Ars longa, vita brevis

Miedo

29 de April de 2008

Aquí tenéis una estupenda galería fotográfica (con algo de retoque informático, sospecho) del artista Joshua Hoffine. Una terrorífica serie que explora los miedos de nuestra infancia (vía Menéame).

Los miedos infantiles son más divertidos que los adultos, más poderosos, más intensos. Si un niño tiene miedo de las arañas o del monstruo que vive bajo su cama no hay nada que hacer, puesto que el peligro no viene de la araña sino de la convicción íntima de terror. Aunque la araña desaparezca, el miedo permanece. Y no es que no exista un monstruo debajo de su cama, es solo que mamá no lo ha encontrado porque es más listo que ella y sabe esconderse. Tiemblo al escribirlo. ¡Más listo que mamá!

Los miedos adultos son prosaicos y fláccidos. Creo que su fuerza es la fatalidad, el gota a gota. Cada segundo que estoy viviendo, lo estoy muriendo. Ya lo dijo Quevedo, como sabréis, mejor que nadie:

REPRESÉNTASE LA BREVEDAD DE LO QUE SE VIVE Y CUÁN NADA PARECE LO QUE SE VIVIÓ.

«¡Ah de la vida!»… ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un
fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.

No poder parar la guerra, no poder aniquilar a los políticos (corruptos, si es que hace falta decirlo), tener que pagar el canon, mirar los pelos que quedan en el peine, peinar una cana más en la barba, temer el día en que uno necesite Viagra, en fin, todo eso. Son peores esos miedos: los que te van asfixiando poco a poco como una anaconda.

No os preocupéis, no estoy de bajón, es simplemente que las fotos me han encantado. Por lo demás, mañana estaré en Málaga, y hasta el domingo. No creo que pueda ni salir de casa porque tengo mucho que estudiar y tarea que hacer con el ordenador, pero en fin, si alguien propone un refresco o algo, ahí están los comentarios. Supongo que desde la bellísima ciudad actualizaré el blog. Los que tengáis puente, que lo disfrutéis. Los que no, emplead el viernes en odiar a los profesores.

Lucha (III): que no te humillen

28 de April de 2008

No entiendo la telebasura, no entiendo a la audiencia. Será porque no trabajo en televisión. O tal vez nunca he pensado en trabajar en televisión por eso. Da lo mismo una cosa que otra.

No recuerdo exactamente en qué momento de mi vida me di cuenta de que las cosas, por muy mal que estuviesen, siempre podían empeorar. La primera vez que me pasó en cuestiones musicales fue con la llegada de Raúl (ya nadie se acordará de él, cantaba «hace tanto que sueño tu boca, que la vida se me ha vuelto loca», toma del frasco). Pero esto está relacionado con un acontecimiento anterior: la llegada y el triunfo de Alejandro Sanz. Cuando vi el éxito que tuvo, pensé que los gustos de la gente no podían caer más bajo. Y después llegó Raúl y se hartó de vender discos.

Con la tele, como os digo, no recuerdo cuál fue el catalizador, lo que en parte es lógico, porque es un medio que cambia aún más rápidamente que la música de usar y tirar. Quizá empezó con Nieves Herrero entrevistando a los padres de unas niñas que habían sido secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas, la misma noche en que encontraron sus cadáveres, tras unos agonizantes meses de incertidumbre. Esa noche –yo estudiaba el COU– quizás fue la primera vez que pensé que habíamos tocado fondo. Después llegaron diarios de patricias, tomates, dolces vitas y salsas de diversos colores y sabores, grandes hermanos y operaciones triunfo. Pero siempre se puede ir a peor, eso ya es un axioma incontestable en mi podrido esquema de certezas mentales.

Ahora lo que se lleva es la humillación de la clase media. Algún estudioso de la televisión debería hacerse cargo de la investigación, pero yo creo que la cosa empezó con El diario de Patricia. Ese programa comenzó a mostrar¹ freaks de todos los tipos imaginables, especialmente en las situaciones más humillantes: «quiero decirle a mi esposo que estoy liada con su madre», «traigo a mi amigo para decirle delante de España que es muy feo», «mi amiga me debe 30 euros desde hace dos años». He visto casos como esos directamente, y dada la duración del programa, es casi seguro que ha habido episodios exactamente como los descritos, por el asunto ese de los mil millones de monos escribiendo a máquina durante mil millones de años.

