Robot que da miedo (por fin)

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Mirad bien el vídeo que tenéis bajo estas líneas.

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Es la primera vez que veo un robot que parece un ser vivo. Y eso que externamente su estructura se ve que es cibernética, pero es que no es el aspecto exterior, está claro, lo que da la apariencia de vida, sino el movimiento. Por eso daba tanto miedo el alien de Alien: aunque su estructura externa consistía en un exoesqueleto que tenía como principal función la de confundirse con la maquinaria de las naves espaciales, sus movimientos eran tan realistas que asustaba mucho. Y el robot del vídeo, aunque por fuera parece más o menos una mesa sadomasoquista, tiene unos movimientos tan naturales que me recorre un escalofrío cuando lo veo moverse.

Este artilugio de Boston Dynamics camina, intenta incorporarse cuando se resbala, mantiene el equilibrio cuando le pegas una patada y es capaz de trotar, escalar, saltar y hacer todo tipo de cabriolas. Cuando lo veo tengo sentimientos encontrados: al comprobar cómo reacciona a los elementos y a la interacción humana, de forma a veces patética, siento algo intermedio entre la compasión y el horror. Pero eso no es lo extraño. Lo extraño, realmente, es que su visión me provoque cualquier sentimiento. Este otro robot, sin embargo, dotado de ojos, nariz, boca, piel y expresiones faciales, me parece mucho menos vivo. Se ha intentado dotarlo de movimiento ocular y labial, pero se nota que está inmerso en su mundo binario. El BigDog con el que empiezo este post, sin embargo, es un ser que reacciona ante lo que lo rodea.

Por fin han creado un robot que me da miedo, y no porque sea feo ni tenga grandes colmillos, sino porque parece un ser vivo.

Teniendo en cuenta el abaratamiento progresivo de la tecnología, que parece no tener fin, es posible que dentro de relativamente poco, diez años tal vez, esto ya sea un producto de consumo. Pero lo que me excita y a la vez me aterra es el uso que se le puede dar en dos campos muy concretos: el cine y la industria del armamento.

Sus posibilidades cinematográficas pueden llegar a ser insuperables. Más de quince años de diseño de personajes y animales en tres dimensiones para el cine (y yo soy tan viejo como para recordar cuando eso no existía) aún no han conseguido que no se note demasiado que tal o cual personaje de La guerra de las galaxias no está realmente ahí, sino que ha sido diseñado y superpuesto. Y sí, me refiero a ti, despreciable Jar Jar Binks. Antiguamente los bichos en el cine se hacían con maquinaria y mucha artesanía, y sobre todo mucha fuerza de voluntad. Pero se notaba que eran robots. Hoy se hacen por ordenador, y se mueven como si estuvieran vivos, pero se nota que son dibujos animados. Cuando el robot que nos ocupa hoy haya evolucionado lo suficiente, no solo tendremos una criatura cinematográfica que se mueve como un ser vivo y que se nota que está ahí, sino que incluso será capaz de improvisar cuando encuentre alguna desigualdad en el terreno y podrá interactuar con los actores en tiempo real.

Lo del armamento es un asunto bien distinto. Visto lo avanzada que está ya esta tecnología, no pueden tardar demasiado en darle lo poco que le hace falta: una buena autonomía energética (podrían hacer, por ejemplo, que funcionase con energía solar), algo más de precisión en sus movimientos, mayor velocidad y dotarlo de fuerza destructiva. Cuando un bicho de estos cueste poco dinero, ¿qué impedirá a los ejércitos dotarlos de bombas, metralletas, cámaras y cualquier otro tipo de artilugios ofensivos? Podríamos tener, de aquí a poco, una terrible guerra al estilo de Terminator.

Me decanto por su uso pacífico para Hollywood, aunque, conociendo el percal, no tengo demasiadas esperanzas.

3 comentarios en “Robot que da miedo (por fin)”

  1. Truman dice:

    Los cylon no tardarán en llegar. Redimíos, humanos.

  2. A.H.Lippincott dice:

    Llevan cuarenta años dándonos la matraca con estos juguetitos, como el de la japo que enlazas, y creo que es la primera vez que veo algo un poco convincente, su repuesta al impacto y al resbalón es impresionante.
    Yo pensaba en utilizarlo para algo más épico, como aquel novelesco paso del Khyber.
    Y coincido contigo, Jar Jar Binks es una de las mayores infamias de la historia del cine.

  3. Manuel dice:

    Parece que hayan dos personas metidas en el robot y que los movimientos sean idénticos.

    Es increible como se mueve por los bloques de hormigón pisando donde debe y asegurando.

    Como dobla una “pata” o “pierna” cuando resbala en la nieve, como lo haría un animal.

    Me he quedado de piedra.

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