Ars longa, vita brevis

The Bright Side of Life

17 de February de 2008

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Life’s a piece of shit
when you look at it.
Life’s a laugh and death’s a joke,
it’s true.

You’ll see it’s all a show,
keep ’em laughing as you go.
Just remember that the last laugh is on you.
And…

Always look on the bright side of life.

Disculpadme que no haya colgado la canción el viernes, como es costumbre. Un viaje de trabajo me envió a Madrid desde el jueves hasta el sábado por la mañana, y anoche tuvimos fiesta cumpleañera. Pero no os preocupéis: mirad siempre el lado bueno de la vida.

Diga treinta y tres

14 de February de 2008

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¡Chúpate esa, Jesucristo! A partir de hoy estamos empatados, al menos en edad (en número de milagros aún me sacas algo de ventaja, pero no por mucho tiempo). Parece mentira que el mequetrefe de la foto que tenéis debajo haya recorrido un camino tan largo y se haya hecho ya todo un hombrecito de treinta y tres años.

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Elías con 32 años. La chica que se entrevé a mi derecha es mi novia, pero no puedo usar su imagen obedeciendo instrucciones de su abogado.

Para celebrarlo, ¿qué mejor que una orgía de comentarios? Vosotros, mirones, que estáis todo el día leyendo sin comentar, a ver si me hacéis un regalito y llenamos este posts de buenos deseos. A ver si logramos un récord. Por cada comentario que dejéis, donaré 2 céntimos de euro a la Sociedad de gatos por la castidad y las buenas costumbres.

Advertencia: puede que la donación nunca se lleve a cabo. Comentad bajo vuestra propia responsabilidad.

Ayaan Hirsi Ali en El País

13 de February de 2008

Ayaan Hirsi Ali es una holandesa (nacida en Somalia en 1969) a la que practicaron la ablación del clítoris cuando tenía cinco años. Su padre era un opositor al gobierno somalí, por lo que la familia tuvo que huir, y tras muchas vicisitudes, Ayaan acabó en Holanda, huyendo del matrimonio que su padre había concertado con un primo suyo. Allí solicitó y adquirió la nacionalidad y se licenció en Ciencias Políticas. Aunque de familia musulmana y de pasado integrista (estuvo a punto de inmolarse durante la guerra entre Irán e Irak), después de escuchar el manifiesto ateo del filósofo Herman Philipse abandonó la fe y se convirtió en azote dialéctico de los islamistas. Desde entonces está amenazada de muerte, y tiene que vivir oculta y protegida por guardaespaldas (más en la Wikipedia).

En El País aparece una interesante entrevista con ella que no debéis dejar de leer. Allí dice cosas como estas:

Los principios democráticos establecen que el hombre y la mujer son iguales frente a la ley, los principios islámicos dicen que la mujer está subordinada al hombre o que quien practica la homosexualidad debe morir.

Acto seguido el entrevistador le recuerda que los principios del cristianismo tampoco son democráticos, lo que me llama la atención, porque no recuerdo que cuando estén entrevistando a alguien que critica el cristianismo le salte el periodista con que en el islam (o en el judaísmo, el rocanrolismo, el vudú y otras religiones mayoritarias) también es antidemocrático. Ali responde:

[…] la cristiandad tampoco es compatible con la democracia, pero las sociedades cristianas han establecido la separación entre Iglesia y Estado, y la religión ya no tiene el poder de castigar a quienes no cumplen sus principios.

Sobre el velo islámico y su polémica en países como Turquía, me llama agradablemente la atención saber que compartimos opiniones:

El verdadero debate es sobre la moral sexual que el velo representa, que no es otra que la mujer es responsable de la sexualidad del hombre. Debemos cubrir nuestro cuerpo para que él no se excite; debemos permanecer encerradas en casa, para que él no se excite. Esta moral, que pone toda la responsabilidad sobre la mujer, es lo que hay que discutir.

Como el mejor escribano echa un borrón, esta valiente intelectual mete un poco la pata cuando afirma:

La reacción del Gobierno español de retirar sus tropas de Irak después del atentado de Madrid, fue una mala decisión, porque dio la razón a los elementos más radicales.

Esto es un error, puesto que la retirada de las tropas españolas de Irak no fue ninguna «reacción» (queremos suponer que la traducción es fiel; sí, ya sé que es mucho suponer). El presidente Rodríguez Zapatero había prometido retirar las tropas mucho antes de los terribles atentados de Atocha. Lo mejor que pudo hacer es lo que hizo, al menos en ese caso: no dejarse influir por los atentados y hacer simplemente lo que había prometido. Aunque pueda parecer una medida populista, no lo es; más bien fue una medida muy impopular la de Aznar de involucrarnos en la aventura personal de George Bush hijo.

