Ars longa, vita brevis

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31 de March de 2008

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Actualización: Menea, menea…

Hace unos años, viendo un documental sobre la vida del sorprendente artista Robert Crumb, me llamó la atención entre muchas otras cosas la siguiente afirmación que soltó, entristecido, viendo a unos jóvenes: «La gente hoy en día va por la calle como anuncios andantes».

Esto me hizo pensar y alcanzar la luz, como tantas veces me ocurre (estoy últimamente de un mesiánico insoportable, soy consciente y os pido perdón por ello). Resulta que como en tantas otras cosas, en el tema de las marcas empresariales vivimos totalmente hipnotizados. Somos estúpidos. Y hay bastante gente haciéndose rica a costa de nuestra estupidez. ¡Y esto ya está durando demasiado!

Hoy les he dicho a mis alumnos –no recuerdo a cuento de qué– lo siguiente: «Voy a abrir una tienda de galletas. La llamaré ‘Galletas de Elías’. Entonces voy a imprimir unas camisetas donde se lea bien grande ‘Galletas de Elías’, me dais dinero y os las doy para que me vayáis haciendo publicidad por ahí. ¿Hace?»

Me han mirado como a un loco y me han dicho que una eme, que si quiero que me hagan publicidad, que les pague yo a ellos. ¡Qué descaro! «¿Y entonces esa camiseta con el felino rampante te la ha regalado la marca Puma y te ha dado dinero por llevarla?»

(Ya recuerdo a cuento de qué venía: el alumno en cuestión me estaba enseñando su flamante camiseta Puma nueva.)

Ya, ya sé que la lógica del asunto no es la misma. Llevar una camiseta con un puma gigante en medio denota riqueza, ya que esas camisetas son caras. Igual que las zapatillas deportivas con el símbolo de Nike, los suéteres con un enorme Dolce & Gabbana en medio o los ordenadores con una estúpida manzana en la carcasa, y reconozco que tengo un MacBook, y se me ha colgado varias veces, incluida una ocasión en que me frió el disco duro y perdí toda la información almacenada en él. Cuando ostentamos una marca en una prenda de ropa, en un ordenador, en la estrellita de nuestro coche, lo que estamos diciendo es que nos podemos permitir lujos que no todo el mundo puede pagar. Estamos tan vacíos que lo mejor que podemos decir de nosotros mismos es que nuestras cuentas corrientes están saneadas.

Lo peor es que esto, encima, no suele ser así. La gente ahorra durante meses y se priva de muchas cosas para comprarse la camiseta con el logo más grande que pueda encontrar. Cuanto más pobre sea uno, más quiere que se vea: la prueba está en los mercadillos donde compran –compramos– los pobres, donde las prendas de más éxito son las que falsifican el enorme símbolo de la marca tal o cual. Cuanto más grande sea el símbolo, más se vende. No buscamos la calidad, ni siquiera la imitación de la calidad, sino la imitación de la ostentación. Preferimos unas gafas Ray Ban falsas de veinte euros que unas gafas de veinte euros que de verdad nos protejan de los rayos malignos del astro soberano. A mayor pobreza, mayor ostentación. Pero mira los zapatos de un rico: no verás, seguramente, ninguna marca diferenciable en ellos, pero cuestan lo que tu sueldo de un mes.

Los ricos no son tontos. Pueden ser despreciablemente inmorales, pero de tontos no tienen un pelo. De lo contrario, no serían ricos. Los tontos somos los que les compramos sus productos sobrepreciados queriendo inútilmente parecernos a ellos. No queremos vivir como ellos, sino que la gente lo piense. Para lograrlo aumentamos aún más nuestra pobreza gastando el dinero en su basura.

Queridos lectores: si Nike quiere utilizarme como un anuncio ambulante, que me pague. Si Steve Jobs quiere que coloque en mi coche las pegatinas de la manzana que venían con mi MacBook, que me llame –preferentemente por las tardes– y convendremos un precio.

