Doce Meses, Una Mentira (de momento)
La buena causa de Telecinco este mes de marzo es la lucha contra la piratería. Pero hay un problema: lo que Telecinco entiende por «piratería» no es lo que entiendo yo, ni tú, ni el Código penal ni los jueces, sino exclusivamente lo que opina un colectivo muy concreto de la sociedad: las entidades de gestión de derechos de autor. Dice la cadena en su web:
En los últimos años, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a programas y sites de intercambio de archivos y publicación de contenidos on-line han hecho posible que cualquier persona con un ordenador doméstico pueda descargar material sujeto a derechos de autor. Con el convencimiento de que este tipo de descargas constituyen un delito, Telecinco dedica su campaña de marzo de “12 meses, 12 causas” a luchar “Contra la piratería“.
Es muy importante decir cosas obvias para que parezca que la oración que viene a continuación es correcta e indiscutible. De hecho, es una de las falacias más extendidas en una sociedad tan aborregada como la que conforma el género humano. Leed otra vez:
En los últimos años, el desarrollo de las nuevas tecnologías y la facilidad de acceso a programas y sites de intercambio de archivos y publicación de contenidos on-line han hecho posible que cualquier persona con un ordenador doméstico pueda descargar material sujeto a derechos de autor.
Vamos a ver: la tecnología avanza. ¿Eso es malo? No. Cualquier persona con un ordenador se puede descargar material sujeto a derechos de autor. Esta última oración es la que debéis leer con más cuidado. ¿Es cierta? Sí. ¿Eso es ilegal? No. Porque lo dicen los jueces y la Fiscalía (1, 2, 3 y 4). Fijaos en que ni siquiera Telecinco llega a decir en ese texto que las descargas son ilegales -porque, de hecho, no lo son-, sino que puedes descargarte material sujeto a derechos de autor. Bueno, si enciendes la tele, también estás accediendo, siempre, a material sujeto a derechos de autor. Y nadie quiere prohibir la tele. Pero Telecinco, curiosamente, tiene el convencimiento de que “este tipo de descargas constituyen un delito” y de que hay que prohibirlas.
El problema es que una cosa no es delito porque alguien esté convencido de que es un delito, sino que una cosa es delito si así lo dice el Código penal. Yo tengo el convencimiento de que la música de David Bustamante es delictiva, pero eso no lo convierte en un delincuente. Y además, yo no tengo dinero para emitir un anuncio en televisión contra Bustamante, pero sí hay quien tiene dinero para hacer anuncios contra una parte numerosísima de la sociedad.
Pero es necesario que la gente se convenza a sí misma de que cuando se descarga de la red material con derechos de autor, sin ánimo de lucro, está haciendo algo mal. Y está robando. Es necesario llamarnos ladrones, para que tengamos mala conciencia cuando hacemos algo que es totalmente legal, y además bueno para la difusión de la cultura. Y todo esto, mientras pagamos el canon digital por copia privada. Que tiene narices la cosa.
Recordemos, una vez más, algunas citas del gran Noam Chomsky en el documental Manufacturing Consent (primera parte, segunda, con subtítulos en castellano):
«La propaganda es a la democracia lo que la violencia es a la dictadura. […]
»En un estado militar o feudal, o como diríamos hoy, totalitario, no importa mucho lo que piense el pueblo, porque tienes una porra sobre sus cabezas y controlas lo que hacen. Pero cuando el estado pierde su porra, cuando no puedes controlar al pueblo por la fuerza, y se puede oír la voz de la gente, tienes ese problema. Puede volver al pueblo tan curioso y arrogante que pierda la humildad necesaria para someterse a una norma civil, y debes controlar lo que piensan. Y la forma estándar para hacerlo es restaurar lo que en una época más honesta llamaban propaganda. Fabricación del consentimiento. Creación de las ilusiones necesarias. Varias formas de marginar al público en general, o de reducirles a la apatía de una forma u otra. […]
»Vivimos en una sociedad muy adoctrinada, donde las verdades elementales se entierran fácilmente. La gente tiene la capacidad de ver a través del engaño en que están atrapados, pero deben hacer el esfuerzo. […]
»Hay un pensamiento ampliamente extendido desde hace mucho tiempo de que es necesario encontrar formas de marginar y controlar a la gente en las sociedades democráticas. […]
»[En una democracia moderna] hay dos grupos diferentes. En el primer nivel de aproximación, la propaganda tiene dos objetivos, uno es lo que a veces llamamos “la clase política”. El 20% de la población que está relativamente educada, que se expresa más o menos bien, ejerce algún tipo de papel en la toma de decisiones, participa de alguna forma en la vida social, bien como directores, o directores culturales, como profesores, escritores, etc. Se supone que votan y que desempeñan algún papel en la forma en que funciona la vida económica, política y cultural. El consentimiento es crucial, así que el grupo debe ser cuidadosamente adoctrinado. Luego tenemos el 80% restante de la población, cuya función principal es recibir órdenes y no pensar, ni prestar atención a nada, y son los que normalmente pagan los gastos.»
La negrita es mía. El 20% que toma las decisiones son los políticos, la SGAE, Telecinco, es decir: el poder político, el económico y el llamado «cuarto poder» (los medios de comunicación). El 80% cuya función es recibir órdenes y pagar somos nosotros, sois vosotros.
Vía David Bravo.

14 de Marzo de 2008 a las 14:28
Yo siempre he tenido la secreta convicción de que Blade Runner, y Matrix, acertaron mucho más de lo que la gente se cree. Y no por la parafernalia futurista, sino por presentar a una sociedad completamente alienada y adoctrinada. Y a la que es imposible hacer cambiar.
17 de Marzo de 2008 a las 18:43
Como me dijo el gran Iñaki (Rusadir) lo próximo será la revolución de las clases medias, hartas de que los ricos roben impunemente (es el caso que nos ocupa) y de que a muchos pobres o supuestos pobres se les regalen pagas y casas.