Es esperanzador ver a una persona que conoce el islam desde dentro, y que además es mujer, hablando sin tapujos, con claridad y sin medias tintas sobre temas tan importantes para el mundo de nuestro siglo. Uno desearía, y por soñar que no quede, que tanto intelectualoide mal informado, tanto periodista biempensante y, en definitiva, tanto memo de salón que confunde laicismo con posturas simplemente anticatólicas, le llegara a esta señora a la suela de los zapatos. Pero vivimos en el país en que vivimos, y no en el que nos gustaría vivir.

Símbolos religiosos en las escuelas [públicas]

12 de February de 2008

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1. Una clásica y archiconocida clasificación de los signos los divide en tres tipos, según la relación que tengan con la cosa que representan: iconos, indicios y símbolos.

Los iconos son signos que se parecen de una forma u otra a lo representado. Un retrato, por ejemplo, es un icono de la persona retratada. Pero la relación icónica no se limita a la imagen: la grabación de la voz de una persona en un medio físico (por ejemplo, un disco) es un icono de la voz real. Una onomatopeya, como cuac-cuac, es, en cierto sentido, un icono. Incluso podemos tomar como iconos los perfumes que imitan la fragancia de determinadas flores.

Los indicios, también llamados índices, por su parte, tienen una relación de contigüidad con los objetos que representan: si hay un indicio, necesariamente está lo representado. Por ejemplo, la fiebre es un indicio de enfermedad; el humo es un indicio del fuego; el ruido dentro de una casa es un indicio de que hay alguien.

Estos dos tipos de signos han servido a la humanidad de forma incalculable para la comunicación y la resolución de distintos problemas. Sin la fiebre, uno podría no darse cuenta de que está enfermo y perdería la sana costumbre de visitar al médico. Sin el humo, perecería mucha más gente abrasada por los incendios.

Sin embargo, el símbolo es el signo que más ha servido a la humanidad. La relación entre el símbolo y su referente es convencional. Esto quiere decir que es artificial: un símbolo ni se parece a la cosa representada (como el icono) ni guarda ninguna relación necesaria con ella (como el indicio). Esto es, a la vez, una ventaja y un inconveniente. ¿Cómo podríamos representar términos abstractos, como la paz? La paz no se parece a nada, y no guarda una relación de necesidad con nada, así que no podríamos comunicar a nadie la idea si no tuviésemos símbolos, como el dibujo de una paloma blanca, o la misma palabra «paz» (todas las palabras son símbolos). Pero esta impresionante capacidad semántica de los símbolos tiene su lado negativo: dado que la relación entre ellos y su referente no es lógica, sino pactada, para que un símbolo sea eficaz es imprescindible aprenderlo. Quien no hable castellano no sabe a qué nos referimos cuando decimos «paz» (o, lo que es peor, puede identificar el sonido con una palabra de otro idioma). Un niño que no sepa que la paloma blanca representa ese concepto concreto, verá en su dibujo un simple animal sin ninguna connotación.

Es por ello, además, que hay símbolos cuya forma es idéntica, pero cuyo significado difiere totalmente según la cultura donde se realicen. La palabra castellana «a» y la palabra inglesa «a» son idénticas en su forma, pero su contenido es totalmente distinto. En una lengua es una preposición y en la otra un adjetivo determinativo, al que nuestra lengua da la forma «un», «una». El color negro, en nuestra cultura, representa la tristeza y el luto en las prendas de vestir, pero en gran parte de oriente el mismo concepto se representa con el color blanco. Así que los símbolos pagan su inabarcable capacidad significativa con el pequeño inconveniente de tener que aprenderlos. Y esto, además, tiene la consecuencia citada: que el mismo símbolo, para una persona de otra cultura, puede significar algo distinto, o, en muchos casos, no significar nada.

2. Mariano Rajoy ha propuesto prohibir el uso del velo islámico en las escuelas, excepto -en un caso extremo de incoherencia- en Ceuta y en Melilla, ciudad desde la que os escribe un servidor. Parece una medida copiada, de forma descafeinada, de la ley francesa que impide los símbolos religiosos en las escuelas.