El problema es que la gente que acude a esa clase de programas suele haber sido despojada previamente de su dignidad (o bien ignoran el concepto mismo). Puede ser divertido ver cómo a un fracasado de la vida le dan plantón en directo, pero después de todo, cuando tu meta en la vida es aparecer en un programa de la tele, no hay demasiada dignidad restante para aprovecharla en el plató.

La evolución, como tanto se suele decir ahora, ha venido del mestizaje. La mezcla bastarda de dos tipos de programas. Por un lado, los programas donde la gente hacía el ridículo; por otro, aquellos en que artistas frustrados iban a obtener su última oportunidad de convertirse en estrellas. Algún genio de las ondas hercianas ha visto el futuro y se está forrando. ¡Ya está! Llevemos a gente normal, a gente que estudia o trabaja, a gente soñadora, que son los que más dignos suelen mostrarse. Y una vez los tengamos delante de ocho o diez millones de personas, vamos a destrozarlos hasta que lloren, hasta que vuelvan a sus pueblos –donde eran unas miniestrellas por haber ganado algún concurso de karaoke local– convertidos en el hazmerreír del vulgo.

Así que aquí están esos programas, ya sea de baile, de cante, o de dar el cante, que todo consiste en eso, con sus ristos de turno para que apaleen a los concursantes. ¿Creéis que es casualidad que la mayoría de los jurados de esos programas suelan ser viejas glorias venidas a menos, o incluso gente de la que no se conoce un solo trabajo? Ya lo dice el sabio refranero: no pidas a quien pidió, ni sirvas a quien sirvió. Ante la inapelable mesa compuesta por tres o cinco artistas fracasados se presenta el jovenzuelo imberbe que acaba de dar lo mejor de sí en el escenario, ante una audiencia masiva. Y los fracasados tienen la oportunidad de arrancar la dignidad a golpes, esa dignidad que ellos, tan buenos artistas como con seguridad se consideran, nunca pudieron obtener a base de trabajo ni de pelotazo. Acosan al aspirante hasta que llora. Y si no llora, siguen acosándolo. Ya llorará. Una vez suelta la lagrimita ya lo dejan que se siente tranquilo, sintiéndose un ridículo despojo de la chica mona que soñaba con salir en la portada de alguna publicación de la mano de uno que otro futbolista de Primera división.

¿Qué queréis, si pretendéis convertiros en nombres de referencia tras pasar un par de meses en un absurdo concurso? ¿Creéis que alguna vez ha salido algo grande de ahí?

Desearía que la gente no se dejase quitar la dignidad. Desearía que aspirase a trabajar duro para vivir bien, y que viviesen tan bien como duro trabajan. Desearía que la tele dejase de insistir en el manido cliché de que la clase media no merece dignidad. Son muchos deseos y la vida es corta. Ya lo dijo el clásico: ars longa, vita brevis. Y la señora lo reformuló con acierto: «Tantos hombres y tan poco tiempo».

Otro asunto, sociológico sin duda, es la cuestión de por qué el público disfruta tanto con la humillación de su vecino. Tal vez es la mala sangre creada por ver a quien tiene su sueño cerca. La identificación con el tribunal de los artistas fracasados. O que la leyenda negra española no es tan leyenda, aunque siga siendo muy negra. No tengo respuestas. Pero vosotros tenéis opiniones. A los comentarios.

En La Lengua:

(1) El término freak significa en inglés «monstruo de feria». El castellano monstruo viene del latín monstrare, «mostrar, enseñar».

Goodnight Moon

24 de April de 2008

Enlace al vídeo en YouTube

There’s a shark in the pool
And a witch in the tree
A crazy old neighbour and he’s been watching me
And there’s footsteps loud and strong coming down the hall
Something’s under the bed
Now it’s out of my hands
There’s a big black crow sitting on my window ledge
And I hear something scratching through the wall

Oh what should I do I’m just a little baby
What if the lights go out and maybe
I just hate to be all alone
Outside the door he followed me home
Now goodnight moon
I want the sun
If it’s not here soon
I might be done
No it won’t be too soon ’til I say
Goodnight moon

Música viernes. Pasadlo bien, pero si tenéis un ratito seguid leyendo. Por cierto, he pasado lista y queda gente por firmar en el post de ayer. Venga, que dentro de nada cerramos y os quedáis fuera.

