Llamadme paranoico

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Sigo dándole vueltas a lo mismo: esta es la dictadura perfecta. Un sistema de gobierno donde la gente acepta e incluso pide que cercenen sus libertades a cambio de no se sabe qué.

El Presidente del Gobierno en funciones y futuro Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene una gran virtud y un gran defecto que juegan a su favor y en su contra respectivamente. La gran virtud es que no es ni mucho menos tan tonto como piensan sus adversarios (ahí lo tenéis, cuatro años después, con todo su aspecto de no saber ni dónde está, con una mayoría renovada y reforzada en el Parlamento). El gran defecto es que no es ni de lejos tan inteligente como se cree.

El hecho de que se cree mucho más listo de lo que en realidad es lo demostró cuando inició las negociaciones con ETA para intentar acabar con su terrorismo. No tengo dudas sobre su buena intención, pero le reprocho que pensara que iba a triunfar donde todos los anteriores presidentes democráticos habían fracasado. Estoy incluso convencido de que Franco lo había intentado, aunque no sé si sobre esto hay pruebas. El caso es que con la rabia de estos perros no se acaba con vacunas, sino con la inyección letal. Entiéndase que hablo metafóricamente: cuando digo vacunas quiero decir diálogo, y cuando digo inyección letal quiero decir medidas represivas.

No os molestéis (o hacedlo, si así gustáis) en intentar convencerme de que no se puede acabar con un grupo terrorista de forma meramente policial, porque es una tontería, y tenemos la prueba irrefutable de los GRAPO, de los que ya, por suerte, no se oye hablar.

Zapatero, creyéndose más listo que el hambre, pensó que podía acabar con ETA dialogando con ella, para asegurarse así unas cuantas mayorías absolutas en España (no, no lo hizo por nuestro bien, tampoco es tan bueno como él cree ser). Sin embargo, le agradezco que haya intentado dar al proceso más transparencia que la acostumbrada, planteando al Congreso la decisión de iniciar los contactos. Un Gobierno puede equivocarse, como es lógico, pero es bueno que al menos haga partícipe de sus equivocaciones a quienes vamos a pagarlas, ya se fije el precio en euros o en hemoglobina.

Todo esto viene a cuento por una noticia que acabo de conocer: el ex Primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair, se ofreció para reunirse con el IRA personalmente en cuatro ocasiones, para ver si podía acabar con su barbarie de forma dialogada. Ignacio Escolar comenta el asunto en forma de reticencia (frase sin acabar, para que el receptor la complete con sus propios pensamientos), con la siguiente forma: Si esto hubiese pasado en España…

Me ha llamado poderosamente la atención el comentario número 6, de un tal píter, que dice entre otras cosas:

EL SECRETO, esa es la clave. Si funciona siempre hay tiempo y razones para hacerlo público. Si no, secreto de estado y a otra cosa, mariposa.

Es decir, si lo he entendido bien: la política no es para la gente. Es para los políticos. La función de la gente, parafraseando una frase de la inmortal serie Búscate la vida (probablemente la mejor comedia seriada que se ha emitido nunca por televisión), es pagar impuestos y morir. Y votar, que no es sino otra forma de pagar impuestos y de morir.

La idea ni siquiera es nueva: en la antigua Grecia, inventora de la democracia, los esclavos no votaban. Con las restauraciones democráticas del siglo XIX en Europa, muchos pensaban que a los pobres no había que dejarlos votar, porque no sabían lo que hacían. El voto y el mandato eran para los ricos.

Hoy a los esclavos se nos permite votar, aunque muchos de nosotros aún piensan que no debemos saber. Una vez que hemos creado un sistema educativo que nos adoctrine a gusto, nos dejan ir a echar el papelito cada cuatro años. Pero que no sepamos lo que se hace con él.

El comentario en cuestión tiene, entre votos a favor y en contra, un balance positivo de 43. La gente está muy de acuerdo con esa opinión. Llamadme paranoico, pero no me extraña nada.

Actualización: He borrado una frase que podía dar lugar a malentendidos. Y piensa por ti mismo, vía Menéame.

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