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La Lengua » Zalacaín el aventurero

Ars longa, vita brevis

Zalacaín el aventurero

1 de January de 2008

zalacain.png

Es la segunda novela que leo de Pío Baroja, después de El árbol de la ciencia, y me ha parecido igualmente divertida. A Baroja se le acusa en los manuales de literatura de tener un estilo demasiado llano y directo, pero en la humilde opinión de un servidor, aún no he llegado a entender por qué eso se considera un defecto. Es más, cometeré otro grave atentado contra los cánones literarios españoles: me parece mucho más entretenido el sobrio estilo barojiano que el barroquismo que rezuman muchas novelas de nuestro realismo del siglo XIX, que a menudo me resulta plomizo. No estoy quitando el mérito ni la calidad literaria a las novelas del mil ochocientos, claro, estoy hablando sólo de mis gustos.

(Esto de escribir un blog casi a diario durante más de cuatro años me ha enseñado, sobre todo, que conseguir un estilo sencillo y directo es una de las tareas más difíciles de conseguir. Decir cualquier cosa con mil palabras es bastante fácil y cualquiera puede hacerlo; economizarlas y decir lo mismo en la cuarta parte de espacio es algo que no está al alcance de cualquiera, y que yo sólo empiezo a conseguir después de un cuatrienio de práctica diaria. El estilo sencillo no sale solo, sino que es fruto de un trabajo y una dedicación por lo menos iguales a los del estilo barroco.)

Martín Zalacaín es un chico vasco nacido de una familia humilde y poco emprendedora, que sorprendentemente tiene un impulso vital que le permite salir victorioso en cualquier empresa que se proponga. Desde niño esto le causa problemas en el pueblo, hasta el punto de ganarse, con pocos años, un enemigo mortal para el resto de sus días: Carlos Ohando, un joven de su edad cuya familia presta un caserío a los Zalacaín, compadeciéndose de su pobre situación. El antagonismo entre Martín y Carlos va in crescendo a lo largo de la novela, hasta acabar en una tragedia que no voy a desvelar aquí (pero que no os será demasiado difícil de averiguar, dada la premisa que dice que una novela sólo acaba cuando muere su protagonista).

El arrojo casi inconsciente de Martín logra que cada vez le favorezca más la fortuna, y ello ayudándose casi exclusivamente de sus propios medios. Sobre toda la historia planea la Tercera Guerra Carlista, especialmente cuando se narra la vida adulta del protagonista, que no tiene reparos en fingir su apego por una u otra facción, si eso sirve a sus intereses. Sin embargo, no lo hace por astucia maquiavélica, sino por una simpleza y un modo de ver las cosas en las que no busca tres pies al gato: no se para a pensar y actúa. En este sentido la novela es totalmente opuesta a la que he citado en el primer párrafo.

Nos describe Baroja de una manera bastante vívida los paisajes del País Vasco, algunas de sus costumbres y sus canciones, pero sin que haya largos capítulos dedicados a la descripción costumbrista, lo que yo, personalmente, le agradezco. Es especialmente memorable -por lo hilarante- el capítulo dedicado a Miguel Tellagorri, tío de Martín, un personaje único que me hizo reír a carcajadas por sus acciones y sus palabras.

Y para los miedosos de los libros gordos, este es muy cortito (menos de 300 páginas), y gracias al denostado estilo de don Pío se lo lee uno sin enterarse.

El regimiento del capitán Briones se encontraba en las avanzadas. Martín preguntó por él y lo encontró. Briones presentó a Zalacaín y a Bautista a algunos oficiales compañeros suyos, y por la noche tuvieron una partida de cartas y jugaron y bebieron. Ganó Martín, y uno de los compañeros de Briones, un teniente aragonés, que había perdido toda su paga, comenzó, para vengarse, a hablar mal de los vascongados, y Zalacaín y él se enzarzaron en una estúpida discusión de amor propio regional, de ésas tan frecuentes en España.

5 comentarios en “Zalacaín el aventurero”

  • # agus dice:
    4 de January de 2008 a las 14:38

    Pues me lo voy a leer. De Baroja me he leído la trilogía de La Busca. Y de todo lo que me he leído en mi vida, es de lo que más me ha gustado.

  • # v dice:
    7 de January de 2008 a las 6:55

    Pío Barhoja:Al final de sus días decidió aunar en su apellido dos de sus aficiones.Lo de Pío no lo cambió,imagino que para llevar la contraria:No decir ni Pío.
    De cada 10 fumadores, 5 son la mitad y quien mal anda mal acaba,mientras que el que hace un cesto hace ciento y las cosas no son como empiezan sino como terminan.

    Saludos a la familia Landa, empezando por Don Alfredo.

    V.

  • # v dice:
    7 de January de 2008 a las 6:58

    Ahora estoy leyendo “Las aventuras de Juan Torroles”, obra póstuma del pequeño del dúo sacapuntas,no está mal, quizá padezca de ese exceso de surrealismo tan habitual ultimamente en consumidores de turrón del duro,del que soy consumidor feroz y tenaz.

    V.

  • # Pedro dice:
    29 de January de 2009 a las 12:44

    Gracias por tu sinceridad. Evidentemente uno es lo que es, o mejo consigue hacer lo que hace, sobretodo por su esfuerzo y práctica continua.
    Un buen estímulo para todos, en particular para los alumnos.
    “(Esto de escribir un blog casi a diario durante más de cuatro años me ha enseñado, sobre todo, que conseguir un estilo sencillo y directo es una de las tareas más difíciles de conseguir. Decir cualquier cosa con mil palabras es bastante fácil y cualquiera puede hacerlo; economizarlas y decir lo mismo en la cuarta parte de espacio es algo que no está al alcance de cualquiera, y que yo sólo empiezo a conseguir después de un cuatrienio de práctica diaria. El estilo sencillo no sale solo, sino que es fruto de un trabajo y una dedicación por lo menos iguales a los del estilo barroco.)”

  • # carla | asesoría de empresas dice:
    17 de November de 2011 a las 12:26

    Buena información , interesante y completa . Ya tienes una fan más, muchas gracias por toda la informácion para empresas..

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