Los inmigrantes y Obama

Alguien tiene que decirlo.
Se me ocurre que, una vez más, mucha gente de izquierdas, creyendo que ser buena gente es bastante para que el mundo funcione como Dios manda -con perdón-, le sigue haciendo el juego al malvado capital.
Me explico: los biempensantes creen que lo justo para los inmigrantes es que puedan vivir en nuestro país tan bien como nosotros mismos. Y eso es una falacia que a fuerza de frases bonitas, cartelitos bobalicones (como el de «¿Y aún dices que tu vecino es inmigrante?») y leyes, nos han obligado a aceptar. Y es falso de toda falsedad. Lo justo para los inmigrantes, si aceptamos como un axioma que la justicia existe, es que puedan vivir en su país tan bien como nosotros vivimos en el nuestro. Los inmigrantes no quieren venir al mundo desarrollado a comer; los inmigrantes, simplemente, quieren comer. La gran injusticia es que para hacerlo, ellos, a diferencia de nosotros, tengan que sufrir un terrible desarraigo.
(¿Sabéis que, después de haber esquilmado decenas de países, aún nos están pagando deudas los países pobres? Y no me refiero al asunto de Hispanoamérica, sino a sucesos mucho más recientes, como el expolio de África y de La India por las naciones europeas (por no hablar del apropiamiento indebido de petróleo por parte de EEUU y otros países en Oriente Medio). Y les cobramos intereses. Y tenemos la cara de decir que los estamos ayudando.)
Si bien es lógico aceptar que todo el que venga pueda gozar de los mismos derechos que nosotros, estos derechos nunca serán plenos, pues una persona extirpada de su sociedad e injertada en otra nunca podrá ser realmente beneficiaria de los mismos derechos que los ciudadanos que hemos sido sembrados y que hemos crecido aquí. Por eso me llama bastante la atención que incluso los partidos que más se consideran de izquierdas (incluyo, mutatis mutandis, al PSOE) hagan tanto hincapié en que los inmigrantes tengan en España esto o lo otro, y releguen como un asunto a largo plazo (que en el diccionario político - castellano quiere decir «imposible») la mejora de las condiciones de vida en los países africanos, sudamericanos y la mayoría de los asiáticos. ¿Por qué los socialistas europeos y mundiales no dicen que hay que agarrar al toro por los cuernos y convertir África en otra Europa? ¿Realmente es imposible? ¿No están en mi continente (geográficamente África) las mayores reservas de gas, de diamantes, y una riqueza turística potencialmente superior a, por ejemplo, la española y la francesa?
¿A quién beneficia traer inmigrantes a Europa en lugar de permitirles vivir como personas en sus tierras de origen, lo que parece un privilegio reservado para nosotros? ¿No sería estupendo que todas las tierras gozasen de riquezas y que, después, cada uno viviese y trabajase donde le viniera en gana, sin que hubiese recelos hacia los que vienen de fuera? Una vez más, ¿a quién beneficia?
Las principales consecuencias de la explosión inmigratoria que ha sucedido en España en las últimas dos décadas han sido dos: la pérdida de calidad laboral y el aumento de la inseguridad ciudadana. Pero antes de seguir hay que aclarar varias cosas:
1. Los políticos, de la cuerda que sean, nos quieren convencer de que vamos a cobrar pensiones gracias a las aportaciones de los inmigrantes, cosa que no me parece realista. En primer lugar, porque nadie ha establecido realmente un balance entre lo que aportan y lo que gastan (gastos en sanidad, en educación, ya que su tasa de natalidad es superior a la de los españoles nativos, etc.). Por otra parte, no creo que nadie sepa quién va a pagarme la pensión dentro de treinta años, al igual que nadie sabía hace treinta años lo que tenemos ahora. Además, las pensiones estarían perfectamente aseguradas si los Emilios Botín y los Amancios Ortega pagasen los impuestos que deben, en lugar de ver cómo, gobierno tras gobierno, de izquierdas o de derechas, cada vez pagan menos.
2. Lo de la pérdida de calidad laboral: me refiero a que, al haber más trabajadores, con frecuencia menos cualificados, y a menudo ignorantes de sus derechos, el empresario ha aprovechado para abaratar los sueldos y el político para abaratar los despidos. Esto empeora la calidad laboral a que estábamos acostumbrados, poniendo a la palabra «calidad» todas las comillas necesarias.
3. Con lo del aumento de inseguridad ciudadana no quiero decir que un inmigrante sea a priori un delincuente, principalmente porque eso es mentira. Pero es cierto que muchos de ellos se ven empujados a la delincuencia al no encontrar aquí la bonanza económica que esperaban, amén de unos pocos que se aprovechan de la laxitud de nuestras leyes para hacer su agosto.