Llevad vuestra pobreza con dignidad, y no os convirtáis en una patética y paleta imitación de nuevo rico haciéndoles propaganda gratis a los que de verdad lo son.

De acomplejados y jueces

30 de March de 2008

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¿Qué tiene que hacer un hombre en este país para que lo metan en la cárcel? Me imagino a Santiago del Valle pensando eso cuando la policía lo interrogó sobre la pequeña Mari Luz Cortés, a la que había asesinado. Ya lo habían condenado dos o tres veces por varios delitos sexuales contra menores –entre ellos su propia hija–, pero nadie lo había encerrado. Ni siquiera la policía cuando lo interrogó. Tampoco cuando se presentaba en el juzgado cada quince días.

Ahora sí está entre rejas, aunque creo que quizás lo más adecuado para él sería un largo internamiento en un centro psiquiátrico. ¿Cómo de mal de la cabeza hay que estar para sentirse atraído por niñas pequeñas, para forzarlas, llegando a cometer el crimen contra una hija suya? Pero esta no es la cuestión: la cuestión es que un hombre que había sido condenado por violación hacía su vida tranquilamente en libertad, sea la culpa de quien sea, y eso nos ha costado una pequeña vida inocente.

Los españoles somos unos acomplejados. Lo peor que nos dejó la dictadura de Franco no son las estúpidas placas, estatuas y nombres de calles, que para determinadas personas son el enemigo público número uno. Lo peor es que todos esos años de misa obligatoria, durísimas represiones, garrote vil y presos de conciencia nos han hecho que con la democracia nos pasemos de frenada y las calles estén llenas de gente que constituye un peligro mortal para el prójimo, para su vida y sus posesiones. Parece como si quisiéramos compensar a los criminales de ahora por las víctimas inocentes del franquismo. Se parece a la bobada esa de que yo tenga que pedir perdón a alguien por lo que un antepasado compatriota mío le hizo a un antepasado compatriota suyo (me refiero a algunos salvapatrias latinoamericanos, por ejemplo). Parece una locura, ¿no?

A nadie le gusta la cárcel, y a todos nos gusta la reinserción. Pero lamentablemente, la reinserción parece imposible en algunos casos, y no tenemos una solución mejor que tener al individuo controlado. Y las cárceles deben mejorar, por supuesto, porque son inhumanas; pero cuando una persona ha matado a alguien, o roba y tiene intención de seguir haciéndolo, no tenemos más remedio que protegernos de él. Y la forma más humana de hacerlo es una buena cárcel. Una cárcel donde pueda pagar su deuda con la sociedad, trabajando, estudiando, haciéndose una persona de provecho y toda esa palabrería que se dice siempre. Pero una cárcel.

El español sigue teniendo complejo de esclavo, y no me refiero solamente a la querencia que le tiene a la Familia Real, que es simplemente otra de las familias que vive de fábula a costa de los Presupuestos generales del Estado (los Botín, los Ortega, los Koplovitz, los Polanco, no tienen asignaciones directas, pero sí leyes que los benefician y decisiones gubernamentales que los enriquecen). La mentalidad del esclavo es la que tiene aún ese respeto ancestral a las fuerzas de seguridad, a los jueces y a los políticos (y, en menor medida, a los sacerdotes). No hemos llegado a entender que los policías son nuestros sirvientes (no al revés), que los políticos nos deberían obedecer (no al revés), que los jueces deberían ser el instrumento que tiene la sociedad para administrar su justicia.

No. Seguimos pensando que los jueces deben ser el arma que tienen los ricos para quitar de en medio a los pobres que se saltan el orden natural de las cosas. Todo el mundo sabe que hay muy pocos ricos en la cárcel, y eso que yo pienso que delinquen al menos con la misma frecuencia que los pobres, si no más. Les seguimos profesando ese miedo arcano y les llamamos «señoría» mientras nos regañan como si fuéramos niños pequeños, hacen y deshacen nuestras vidas a favor del rico o del Estado utilizando su incomprensible jerga, y nos parece bien.

Se creen intocables y dejan en libertad a monstruos que después nos matan.

