Ars longa, vita brevis

Machismo

28 de February de 2008

Vaya semanita que llevamos: cuatro mujeres muertas ayer a manos de sus parejas, en una demostración de lo que todavía muchos -y, por desgracia, muchas- consideran ser un hombre, siempre dominante, siempre violento, siempre incontestable.

1. Aunque está claro que va a triunfar lingüísticamente, es una aberración hablar de “violencia de género“, ya que el género se refiere a condiciones distintas que el sexo, que es de lo que se habla. El uso del término «género» para referirse al sexo es un calco mal hecho del inglés gender, traído seguramente por periodistas, políticos y paniaguados de estos últimos, que siempre han demostrado una tendencia a maltratar su propio idioma para quedar más cool entre la masa analfabeta que constituye la mayoría de mis compatriotas. No me refiero a vosotros, claro.

2. El término “violencia machista” me parece más adecuado, ya que este comportamiento de los hombres y de las mujeres es el que suele explicar un porcentaje casi total de los desgraciados casos que salen en los periódicos. Un hombre tan absolutamente soberano de su casa, que lo es también de los que viven en ella, sean mujeres, hijos menores de edad o animales, que en la escala del cerebro del retrógrado ocupan este orden de preferencia, detrás, muy detrás, de él.

Su dominio es tan férreo que, en la mayoría de los casos, la mujer asesinada no ha llegado a denunciar al asesino, o, si lo ha hecho, después ha retirado la denuncia o ha incumplido ella misma la orden de alejamiento que pesa sobre él. La voluntad del macho se impone por encima de leyes y del bienestar de los que lo rodean.

Y el machismo no solo afecta a las mujeres, sino también a los hijos, como he apuntado un par de párrafos más arriba. Lo que pasa es que, en primer lugar, nadie se suele tomar demasiado en serio las agresiones a los niños, mientras no acaben en el hospital, y por otro lado la resistencia que oponen es menor, por su inferior fuerza física o porque los pobres, criados en ese ambiente, piensan que lo que les sucede es lo normal. Esto explica también algunos casos de maltrato a mujeres procedentes de hogares paternos violentos.

Los números cantan: la indefensión física y moral de los menores los salva quizás de ser asesinados. Pero esto crea un tétrico efecto en cadena, en que probablemente el chico emulará la conducta del padre cuando crezca. Yo solo veo una solución para acabar con la rabia: matar al perro.

3. Al perro solo se lo puede matar con el aislamiento social. Que haya cien o cien mil hombres en la cárcel por matar a sus mujeres no arregla el problema. Que toda la sociedad huya de ellos como si fueran apestados es lo único que se puede hacer con miras de futuro. Hay que aislar a estos malnacidos hasta que no tengan más remedio que evolucionar. O extinguirse. En cualquiera de los dos casos, todos salimos ganando.

1 comentario en “Machismo”

  • # Priscila dice:
    29 de February de 2008 a las 20:16

    El problema es que nos creemos que vivimos en un país adelantado, desarrollado, donde el sistema sanitario y educativo funciona perfectamente. Que hoy en día somos cultos, preparados, omnipotentes, que tenemos todo al alcance de nuestra mano, que sabemos educar, razonar y solucionar conflictos. Pero no. Éste es un país de catetos, donde el respeto a los demás es una gran falacia, donde cualquiera puede
    pasearse en un A5, teniendo un sueldo mediocre, pero donde los malores morales, ni se conocen, ni se compran, ni se venden. Creemos que se ha avanzado algo buscando la extinción del machismo patrio, pero ese macho hispano, violento y pendenciero, convencido de su superioridad y de su condición de amo y señor del país, del pueblo y de su casa, sigue habitando en cualquier rincón de nuestras ciudades. Te lo encuentras a cada paso, faltándote el respeto por ser de otro sexo, religión, escala social; azotando a sus hijos por no asumir comportamientos que él jamás ha sabido enseñar y aprobando actitudes extremas desde una butaca donde no le cabe el culo en la tele o en Internet . No digamos entonces lo que viene de fuera.

    Nos creemos muy modernos porque la mujer puede trabajar, denunciar al marido si la trata mal o comprarse una lavadora sin su consentimiento. Mientras, la tele, el cine, Internet, la vida doméstica de muchos hogares, los usos y costumbres que traen otras culturas, etc. nos demuestran que la mujer es una puta mierda más en este puto mundo donde está permitido reírse y abusar absolutamente de cualquier persona físicamente inferior (animales, ancianos, disminuidos, indigentes). Que puede ser ridiculizada visual y verbalmente y, lo que ya es demencial, que a ella le agrada y lo celebra.

    Es difícil, muy difícil , reeducar a un país entero. El relevo generacional es desesperanzador. Los niños cada vez tienen la mente más contaminada. Antiguamente, el adolescente salido para saciar sus instintos básicos le robaba una revista porno al padre y se encerraba en el baño; hoy en día obligan a una compañera a hacerle una felación y otros la graban por el móvil. Y a las niñas les están mostrando desde todos esos medios que comentaba, que permitir y aceptar como normales para el sentido común ciertas actitudes machistas, que le son totalmente dañinas, es algo que forma parte de nuestra vida, de nuestros valores, y de nuestra cultura. Estamos ante una nueva y destructiva revolución sexual y aquí los educadores tenemos mucho que hacer. No debemos volver la cabeza hacia otro lado cuando un alumno abusa verbalmente de la dignidad como mujer de una compañera y ella lo considera una broma sin importancia. Enseñemos también a las niñas a respetar su género, a no asumir las peores caras de los roles machistas en pro de la igualdad (la violencia verbal, física y sexual) y ayudémoslas a evitar asumir ese papel de siervas de unos valores cavernícolas y machistas que les quieren imponer por un lado; y del rod de víctima, sólo por su condición de mujer, que les quieren colgar por otro.
    De todas maneras, yo soy muy pesimista. Y siempre les digo a mis compañeros, en este y en otros miles de temas, que somos David contra Goliat. Que un profesor frente a los padres, la tele, la música de masas, Internet y la calle, no somos absolutamente nada.

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