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La Lengua » Dejad que los niños se alejen de vosotros

Ars longa, vita brevis

Dejad que los niños se alejen de vosotros

11 de April de 2008

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En nuestra época no había niños obesos. Como mucho alguno era gordo y punto.

(Sacado de algún correo en cadena sobre la infancia en los años ochenta.)

Hoy en día, o quizás ha pasado siempre, estamos inmersos en absurdas competiciones. Queremos ser los vecinos que tienen la tele más plana y al mismo tiempo más barata, el coche más grande, ya sabéis, todas esas tonterías. Si todo se queda en cuestiones materiales, tampoco tienen demasiada importancia, porque las cosas después de todo solo son cosas.

El problema es cuando regimos nuestra ética de la misma manera, y queremos quedar como los que más estamos con la corriente general. Por ejemplo, conozco a personas muy demócratas, muy respetuosas de los derechos humanos, firmemente creyentes en la reinserción y la reeducación del más infame de los asesinos, que sin embargo te pueden soltar en cualquier momento: «Yo a los etarras sí que les aplicaba la pena de muerte», o «A los pederastas, yo se los dejaba a las familias de los niños violados y que hiciesen con ellos lo que quisieran».

Lo malo para defender su argumento es que la moral tiene condicionantes, pero no excepciones. Esto es: está mal robar, y eso es una verdad ética universalmente aceptada. Pero si un hombre roba una barra de pan ante el riesgo de morir de hambre, la ética del robo queda condicionada ante una regla ética mayor, que es la supervivencia. Si no hay una regla superior que la anule, robar está mal en todos los demás casos.

Lo que pasa es que no hay una regla superior que haga válida la pena de muerte ni los linchamientos públicos. Si se demostrase que la pena de muerte acaba con el terrorismo, o que la tortura de un violador de niños a manos de la familia de la víctima sirviese para reducir los atentados o las violaciones de menores, podríamos plantearnos el asunto. Pero el caso es que hay muchos estudios que demuestran precisamente lo contrario. El crimen no se reduce, y como mucho la ley del Oeste sirve únicamente para saciar la sed de venganza de las víctimas. Pero la sed de venganza, legítima o no, que ese es otro tema, no es un valor ético superior al derecho a la vida y a la integridad física de cualquier ser humano, así que los que dicen –por quedar como los más molones– que respetan los derechos humanos excepto en casos de terrorismo o pederastia me parecen un poco imbéciles.

Hoy lo que está de moda es ser los padres más cuidadosos del mundo. Las consultas de pediatría están saturadas de papás angustiados porque su hijo se ha tragado una moneda de diez céntimos, o porque se ha despertado por la noche llorando, o porque caga demasiado blando o demasiado duro. Los niños visitan al psicólogo prácticamente desde que nacen. Los padres van a clases preparatorias para su boda, para su embarazo, para su parto. Puede que no sean obligatorias, no lo sé, pero no me extrañaría que acabaran siéndolo.

Como en tantas otras cosas, tras la ignominiosa dictadura hemos seguido el típico movimiento pendular: irnos al otro extremo. Yo recuerdo (y mis padres eran de los exageradamente cuidadosos) que cuando estábamos de vacaciones, después de comer nos daban un balón y una patada en el culo y adiós muy buenas hasta la hora de cenar, con un breve lapso en el que íbamos a recoger el bocadillo de manteca (¡Dios, es una bomba de grasa y colesterol, qué miedo!) y que mamá aprovechaba para comprobar que nuestro calzado aún era funcional y que nuestras heridas de juego no necesitaban puntos de sutura. Bien, ni una baja, lávate las manos, toma el bocadillo y patada en el culo que tu padre está durmiendo la siesta.

Vaya, parece que hoy los padres que no tienen un psicólogo de cabecera para un niño –a veces hasta un abogado–, que no les compran todas las consolas de videojuegos, que no los visten en Zara o que no los envían un par de veranos a Estados Unidos a aprender inglés son unos desalmados ogros peores que la madrastra de Blancanieves.

No digo que los de mi generación hayamos salido perfectos, y que os sirva de prueba un servidor, pero hombre, mal que bien hemos sobrevivido.

Llego a través de Boing Boing a un artículo del New York Sun en que una periodista cuenta cómo, accediendo a los ruegos de su hijo de 9 años, le dio un billete de 20 dólares, algo de cambio para llamar y un mapa del metro de Nueva York y lo dejó que se buscara la vida para volver a casa. Traduzco algunos párrafos que me parecen sublimes:

¿Nueva York no es tan segura como lo era en 1963? Tampoco es como si viviéramos en Bagdad.