En las Galias han cortado por lo sano: visto que muchos alumnos no cristianos se quejaban, con razón, de la existencia de crucifijos en el ámbito escolar, nuestros vecinos del norte han decidido que en el colegio no puede exhibirse ningún símbolo religioso, lo que incluye también los crucifijos que cuelgan del cuello y los velos en la cabeza.

3. Yo no estoy a favor de prohibir los velos, aunque estoy frontalmente opuesto a ellos. Son una vergonzosa muestra de lo machista que sigue siendo el mundo, en especial en determinadas culturas, y proclaman a los cuatro vientos que está bien que una persona muestre una parte de su anatomía o no dependiendo del sexo que le haya tocado en la lotería de los cromosomas. No hace falta que intentéis convencerme de que no es tan malo, porque soy totalmente inamovible en mi pensamiento. No porque yo no sea una persona razonable, sino porque no hay manera razonable de defender esa forma de discriminación, y en las formas no razonables -léase religiones y todos sus novelescos libros- simplemente hace mucho que dejé de creer.

Por la misma razón no apoyaría la prohibición de que los chicos lleven un crucifijo, aunque este tema no sea el mismo ya que la exhibición de tan macabro símbolo no es discriminatoria, sino que afecta por igual a beatos de ambos sexos.

(También tenemos el caso de la kipá hebrea, aunque esto seguramente no os sea tan familiar a los que sois de la Península. En Melilla, sin embargo, la población judía es relativamente importante en términos demográficos. La kipá es una especie de gorrito que sólo llevan los hombres. Pero, aunque tampoco me hace gracia, en este caso la discriminación machista es a la inversa. El gorrito representa el orgullo de ser hombre, mientras que el pañuelo muestra la vergüenza de ser mujer. Este orgullo y esta vergüenza, tan estúpidos ambos, los llevamos arrastrando desde hace milenios, y no estoy seguro de que alguna vez podamos librarnos de ellos.)

Así que, aunque aborrezco los pañuelos como aborrezco cualquier otra prenda con la que las mujeres pidan perdón por el pecado de haber nacido mujeres, la mejor manera de luchar contra esto es con educación, y, siendo fríos, tampoco hay tanta diferencia entre una mujer que se pone el pañuelo para parecer recatada según los preceptos de determinado libro y una chica que no se pone minifalda para que las viejas de su pueblo no vayan murmurando que es una puta. No quiero que el Estado prohíba a las mujeres llevar velo, así como tampoco quiero que les prohíba llevar minifalda (vamos, ¡hasta ahí podríamos llegar!).

Los crucifijos, en las paredes de las escuelas públicas, por supuesto, han de ir fuera. Las privadas, si son privadas de verdad, que pongan el crucifijo al derecho o al revés si les da la gana: para eso es su dinero. Pero en las públicas no, y no porque ofendan a nadie, sino porque ofenden al mismo concepto de escuela, que es un sitio donde se va a aprender, y aprender pasa necesariamente por los métodos científicos. Lo contrario es adoctrinamiento, o domesticación, como prefiráis. De hecho, si de mí dependiera, sería imposible dar clases de religión -de cualquiera- en los centros públicos. Como reza un famoso dicho, de cuyo autor no quiero acordarme, «no vengáis a mis escuelas a enseñar religión si no queréis que yo vaya a vuestros templos a enseñar ciencia».

4. Hay gente que dice que debe prohibirse todo símbolo religioso en la vestimenta de las personas porque puede ofender a quien no profese la religión representada por el símbolo. Si el velo es un símbolo islámico, puede ofender a los judíos. Los crucifijos pueden ofender a los musulmanes, y la kipá a los cristianos. Yo, en teoría, no podría fijar la vista en ningún sitio sin ofenderme. Pero olvidamos lo que son los símbolos: representan sólo lo que queremos. Yo intento que los símbolos que portan mis alumnos se hagan invisibles a mis ojos, para ver solamente a la persona. Muchas veces lo consigo, gracias a la propia naturaleza simbólica: los significados son artificiales. Para un cristiano la cruz representa una creencia metafísica, un dogma y una norma moral; para mí, sin embargo, es como mucho el icono de un hombre moribundo. Es más difícil abstraerse del significado de una prenda que discrimina en función del sexo, pero no es imposible.

Es más difícil, en realidad, convencer a otro alumno de que se quite la gorra en clase. A menudo me argumentan que tal o cual alumna musulmana lleva la cabeza cubierta. Normalmente, les explico que el velo representa una creencia fundamental para esa persona, y que si la gorra es lo mismo para él, puede mantenerla en su joven cabecilla. Entonces suelen quitársela sin rechistar, entendiendo mi argumento.

