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La Lengua » 2008 » March

Ars longa, vita brevis

Educación, ciudadanía

22 de March de 2008

Esto de la Educación para la ciudadanía está muy bien, es una cosa muy bienintencionada, pero le veo un problema de principios: a determinada edad, los adolescentes intentan restar importancia a todo lo que les enseñan en la escuela. Y además, me parece necesario y sano que lo hagan. No como un fin, sino como un entrenamiento. Que un chaval decida que la Historia o las Matemáticas no son importantes no es bueno en sí, pero sí es aconsejable que adopten la postura de criticar todo lo criticable, y que asuman que hay cosas que es necesario cambiar. Sobre todo porque, a determinada edad –especialmente cuando se empieza a ganar dinero–, uno pierde la capacidad crítica y acepta que las cosas ya son como deberían ser.

Yo supongo que esta asignatura nueva será como todas las que se les intenta enseñar a los chicos: algo que intentarán aprobar con trampas o con el mínimo esfuerzo, una entelequia ideada por sus mayores para fastidiarlos y tener la oportunidad de suspenderlos y castigarlos por ello. Así, creo que una actitud desentendida hacia la Educación para la ciudadanía, acompañada de cierta rebeldía y de intentar olvidarla una vez que se apruebe, será la norma general.

(En el castellano medieval, «castigar» era sinónimo de «enseñar».)

Estoy seguro de que habrá habido miles de pedagogos empeñados en hacer esta materia lo más eficiente posible, como estoy seguro de que de poco servirá. En fin, los psicólogos son, en teoría, los que saben cuándo se asientan mejor los principios éticos en la persona, y de qué manera se pueden inculcar mejor. Yo me temo que la ética no se enseña ni en ese momento ni en ese lugar. Y además no creo que la función de la escuela deba ser formar ciudadanos. Aunque la Ley lo diga.

Hace unas semanas, hablando con unas compañeras, les desvelé que tenía la solución perfecta para acabar con los problemas de disciplina en las aulas, e incluso con la delincuencia juvenil. Y no era ningún alarde de imaginación, era simplemente el método más antiguo y efectivo para conseguir lo que sea: el dinero.

Aseguraba yo en mi delirio que todo era cuestión de multar a los padres por las cosas que hicieran sus hijos. Porque, después de todo, si un chico con trece o catorce años le rompe la cara a un compañero de clase sin mediar provocación, o insulta al profesor o a sus compañeros, o raja ruedas de coche, una de dos: o está enfermo, o sus padres han abandonado sus funciones educativas (que son primeras y más importantes que las que podemos dar en los centros públicos). Si cada vez que un chico recibe una amonestación grave en el instituto, y entiéndase que, hoy en día, para que sea grave, tiene que ser realmente muy grave, si cada vez que recibe una amonestación grave, decía, el padre ha de pagar una multa de 100 euros por las molestias ocasionadas, al cabo de tres multas el chico es un alumno modelo. Ya se encargará el padre, por la cuenta que le trae, de enseñar a su hijo todo lo que no le ha enseñado en los años precedentes. Además, los problemas de comportamiento causan perjuicios a la educación del propio alumno maleducado y a la de sus compañeros, y esa educación cuesta mucho dinero, así que es justo que el padre que no ha ejercido su obligación de padre acarree con los gastos que ocasione su falta de responsabilidad.

Esa es la forma de acabar con la violencia y el descontrol en las aulas, que a todo el mundo parece preocuparle muchísimo pero que nadie mueve un dedo por eliminar. Tened en cuenta una cosa: una medida de esa naturaleza sería bastante impopular, así que no creo que ningún partido político se propusiera adoptarla. Y lo importante aquí no es conseguir ciudadanos, sino votos irreflexivos, que es más o menos la antítesis de un ciudadano.

La Audiencia de Sevilla ha condenado a una madre a pagar 14.000 euros a un chico a quien su hijo le rompió los dientes (El Mundo). El juez entiende que esa «conducta violenta y excesiva significa que las tareas educativas correctora (sic) ejercidas por los padres no han fructificado, bien por la laxitud a la hora de inculcarlas o bien por la tolerancia en corregir sus manifestaciones violentas». La madre intentó hacer que pagara el instituto, entediendo que cincuenta profesores tienen no solo la obligación, sino también la capacidad de vigilar durante seis horas ininterrumpidas a más de mil alumnos. Pero no ha colado.

¿Estamos en el buen camino? Habrá que esperar y ver.

Muere Arthur C. Clarke

19 de March de 2008

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Hoy nuestro planeta es un poco más estúpido que ayer. Ha muerto por una insuficiencia cardiorrespiratoria Arthur C. Clarke, una de las personas más inteligentes de la tierra. Tenía 90 años. Descanse en paz.