La horrible verdad

29 de March de 2008

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Haz clic sobre la imagen para verla a tamaño completo. Si nunca has jugado a Super Mario Bros., nunca lo entenderás. Si lo has jugado… hoy es el fin de tu infancia.

Visto aquí, vía Digg.

Take the Power Back

28 de March de 2008

Enlace al vídeo en YouTube

The rage is relentless
We need a movement with a quickness
You are the witness of change
And to counteract
We gotta take the power back

Yeah, we gotta take the power back
Come on, come on!
We gotta take the power back

El vídeo no vale gran cosa, y diría que lo ha hecho algún aficionado con más voluntad que maestría. Pero ya sabéis, lo que importa es el mensaje: tenemos que recuperar el poder. Y si esto no os motiva lo suficiente, ahí va otra píldora del mismo disco:

Enlace al vídeo en YouTube

Fuck you, I won’t do what you tell me!
Fuck you, I won’t do what you tell me!
Fuck you, I won’t do what you tell me!
Fuck you, I won’t do what you tell me!

Motherfucker!

Network (y III)

27 de March de 2008

Enlace al vídeo en YouTube

Las palabras que pongo en cursiva a continuación son pronunciadas en la película por el personaje Howard Beale justo antes de lo que sale en el vídeo sobre estas líneas. Cuando vuelvo al tipo de letra redondo, es la traducción de lo que podéis oír en él.

¡Edward George Ruddy ha muerto hoy! Edward George Ruddy era el jefe del Consejo Directivo de la Unión de Sistemas de Televisión y murió esta mañana a las 11 en punto por un problema cardíaco. ¡Ay de nosotros!, tenemos un grave problema.

Porque… un hombrecito de pelo blanco ha muerto.

¿Y qué tiene eso que ver con el precio del arroz? ¿Y por qué «ay de nosotros»?

Porque vosotros, los del público, y otros 62 millones de estadounidenses me estáis escuchando en este mismo momento.

Porque menos del 3% de vosotros lee libros. Porque menos del 15% de vosotros lee periódicos. Porque la única verdad que conocéis os llega a través de esta pantalla.

Ahora mismo, hay una generación entera que nunca ha sabido nada que no viniese de esta pantalla. ¡Esta pantalla es la palabra de Dios! ¡La revelación final!

Esta pantalla puede poner y derrocar presidentes, papas, primeros ministros. Es la condenada fuerza más poderosa de este mundo sin dios. Y ay de nosotros si cae en las manos de la gente equivocada. Por eso «ay de nosotros» ya que Edward George Ruddy ha muerto. Porque esta compañía está ahora en manos de la CCA, la Corporación de Comunicación de los Estados Unidos. Hay un nuevo jefe del Consejo Directivo, un hombre llamado Frank Hackett, sentado en la oficina del Sr. Ruddy en la planta número 12. Y cuando la 12ª empresa más grande del mundo controle la maldita fuerza más increíble de propaganda de todo el mundo sin dios, quién sabe qué mierda os venderán en esta cadena de televisión como «la verdad».

Así que escuchadme. Escuchadme.

La televisión no es la verdad. La televisión es un maldito parque de atracciones. La televisión es un circo, un carnaval, una troupe de saltimbanquis, cuenta cuentos, bailarines, cantantes, malabaristas, freaks, domadores de leones y jugadores de fútbol.

Nuestro negocio es matar el aburrimiento. Así que si queréis la verdad, id a Dios. Id a vuestros guías espirituales. Id a vosotros mismos.

Porque ese es el único lugar donde encontraréis alguna vez una verdad real. Pero tío, nunca vas a obtener ninguna verdad de nosotros. Nosotros te diremos cualquier cosa que quieras oír. Mentimos como cabrones. Te diremos que Kojak siempre atrapa al asesino, y que nadie muere nunca de cáncer en la casa de Archie Bunker. No importa cómo de mal lo esté pasando el héroe, no te preocupes. Simplemente mira el reloj. Cuando acabe la hora habrá ganado. Te contaremos cualquier mierda que quieras oír.

