si leyeras el libro te darias cuenta que si toma parte de la evolucion

  • # scirius dice:
    3 de April de 2008 a las 14:50

    Bueno yo hablo de lo que yo veo en la película, hablo de lo que Kubrick muestra, que no tiene porqué ser necesariemente lo que describe el libro, que no he mencionado por eso mismo, como no lo he leído no puedo decir nada.

    A decir verdad no sabría decir qué película es 100% fiel al libro en el que está basada.

  • # megalegen dice:
    3 de April de 2008 a las 20:55

    Genial película. Y no tenía ni idea de lo de la melodía que nos lleva directamente al pensamiento de Nietzsche.

    Un 10 Elías, creo que cada vez te explicas mejor.

  • # Elías dice:
    3 de April de 2008 a las 21:49

    Gracias por los comentarios, chicos.

    Yo le veo sentido a lo que dice Scirius, y además Kubrick estaría muy contento de oírlo, porque pretendía que cada cual obtuviera una experiencia personal y única.

    Fuera de otras interpretaciones, está claro que la aparición de los monolitos también constituyen hitos narrativos en la película.

    Pero creo que el sentido evolutivo de su función queda bastante claro si tienes en cuenta la música que estás oyendo…

  • # Jose Angel F. dice:
    4 de April de 2008 a las 8:58

    Aunque no viene demasiado al caso, Elías, no quería dejar de comentar el que fue para mí el otro gran descubrimiento asociado a la película: la música de Gyorgy Ligeti, que también nos dejó hace poco. Su Lux Aeterna a 16 voces es la música (sí, música) que suena mientras los astronautas se acercan al TMA 1. Y a partir de ahí, un descubrimiento, otra odisea: sus estudios para piano, sus conciertos, el impresionante Requiem – que también suena en la escena del viaje de Bowman a través del monolito -….

  • # La Lengua » Blog Archive » Vida inteligente dice:
    5 de April de 2008 a las 9:41

    […] cuarenta años, con motivo de su obra 2001: una odisea espacial, el director de cine Stanley Kubrick concedió una entrevista a la revista Playboy (sí, la misma […]

  • # satch dice:
    5 de April de 2008 a las 12:47

    Sinceramente, nunca he llegado a ver 2001 pasado el momento en el que el mono tira el hueso al aire. Ni siquiera vi como mataban al mono robabocadillos prehistórico. He leido a Clarke, pero nunca me llamó 2001.

    Ahora una vez desvelada la trama, resumida y analizada, menos. Soy de los que cuando le dicen de ir a ver una peli busca “peli spoilers” y se lee el argumento de arriba abajo, para descubrir los intringulis. En general, un jodepelis que a mitad de la peli con el giro inesperado, lo casca.

    En mi tradición de localizar equivalentes en comic de los ultimos posts de Elias (por casualidad eso sí), recomendaría la serie Rising Stars en el que la caida de un meteorito propicia el nacimiento de humanos “especiales” que fueron concebidos durante el impacto. Poseen poderes (que típico), pero los giros que da la serie son demasiado increibles para revelarlos sin más. Acabe de leerla y pense “¡Que grande eres Straczynski!, ¡Que puto maestro!”.

  • # Reset Reboot dice:
    12 de April de 2008 a las 1:28

    La verdad, satch, es que después de ver Babylon 5 , Straczynski lo tengo elevado a la cumbre de los guionistas a no perder de vista. Creo que miraré esos comics, seguro que merecen la pena.

    Sobre 2001, he leido la saga completa, una pena que Clarke no decidiera hacer una continuidad y coherencia completas entre las publicaciones, pero merecen la pena. Y la película es genial, una pena que ciertos amigos y familiares no sean capaces de verla sin dormirse.

    Una anécdota: Viendo la película, con el hijo del vecino con nosotros viendo esta obra, en el punto en el que la Discovery llega a Jupiter, nos preguntó: “Pero, bueno, ¿y qué es lo que pasa con el “Manolito” ese?” xDD

  • # Yaz dice:
    24 de April de 2008 a las 7:16

    muy interesante, solo puedo decir que estoy aprendiendo mucho por ustedes!!!

  • # La Lengua » Blog Archive » Tipografías dice:
    20 de May de 2008 a las 22:46

    […] primer ejemplo muestra el nombre de HAL 9000, el superordenador que se vuelve loco en la película 2001: Una odisea del espacio. El tipo de letra es futurista, y le viene como anillo al dedo; el segundo se nos antoja algo […]

  • # Darwin1889 dice:
    14 de November de 2008 a las 0:02

    Impresionante análisis, muchas gracias. La película la he visto pero con otros ojos, más bien con los ojos de un niño porque fue hace muchísimo, y la verdad, no presté atención a casi nada, porque la citada me aburría soberanamente. Quizás me la baje ahora y la vea (la segunda parte 2010, ya la estoy descargando).