El dilema

Antes de ayer emitieron en Canal Sur un debate sobre los derechos de autor, el canon, la copia privada y esas cosas. Si alguien está perdido, le digo lo más importante: cuando os compréis una cámara de fotos, una memoria USB o una impresora, a partir de ahora os saldrá más caro porque una entidad privada (la SGAE principalmente, aunque creo que hay más metiendo la mano en tu bolsillo) recauda, con el beneplácito del PSOE y otros partidos menores que aprobaron la ley, parte del precio, que al final repercute en lo que pagáis vosotros. Dicha entidad de gestión de derechos distribuye los beneficios como le parece, porque nadie le pide cuentas y por supuesto no las dan.

El programa lo podéis ver entero aquí. Como siempre, el abogado especializado en derechos de autor David Bravo estuvo demoledor, y también Javier Capitán, a pesar de que tenían en contra la demagogia de los que tenían enfrente y de la dirección y la presentadora del programa, que no paraban de hablar de «descargas ilegales» para nombrar una cosa que según varios jueces y el mismísimo fiscal general del Estado no tiene nada de ilegal. Pero en fin, la desinformación y el embrutecimiento sistemático de la gente es fundamental si queremos que este sistema siga teniendo a gente arriba y a nosotros debajo.

Pero entiendo que los «autores» están ante un dilema grave. Quieren acabar con las descargas totalmente legales de música en redes P2P como el eMule, y con la piratería, que por supuesto es ilegal sin ninguna duda, y además quieren seguir chupando canon, que no está mal 300 millones de euros al año por no hacer nada. ¿Quién los rechazaría? ¿Quién no engañaría a la vecina para seguir cobrándolos?

David los dejó en bragas, y perdonadme la expresión, cuando, después de hablar de la necesidad de que la cultura esté protegida con fondos públicos y con las aportaciones que nos arrebatan mediante el canon, los «autores» insinuaron que el que no tuviera dinero para comprar un disco, que no se lo comprase, que no es un bien de primera necesidad. Se lo pusieron en bandeja. Si no es un bien de primera necesidad, ¿por qué tenemos la obligación de financiarlo? Y si tan importante es la labor de los «creadores», tan eterna y tan extática para la sociedad, ¿cómo se puede pretender castigar a quien pretende acceder a ella siendo pobre? ¿Meteríamos en la cárcel a alguien por robar un mendrugo de pan? No, el mendrugo de pan es necesario para una vida digna, o para la vida en cualquier caso. ¿Lo meteríamos en la cárcel por robar un Mercedes? Sí, porque un vehículo no es algo que se necesite, y en un mundo capitalista entendemos que no todo el mundo debe tener derecho a un coche bueno, sino solo los que sean ricos. Vale, hasta aquí bien, es un sistema injusto, pero casi todo el mundo comulga con él.

Entonces una de dos: si la cultura es un bien necesario, que engrandece a la sociedad, y debemos protegerla mediante pago, entonces no podemos actuar contra quien pretenda acceder a ella siendo pobre. Y si la cultura es un lujo como un Mercedes, que solo debe ser accesible a quien cuente con suficientes recursos económicos, entonces no debe estar subvencionada, ni con el canon ni con nada. Igual que no subvencionamos a la casa Mercedes cuando sus ventas bajan. Punto.

El dilema: si nuestra sociedad tuviese la cultura suficiente –aquí me refiero a la educación–, todo el que tuviese dinero se compraría los discos que le gustasen, o los libros, en lugar de descargarlos o fotocopiarlos. Estaríamos concienciados, valoraríamos la cultura en su justa medida y pagaríamos gustosamente por acceder a ella. Es lógico. Un artista es un ser peculiar, y sus obras nos hacen la vida más agradable. Y tiene que comer, aunque –en teoría– el arte se desarrolle por amor a la belleza y no a los pantalones de 400 euros. Una sociedad moderna, culta y educada, pagaría por la cultura y no se la descargaría gratuitamente en contra de los intereses de su creador.