Nosotros mercadeamos con ilusiones, tío. Ninguna de ellas es real.

Pero vosotros, televidentes, os sentáis ahí, día tras día, noche tras noche, de todas las edades, de todas las razas, de todos los credos. Somos todo lo que conocéis. Estáis empezando a creer las ilusiones que nosotros fabricamos. Estáis empezando a pensar que la televisión es la realidad y que vuestras vidas son ilusiones.

Hacéis todo lo que la televisión os dice que hagáis. Os vestís como en la tele, coméis como en la tele, criáis a vuestros hijos como en la tele, pensáis como la tele. ¡Esto es una locura colectiva, maníacos! ¡Por el amor de Dios, gente, vosotros sois la realidad! ¡Nosotros somos la ilusión!

Así que apagad vuestros televisores. Apagadlos ahora.
¡Apagadlos ya! Apagadlos ya y dejadlos apagados.
Apagadlos en la mitad de esta frase que estoy diciendo.
Apagadlos.

Pensad un poco, y comentad, si todavía queda alguno de los lectores habituales del blog esperando a ver cómo acabo de perder la razón. Me gustaría saber vuestras opiniones. En la opinión del que escribe esto, estos monólogos son los mejores que he oído en cualquiera de las películas que he visto jamás. Y la película, ¿la habéis visto ya? Hacedlo. Y después levantaos del ordenador y desconectaos de internet. Desconectaos. Desconectaos ya. Desconectaos en la mitad de la frase que estáis leyendo ahora mismo.

Y volved mañana, que es viernes y toca música, y será un tema bastante relacionado con estos últimos posts. Ya tengo pensado el que voy a poner, pero si se os ocurre alguno, acepto sugerencias en los comentarios.

En La Lengua:

Network (II)

26 de March de 2008

Seguimos con la trilogía de citas de la fantástica película Network (ver el primer post). Debajo de estas líneas tenéis el vídeo (enlace a YouTube), y aunque no sepáis inglés, el que no se emocione con la interpretación de Peter Finch (que recibió un Oscar por esta película) es que no tiene corazón.

No hace falta que os diga que las cosas van mal. Todo el mundo sabe que las cosas van mal. Es una recesión. Todo el mundo está en paro, o tiene miedo de perder su trabajo. El dólar no vale casi nada. Los bancos están quebrando. Los dependientes de las tiendas guardan una pistola bajo el mostrador.

Los punks están desatados, y nadie sabe qué hacer. No parece tener fin.

Sabemos que el aire es nocivo para la salud, y también la comida.

Nos sentamos a ver la tele y las noticias locales nos cuentan que hoy hemos tenido 15 homicidios y 63 crímenes violentos, como si eso fuera lo normal. Sabemos que las cosas van mal. Peor que mal. Demencialmente mal.

Todo se está saliendo de madre, así que ya no salimos a la calle. Nos sentamos en casa, y el mundo en el que vivimos se va haciendo más pequeño. Todo lo que decimos es «Por favor, que nos dejen en paz aunque sea en nuestros salones. Dejadme con mi tostadora y con mi tele y con mi radio y no diré nada. Solo dejadnos tranquilos.»

Muy buen, pues yo no os voy a dejar tranquilos. ¡Quiero que os volváis locos de rabia! No quiero que os manifestéis ni que provoquéis disturbios. No quiero que escribáis a vuestro congresista, porque no sabría qué deciros que escribáis. No tengo ni idea de lo que hacer con la recesión, ni con la inflación, ni con los rusos¹, ni con los crímenes. ¡Lo único que sé es que tenéis que cabrearos de la hostia!

Tenéis que gritar «¡Soy un ser humano, maldita sea! ¡Mi vida es valiosa!»

Así que… quiero que ahora os levantéis. Lo único que os pido es que os levantéis de vuestras sillas. Quiero que vayáis directos a la ventana, la abráis y saquéis la cabeza, y gritéis: «¡Estoy la hostia de cabreado y no pienso seguir aguantando!»