El caso es que mi hijo ha estado semanas rogándome que por favor le dejase ir a cualquier sitio, adonde fuera, y le dejase arreglárselas para volver a casa él solito. Así que un soleado domingo le di un mapa del metro, un bono de viajes, un billete de 20 dólares y algo de calderilla, por si necesitaba llamar por teléfono.

No, no le dejé un teléfono móvil. No quería que lo perdiera. Y no, no lo estuve siguiendo, como una mamá detective. Confié en que fuera capaz de averiguar que tenía tomar el metro de Lexintong Avenue, y el autobús de la calle 34 hasta casa. Si no fuera capaz de hacerlo, confié en que le preguntaría a algún extraño. E incluso confié en que el extraño no pensara: «Hombre, estaba a punto de coger el metro para irme a casa, pero creo que en lugar de eso voy a secuestrar a este adorable chavalín.»

En pocas palabras, mi hijo regresó a casa extasiado de independencia.

En muchas palabras, para empezar: la mitad de la gente a la que le he contado esta historia quiere demandarme por maltrato a un menor. Como si encerrar a los niños bajo llave y ponerles un casco y darles un teléfono móvil fuese la forma correcta de criar a un niño. Pues no lo es. Eso es debilitarlo, a él y a nosotros.

Poco más que añadir, os recomiendo leer el artículo completo. Y no, seguramente el niño no está más seguro yendo por ahí solo que en casa bajo vuestra estricta vigilancia y la de vuestros ositos-cámara de peluche, pero una de las cosas trágicamente hermosas de la vida es que nunca, jamás, estaremos totalmente seguros en ningún sitio. Nuestros hijos tampoco. No digo que los llevéis a correr los sanfermines, como el descerebrado aquel, pero a veces la competitiva sobreprotección que algunos padres muestran con sus hijos parece una ridiculez, y os lo tengo que confesar, a mí me parece más que nada una muestra de mala conciencia por ser en realidad unos malos padres.

Ya sabéis lo que quieren los de arriba: que no nos sintamos seguros en ningún sitio más que en nuestra casa, para que les compremos cristales de doble capa, puertas blindadas, alarmas y otros productos por internet. No quieren que la calle sea de la gente. No les deis el gusto, por Dios bendito. Los niños, a la calle.

9 comentarios en “Dejad que los niños se alejen de vosotros”

  • # Reset Reboot dice:
    12 de April de 2008 a las 1:17

    Es que como en todo, es cuestión de encontrar un termino medio, esa cosa que con decir que es difícil conseguir, ya lo solucionamos. El truco no es en llegar al termino medio, que si, que es casi imposible, pero si quedarnos lo más cerca que podamos.

    En mi caso, hubiera preferido que mis padres me dieran más patadas en el culo y que donde vivo no hubiera tenido patio interior… en fin…

  • # John Constantine dice:
    13 de April de 2008 a las 13:18

    Poniendonos Chomskinianos, diria que al sistema le interesa muchísimo que creemos una generación de infantes sobreprotegidos que, cuando cumplan los 16, se dediquen a hacer botellones y gastar el dinero con el móvil, mejor que crear una generación de individuos pensantes.

  • # Pris dice:
    13 de April de 2008 a las 16:15

    Quiero apuntar que vestir a los niños de Zara no es signo de ostentación, pues la ropa de Zara es más barata incluso que la del Eroski o del Carrefour. Y mucho, pero mucho más, que la de mercadillo. Y de mejor calidad.

    Ahora ya, paso a mayores. No entiendo bien el fundamento de permitir a un niño de 9 años correr tal aventura, y si habláramos de una niña, me rasgo las vestiduras, que ahora mismo son pocas. Es una locura dejar a un niño tan pequeño moverse a su aire, el mundo está lleno de pervertidos y maleantes, de gente que ya no tiene nada que perder porque nada tiene, de esquizofrénicos, pederastas y dementes.