Esto lo vemos especialmente en los aficionados a determinados estilos musicales, como la música clásica o la metal. Suele ser gente que se informa, que quiere estar al tanto de las novedades que se graban, de las nuevas composiciones. Y les gusta tener su CD original, comprado en la tienda, con su libreto, y en el segundo caso incluso gastan dinero en camisetas o revistas de sus grupos. La gente realmente interesada en la cultura aprecia su valor y gasta dinero.

Pero los reyes del top manta no suelen ser grandes obras musicales, sino la última parida renacentista de El canto del loco, el último exabrupto rural del Koala, el Chikilicuatre, Operación Triunfo o La oreja de Van Gogh. Productos de consumo rápido, no perdurables, de usar y tirar, como un kleenex. Esos son los grandes perjudicados por la piratería, y lo serían de las descargas, si es que las descargas perjudicasen a alguien, que lo dudo.

¿Qué quieren? ¿Que la gente tenga educación y civismo y pague por la cultura, como es justo? Eso estaría bien… pero tiene dos inconvenientes fundamentales. El primero es que es caro y costoso en términos de esfuerzo. Es difícil convertir a un país como… España en otro tipo de país. Lleva su tiempo y su dinero. Es mejor conocer el percal y hacer subproductos para subhumanos.

El segundo inconveniente es algo más trascendental. Imaginad que los «autores» logran que la gente esté tan educada que no les importe pagar por la cultura. Que sean capaces de apreciar el valor del arte y su precio.

¿Alguien consumiría esos productos recalentados? No, la gente no compraría más orejas de Van Gogh. Querrían un producto de calidad. Y entonces los «artistas» tendrían que ponerse a trabajar. Porque la música que se vende ahora es muy fácil de hacer. Se coge a cualquier compositor de chirigotas bacaladeras, un par de estilistas y una tía buena de barrio, se le graba un disco, se ponen un par de millones de euros para que nos torture a todas horas en la radio, en la televisión y en los pubs y a hartarse de vender.

El arte de verdad no es tan sencillo. El arte de verdad hace sudar. Llevó a Van Gogh (al de verdad) a cortarse una oreja, llevó a Edgar Allan Poe a suicidarse bebiendo, al enorme Nick Drake a hacer lo mismo con medicamentos, a John Lennon a adoptar posturas críticas que en parte puede que le costaran la vida. A posicionarse políticamente, a sufrir exilios, palizas y destierros, a comprometerse con la sociedad y no con el dinero.

Ese es el dilema de los «artistas» actuales. Podemos hacer música para la gente ineducada, pero como está ineducada no va a querer pagar. O hacemos música para gente educada y culta, pero entonces tendremos que hacer obras de arte y no bazofia.

Una vez más, tenemos que citar a Lenin: «¿Qué hacer?» De momento, ellos tienen la respuesta. Meter la mano en el bolsillo de la gente, mientras se deje. Pues dejad de dejaros de una vez.

Lingo Number Five!

23 de April de 2008

¡Se dice pronto, amigos! Hoy hace cinco años que empecé a escribir este blog. A ver, esperad que cuente… 1.335 artículos (240 más que el año pasado), de comentarios ni se sabe (hace un año eran 2.143, pero no encuentro la cuenta en esta nueva versión de WordPress), una media de visitas diarias cercana al millar y este quinto cumpleaños del blog me pilla en mi momento álgido de lucidez maníaco-paranoica, no se puede pedir más…

Y sobre todo, la inmensa e histórica grandeza de ser uno de los pocos blogs españoles que lleva cinco años ininterrumpidos en antena, y creo que los otros se pueden contar con los dedos de las manos (y los dedos de los pies, los c****** y la p****, todos suman veintitrés). ¡Perdonad el chiste zafio, pero es que estamos de celebración!