Quiero que os levantéis ahora mismo y saquéis la cabeza por la ventana y gritéis: «Estoy la hostia de cabreado y no pienso seguir aguantando!»

Y luego ya habrá tiempo de pensar qué hacer con la recesión, la inflación y la crisis del petróleo. Pero primero quiero que os levantéis, abráis la ventana, saquéis la cabeza y gritéis: «Estoy la hostia de cabreado y no pienso seguir aguantando!» Las cosas pueden cambiar, pero primero os tenéis que volver locos. Tenéis que gritar: «¡Estoy la hostia de cabreado y no pienso seguir aguantando!» Sacad la cabeza por la ventana. Abrid la ventana, sacad la cabeza y gritad: «¡Estoy la hostia de cabreado! ¡No pienso seguir aguantando!» Solo levantaos de las sillas ahora… y sacad la cabeza y gritad y seguid gritando…

Lo que sucede después en la película, y se ve en el vídeo, es que la gente en varias ciudades de los Estados Unidos sale a la ventana y empieza a gritar el mensaje de rabia del locutor.

Me pregunto si hoy en día, y aquí, en España, eso sería posible. Que la gente olvidara la vergüenza y saliera en actitud arrogante a gritar que está la hostia de cabreada y que no piensa seguir aguantando ni un minuto más. Me temo que no. Han conseguido lo que denuncia el bueno de Howard Beale: que nos quedemos en la seguridad de nuestro salón, viendo la tele o leyendo blogs y que nos dé miedo o vergüenza protestar. Los políticos, los bancos y los delincuentes no legales hacen con nosotros lo que quieren, pero no saldríamos a la ventana a gritar, por miedo a la vergüenza o a parecer locos. Es un gran triunfo de los poderes malignos. Nos da miedo no estar de moda, parecer desfasados o fuera de nuestros cabales. Preferimos aguantar unos intereses y comisiones abusivos antes que formar un escándalo en la cola del banco y que la gente piense que somos unos locos tacaños. Preferimos usar el voto útil antes que plantarnos en el colegio electoral y gritar: «¡Una mierda! ¡Estoy la hostia de cabreado! ¡No os vais a hacer ricos con mi voto, ni vosotros ni vuestros amigos, mangantes de pacotilla!» Tampoco lo gritamos en el banco ni en la oficina de Hacienda.

Nos dejamos hacer. Pensad un poco en ello. Y dejad comentarios, si os toca un poco la fibra, que os veo como dormidos.

(1) La alusión al peligro que representan los rusos puede que no la entiendan algunos de los lectores jóvenes. Se debe a lo siguiente: hasta principios de los años 90, no había una única superpotencia económica y militar en el mundo, sino dos, porque aparte de los Estados Unidos estaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Ambas potencias estaban enfrentadas, y el mundo llegó a temer que la Tierra quedaría destruida si se enfrentaban en una guerra abierta, dado que las dos tenían un arsenal atómico con un poder para destruir el planeta varias veces. A diferencia del capitalismo estadounidense, la Unión Soviética, que era especie de unión a la fuerza de pequeños países que después se hicieron independientes con Rusia que era la que en realidad manejaba el cotarro, basaba su sistema económico en el socialismo comunista. Los «rusos» eran vistos en Estados Unidos como una especie de alienígena diabólico que comía niños por las noches, y lo mismo sucedía a la inversa en la URSS, donde por ejemplo se prohibía comer chicle o vestir con vaqueros por considerarlo actitudes capitalistas y proamericanas. A través del cononialismo cultural de los EEUU, en varias partes del mundo se desarrolló una relativa aversión hacia los rusos, a fuerza de verlos de malos en las películas.