Aunque era conocido sobre todo por sus obras literarias, también se licenció en Física y Matemáticas por el King’s College de Londres, y fue un científico muy competente e implicado en los avances de la astronáutica.

Su obra más célebre es la novela 2001: una odisea espacial, que es una traslación del guión que escribieron entre Stanley Kubrick y él para la película del mismo título. Kubrick no le permitió que publicara la novela antes de la película, a pesar de haber sido acabada, porque quería que la gente experimentara experiencias personales con ella y no se viese influida por el libro.

Si alguien ha visto esta impresionante película (mi preferida de todos los tiempos) y no se ha enterado absolutamente de nada, puede probar a leer la novela, que es corta, está muy bien escrita y lo explica todo al detalle sin dejar cabos sueltos.

La idea de 2001 se basaba en un relato del propio Arthur C. Clarke, El centinela (The Sentinel). Esta narración trata sobre una extraña pirámide que encuentran en la luna los primeros astronautas que ponen el pie sobre ella. La estructura no parece reaccionar ni hacer nada, pero sin que los hombres se den cuenta, está transmitiendo un mensaje a otras civilizaciones, indicando que nuestra especie ya se encuentra a un nivel tecnológico suficiente como para hacer viajes espaciales. Esta es la idea que subyace en la inmortal película de Kubrick, y por cierto, la explicación del porqué del dichoso monolito.

Clarke fue indiscutiblemente uno de los grandes del género de la ciencia – ficción, que ha sido siempre muy apreciado por las personas que miramos hacia el futuro pensando que los hombres pueden mejorar. Sin Isaac Asimov, Stanislav Lem y Arthur C. Clarke, el futuro es mucho menos interesante.

Robot que da miedo (por fin)

18 de March de 2008

Mirad bien el vídeo que tenéis bajo estas líneas.

Enlace al vídeo en YouTube

Es la primera vez que veo un robot que parece un ser vivo. Y eso que externamente su estructura se ve que es cibernética, pero es que no es el aspecto exterior, está claro, lo que da la apariencia de vida, sino el movimiento. Por eso daba tanto miedo el alien de Alien: aunque su estructura externa consistía en un exoesqueleto que tenía como principal función la de confundirse con la maquinaria de las naves espaciales, sus movimientos eran tan realistas que asustaba mucho. Y el robot del vídeo, aunque por fuera parece más o menos una mesa sadomasoquista, tiene unos movimientos tan naturales que me recorre un escalofrío cuando lo veo moverse.

Este artilugio de Boston Dynamics camina, intenta incorporarse cuando se resbala, mantiene el equilibrio cuando le pegas una patada y es capaz de trotar, escalar, saltar y hacer todo tipo de cabriolas. Cuando lo veo tengo sentimientos encontrados: al comprobar cómo reacciona a los elementos y a la interacción humana, de forma a veces patética, siento algo intermedio entre la compasión y el horror. Pero eso no es lo extraño. Lo extraño, realmente, es que su visión me provoque cualquier sentimiento. Este otro robot, sin embargo, dotado de ojos, nariz, boca, piel y expresiones faciales, me parece mucho menos vivo. Se ha intentado dotarlo de movimiento ocular y labial, pero se nota que está inmerso en su mundo binario. El BigDog con el que empiezo este post, sin embargo, es un ser que reacciona ante lo que lo rodea.

Por fin han creado un robot que me da miedo, y no porque sea feo ni tenga grandes colmillos, sino porque parece un ser vivo.

Teniendo en cuenta el abaratamiento progresivo de la tecnología, que parece no tener fin, es posible que dentro de relativamente poco, diez años tal vez, esto ya sea un producto de consumo. Pero lo que me excita y a la vez me aterra es el uso que se le puede dar en dos campos muy concretos: el cine y la industria del armamento.

Sus posibilidades cinematográficas pueden llegar a ser insuperables. Más de quince años de diseño de personajes y animales en tres dimensiones para el cine (y yo soy tan viejo como para recordar cuando eso no existía) aún no han conseguido que no se note demasiado que tal o cual personaje de La guerra de las galaxias no está realmente ahí, sino que ha sido diseñado y superpuesto. Y sí, me refiero a ti, despreciable Jar Jar Binks. Antiguamente los bichos en el cine se hacían con maquinaria y mucha artesanía, y sobre todo mucha fuerza de voluntad. Pero se notaba que eran robots. Hoy se hacen por ordenador, y se mueven como si estuvieran vivos, pero se nota que son dibujos animados. Cuando el robot que nos ocupa hoy haya evolucionado lo suficiente, no solo tendremos una criatura cinematográfica que se mueve como un ser vivo y que se nota que está ahí, sino que incluso será capaz de improvisar cuando encuentre alguna desigualdad en el terreno y podrá interactuar con los actores en tiempo real.

