Ars longa, vita brevis

La enseñanza del lenguaje en la escuela

21 de February de 2008

En un último punto sigue siendo [Leonard] Bloomfield muy actual, y quizá, incluso, se adelantara a nuestro tiempo. […] El [último] capítulo trata del purismo gramatical, con una severidad sólidamente fundada en el enraizamiento de éste en la discriminación sociológica; trata de la enseñanza de la gramática en la escuela; de la ortografía inglesa y su ruinoso coste intelectual; de la enseñanza de las lenguas vivas; de las estenografías; de la posibilidad de una lengua universal auxiliar.

Georges Mounin, La lingüística del siglo XX, Madrid, Gredos, 1ª edición (1977).

(La negrita es mía.) Esta reflexión es realmente profunda, aunque a veces no nos demos cuenta. Si os fijáis, y si damos por sentado que la lengua es una especie de combinación entre principio instintivo y creación social, es llamativo que la lengua modelo, o estándar, se centre siempre en un uso minoritario que de ella hacen determinadas clases culturales, que suelen coincidir con clases sociales altas. Puede que esta sea la razón de que a los alumnos les cueste tanto sacar buenas notas en Lengua. La lengua que les enseñamos es el español de Mario Vargas Llosa, de Gabriel García Márquez o de Eduardo Mendoza. Sin duda, son unos profesionales absolutamente brillantes en el uso del idioma, pero es que es posible que el idioma que ellos hablan sea, en realidad, un idioma distinto del que usan los chavales. Sin embargo, es tal vez indudable que, si no existiera la escuela, nadie les estaría diciendo continuamente a los jóvenes que el idioma que hablan no es el correcto, y no obstante no tendrían ninguna dificultad en expresarse y comprender a sus iguales. Esto no va en perjuicio, por supuesto, de que admitamos sin reservas -no hay más remedio- que el idioma de los profesionales del lenguaje es más rico en vocabulario y más complejo en su sintaxis superficial¹ o expresión perceptible.

Esta discriminación social del lenguaje puede verse muy claramente en la jerga judicial. Es absolutamente incomprensible, y, aunque quieran hacernos creer que es para evitar la ambigüedad y ser muy claro y conciso, esta no es la verdadera razón. La razón es que, desde siempre (excepto el último período histórico, que es cronológicamente despreciable, pero es el que nos ha tocado vivir), la justicia ha estado en manos de las clases altas. Los jueces, ya sea dedicados plenamente a esa actividad profesional, ya compatibilizando, como ha sido y es costumbre, este trabajo con otros como el de rey o el de jefe religioso, se han sentido muy por encima de la inmunda ralea que formamos los sufridos currantes. Valiéndose de sus sentencias, con sus otrosí digo, sus quien fuere convicto de tal, sus debo condenar y condeno, se aseguraban de que el despreciable vulgo quedase a cuadros ante la lectura de sus sentencias, y no tuviese más remedio que achantarse y pagar lo estipulado por su señoría. La utilidad de la jerga jurídica no es su concisión, sino su ininteligibilidad: mientras el matado de turno iba a la cárcel por robar los pollos, su abogado y el juez se iban juntos a tomar unos chatos después de haber conversado delante del cliente en un idioma que, para él, es más o menos chino.

Sobre el segundo punto destacado de la cita (la ortografía), no se le escapa a nadie que la escritura de cualquier idioma no es solo muy costosa intelectualmente, sino que las más de las veces es simplemente incoherente. Es por eso que un chico de dieciocho años que se expresa con total corrección confunde continuamente las bes con las uves y es inmune a la existencia de nuestra silenciosa hache. El chaval habla bien el castellano. Lo que sucede es que, cuando tiene que transcribirlo, se le obliga a escribir en un código distinto, es decir, en otro idioma. Un idioma en el que dos sonidos iguales se escriben de forma distinta, caprichosamente, en virtud de normas históricas de las que no participa ni comprende.

Sobre esto último hablábamos el gran Satch, su encantadora novia y yo el otro día en los madriles. Sobre que es curioso que, en general -o esa impresión tengo-, los chicos españoles tengan menos faltas de ortografía escribiendo en inglés que en castellano. La razón, creo, está clara. Un niño español primero aprende a hablar, de forma natural (todo indica que su cerebro está destinado y diseñado para ello). Luego debe aprender unas reglas ortográficas que contradicen lo que oye con sus oídos y lo que pronuncia con su boca. Es decir, que primero aprende español, y muchos años más tarde aprende a escribir español. El inglés, sin embargo, como se estudia al mismo tiempo que se aprende, se lee desde el primer momento, y en ese instante los chicos no llevan años hablando inglés sin escribirlo, sino que la primera vez que se han topado con una palabra lo han hecho en su forma escrita. Por eso, me parece a mí, en la enseñanza del inglés pasa exactamente lo contrario que con la enseñanza del castellano: un chico puede aprender a redactar perfectamente en inglés, pero luego viaja a Londres y descubre que no entiende a nadie y que no lo entiende ni Dios. En este caso, al contrario que con el castellano, el código que ha aprendido es el inglés escrito, y luego tiene, a trancas y barrancas, que aprender sonidos para esas palabras que ya sabe.