(Eludo hablar de la riqueza del crisol de culturas y otros tópicos por el estilo, ya que yo no creo en «la» cultura, y los que sí creáis, admitiréis que no se come y que es algo que en realidad sólo beneficia a ricachones memos que salen de vez en cuando de su urbanización para comer en un iraní.)
Si os fijáis, los tres puntos nos llevan a la conclusión de que la población trabajadora autóctona se ve, en general, perjudicada por una abundancia excesiva de inmigrantes. Sobre todo los dos últimos. Y, al mismo tiempo, es sencillo deducir que hay otra clase social claramente beneficiada por ellos: los empresarios y los políticos conservadores (que, aunque casi sí, no son lo mismo).
La pérdida de calidad laboral siempre redunda en un aumento del beneficio del empresario. Pagan menos, y la gente cada vez es más consciente de que si quiere trabajar debe renunciar, sobre el papel o de palabra, a varios de sus derechos, ya que si tú no aceptas hay cincuenta detrás de ti esperando conseguir ese trabajo.
Y, encima, el aumento de la inseguridad ciudadana hace que la gente mire con simpatías posiciones de política conservadora, que prometen mano dura contra los delincuentes (aunque en realidad suelen querer decir «contra los inmigrantes»).
¿Criticáis la regularización masiva de inmigrantes que realizó Zapatero? Pues deberíais recordar que fue Aznar quien aplicó manga ancha para que entraran, y así produjesen los efectos del punto 1 y el punto 2, aunque de vez en cuando drogara y deportara a media docena para guardar las apariencias.
Lo más justo que podemos conseguir aquí es que los inmigrantes tengan los mismos derechos que nosotros. Pero lo justo de verdad, lo absolutamente justo, es que puedan gozar de ese privilegio en sus países. Hasta entonces, siempre les faltará un derecho.
–
A Barack Obama se le quiere presentar, supongo, como la gran revolución de la política norteamericana. ¡Un negro presidente! En un país donde la abstención negra es casi total, es iluso pensar que este segmento de la población se vaya a lanzar en masa a las urnas. Yo no creo que cambie nada. No creo que Obama saque las tropas estadounidenses de Irak, emprenda pasos hacia la abolición de la pena de muerte -monopolizada, casi, por negros- ni que desarrolle demasiadas medidas sociales, que siempre se han visto en ese país casi como un guiño al comunismo. Estaría bien recordar -y recordarles, por ejemplo, a los de la SER- que los demócratas no son de izquierda. Son, únicamente, algo menos de derecha que los republicanos. Estoy seguro de que, si este político alcanza la presidencia, su política seguirá siendo sierva de los intereses energéticos y armamentísticos de la superpotencia.
Cuando un negro se siente en el despacho oval, la cosa será entre ricos y pobres, como hasta ahora. Pero es preciso que sigamos pensando que la lucha es entre negros y blancos, entre inmigrantes y autóctonos, para que el gran espejismo se mantenga, y con el espejismo el sistema. Ganará Obama, tal vez, y será un rico en la Casa Blanca, y no un negro en la Casa Blanca. Y seguirá habiendo pobres blancos y pobres negros en Estados Unidos, como en el resto del mundo, y a los de arriba les seguirá conviniendo que los pobres negros, blancos, árabes, hispanos, etc. se sigan viendo entre sí como enemigos. Y los ricos negros, árabes y blancos seguirán intentando convencernos de que debemos dirigir nuestro odio a la paleta de colores.
7 de Febrero de 2008 a las 15:51
Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaamén….
Suscribo todas y cada una de tus palabras… al final, en política solo hay dos tipos de partidos… los de Derechas (que gobiernan para los ricos), y los de Derechas que dicen ser de izquierdas (pero que gobiernan para los mismos, u otros ricos)… y punto.
7 de Febrero de 2008 a las 19:01
Manuel, me ha gustado eso de “… y los de derechas que dicen ser de izquierdas”. ¡Nunca mejor dicho!
Elías: ¡una fabulosa disertación!
8 de Febrero de 2008 a las 11:34
Esta claro qeu al tal obama le han puesto ahi para apelar al sentimiento racial de los negros (si hablasemos de blancos, estariamos hablando de sentimiento racista) a ver que arañan.
Pero vamos que yo a este le veo mas cara de moro que de negro.
8 de Febrero de 2008 a las 18:52
Obama es café con leche. Desconfiarán de él tanto los negros como los blancos. Nadie lo verá de los “suyos”.
3 de Noviembre de 2008 a las 13:03
[...] unas semanas escribí sobre Barack Obama, y sobre cómo no me parecía la salvación del mundo ni el fin del racismo como les parece a [...]