Lo del armamento es un asunto bien distinto. Visto lo avanzada que está ya esta tecnología, no pueden tardar demasiado en darle lo poco que le hace falta: una buena autonomía energética (podrían hacer, por ejemplo, que funcionase con energía solar), algo más de precisión en sus movimientos, mayor velocidad y dotarlo de fuerza destructiva. Cuando un bicho de estos cueste poco dinero, ¿qué impedirá a los ejércitos dotarlos de bombas, metralletas, cámaras y cualquier otro tipo de artilugios ofensivos? Podríamos tener, de aquí a poco, una terrible guerra al estilo de Terminator.

Me decanto por su uso pacífico para Hollywood, aunque, conociendo el percal, no tengo demasiadas esperanzas.

Llamadme paranoico

17 de March de 2008

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Sigo dándole vueltas a lo mismo: esta es la dictadura perfecta. Un sistema de gobierno donde la gente acepta e incluso pide que cercenen sus libertades a cambio de no se sabe qué.

El Presidente del Gobierno en funciones y futuro Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene una gran virtud y un gran defecto que juegan a su favor y en su contra respectivamente. La gran virtud es que no es ni mucho menos tan tonto como piensan sus adversarios (ahí lo tenéis, cuatro años después, con todo su aspecto de no saber ni dónde está, con una mayoría renovada y reforzada en el Parlamento). El gran defecto es que no es ni de lejos tan inteligente como se cree.

El hecho de que se cree mucho más listo de lo que en realidad es lo demostró cuando inició las negociaciones con ETA para intentar acabar con su terrorismo. No tengo dudas sobre su buena intención, pero le reprocho que pensara que iba a triunfar donde todos los anteriores presidentes democráticos habían fracasado. Estoy incluso convencido de que Franco lo había intentado, aunque no sé si sobre esto hay pruebas. El caso es que con la rabia de estos perros no se acaba con vacunas, sino con la inyección letal. Entiéndase que hablo metafóricamente: cuando digo vacunas quiero decir diálogo, y cuando digo inyección letal quiero decir medidas represivas.

No os molestéis (o hacedlo, si así gustáis) en intentar convencerme de que no se puede acabar con un grupo terrorista de forma meramente policial, porque es una tontería, y tenemos la prueba irrefutable de los GRAPO, de los que ya, por suerte, no se oye hablar.

Zapatero, creyéndose más listo que el hambre, pensó que podía acabar con ETA dialogando con ella, para asegurarse así unas cuantas mayorías absolutas en España (no, no lo hizo por nuestro bien, tampoco es tan bueno como él cree ser). Sin embargo, le agradezco que haya intentado dar al proceso más transparencia que la acostumbrada, planteando al Congreso la decisión de iniciar los contactos. Un Gobierno puede equivocarse, como es lógico, pero es bueno que al menos haga partícipe de sus equivocaciones a quienes vamos a pagarlas, ya se fije el precio en euros o en hemoglobina.

Todo esto viene a cuento por una noticia que acabo de conocer: el ex Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair, se ofreció para reunirse con el IRA personalmente en cuatro ocasiones, para ver si podía acabar con su barbarie de forma dialogada. Ignacio Escolar comenta el asunto en forma de reticencia (frase sin acabar, para que el receptor la complete con sus propios pensamientos), con la siguiente forma: Si esto hubiese pasado en España…

Me ha llamado poderosamente la atención el comentario número 6, de un tal píter, que dice entre otras cosas:

EL SECRETO, esa es la clave. Si funciona siempre hay tiempo y razones para hacerlo público. Si no, secreto de estado y a otra cosa, mariposa.

Es decir, si lo he entendido bien: la política no es para la gente. Es para los políticos. La función de la gente, parafraseando una frase de la inmortal serie Búscate la vida (probablemente la mejor comedia seriada que se ha emitido nunca por televisión), es pagar impuestos y morir. Y votar, que no es sino otra forma de pagar impuestos y de morir.

La idea ni siquiera es nueva: en la antigua Grecia, inventora de la democracia, los esclavos no votaban. Con las restauraciones democráticas del siglo XIX en Europa, muchos pensaban que a los pobres no había que dejarlos votar, porque no sabían lo que hacían. El voto y el mandato eran para los ricos.

Hoy a los esclavos se nos permite votar, aunque muchos de nosotros aún piensan que no debemos saber. Una vez que hemos creado un sistema educativo que nos adoctrine a gusto, nos dejan ir a echar el papelito cada cuatro años. Pero que no sepamos lo que se hace con él.