En cualquier caso, a la enseñanza en este país no la salva ni un milagro. Bueno, sí que puede salvarse: con voluntad de hacerlo y con mucho dinero. De lo uno no hay, y lo otro prefieren gastarlo en cualquier chorrada antes que en la educación. Sí, un círculo vicioso, lo llaman.

(1) Aquí, superficial no es un adjetivo peyorativo; se refiere a la estructura superficial en la gramática generativa. Según esta corriente, una misma estructura profunda (esto es, y simplificando mucho, un mismo significado o un mismo esquema lógico mental), puede expresarse de formas distintas en la estructura superficial. Por ejemplo, una misma estructura profunda podría expresarse en castellano con varias estructuras superficiales distintas, que podrían ser: «Alguien llama a la puerta»; «Están llamando a la puerta»; «Hay alguien llamando»; etc.

4 comentarios en “La enseñanza del lenguaje en la escuela”

  • # Reset Reboot dice:
    24 de February de 2008 a las 12:27

    La verdad es que nunca habia parado a reflexionar sobre este tema, Elías, sinceramente. Pero, ahora que lo planteas, tienes razón. Nuestro idioma, como tal, es una pura convención a la hora de estipular sus reglas. Es el producto de una evolución, y como tal, no es perfecto.

    También es cierto que existe cierta discriminación lingüística, y de esoalgo sabemos los que usamos, nos gusta y apreciamos el acento andaluz.

    Y la verdad es quecon lo de inglés has dado en el clavo, leido y escriot, somos unos hachas…. ponte a hablarlo. En el corrículum el 98% tiene mejor nivel escrito que hablado.

    Ahora bien,personalmente, creo que decir que el lenguaje usado por Vargas Llosa u otros grandes magos del idioma, esta muy lejos, e incluso puede ser símbolo de diferente estatus social, creo que es un poco desacertado.

    No por nada, si no porque, al igual que el fotógrafo aprende cosas al ver las fotos de los grandes del género, el que lee, tiene acceso a esa magia, esa plasticidad y saber hacer en el poco apreciado arte de mostrar a la belleza en un montón de palabras cogiditas de un papel.

    ¿Qué es lo que quiero decir con esto? Que todo se pega, y si uno aprende a coger un libro para algo más que para calzar una mesa o decorar en una estantería, algo se le pega. Todos los que tenemos costumbre de leer, llega un momento en que las faltas de ortografía te “chillan” y te saltan a la vista, llegando a provocar la dificultad a la hora de leer el texto.

    Por otro lado, si quieres ver incongruencias lingüisticas entre los jóvenes, busca SMS en la Wikipedia española, con auténticos ejemplos de convenciones aplicadas por los mismo que no pasan por el aro de las que se supone que la mayoría aceptamos.

    Un saludo!

  • # Reset Reboot dice:
    24 de February de 2008 a las 12:29

    (Y disculpad mis faltas de ortografía, cosas de las prisas!)

  • # Luciana dice:
    26 de February de 2008 a las 23:06

    Hola, la verdad es que no sé qué ocurre con la enseñanza de nuestra lengua en su país. En Argentina me parece pésima e infiero que por un motivo simple: nadie sabe qué es lo que se pretende con ella. Por lo pronto, supongo que habrá acuerdo respecto de que lo que NO se pretende es enseñar a hablarla. No debe ser una asignatura normativa, no tendría sentido. Creo que habría que plantearse cómo queremos encarar ese objeto, cómo ha de ser recortado. Y quizá sea tarea de los lingüistas colaborar con las instituciones educativas.
    Por otra parte, ¿no estarás siendo un poco injusto con la escritura? ¿Hemos de conformarnos a continuar pensándola como mero medio?

  • # jajajaj=)! dice:
    8 de November de 2009 a las 13:21

    Hola,voy a 2 de ESO y necesito saber que es la ambiguedad y la connotacion porfavor me podrias decir que es. Es que tengo un examen el lunes y no me entra lo que pone en el libro y queria saber y entender lo que es.
    Besooos y gracias

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