    Pero sí, los niños están muy sobreprotegidos. Y no son tontos y se aprovechan de esto para adoptar una actitud de menosprecio hacia los demás (compañeros, vecinos, maestros, etc.), porque saben que están a salvo de cualquier responsabilidad. Los padres son como un árbol bajo cuya sombra reposan sin ningún temor , pues no permitirán ni que les roce el sol. Los padres les sacan todas las castañas del fuego a los niños de hoy, dan la cara por ellos, todos los caprichos y les creen sin reservas. Por eso los padres de hoy en día no conocen a sus hijos, no tienen ni puta idea de los cuervos que están criando. Yo tengo alumnos capaces de violar a una anciana paralítica cuyos padres vienen a verme y me dicen que “nadie ha tenido que decirme nunca nada malo de él” y no creen mis versiones sobre la forma predelictiva de actuar de sus nenes, o les quitan hierro menospreciando mi pánico. ¿Volver a la hostieja y a la vuelta al ruedo con azotes? No lo sé. Pero está claro que tu infancia o la mía no tiene nada que ver con la de estos hijosdeperra que no saben ni dónde tienen la mano derecha. Bueno, yo a veces también me lío.

    Buscad en Google “Padres y chiquillos” de Marcial, que lo explica bastante bien. “Pero no os paséis, que tampoco son galgos”. Me parto.

  • # Elías dice:
    13 de April de 2008 a las 16:19

    No, Pris, precisamente no. El mundo no está lleno de violadores y pervertidos. Hay poquísimos violadores y pervertidos, lo que pasa es que cuando uno hace algo nos lo ponen en la tele durante meses. Las estadísticas dicen que los abusos a menores bajan (me refiero a EEUU, y supongo que en el resto del mundo civilizado también). Y también dicen las estadísticas que la mayoría de los abusos a menores los cometen personas del entorno de los menores, y no desconocidos. Yo no dejaría a mi hijo correr una aventura simplemente para demostrar una teoría, como la señora del artículo, pero la forma de criar hijos de ahora es una auténtica locura.

  • # Pris dice:
    13 de April de 2008 a las 20:46

    Mientras haya un sólo grupo de adolescentes con un móvil en la calle, mis hijos no van solos ni a misa.

  • # Yurena dice:
    14 de April de 2008 a las 11:41

    Los niveles de protección que han de emplear los padres se encuentran relacionados con la madurez de los niños. Es decir, a menor protección sobre las emociones negativas que sufren los niños, adquieren mayor madurez. Y es enormemente necesario, que sean ellos mismos los que resuelvan esas emociones. En este sentido, recuero el día que mi sobrino se dio de puñetazos con un compañero del cole y mi hermana estaba dispuesta a ajusticiar al enano que había hecho daño a su retoño. Mi sobrino no se valió por si mismo, perdió a su amigo y el resto de compañeros temen que vuelva a aparecer una loca a gritarles si hacen algo que a mi sobrino no le agrada.
    Y esa es otra, todos los padres que conozco creen que sus hijos están exentos de toda culpa. Siempre son los demás los que malmeten. ¡Qué error más grande!

  • # V dice:
    14 de April de 2008 a las 20:56

    …Y entonces,como poseídos por un extraño y desconocido mal ,tostados al sol del verano,nos avalanzamos sobre él,que no tenía más culpa que ir disfrazado de vaquero en 1986,cuando fuímos prepúberes y el espacio que después ocuparon las hormonas lo hacían entonces los globos de agua,las cuerdas para golpear y defenderse(algunas muy perfeccionadas como las de un par de hermanos),los tirachinas( de todo tipo:los de botella de plástico cortada y globo,los de pinza de la ropa y goma de caucho,etc), y un deseo tremendo de explorar y conocer (por ejemplo,aquello de “vamos a quemar el hormiguero a ver cómo reaccionan las hormigas”, o aquello otro de “¿qué pasaría si un escabarajo invadiese el hormiguero?”).
    Y un día cobraba uno y los demás reíamos y otro día cobraba yo y los demás reían.Se acostaba uno “calentito” y al día siguiente como si nada,íbamos todos tras la regadera hasta el quinto bloque,sin llegar a Corea,donde sólo se entraba con permiso o con la excusa de disputar un partidillo en la plazoleta.

    Una vez leí a Delibes algo así como que las cicatrices son a los niños lo que los galones a los militares,no es cita textual,es lo que yo interpreté.

    Estoy de acuerdo con ello.

    V.

  • # moda zara dice:
    24 de October de 2012 a las 23:01

    Me ha gustado mucho la plantilla de su blog. ¿es libre o de pago?

  • # Elías dice:
    24 de October de 2012 a las 23:28

    Me la diseñaron unos profesionales, dodepecho.com. Abajo del todo a la derecha tienes el enlace.

    ¡Y gracias por el piropo!

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