El comentario en cuestión tiene, entre votos a favor y en contra, un balance positivo de 43. La gente está muy de acuerdo con esa opinión. Llamadme paranoico, pero no me extraña nada.

Actualización: He borrado una frase que podía dar lugar a malentendidos. Y piensa por ti mismo, vía Menéame.

Diez mil

16 de March de 2008

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Esto no va a ser una crítica cinematográfica, ni por supuesto una retahíla de las incoherencias y anacronismos que pueblan esta película, entre otras cosas porque me parecería como quitarle un caramelo a un niño pequeño. Y además, qué diablos, como película palomitera está muy bien: muchas persecuciones y luchas, todos los buenos se salvan y todos los malos sufren una muerte horrible. Para eso se inventó el cine.

Pero me sirve de pretexto para comentar una serie de cosillas que me han llamado la atención de esta película, y algunas otras cosas que me han rondado la cabeza siempre, en torno al cine y a los símbolos, porque siempre me he sentido obsesionado por la idea de que el cine nos influye muchísimo más de lo que pensamos. O a lo mejor es que solo me sucede a mí. La existencia real es demasiado fea, y me gustaría vivir las aventuras y los amores que se viven en la gran pantalla. Vuélvase a leer la última frase del párrafo anterior.

No esperaba encontrarme con un mensaje racista tan evidente. Puede que me esté volviendo demasiado paranoico y que mi cerebro se esté derritiendo a velocidad mayor que la deseable, pero así me lo ha parecido. La protagonista de este cuento tiene los ojos azules. Es la única de la película. Y por si alguien no se percata a la primera, se la conoce como «Ojos Azules». Los buenos son todos unos caucásicos adonis de pelo rasta y piercings posmodernos, que van por el mundo visitando a los asombrados habitantes negros del norte, que los adoran como a sus salvadores, y van tuneados como estrellas del hip hop neoyorquino. Los blancos, inmediatamente, se convierten en los líderes de los negros y los guían hacia la salvación, cual arios pastores.

Los malos son unos arabescos rufianes a lo Al Qaeda, sin sentimientos y con turbantes. Son cazadores de esclavos para el faraón egipcio, que según la película ya construía pirámides hace 12.000 años. Son unos 6.500 años antes que las primeras pirámides que conocemos, pero en fin, dije que no iba a meterme demasiado con los anacronismos. ¿He llegado a decirlo?

No sé, es la impresión que me ha dejado la película. ¿Alguien la ha visto? ¿Os dado la misma impresión o es paranoia mía? Tal vez deba empezar a dedicarme otra vez a la vida alegre: consumir más y darle menos vueltas a la maquinaria que hay entre las orejas. De todas formas, la película, como ya he dicho, está bastante entretenida, y una cinta donde aparezcan imágenes de la prehistoria, tigres de dientes de sable y mamuts siempre tendrá a un servidor en la cola para pagar la entrada.

Un par de observaciones más, en su mayor parte lingüísticas: como suele suceder en este tipo de cine hollywoodiense, el reducido grupo caucásico protagonista no hace nada por aprender el idioma de las decenas de miles de hombres de piel más oscura que los siguen. Ya aprenderán ellos. Y otra más sobre lingüística. Los protagonistas de la película hablan, tras el doblaje, en castellano, y en el original, seguro, en inglés, por unas pocas veces que he podido leerles los labios. Entonces, ¿por qué llaman a los mamuts manacs y no mamuts? Sí, sé que es para resaltar la importancia de estos impresionantes bichos para la tribu protagonista, pero me parece un absurdo de los de aquí te espero.

En esta película, como en casi todas, se empeñan en mostrar a nuestros antepasados como unos sucios botarates. Nos creemos que la higiene la hemos inventado nosotros con los champús. Cuanto más primitivos, más sucios, llevan el pelo revuelto y la cara siempre llena de polvo. Son casi animales. Siempre he pensado que esto constituye la mayor imbecilidad que ha inventado el séptimo arte. No solo tenemos la evidencia de que los animales normalmente cuidan su higiene todo lo que pueden (es una cuestión de supervivencia), sobre todo los mamíferos y las aves: los pájaros se dan un baño siempre que pueden, los elefantes se revuelcan en el barro para desparasitarse, y los felinos siempre están lavándose su pelaje. Quien tenga gato lo sabe. No es solo eso, decía. Si echamos un vistazo a las tribus indígenas que siguen viviendo hoy día casi como en la Edad de piedra, como los aborígenes australianos y amazónicos, veremos que siempre cuidan su aspecto hasta límites delirantes, a menudo llevan unos cortes de pelo exquisitos e incluso en muchas tribus es tradición depilarse todo el cuerpo en unas masoquistas sesiones de cuerda.