Quiero a todo el mundo, soy tan feliz, te quiero, hombre de hojalata, te quiero, león llorica, oh, espantapájaros, a ti te echaré de menos más que a ningún otro…

A los que me leen desde el principio, o casi: Pris, Reset (y Loli), el gran Satch (y Esther); a mis lectores fieles: Rodolfo, Maki, ¿Horderio?, Manuel, Megalegen, Josep, J. Constantine, Motagirl, Tobal, Scirius, EVG, Uno que pasaba por aquí, Lady Jekyll, MrBlonde, Susana, José Ángel F., Truman; a mis lectores bloggers: erre, Jaime, Vailima, Dani, Byron Arístides, ¿José Carlos?, Troy; a mis alumnos, aunque me tiren de las orejas: Javi, Juanjo, Nasiba; a mis amigos de carne y hueso, con la piel color carne: V., Macu, Antonio Molina, Carlos, Pedri, a todos… seguid brillando, pequeños padawans, pequeña gente brillante, dejad un comentario de una maldita vez, todos los nombrados, los no nombrados (aunque sea para recriminarme la omisión) y los innombrables… Bailad el Lingo Number Five, feliz gente esplendorosa: ¡Fiesta!


Enlace al vídeo en YouTube

Meet me in the crowd,
people, people,
throw your love around,
love me, love me.

Bibliomeme

Hoy es 23 de abril, día que yo sólo celebro a medias, ya que no es únicamente el día del libro sino también el de los derechos de autor, que tan mal llevados están siendo por quienes ya sabéis.

Para celebrarlo –ya que no estoy en Cataluña y aquí no se lleva eso de la rosa, qué pena– propongo un meme, y quien quiera apuntarse que lo haga (hoy no os cobro nada).

Meme: cinco libros

(¿Por qué cinco? Mañana lo entenderéis. Pris, calla.)

¿Cuál es el libro que te ha hecho reír a carcajadas?
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra.

¿Cuál es el libro que te ha hecho llorar, o casi?
Si esto es un hombre, de Primo Levi.

¿Qué libro te ha hecho pensar hasta replantearte algunos de tus principios?
Dos: La (des) educación, de Noam Chomsky y Diarios de las estrellas, de Stanislaw Lem.

¿Qué libro te ha dado una impresión más clara de belleza absoluta?
Madame Bovary, de Gustave Flaubert, aunque podría decir aquí tres o cuatro más.

¿Qué libro relees regularmente?
Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift.

Bonus (esta pregunta, que hace el número seis, podéis personalizarla para preguntaros lo que queráis). ¿Qué libro no te importa admitir que te encanta, aunque los gafapastas te miren con aire de condescendencia por ello?
La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera.

Ahora el meme es todito para vosotros. Quien no tenga blog, puede participar en los comentarios.

¡Feliz día del libro! Y feliz día de lucha contra el canon digital, y por el respeto coherente a unos derechos justos para los autores.

Gentuza

22 de April de 2008


Foto: José Manuel Vidal (EFE)

Viene del latino gens, -entis (acusativo gentem) que dio en castellano «gente», al que se le ha añadido el sufijo despectivo «-uza». El DRAE dice que es «La gente más despreciable de la plebe». Pero para la próxima vigésima tercera edición del Diccionario han enmendado el artículo, que ahora dirá en su primera acepción: «Grupo o tipo de gente que es considerada despreciable.» Me parece más apropiado.

Porque la gentuza no solo existe en la plebe. De hecho, los plebeyos solemos ser bastante decentes y educados. Tal vez sea por el fomentado respeto al que tiene más, a la visión forzada de que somos inferiores que los que tienen dinero, pero creo que somos en general más educados.

El otro día hubo un incendio en Écija en el que desgraciadamente murieron seis personas. Algunos vecinos que había congregados en el lugar de la barbarie, y a cuyo juicio los bomberos habían tardado demasiado en llegar, apedrearon el camión de estos, e insultaron a los agentes del cuerpo. Como explicó Javier Marías en El País Semanal (de cada 30 columnas que escribe, 29 son una maravilla, más o menos, y la otra es solo discutible), hay que ver cómo se crecen los cobardes cuando actúan en grupo. Y cómo sacan lo que son en realidad.

Leo la noticia en foros, y siempre hay quien «entiende» que la gente, la plebe, en un arrebato de indignación actúe así. Aún pensamos que los pobres no damos para más, y casi todos entendemos –entienden, que yo no– que los tristes asalariados la emprendan a golpes a la primera de cambio: porque tarda el camión de los bomberos, porque nuestro equipo ha perdido, porque el hermano de un tipo ha asesinado a una niña. Cualquier excusa es buena para acorralar entre veinte a una persona y emprenderla a insultos y salivazos, a puñetazos y a patadas. Qué valientes somos cuando nos parapeta el tumulto. Es casi tan impune y gratificante como insultar en internet.