Pero a menudo ese argumento flaquea en mi propio interior. ¿Y si es una gorra de su equipo, que para él, agnóstico como yo, es lo más importante en el mundo? ¿Y si forma parte de su personalidad, y cuando se la quita no se siente él? ¿Qué derecho tengo a discriminar a una persona porque no sea religiosa, y obligarla a que se descubra cuando no obligo a otras? No hay respuestas fáciles.

Es lo que tienen los símbolos. Todo depende del significado que uno quiera darles.

¿Cómo que venimos del latín? I – Las lenguas se acortan

11 de February de 2008

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En la imagen, Cicerón.

Desde el colegio, al menos cuando yo era pequeño, nos enseñan que el castellano viene del latín. ¿Pero qué es eso de que viene del latín? ¿Es que el latín es un sitio o algo así? Vamos a ver si aclaramos unos cuantos conceptos.

Las lenguas cambian. Antes se decía que degeneraban, y ahora que evolucionan. Yo no estoy totalmente de acuerdo con ninguno de los dos conceptos, pero creo que la realidad se aproxima más a lo segundo: las lenguas cambian porque cambian las necesidades de los hablantes, y estas necesidades provocan los cambios. Por ejemplo, un cambio universal que se da en todas las lenguas es que se van acortando con el tiempo. Verbigracia, el inglés es más antiguo que el castellano, y esto se ve en que sus palabras son, de media, más cortas. Al mismo tiempo, sabemos que el chino es anterior al inglés, por la misma razón. Y para explicar esto tenemos que echar mano de la teoría de la información y otros avances en el campo de la lingüística.

Las lenguas se rigen, generalmente, por el principio de economía. Esto tiene que ver, como casi todo, con la conservación de la energía: la energía disponible para el cuerpo es limitada y difícil de conseguir, y por lo tanto es lógico que los organismos tiendan a ser rácanos en cuanto a su uso. Podemos ver ejemplos claros en dos lenguas que todos conoceréis: el castellano y el inglés. En el castellano, por ejemplo, el sujeto de la oración casi nunca se dice, a no ser que queramos destacarlo por algún motivo. No decimos: «Deme usted un paquete de tabaco», ni «Yo voy a comprarme un coche nuevo», a menos que exista confusión sobre quién debe darme el tabaco o quién va a comprarse un coche. En nuestro idioma, los verbos ya tienen incluido el morfema de persona, y por lo tanto volver a decirlo con un pronombre sería totalmente redundante y un derroche de energía. Sin embargo, en inglés es obligatorio… ¿por qué? Pues porque los verbos, en inglés (excepto en la tercera persona del singular), no incluyen el morfema de persona en su conjugación, y por lo tanto si dijéramos «Will buy a new car» nos sería imposible saber quién va a adquirir el nuevo auto.

No obstante, hay veces en que descubrimos que los idiomas sí son redundantes, y a veces hasta límites desquiciados. Por ejemplo, en la oración «Dale a tu hermana un vaso de agua» tenemos dos expresiones que quieren decir lo mismo: «le» y «a tu hermana». Estos casos se suelen explicar por la presencia de ruido en la comunicación. El ruido es cualquier elemento que distorsione el mensaje haciendo peligrar su objetivo informativo, y no tiene por qué ser un fenómeno acústico: puede ser, por ejemplo, la falta de atención del oyente, la pronunciación defectuosa del hablante o un interlocutor que no domine totalmente nuestro idioma. Por definición el ruido es incontrolable, y es por ello que todas las lenguas naturales poseen elementos que repiten informaciones. A este fenómeno se le llama redundancia. Los sistemas de comunicación artificiales, en general, suelen prescindir de la redundancia para hacerse más económicos (sirva de ejemplo la notación de las matemáticas). Sin embargo, cuando la información es tan importante que puede poner en riesgo o a salvo una vida, los lenguajes artificiales también usan de ella: el color rojo del semáforo sería suficiente para que entendiéramos que debemos detener nuestro coche. Pero hay ciertas personas que sufren de un ruido especial: la enfermedad del daltonismo, que puede hacerles confundir el color rojo con el verde. Por eso en los semáforos se utiliza la redundancia: la luz roja significa «parar»; la luz en la posición de arriba significa «parar». Por eso los semáforos tienen tres bombillas, y no una bombilla que cambie de color. El mensaje es redundante a cosa hecha para asegurar que el ruido no afecte al éxito de la comunicación.