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No, amigos, la limpieza no la hemos inventado nosotros. Al contrario. Los seres humanos, especialmente su parte animal, siempre han tenido mucho cuidado de su aspecto. Es cuestión de higiene, por un lado, y por otro de interés reproductivo. Los únicos que dejamos que nuestros pelos y barbas crezcan sin ton ni son somos los modernos. El individuo que por desidia se abandona al engorde y a la suciedad delante de un ordenador es un invento muy de nuestros días.

Para compensar, supongo, este estereotipo del poco cuidado capilar de nuestros troglodíticos ancestros, hemos de destacar que una cosa buena sí tenían: un plan de cuidado dental que para mí querría yo.

Lucha

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1. Esto de los derechos es una cosa bastante extraña, tanto, que no sé por dónde voy a empezar este post.

Podemos decir, por ejemplo, que los derechos son una abstracción, y, como tal, no tienen existencia posible fuera de nuestros atormentados cerebros. Son como los números. El número tres, por ejemplo, no existe más que en nuestra imaginación. Podréis argumentar que hay tres planetas entre Marte y el sol (Mercurio, Venus y la tierra), pero lo que existen son los planetas, no el número. El 3 es simplemente una propiedad de estos tres planetas cuando se reúnen, y no podemos decir dónde se encuentra exactamente, si lo sacamos de nuestras arrugas cerebrales.

Del mismo modo, podemos decir que existe la vida, y podemos incluso intentar definirla, y saber dónde está, o al menos afirmar que se encuentra en algún lugar dentro de los límites físicos de los seres vivos. Pero no podemos decir dónde se encuentra el derecho a la vida.

Si no existiesen las personas, podría haber planetas, pero no el número 3. Y antes de las personas, la vida existía, pero no el derecho a la vida.

2. No estamos aún lo suficientemente emancipados. Creo que la gente debería votar con rabia y odio, pero no con el odio del hincha futbolístico sino con el de quien sabe que le han robado algo. Es decir: no odiar al PP ni al PSOE, ni siquiera a ANV, sino a la clase política. La gente suele ser muy generosa con la democracia que tenemos, que no está mal del todo, pero debería odiar más a los políticos. Como nos acordamos de Francisco Franco Bahamonde y de la madre que lo parió, tendemos a creer que los derechos que tenemos ahora son una magnánima dádiva de nuestros próceres. Pero, en realidad, no nos dan derechos, sino que nos devuelven los que nos han quitado.

Como los derechos son entes abstractos, igual que los números, su existencia o no depende de la existencia de nuestra especie, pero no de sus caprichos. Un monarca absoluto podría proclamar mediante un real decreto que el número 3 se compone de 4 elementos, pero estaría robando la verdad y la lógica. Por la misma razón, si un estado arrebata el derecho a la vida, o lo devuelve, solo está jugando con las armas de la irracionalidad. El derecho a la vida existe desde que existe el hombre, y morirá cuando el hombre deje de existir. Los tiranos lo pueden robar y luego devolver, pero no inventarlo ni derogarlo.

No podemos estar agradecidos a los políticos -ni a la democracia- por los derechos que nos han devuelto ya, sino odiarlos y luchar por los que aún nos tienen que devolver.

3. En el mundo animal no existen. La vida es más sencilla, aunque no más fácil: sobrevive el más apto, y el menos apto perece o queda subordinado a una vida de semiesclavitud. Ignoro si conocen la frustración, pero lo que es seguro es que no conocen la rabia y el odio que genera el robo de derechos. En nuestro mundo, el que creamos usando nuestro cerebro y nuestro lenguaje, la existencia de derechos es innegable, y por culpa de esto -y de los políticos y los medios de comunicación, con la colaboración de la gran masa inculta- creemos que no tenemos que hacer nada por preservarlos. Y ahí es donde nos equivocamos.

La conservación de nuestros derechos exige una lucha constante y un permanente estado de alerta. Los derechos que tenemos reconocidos ahora no son un regalo del estado, sino el fruto de decenas de siglos de lucha contra la explotación. Y la lucha no acaba nunca. El estado siempre va a intentar barrer para su casa, y lo seguirá consiguiendo si no ofrecemos oposición.