Ya sabemos la verdad: hubo una única llamada al parque de bomberos de Écija, y tardaron 3 minutos en llegar. Según Google Maps, el tiempo normal del recorrido son unos cinco minutos. Ellos, repito, tardaron tres. Teniendo en cuenta que irían con la sirena y saltándose los semáforos, como es normal en estas anormales situaciones, creo que la demora es muy razonable (hasta la fecha, que yo sepa, los camiones de bomberos no tienen alas ni motores a reacción, ni pueden atravesar edificios). Dos minutos después, el incendio estaba controlado. Se ha sugerido, además, que el hecho de que los vecinos abrieran las puertas del edificio agravó el incendio, dado que permitió una masiva entrada de oxígeno que alimentó las llamas.

Pero da igual, alguien había muerto, o si no muere igual, que ese no es el caso: el caso es que hay una oportunidad de oro para linchar, verbalmente o a pedradas, a unos pocos entre muchos, y una oportunidad así no se deja escapar. La ocasión la pintan calva, ¡a por ellos, que son pocos, y nosotros cobardes!

Y, como decía, mucha gente hipnotizada diciendo que eso es normal, o al menos comprensible.

Pues os llevaré la contraria: ni es normal, ni es comprensible. Lo normal es lo que hizo la inmensa mayoría de los ecijanos: quedarse mirando, curiosear un poco, acaso estar por ahí por si su ayuda hacía falta. Eso es lo normal y lo comprensible. Los que se liaron a golpes e insultos, aunque eran más que los bomberos, eran menos que la gente que no actuó así. Porque los pobres, señores, seremos pobres, pero no somos gentuza.

Puede que haya quien argumente que no suele haber turbas de ricos insultando y pegando a diestro y siniestro, pero no os engañéis. No son mejores que nosotros; son, como mucho, iguales. En primer lugar, si un rico quiere insultar o atizar, no suele ir él a mancharse las manos ni a dar la cara, sino que envía a sus perros. En segundo lugar, digan lo que digan, las desgracias los tocan menos, y normalmente solo de refilón (cuando no son causadas por ellos mismos). Y en tercer lugar, son muy pocos. Es normal que no los veamos frecuentemente haciendo gala de su gentucerío. Tampoco los solemos ver en otras situaciones. Son muy pocos y no frecuentan los mismos sitios que la plebe. Si a ellos les gustase estar en los mismos sitios que a nosotros… a nosotros nos echarían para otro lado, no lo dudéis.

Los de arriba, señores, por mucho que los medios de comunicación y la gente hipnotizada os quiera hacer creer lo contrario, son más gentuza por lo general que nosotros, los plebeyos. Quien haya trabajado en un banco lo sabe. Vaya.

(Once hijos de perra de entre 15 y 21 años le han dado una paliza a un inmigrante rumano borracho para robarle 500 euros y una cadena de oro. Lo han dejado tetrapléjico.)

Las aventuras de Sherlock Holmes

21 de April de 2008

Las aventuras de Sherlock Holmes

–Entonces, espero que al menos ustedes me honren con su compañía –dijo Sherlock Holmes–. Siempre es un placer conocer a un norteamericano, señor Moulton; soy de los que opinan que la estupidez de un monarca y las torpezas de un ministro en tiempos lejanos no impedirán que nuestros hijos sean algún día ciudadanos de una única nación que abarcará todo el mundo, bajo una bandera que combinará los colores de la Union Jack [bandera del Reino Unido] con las Barras y Estrellas.

A fe mía que están en trance de conseguirlo, aunque el agudo Holmes vaticinaba una importancia excesiva para la bandera británica. Y para la norteamericana también, qué caray; el color de la bandera de la nación única es el verde, como bien sabéis. La negrita es mía, ya que hablamos de colores.

Leo los relatos de Sherlock Holmes desde que era un crío, aunque hacía tiempo que no les ponía las zarpas encima. El otro día, en mi visita habitual a la librería, estaba este libro que reúne 12 de los 56 relatos cortos escritos por Arthur Conan Doyle, y como últimamente solo tengo tiempo para una breve lectura antes de dormir, lo compré, aprovechando que lo corto de las aventuras me permitía leer veinte o treinta páginas de un relato entero y desentenderme del libro durante días, si era necesario.