Si os parece un poco cándido este miedo a una guerra nuclear que no dejara más vida sobre la Tierra que las cucarachas y las bacterias, deberíais saber que el mismísmo presidente Ronald Reagan inició un programa de defensa para los EEUU conocido popularmente como la Guerra de las Galaxias, y basado en varias baterías de misiles colocados en tierra y en órbita en el espacio para defenderse de un posible ataque soviético. Después de la caída de la URSS se descubrió que el poder militar de los soviéticos era mucho menor de lo que alardeaban, y que bastante tenían si podían comer, los pobres. Y en fin, después de la caída de la Unión Soviética y su apertura al capitalismo, ya sabéis como están, con sus mafias y sus migraciones.

Network (I)

25 de March de 2008

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El otro día os hablé del documental Zeitgeist, que trata fundamentalmente sobre las mentiras que los políticos y los medios de comunicación nos hacen tragar a diario, y presumiblemente nos van a intentar seguir haciendo tragar. En el documental aparecen varias escenas de una película que me impresionaron.

La película es Network, de Sidney Lumet, y trata de los problemas que tiene una cadena de televisión cuando uno de sus locutores empieza a decir burradas en prime time. No voy a contar la película, porque debéis verla, pero los monólogos me han parecido tan buenos que me veo en la obligación de ir colgándolos aquí. Hago una traducción mía, porque no me gusta la de los subtítulos que he visto hoy.

Buenas noches. Hoy es miércoles, 24 de septiembre, y es mi última aparición en antena. Ayer anuncié que iba a suicidarme en directo. Sin duda, en un acto de locura.

Os contaré lo que me pasó. Simplemente me harté de todas las mentiras¹. ¿Estoy aún en el aire? Las mentiras son la razón que damos para vivir. Si no podemos aportar razones por nosotros mismos, tenemos la mentira de Dios.

… a través de todo este dolor sin sentido, esta humillación y decadencia, así que queremos que haya alguien en algún sitio que lo sepa todo. Esa es la mentira de Dios.

El hombre es una criatura noble que puede regir su propio mundo, ¿quién necesita a Dios? Si hay alguien que pueda mirar este matadero demencial que llamamos mundo y decir que el hombre es una criatura noble, creedme, quien diga eso está lleno de mierda.

Y he estado casado 33 años de estridente y patético fraude. Así que ya no me quedan mentiras. Se me han acabado las mentiras, ya veis.

(1) En el original, la palabra es bullshit, literalmente, «mierda de toro». La traducción más acertada podría ser «mierda sin sentido». Desgraciadamente, no hay una manera de traducirla al castellano y que siga conservando tanto su significado denotativo (mentiras) como el connotativo (la relación con la mierda).

Cartoon Wars

24 de March de 2008

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Nunca, NUNCA me compares con Padre de familia, ¿me oyes, Kyle? ¡Compárame con Padre de familia y te juro que te mataré donde te encuentres! ¿Tienes idea de cómo sienta eso? Vaya donde vaya: «Oye, Cartman, a ti tiene que gustarte Padre de familia, ¿a que sí?» «¡Hey, tu sentido del humor me recuerda a Padre de familia, Cartman!» ¡No me parezco en nada a Padre de familia! ¡Cuando hago alguna gracia, es inherente a la historia! ¡Profundas bromas de situación y emocionales basadas en lo que es relevante y tiene sentido, no simplemente una broma aleatoria intercambiable detrás de otra!

(Cartman a Kyle en «Cartoon Wars», primera parte, episodio de la serie de dibujos animados South Park.)

Los creadores de South Park acaban de poner a disposición del público la serie completa para verla por internet, gratis y de forma legal, por supuesto. Los episodios se pueden ver en alta calidad, aunque hay un inconveniente: están en inglés. Bueno, un inconveniente solo para quien no entienda el inglés. Yo considero que tengo un nivel medio alto y los entiendo perfectamente. De todas maneras, recordad que en España os podéis bajar los episodios legalmente con programas p2p y verlos en vuestra casa, mientras no ganéis dinero con ellos.