¿Cómo creéis que nos han colado esto del canon digital? Adormeciendo al personal. A fuerza de no sacarlo en los medios de comunicación. Imaginad si es necesario que la gente renuncie a luchar por sus derechos, que ni siquiera sacó el asunto Rajoy en el debate ante Zapatero, cuando era uno de los argumentos más claros que podía usar contra él y su autoconvicción de ser el defensor de la gente llana. Y lo del canon es simplemente uno de los ejemplos más obvios; podríamos hablar del derecho a la eutanasia, a tener una educación de calidad, a no llevar un carné de identidad en el bolsillo (que no es sino una forma de estar permanentemente fichado, como un delincuente). A que un agente de la Ley te deba respeto a ti, en lugar de tú a él. Y así podríamos seguir.

4. Sé que no estoy descubriendo nada nuevo, pero el sistema en el que vivimos está acercándose a la perfección absolutista. Las personas siguen teniendo un exiguo control sobre sus propias vidas, pero viven en la creencia de que gozan de unas libertades nunca antes imaginadas. Esto -me refiero a occidente- es el paraíso soñado de un dictador: le dejan hacer y deshacer a su antojo, y encima la gente está contenta y agradecida, pensando que ha conseguido derechos, como si los derechos se pudieran conseguir. Tenemos un gran partido único escindido en dos siglas al que votamos invariablemente, asumiendo la falta de alternativas.

Y los que tenemos que cambiar eso, los que tenemos que exigir la devolución de nuestros derechos, estamos podridos. Antes solo había medios de comunicación que nos machacaban la cabeza para que votásemos a su alternativa, mirando, como es lógico, su bien económico. Y ahora tenemos los blogs. Y ¿qué descubres cuando lees blogs de temática política? Que siguen defendiendo, en su inmensa mayoría, el apoyo al gran partido único, en cualquiera de sus dos siglas. Por el mal menor, por el voto útil, porque los otros son unos chorizos, por lo que sea. Se han convertido, también, en agentes al servicio de quienes nos robaron los derechos hace miles de años. «Hay que votar al PSOE para que no entren los otros, que pondrán la religión católica obligatoria»; «Hay que votar al PP, que si no el PSOE destruirá los derechos de los que hablan castellano». Ya habrá tiempo para votar a una opción que nos guste, ahora lo que hay que hacer es taparse la nariz y votar al menos malo. Pero ¿cuándo serán las elecciones en que consideremos que cada uno debe votar lo que le gusta? ¿En 2012, en 2016, en 2020?

Esto es lo mismo de siempre. Democracia 2.0: la misma mierda, pero con esquinas redondeadas y texto con reflejos de agua. Y los blogs eran lo que iba a democratizar la información, iban a expandir las mentes de la gente y les iban a hacer pensar y actuar con responsabilidad. Ya.

5. No te quedes ahí como un pasmarote pensando que he perdido el juicio y lucha. A tu manera. Piensa un poco, que a lo mejor algo de lo que acabas de leer tiene algún sentido. Háblalo con la gente. Escríbelo en tu blog. Los de siempre no dejan nunca de luchar. Y hace ya mucho que descubrieron la manera de que nosotros mismos les bailásemos el agua: adoctrinándonos en las escuelas. Con la religión, al principio, con el resto de las asignaturas, después (no solo con la Educación para la ciudadanía). Nos han enseñado a escribir y nos han dado banda ancha para que les hagamos la propaganda, y voto al diablo que lo están consiguiendo, viendo la proliferación de redes progresistas y rajoyistas.

Venga, a moverse.

Disclaimer: El editor de La Lengua no defiende la violencia física en casi ninguna de sus formas.

(Qué fácil es hacer filosofía barata un domingo por la tarde, y qué divertido, sobre todo cuando uno no tiene maldita la idea de lo que habla.)

Doce Meses, Una Mentira (de momento)

14 de March de 2008

La buena causa de Telecinco este mes de marzo es la lucha contra la piratería. Pero hay un problema: lo que Telecinco entiende por «piratería» no es lo que entiendo yo, ni tú, ni el Código penal ni los jueces, sino exclusivamente lo que opina un colectivo muy concreto de la sociedad: las entidades de gestión de derechos de autor. Dice la cadena en su web:

En los últimos años, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a programas y sites de intercambio de archivos y publicación de contenidos on-line han hecho posible que cualquier persona con un ordenador doméstico pueda descargar material sujeto a derechos de autor. Con el convencimiento de que este tipo de descargas constituyen un delito, Telecinco dedica su campaña de marzo de “12 meses, 12 causas” a luchar “Contra la piratería“.

Es muy importante decir cosas obvias para que parezca que la oración que viene a continuación es correcta e indiscutible. De hecho, es una de las falacias más extendidas en una sociedad tan aborregada como la que conforma el género humano. Leed otra vez:

En los últimos años, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a programas y sites de intercambio de archivos y publicación de contenidos on-line han hecho posible que cualquier persona con un ordenador doméstico pueda descargar material sujeto a derechos de autor.