    Por cierto, actualmente deberíamos tener conciencia humana y mirar un poco a nuestro contorno para ver que Nietzsche tenía razón en lo de no evolucionar por nuestra moralidad, sólo hay que ver a ZP y su cuadrilla.

  • # SMORALES dice:
    9 de August de 2012 a las 2:06

    4 años después de sus comentarios, también me parecen muy interesantes, y vuelvo a casa con ganas de volver a verla.

  • # Butifan dice:
    14 de November de 2012 a las 21:50

    Acabo de ver esta pelicula por segunda vez en mi vida y tengo que decir que no hay nada que se le parezca.
    Aunque el post sea un poco viejo suscribo todo lo dicho, y aparte, creo que me leeré el libro el cual heredé de un familiar y nunca he leído.

  • # 2013: Una Odisea en los nuevos soportes de información de ADN | Think Big dice:
    1 de February de 2013 a las 14:31

    […] de la película, conectando las distintas etapas separadas por millones de años. Parece como si el monolito de Kubrick, cuyo origen es desconocido, uniera la civilización con una entidad no desvelada […]

  • # westhamp dice:
    13 de October de 2013 a las 14:06

    El monolito no es ami entender otra cosa que el elemento divino. Como dice el autor de este artículo: “un testigo mudo, impasible e indiferente de nuestro gran viaje por el inmenso y misterioso cosmos.”
    Como decía Lao Tse: “La naturaleza no es amable, sino imparcial con todas las cosas.” Por ello el monolito es el símbolo de la esencia fuera de la dualidad y por ello es un testigo impasible, pero no creo que en ningún caso sea indiferente, más bien mi intuición, la verdadera, me dice que no es así..

  • # german dice:
    22 de October de 2013 a las 7:41

    La primera vez que la vi relacione el monolito y el sonido que emitia (musica) con la evolucion y me recordo al nacimiento de la tragedia (otro libro de nietzsche) , el aleman esta presente a lo largo de la pelicula y creo que Hal tiene algo del moralista que nietzsche aborrece

  • # N0o2 dice:
    16 de February de 2014 a las 8:40

    Bueno, he llegado aquí tras verla para buscar críticas e impresiones entre otras tantas páginas que he visitado ya que me parece una película compleja, digna y merecedora de ser analizada… pero lo que has escrito de “un millón de años”, en serio? No sé si ese dato es oficial o si es sólo aporte tuyo, pero desde luego no es cierto. Por ese tiempo ya éramos bastante, pero bastante más que “simios peludos e idiotas” por lo que creo que dicha escena se remonta a varios millones de años atrás. Siento ser tan exquisito, de verdad, pero lo he leído y he tenido que comentar, un saludo.

  • # Plepleplu dice:
    24 de May de 2014 a las 10:11

    Para mi el monolito significa ese sentimiento interno del ser humano que a lo largo de la historia lo ha llevado a explorar, conquistar, crear; es decir, el monolito hace una referencia clara a la tecnología. sin embargo, ninguna persona sabe con certeza, para qué o por qué lo hace ( de ahí las explicaciones místicas o divinas del monolito, en mi criterio falsas), no obstante le damos rienda suelta a esta sed de conquista, sin mediar razonamientos de las consecuencias que esta ambición puede conllevar.

    En La primera aparición del monolito se evidencia una alusión a la tecnología, valga decir que las armas son de los primeros inventos humanos de los cuales se tiene registró.

    Cuando el monolito está en la luna produce un ruido ensordecedor que supone una gran molestia para los astronautas, en mi criterio esto representa una voracidad descontrolada del ser humano que finalmente lo llevara a la perdición, es más, el capítulo seguido hace referencia a la insubordinación de una creación humana, esta es Hal, máquina que finalmente acaba con la vida de tripulantes de la misión.

    En la parte final de la película, se evidencia de forma más clara la situación que se ha planteado (es el más simbólico de sus apartes), en su lecho de muerte un anciano quiere tocar el monolito, no se sabe porque pero no le importa nada más; posteriormente hace su aparición El Niño desde el vientre materno, estos dos extremos significan la vida humana y la humanidad, desde su inicio hasta el final, este niño tiene el mismo nivel simbólico que el de los monos, El Niño a nivel individual de cada ser humano y el mono a nivel colectivo como la humanidad entera.

    Esta obra maestra cuenta la historia del ser humano a toda escala, del individuo, de la sociedad y en general de la humanidad, que siempre va en busca de algo pero no sabe que es.

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