Así que las lenguas se van acortando. En general, los hablantes suelen elegir términos más cortos para decir lo mismo, aunque hay excepciones. Algunas personas, para que sus mensajes suenen más grandilocuentes y así parecer más cultos y arañar algo de prestigio social, eligen decir términos más largos para distinguirse del vulgo parlante. A veces alargan de manera ilógica las palabras con morfemas vacíos de contenido («influenciar» por «influir»); a veces utilizan términos incorrectos, y lo gracioso es que lo hacen para parecer más cultos («deflagración» por «explosión», «escuchar» por «oír»); a veces introducen barbarismos («orfelinato» por «orfanato»). Sí, en gran medida estos defectos los exhiben algunos periodistas, esos que en teoría son profesionales de la palabra. Pero, aparte estos y otros hipercultismos, el caso es que la gente normal, que es la que crea la lengua en mayor medida, suele elegir palabras cortas antes que las largas (y acortar las existentes, y sirvan los ejemplos «boli», «profe», «insti» y otros ya totalmente asentados, como «cine» de «cinematógrafo», «metro» de «metropolitano» y «moto» de «motocicleta»).

Y los acortamientos no son sólo mutilaciones de parte de la palabra, sino que abundan los acortamientos fonéticos. En andaluz, por ejemplo, no suele decirse la -s final de los plurales. ¿Pero siguen distinguiendo los plurales de los singulares? Por supuesto, abriendo más la vocal final en el plural (esto se nota mucho, por ejemplo, en el andaluz de Almería). Otra pérdida frecuente es el de la -d- intervocálica, especialmente en los participios (echao, cansao, leío). En este caso la -d- no necesita ser sustituida por otro procedimiento, puesto que era un elemento redundante y aunque no la pronunciemos, no hay posibilidad de confundir el participio con otra unidad, como sí la había de confundir el singular con el plural en el caso de la pérdida de la -s.

En el caso que nos ocupa, el del latín, el primer cambio que inició la larga caminata hacia nuestro idioma fue la pérdida de la -M final en los acusativos. El castellano «rosa» viene del acusativo latino ROSAM; el castellano «puerto» viene del acusativo latino PORTVM. Dicen los entendidos que esa -M ya no se pronunciaba en el período clásico más que por gente afectada, pero los hablantes cultos la seguían escribiendo, igual que los andaluces cultos siguen escribiendo la -s de los plurales, aunque no la pronuncien.

A menudo, a la pérdida de la -M final le seguía la pérdida de la vocal anterior, siempre que la consonante precedente pudiese ir al final de la palabra en el sistema lingüístico correspondiente. Por ejemplo, en el latín CAESPITEM primero cayó la -M y luego la -T- se convirtió en -D- (lo que trataré en un artículo posterior); como el castellano admite la -d al final de palabra, la -E acabó cayendo y dando el español «césped». Sin embargo, en nuestro idioma la *-ch no puede ser final de palabra, y por eso «noche» (de NOCTE) se ha quedado así y no *noch, aunque esto pasó en algunos dialectos peninsulares, como el mozárabe.

También era frecuente la pérdida de la vocal que sucediese a la que llevaba el acento, sobre todo en palabras largas. Es lo que sucedió con SPATVLA, con acento en la primera A. La V (en este caso no es consonante, sino la vocal «u») átona acabó cayendo y dando spadla. Como nuestro sistema consonántico aborrece el grupo -dl-, estas consonantes cambiaron sus lugares en un proceso llamado metátesis y dieron el castellano «espalda».

(Dos cuestiones sobre nuestra espalda: 1. Si decimos que las lenguas se acortan, ¿por qué hemos añadido una e- al principio? Pues porque en el sistema fonológico del castellano no existe el grupo sp- al inicio de palabra (al contrario que en inglés: spider), y entonces la lengua añade un sonido. Es lo que se llama técnicamente prótesis. Sucede en multitud de términos como «espada» (del latín SPATHA, que a su vez viene del griego) o «espina» (de SPINA). 2. Hay otra palabra castellana que viene de SPATVLA: sí, es «espátula». En este caso el único cambio ha sido la prótesis de la e-. En casos como estos, en que tenemos un término que ha evolucionado fonéticamente del latín y otro que hemos adoptado prácticamente sin cambios en época más reciente, hablamos de dobletes lingüísticos. Otros ejemplos son «cátedra» y «cadera» (de CATHEDRA), «minuto» y «menudo» (de MINVTVM), «auscultar» y «escuchar» (AVSCVLTARE), etc.)