Vamos a ver: la tecnología avanza. ¿Eso es malo? No. Cualquier persona con un ordenador se puede descargar material sujeto a derechos de autor. Esta última oración es la que debéis leer con más cuidado. ¿Es cierta? Sí. ¿Eso es ilegal? No. Porque lo dicen los jueces y la Fiscalía (1, 2, 3 y 4). Fijaos en que ni siquiera Telecinco llega a decir en ese texto que las descargas son ilegales -porque, de hecho, no lo son-, sino que puedes descargarte material sujeto a derechos de autor. Bueno, si enciendes la tele, también estás accediendo, siempre, a material sujeto a derechos de autor. Y nadie quiere prohibir la tele. Pero Telecinco, curiosamente, tiene el convencimiento de que “este tipo de descargas constituyen un delito” y de que hay que prohibirlas.

El problema es que una cosa no es delito porque alguien esté convencido de que es un delito, sino que una cosa es delito si así lo dice el Código penal. Yo tengo el convencimiento de que la música de David Bustamante es delictiva, pero eso no lo convierte en un delincuente. Y además, yo no tengo dinero para emitir un anuncio en televisión contra Bustamante, pero sí hay quien tiene dinero para hacer anuncios contra una parte numerosísima de la sociedad.

Pero es necesario que la gente se convenza a sí misma de que cuando se descarga de la red material con derechos de autor, sin ánimo de lucro, está haciendo algo mal. Y está robando. Es necesario llamarnos ladrones, para que tengamos mala conciencia cuando hacemos algo que es totalmente legal, y además bueno para la difusión de la cultura. Y todo esto, mientras pagamos el canon digital por copia privada. Que tiene narices la cosa.

Recordemos, una vez más, algunas citas del gran Noam Chomsky en el documental Manufacturing Consent (primera parte, segunda, con subtítulos en castellano):

«La propaganda es a la democracia lo que la violencia es a la dictadura. […]

»En un estado militar o feudal, o como diríamos hoy, totalitario, no importa mucho lo que piense el pueblo, porque tienes una porra sobre sus cabezas y controlas lo que hacen. Pero cuando el estado pierde su porra, cuando no puedes controlar al pueblo por la fuerza, y se puede oír la voz de la gente, tienes ese problema. Puede volver al pueblo tan curioso y arrogante que pierda la humildad necesaria para someterse a una norma civil, y debes controlar lo que piensan. Y la forma estándar para hacerlo es restaurar lo que en una época más honesta llamaban propaganda. Fabricación del consentimiento. Creación de las ilusiones necesarias. Varias formas de marginar al público en general, o de reducirles a la apatía de una forma u otra. […]

»Vivimos en una sociedad muy adoctrinada, donde las verdades elementales se entierran fácilmente. La gente tiene la capacidad de ver a través del engaño en que están atrapados, pero deben hacer el esfuerzo. […]

»Hay un pensamiento ampliamente extendido desde hace mucho tiempo de que es necesario encontrar formas de marginar y controlar a la gente en las sociedades democráticas. […]

»[En una democracia moderna] hay dos grupos diferentes. En el primer nivel de aproximación, la propaganda tiene dos objetivos, uno es lo que a veces llamamos “la clase política”. El 20% de la población que está relativamente educada, que se expresa más o menos bien, ejerce algún tipo de papel en la toma de decisiones, participa de alguna forma en la vida social, bien como directores, o directores culturales, como profesores, escritores, etc. Se supone que votan y que desempeñan algún papel en la forma en que funciona la vida económica, política y cultural. El consentimiento es crucial, así que el grupo debe ser cuidadosamente adoctrinado. Luego tenemos el 80% restante de la población, cuya función principal es recibir órdenes y no pensar, ni prestar atención a nada, y son los que normalmente pagan los gastos

La negrita es mía. El 20% que toma las decisiones son los políticos, la SGAE, Telecinco, es decir: el poder político, el económico y el llamado «cuarto poder» (los medios de comunicación). El 80% cuya función es recibir órdenes y pagar somos nosotros, sois vosotros.

Vía David Bravo.

You’re My Best Friend

Enlace al vídeo en YouTube

Música como todos los viernes:

Oh, you make me live
whatever this world can give to me.
It’s you, you’re all I see.
Oh, you make me live, now, honey,
oh, you make me live…

You’re the best friend
that I ever had.
I’ve been with you such a long time.
You’re my sunshine
and I want you to know
that my feelings are true.
I really love you.
You’re my best friend.

