Ya nada ahora

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo. Pero nada ya ahora
-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo: exento, libre,
como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,
creciente en un espacio sin fronteras,
este amor ya sin mí te amará siempre.
El poeta Ángel González ha muerto esta madrugada.

12 de Enero de 2008 a las 14:19
Es sorprendente que en estos tiempos propicios al artificio y lo vulgar queden poetas; que todavía el alma quiera reivindicar su soterrada verdad, desconocida por el bullicio y la prisa. Me parece prodigioso el inevitable impulso que obliga al hombre a callarse y escucharla, y a abandonarse en inmaculado rito a esa dimensión encendida, de donde nace la poesía, sin más defensa que la palabra.
Yo reivindico toda la poesía de amor de Ángel González, aunque apenas ya nadie ama, como cancionero de amor moderno. Y, por supuesto, Tratado de Urbanismo, en la línea de la poesía social que se hacía por esos tiempos, como lectura para el silencio. También animo a los profesores de Secundaria a leer en clase poesía de Ángel González sin miedo, pues no es nada hermética y ese dulce prosaísmo es del gusto de las mentes tan vírgenes como torpes de las nuevas generaciones, que quieren pensar sin darse cuenta de que lo hacen. La poesía de Ángel González es tierna, nostálgica, enamorada, pesimista a veces, pero está repleta chispazos líricos que entusiasman el espíritu del más bruto. Si se seleccionan bien los poemas, es apta incluso para el primer ciclo de la Secundaria, que no conoce más poesía que los romances y las cancioncillas populares con las que machacan los libros de texto. Que sí, que el Romance del Conde Olinos es muy bonito y rebosa musicalidad y emoción, pero los niños tampoco son tontos, y si les das, por ejemplo, Inventario de lugares propicios para el amor, o poemas en esa línea, van a recibirlos con mayor familiaridad y confianza. Entenderán que la poesía está también en la calle, que es algo cotidiano y colectivo, y no una vetusta herencia del pasado, perdida en no saben qué siglos caducos y que nos habla con un extraño lenguaje para expresar sentimientos que jamás han sentido.
12 de Enero de 2008 a las 15:02
Yo recuerdo un poema suyo que se llamaba “Discurso a los jóvenes”. He ido a buscarlo y empieza así:
De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.