La pérdida de la primera vocal de una palabra, si iba seguida de consonante, era un hecho rarísimo, aunque está documentado en vocablos como «bodega» (de APOTHECA, término latino prestado del griego) y un pequeño puñado más.

Y como el post me está quedando muy largo, y estos señores querrán acostarse, otro día seguiremos con las curiosas transformaciones que han hecho que el latín moderno que hablamos ahora difiera tanto del latín antiguo que se hablaba en el imperio y del latín moderno que se habla hoy en Cataluña, Brasil, Rumanía o Italia. En el siguiente episodio nos ocuparemos de las vocales. ¿Por qué COVA ha dado «cueva»? ¿Por qué PONTE, «puente»? ¿TAVRV «toro» y NIVE «nieve»? Pues ya lo veréis.

En La Lengua:

Diez cosas que [probablemente] no sabías sobre el latín, post mítico que fue meneado y que lleva hasta la fecha la nada lucrativa cantidad de 52 comentarios.

Bibliografía:

Diccionario de la lengua española (RAE), vigésima segunda edición. Espasa, 2001.
José Manuel Fradejas Rueda, Prácticas de Historia de la lengua española, 2ª edición corregida y aumentada, UNED, Madrid, 1998.

Soy musulmán

10 de February de 2008

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Soy musulmán.
Mátame y llámalo «daño colateral».
Encarcélame y llámalo «medida de seguridad».
Deporta a mi gente en masa y llámalo «el nuevo Oriente Medio».
Roba mis riquezas, invade mis tierras, altera mi liderazgo y llámalo «democracia».

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No, yo soy musulmana.
Oprímeme y llámalo «libertad de culto».

Dos fotos para pensar, vía Menéame.

¿Es tan increíble la lengua de los pirahã?

8 de February de 2008

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Foto: Andre Toral

Perdidos en el Maici, uno de los innumerables afluentes del gran río Amazonas, viven los miembros de la tribu pirahã, que desde hace unos años trae de cabeza a muchos lingüistas debido a la extraña naturaleza de su lengua.

Los pirahã constituyen una pequeña comunidad de unos 360 miembros que viven relativamente aislados en la gran selva amazónica. Tienen una vida sencilla (eufemismo tonto para decir que no tienen coches ni tarjetas de crédito… pero ¿puede una vida humana ser sencilla, sobre todo cuando tienes que cazar y comer monos y defenderte de jaguares?) dedicada a la caza, la recolección y el comercio. Hasta aquí nada parece extraño, puesto que hay muchas tribus llamadas primitivas viviendo en condiciones similares en varias partes del mundo, como la misma Amazonia o la Australia aborigen. Lo que, al parecer, los hace especiales, es su idioma.
(more…)

Águas de março

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É um passo, é uma ponte,
é um sapo, é uma ra,
é um belo horizonte,
é uma febre terça.

Sao as águas de março fechando o verao,
é a promessa de vida no teu coraçao.

Los inmigrantes y Obama

6 de February de 2008

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Alguien tiene que decirlo.

Se me ocurre que, una vez más, mucha gente de izquierdas, creyendo que ser buena gente es bastante para que el mundo funcione como Dios manda -con perdón-, le sigue haciendo el juego al malvado capital.

Me explico: los biempensantes creen que lo justo para los inmigrantes es que puedan vivir en nuestro país tan bien como nosotros mismos. Y eso es una falacia que a fuerza de frases bonitas, cartelitos bobalicones (como el de «¿Y aún dices que tu vecino es inmigrante?») y leyes, nos han obligado a aceptar. Y es falso de toda falsedad. Lo justo para los inmigrantes, si aceptamos como un axioma que la justicia existe, es que puedan vivir en su país tan bien como nosotros vivimos en el nuestro. Los inmigrantes no quieren venir al mundo desarrollado a comer; los inmigrantes, simplemente, quieren comer. La gran injusticia es que para hacerlo, ellos, a diferencia de nosotros, tengan que sufrir un terrible desarraigo.

(¿Sabéis que, después de haber esquilmado decenas de países, aún nos están pagando deudas los países pobres? Y no me refiero al asunto de Hispanoamérica, sino a sucesos mucho más recientes, como el expolio de África y de La India por las naciones europeas (por no hablar del apropiamiento indebido de petróleo por parte de EEUU y otros países en Oriente Medio). Y les cobramos intereses. Y tenemos la cara de decir que los estamos ayudando.)