«Cartoon Wars» (enlace a la primera parte y a la segunda) es un episodio doble de esta serie, y he de decir que es probablemente el mejor episodio de cualquier serie de dibujos animados que he visto nunca. El argumento es como sigue: en un episodio de la serie Padre de familia (homenaje al típico recurso artístico del cine dentro del cine, o de la literatura dentro de la literatura, de lo que el primer genio fue Miguel de Cervantes) muestran una caricatura de Mahoma para ilustrar uno de los frecuentes flashbacks de Peter Griffin. Esto provoca una reacción mundial en contra de la serie, con protestas multitudinarias y violentas en varios países islámicos, e incluso un vídeo de Ayman al-Zawahiri diciendo que la serie no tiene gracia y amenazando con represalias si vuelve a producirse.
(more…)

You got chipped

Bosco durmiendo

Nos hicimos amigos y empezó a contarme un montón de cosas. Una noche me dijo:

«Va a pasar algo, Aaron, y cuando eso pase vamos a invadir Afganistán, y así podremos tender tuberías desde el mar Caspio, entonces iremos a Irak a coger el petróleo y a establecer una base en Oriente Medio, y luego iremos a Venezuela y nos libraremos de Chávez.»

Las dos primeras cosas ya han pasado, la otra no tuvo éxito. Y siguió diciendo:

«Vamos a ver a gente buscando en cuevas a personas que nunca van a encontrar.»

Se reía del hecho de que existe esta guerra contra el terror, y de que no hay ningún enemigo real. Hablaba sobre cómo en esta guerra contra el terror nunca puedes ganar, porque es una guerra eterna, así que puedes seguir quitándole libertades a la gente eternamente. Entonces yo le dije:

«¿Cómo vais a convencer a la gente de que esta guerra es real?»

Y él dijo: «Con los medios de comunicación. Los medios pueden convencer a la gente de que es real. Simplemente hablas sobre algo y lo sigues contando una vez, y otra, y otra, y al final la gente lo creerá. Ya sabes, los medios crearon en 1913 la Reserva Federal de los Estados Unidos mediante mentiras. Ellos crearon el 11 de septiembre, que fue otra mentira. Por medio del 11 de septiembre, entras en una guerra contra el terror que de repente te lleva a Irak, lo que era otra mentira, y ahora van a ir a por Irán.
»No es más que una cosa llevando a otra, que lleva a otra, que lleva a otra…

Yo le dije: «¿Por qué estás haciendo esto? ¿Cuál es la motivación? Tienes todo el dinero que podrías desear, todo el poder… Estás haciendo daño a personas. Eso no está bien.»

Él respondió: «¿Por qué te preocupas por la gente? Preocúpate de ti mismo y de tu familia.»

Entonces yo dije: «¿Cuál es el objetivo final?»

Respondió: «El objetivo final es que todo el mundo lleve un chip implantado bajo la piel. Y que todo el dinero y toda la información personal de la gente esté en esos chips. Y si alguno protesta por lo que hacemos o viola alguna de nuestras reglas, podremos sencillamente desconectarlo.»

Esto es un extracto de la conversación que mantuvieron un día el político y director de cine estadounidense Aaron Russo y el magnate Nicholas Rockefeller, de los Rockefeller de toda la vida, familia que desde hace décadas controla una cantidad ingente del dinero del mundo a través de negocios limpios y sucios (y sucios con apariencia de limpios). Esta conversación originó la ruptura de la amistad que mantenían.

El extracto lo obtuve de la película Zeitgeist, un filme creado sin ánimo de lucro y producido por un tal Peter Joseph. La cinta trata sobre cómo la creación y mantenimiento de mitos ha sido la herramienta más potente para controlar a la gente y quitarle su libertad. La podéis ver aquí con unos infames subtítulos en español, aunque si entendéis algo de inglés os recomiendo prescindir de ellos.

Si bien en Zeitgeist hay momentos en que la conspiranoia parece salir del sueño de un chimpancé borracho, y hay informaciones que yo diría que están manipuladas y espectacularizadas al más puro estilo de Michael Moore, hay otras que son ciertamente incontestables, y también se expone una serie de verdades que uno ya intuía desde hace bastante tiempo.