Ni eso hacemos bien

12 de March de 2008

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El otro día comentaba con unas compañeras de trabajo que España no es que sea el peor país del mundo, puesto que los hay mejores y peores. En eso no destacamos. Pero sí tenemos una peculiaridad: somos los únicos que estamos orgullosos de estar entre los peores, y no perdemos ocasión de presumir de ello.

(Recuerdo mi viaje de estudios a Austria en 3º de BUP, el actual 1º de Bachillerato, con mis compañeras de clase cantando a grito pelado las Sevillanas de las bragas en la puerta de la casa natal de Mozart en Salzburgo, mientras yo intentaba en vano confundirme con la ya confundida multitud.)

En fin, que vamos a enviar a Eurovisión al famoso Chikilicuatre, o como se escriba, y yo parezco el único de todo el país que no está sorprendido. ¿Por qué? Esto es lo que pasa cuando dejamos que mis compatriotas elijan. Llamadme antidemócrata y lo que queráis, pero no tenéis más que echar un vistazo a los que nos han gobernado democráticamente hasta ahora… Sí, ya veis que tengo razón.

Pero lo que me enerva es que ese tipo ni siquiera es un freak, sino una imitación barata. En este país tenemos monstruitos de la canción con mucha más calidad musical y con muchísimo más aire monstruoso que el chico ese de las patillas. Y aquí os dejo, simplemente, los tres primeros ejemplos que se me han venido a la mente (si estás leyendo esto en un lector de feeds y no puedes acceder a las canciones, visita la página):

El payo Juan Manuel

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Empezamos con este inmortal artista de la rumba, este trovador incomprendido que en estos tiempos liberticidas no habría podido publicar sus obras maestras. Yo lo habría enviado con su canción insignia, «No te modernices», un canto a las buenas costumbres, a la pata quebrada y un bofetón -literal- en todos los morros de estos tiempos descafeinados de leyes paritarias:

Qué pasa contigo, tía,
vaya un cambio que has pegao,
pues bebes tintorro en bota
y más porros que un drogao.
Sales de casa a las doce
de la noche pa ligar.
Y llevas metías en el bolso
pastillas de premamá…

La cogí del cuello, la tiré al colchón,
me lancé hacia ella y le di un palizón.

El caso es que las mujeres
todo lo saben hacer:
juegan al fútbol y al tenis,
y hasta torean también..
Ninguna cogen un pico
ni se ponen a currar,
a hacer ninguna autopista.
¡No saben las tías na!

José Ángel

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Para cambiar de tercio, nadie mejor que José Ángel. Al contrario que el payo Juan Manuel, este artista fue un adelantado a su tiempo, componiendo melodías y letras que sirven para escandalizar a todos: a Zapatero, a Rajoy, a Gabilondo y a Jiménez Losantos. ¿No te gustan los homosexuales? Pues yo lo soy. ¿No te gustan los cristianos? Pues también lo soy. Y no solo eso, sino que tengo el coraje y la hombría de confesárselo a la autora de mis días: «Madre, soy cristiano homosexual».

Quiero decir a todo el mundo,
especialmente a aquellas personas que nos marginan,
que nosotros los homosexuales somos personas como ellos verán.
Que no somos animales venidos del infierno.

Que ya llevamos en la vida una cruz muy grande
para que sobre ella nos tachen de retrasados.
Que piensen por un momento en la posibilidad
de tener un hijo homosexual.

Mi intención no es insultar,
sino que me acepten como una persona más.
por eso mi canción dice:
Madre, soy cristiano… homosexual.

Deme el Castellano

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Y como colofón a este circo, el irrepetible Deme el castellano, el rey de la canción melódica de las gasolineras, el hombre que mejor ha cantado al amor, al desamor y a la infidelidad. Un tipo de pelo en pecho que no tiene miedo de mostrar sus sentimientos, y que dice las cosas a la cara, sin florituras, como buen macho de la meseta. Una canción a las claras para hoy y para siempre: «No te lo consentiré».

Te puedes comprar anillos,
te puedes comprar pulseras,
te puedes comprar vestidos
y todo cuanto tú quieras.

Me puedes pedir la luna,
porque subiré a por ella,
y si tú quieres te traigo
ya de paso alguna estrella.

Pero lo que hoy me has pedido
no te lo consentiré,
aunque sea como me has dicho,
que solo será una vez.

Ha pasado por mi vida
solamente una mujer,
y no puedo compartirla,
nunca lo permitiré.

Porque yo
no te puedo consentir
de que tú hagas el amor
con cualquiera por ahí.

Porque yo
no te puedo consentir
que un hombre que no sea yo
penetre dentro de ti.

¡No te lo consentiré!

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