Si bien es lógico aceptar que todo el que venga pueda gozar de los mismos derechos que nosotros, estos derechos nunca serán plenos, pues una persona extirpada de su sociedad e injertada en otra nunca podrá ser realmente beneficiaria de los mismos derechos que los ciudadanos que hemos sido sembrados y que hemos crecido aquí. Por eso me llama bastante la atención que incluso los partidos que más se consideran de izquierdas (incluyo, mutatis mutandis, al PSOE) hagan tanto hincapié en que los inmigrantes tengan en España esto o lo otro, y releguen como un asunto a largo plazo (que en el diccionario político – castellano quiere decir «imposible») la mejora de las condiciones de vida en los países africanos, sudamericanos y la mayoría de los asiáticos. ¿Por qué los socialistas europeos y mundiales no dicen que hay que agarrar al toro por los cuernos y convertir África en otra Europa? ¿Realmente es imposible? ¿No están en mi continente (geográficamente África) las mayores reservas de gas, de diamantes, y una riqueza turística potencialmente superior a, por ejemplo, la española y la francesa?

¿A quién beneficia traer inmigrantes a Europa en lugar de permitirles vivir como personas en sus tierras de origen, lo que parece un privilegio reservado para nosotros? ¿No sería estupendo que todas las tierras gozasen de riquezas y que, después, cada uno viviese y trabajase donde le viniera en gana, sin que hubiese recelos hacia los que vienen de fuera? Una vez más, ¿a quién beneficia?

Las principales consecuencias de la explosión inmigratoria que ha sucedido en España en las últimas dos décadas han sido dos: la pérdida de calidad laboral y el aumento de la inseguridad ciudadana. Pero antes de seguir hay que aclarar varias cosas:

1. Los políticos, de la cuerda que sean, nos quieren convencer de que vamos a cobrar pensiones gracias a las aportaciones de los inmigrantes, cosa que no me parece realista. En primer lugar, porque nadie ha establecido realmente un balance entre lo que aportan y lo que gastan (gastos en sanidad, en educación, ya que su tasa de natalidad es superior a la de los españoles nativos, etc.). Por otra parte, no creo que nadie sepa quién va a pagarme la pensión dentro de treinta años, al igual que nadie sabía hace treinta años lo que tenemos ahora. Además, las pensiones estarían perfectamente aseguradas si los Emilios Botín y los Amancios Ortega pagasen los impuestos que deben, en lugar de ver cómo, gobierno tras gobierno, de izquierdas o de derechas, cada vez pagan menos.

2. Lo de la pérdida de calidad laboral: me refiero a que, al haber más trabajadores, con frecuencia menos cualificados, y a menudo ignorantes de sus derechos, el empresario ha aprovechado para abaratar los sueldos y el político para abaratar los despidos. Esto empeora la calidad laboral a que estábamos acostumbrados, poniendo a la palabra «calidad» todas las comillas necesarias.

3. Con lo del aumento de inseguridad ciudadana no quiero decir que un inmigrante sea a priori un delincuente, principalmente porque eso es mentira. Pero es cierto que muchos de ellos se ven empujados a la delincuencia al no encontrar aquí la bonanza económica que esperaban, amén de unos pocos que se aprovechan de la laxitud de nuestras leyes para hacer su agosto.

(Eludo hablar de la riqueza del crisol de culturas y otros tópicos por el estilo, ya que yo no creo en «la» cultura, y los que sí creáis, admitiréis que no se come y que es algo que en realidad sólo beneficia a ricachones memos que salen de vez en cuando de su urbanización para comer en un iraní.)

Si os fijáis, los tres puntos nos llevan a la conclusión de que la población trabajadora autóctona se ve, en general, perjudicada por una abundancia excesiva de inmigrantes. Sobre todo los dos últimos. Y, al mismo tiempo, es sencillo deducir que hay otra clase social claramente beneficiada por ellos: los empresarios y los políticos conservadores (que, aunque casi sí, no son lo mismo).

La pérdida de calidad laboral siempre redunda en un aumento del beneficio del empresario. Pagan menos, y la gente cada vez es más consciente de que si quiere trabajar debe renunciar, sobre el papel o de palabra, a varios de sus derechos, ya que si tú no aceptas hay cincuenta detrás de ti esperando conseguir ese trabajo.

Y, encima, el aumento de la inseguridad ciudadana hace que la gente mire con simpatías posiciones de política conservadora, que prometen mano dura contra los delincuentes (aunque en realidad suelen querer decir «contra los inmigrantes»).