Está estructurada en tres partes: la primera, en la que se nos intenta convencer de que el cristianismo es una deformación del culto al dios Horus de la antigua religión egipcia (y, aunque tiene datos bastante curiosos, me parece la más flojita y delirante); la segunda, en que nos cuentan de forma bastante clara cómo casi todas las acciones exteriores e internas de los Estados Unidos han tenido una motivación económica para las grandes empresas, sin importar su costo en vidas humanas; y una tercera bastante chomskyana en que se nos habla de la importancia de los medios de comunicación en la creación y consolidación de mentiras que la gente ha de creer para aceptar que los gobiernos hagan con ellos lo que quieran.

Son dos horas de película, pero creo que si vivís en este mundo debéis sacar esas dos horas de donde podáis y verla.

Por cierto, los pasaportes y los nuevos carnés de identidad españoles ya incorporan esos chips. Siempre me ha llamado la atención una diferencia fundamental entre EEUU y España, que puede parecer bastante paradójica. En los Estados Unidos la ley tiene una fuerza arrolladora sobre la persona, hasta el punto de que puede incluso disponer de su vida mediante la pena de muerte. Creo que no es casualidad que a los jefes de policía aún se les llame sheriffs. Y en los nuevos tiempos, tras los atentados del World Trade Center, incluso han creado leyes que pueden hacer que te metan en un avión a Guantánamo y que te pases allí los próximos años de tu vida sin que tu familia sepa nada de ti, sin poder ver a un abogado, sin hacer una llamada telefónica. Sin derechos. Sin embargo, esto que tenemos aquí de llevar permanentemente una tarjeta con tu información personal y tu fotografía, y que puedan hasta multarte si un agente de la autoridad te pide que te identifiques y no lo llevas encima, es algo que difícilmente les entra en la cabeza, al menos de momento. Nosotros lo tenemos totalmente asimilado. Y me preocupa que a nadie parezca importarle eso, que el estado tenga el derecho de pedirte en cualquier momento que te identifiques como si fueras un perrito que tiene que dar la pata cuando se le da una orden. En fin, pensad un poco en ello si tenéis un rato.

Por cierto, ya hay varias familias en EEUU que han pedido que se les implanten esos chips, conocidos como chips RFID (chips de identificación por radiofrecuencia). Incluso creo que bastantes de vosotros hayáis pensado algún día tonto que no estaría mal que los niños pequeños los llevaran, para evitar pérdidas y secuestros. Como el chip que lleva mi perro, vaya.

Visto de sopetón, el documental parece bastante más paranoico de lo que incluso una persona como yo está dispuesta a aceptar. Y tiene fallos de argumentación evidentes. Pero luego uno echa la vista atrás y ve lo que ha ocurrido estos últimos años, lo que ha ocurrido siempre. Vietnam, el 11 de septiembre, Guantánamo, el Patriot Act. Hasta lo del canon digital. Así por lo bajini, a base de engordarnos las neuronas con programitas tontos de baile en televisión y con la manipulación de los medios de comunicación –todos–, nos van colando goles uno por uno no sin darnos cuenta, pero sí sin que protestemos casi. Lo último por lo que nos hemos movido ha sido por la guerra en Irak, y aun así, si no es por el 11 de marzo, el PP habría vuelto a ganar. Lo vamos aceptando en una situación kafkiana, y al final, cuando nos vayan a implantar el chip a todos, haremos como el bueno de Josef K. al aceptar su condena: nos arrodillaremos y gritaremos… «¡Sí! ¡Como un perro!»

Any Road

22 de March de 2008

Enlace al vídeo en YouTube

But oh lord, we pay the price
with the spin of the wheel, with the roll of the dice.
Ah yeah, you pay your fare
and if you don’t know where you’re going
any road’ll take you there.

Pero oh, Señor, pagamos el precio
con el giro de la rueda, con el rodar del dado.
Ah, sí, pagas tu tarifa,
y si no sabes adónde vas a ir
cualquier carretera te llevará a tu destino.

Con esto de las vacaciones, se me había olvidado que ayer fue viernes y que tocaba música. Mil perdones.

Hay que comer

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