Ahora, con 33 añazos, a menudo parecen un poco pueriles y arbitrarias las deducciones del investigador del 221 B de Baker Street, y en algunos relatos se adivina el desenlace un par de páginas antes de que concluya, mientras que en otros la solución parece un capricho del que se sirve el autor para quedarse con el personal de forma tramposa. Sin embargo, si el bueno y huraño de Holmes y su fiel amigo y trovador de sus hazañas, el doctor Watson, han pervivido a lo largo de la historia de la literatura no es porque sus deducciones sean un prodigio de la lógica, como tanto le gustaba fanfarronear al escuálido detective, sino porque te enganchan de una manera como pocos relatos de misterio consiguen.

Las descripciones, además, son preciosas, yo diría que impresionistas, ya que con tres o cuatro adjetivos bien colocados Conan Doyle consigue que el paisaje, rural o urbano, aparezca en nuestra mente con toda claridad, y el escritor era también un maestro en la descripción de tipos, estereotipados, sí, pero muy bien descritos.

Pero el mayor logro de las aventuras de Sherlock Holmes ha sido crear un personaje inmortal, extremadamente funcional, del que se han hecho numerosas películas ya desde el cine mudo, y cuyas legendarias misantropía y dotes de deducción siguen produciendo imitaciones en diversos medios literarios, cinematográficos y televisivos, el último de los cuales es el adorable doctor Greg House.

Elemental (palabra que, como sabréis, no fue escrita en ninguna de las novelas y relatos protagonizados por Holmes).

Nos hacemos viejos

20 de April de 2008

Profe, a mí sí me gusta la música antigua. Por ejemplo, Extremoduro.

Esto me lo dijo el otro día un alumno de 2º de la ESO (entre 13 y 15 años). ¿A santo de qué? Resulta que la biblioteca del instituto donde trabajo ha organizado un concurso con motivo del día del libro, consistente en hacer un dibujo inspirado por el poema «Las moscas» de Antonio Machado. Ya sabéis:

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares
me evocáis todas las cosas.

Les leí el poema y les ayudé a comprender su significado y sus recursos expresivos, pero para echarles una mano les puse la estupenda versión musical que grabó Joan Manuel Serrat. El resultado fue el esperado: caras de aburrimiento y risitas contenidas. Les dije que era normal que aborreciesen la música de sus padres (ya, de sus abuelos), pero que intentasen apreciar lo bien que cuadraban la música y la letra.

(También les dije que los ídolos a los que adoran hoy no van a ser recordados el año que viene ni por ellos mismos, pero esto fue un poco de maldad por mi parte, he de admitirlo.)

Dos o tres de ellos, tras mirar hacia atrás buscando la aprobación o el perdón de sus compañeros, admitieron que les había gustado la canción. No hay problema, cuando uno tiene 14 años hay dos cosas fundamentales en la vida, que son, por orden de importancia: 1) no parecer ridículo ante los de tu misma edad, y 2) asimilarte al gusto general de tus coetáneos.

Pero lo de Extremoduro fue como un mazazo que me hizo darme cuenta de repente de lo viejo que soy. Así es la vida.

Motagirl is mad as hell

19 de April de 2008

Motagirl is mad as hell

Si recordáis, hace unos días organicé en La Lengua un concurso muy fácil donde el premio era una película (si no sabéis de qué estoy hablando, leed aquí).

Pues ahí está Motagirl, sonriente con su premio, para que veáis que yo cuando sorteo algo lo hago de verdad. Felicidades a la ganadora y los demás… ¡No os desaniméis! Si dentro de un par de años se me vuelve a ir la cabeza y compro una película, seguramente acabaré sorteándola, así que seguid pasando por el blog.

Liberian Girl

18 de April de 2008

Enlace al vídeo en YouTube

Liberian girl
you know that you came and you change my world
just like in the movies
with two lovers in a scene.

El vídeo oficial de esta canción está dirigido por Spielberg y es un buen trabajo creativo, pero durante la mayor parte del metraje se oye a gente hablando en lugar de la canción. Así que conformaos con esto. Y disfrutad del viernes.

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