¿Criticáis la regularización masiva de inmigrantes que realizó Zapatero? Pues deberíais recordar que fue Aznar quien aplicó manga ancha para que entraran, y así produjesen los efectos del punto 1 y el punto 2, aunque de vez en cuando drogara y deportara a media docena para guardar las apariencias.

Lo más justo que podemos conseguir aquí es que los inmigrantes tengan los mismos derechos que nosotros. Pero lo justo de verdad, lo absolutamente justo, es que puedan gozar de ese privilegio en sus países. Hasta entonces, siempre les faltará un derecho.

A Barack Obama se le quiere presentar, supongo, como la gran revolución de la política norteamericana. ¡Un negro presidente! En un país donde la abstención negra es casi total, es iluso pensar que este segmento de la población se vaya a lanzar en masa a las urnas. Yo no creo que cambie nada. No creo que Obama saque las tropas estadounidenses de Irak, emprenda pasos hacia la abolición de la pena de muerte -monopolizada, casi, por negros- ni que desarrolle demasiadas medidas sociales, que siempre se han visto en ese país casi como un guiño al comunismo. Estaría bien recordar -y recordarles, por ejemplo, a los de la SER- que los demócratas no son de izquierda. Son, únicamente, algo menos de derecha que los republicanos. Estoy seguro de que, si este político alcanza la presidencia, su política seguirá siendo sierva de los intereses energéticos y armamentísticos de la superpotencia.

Cuando un negro se siente en el despacho oval, la cosa será entre ricos y pobres, como hasta ahora. Pero es preciso que sigamos pensando que la lucha es entre negros y blancos, entre inmigrantes y autóctonos, para que el gran espejismo se mantenga, y con el espejismo el sistema. Ganará Obama, tal vez, y será un rico en la Casa Blanca, y no un negro en la Casa Blanca. Y seguirá habiendo pobres blancos y pobres negros en Estados Unidos, como en el resto del mundo, y a los de arriba les seguirá conviniendo que los pobres negros, blancos, árabes, hispanos, etc. se sigan viendo entre sí como enemigos. Y los ricos negros, árabes y blancos seguirán intentando convencernos de que debemos dirigir nuestro odio a la paleta de colores.

Más racismo inverso

3 de February de 2008

Ése es el ethos propio de The Guardian –un periódico en el que colaboro y que es estupendo, con firmas muy buenas–, pero en el que se cree que nadie con piel oscura puede hacer nada malo. Y si lo hacen es por nuestra culpa. Es la fuerza que va adquiriendo la corrección política, el relativismo en ciertas cosas.

Es un fragmento de la entrevista que el escritor británico Martin Amis (autor de Koba el Temible) ha concedido a El País Semanal. Es muy interesante, leedla. Coincido plenamente con él en esto que llamo el racismo inverso: cuando empezamos a aceptar que nadie es más criminal que otra persona porque su piel sea más oscura, parece que nos pasamos de frenada: ahora, cuanto más clara sea tu piel, peor eres (al menos, según los boboprogres biempensantes). Y, si algún individuo de piel oscura hace algo malo, es porque alguien le hizo algo a su tatarabuelo hace ciento cincuenta años.

Esto no es más que otra muestra de racismo. Quiero decir, pensar que los blancos tienen mayor capacidad para el mal que los negros (llevando los colores de la piel hasta sus hipotéticos e idealizados extremos) es pensar que estamos hechos de otra pasta: pensar que sigue habiendo ellos y nosotros. Cuando un débil mental se pone a pensar sobre cuestiones raciales, siempre sale un racista, de un tipo o del otro.

No estoy de acuerdo en algunas de las afirmaciones que hace Amis. Por ejemplo, piensa que hay gente que aún no está preparada para la democracia. Es lo que decían algunos bobos para oponerse a la invasión de Irak, cuando aún no estaba claro que lo de las armas de destrucción masiva era un camelo; por ejemplo, el mismísimo Cebrián escribió todo un libro llamado El fundamentalismo democrático, para que nos diéramos cuenta de que la democracia era demasiado para los moros. ¿Esto no es racismo? ¿Por qué algunos tenemos el derecho de decidir quién nos gobierna, y otros no?

También dice el bueno de Amis que el Quijote no le parece para tanto. Pero esto lo atribuyo simpáticamente a la inquina que nos han tenido siempre los británicos (broma).

Leed, leed, que no hace daño.

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