Afrancesados
Lo confieso, me he considerado siempre un afrancesado. Para las víctimas de las leyes educativas (de cualquiera de ellas), aclararé que ese adjetivo designa a quienes se postulaban a favor de Napoleón durante la Guerra de la Independencia española, cuando el pueblo se levantó en armas contra el invasor francés, que traía a España los ideales de la Ilustración.
En mayo de 1808 hubo una insurrección en Madrid, y al día siguiente el ilustrado príncipe de la paz fusiló madrileños a puñados. No estoy a favor de los fusilamientos ni de las invasiones, claro, pero sí me ha parecido siempre más simpático el racionalismo francés que el tiránico oscurantismo borbónico, que es lo que nuestros heroicos antepasados lograron reinstaurar cuando echaron a los franceses. Cuando Curro Jiménez y compañía (broma generacional) echaron a Bonaparte y a su invencible ejército, se sufrió en este país el peor rey que probablemente haya tenido nunca ningún país. «¡Que vivan las caenas!», dijeron los españoles el día de la victoria, y tanto nos gustaron las caenas que desde entonces han sido muy breves los períodos en que nos hemos librado de ellas. Y cuando pasamos demasiado tiempo sin las cadenas, como ahora, siempre empieza a haber gente que declara cuánto las echa de menos (no sé si me estoy poniendo demasiado oscuro en este párrafo; para quien no lo entienda, aclararé que me refiero a los del con Franco vivíamos mejor). En fin, quien quiera saber más sobre el particular puede ir a la Wikipedia.
Un afrancesado comete dos de los más graves defectos que un español puede tener a los ojos de sus compatriotas: preferir la ciencia y la ilustración al oscurantismo y las supersticiones, y no ser nacionalista.
Estaba leyendo este post en el blog de Ignacio Escolar y me topo con el siguiente comentario, que está arrasando en la competición por los votos positivos:
Fue un día negro para la historia española, ya que marcó el inicio de una guerra con unas condiciones desastrosas para todos los españoles: hambre, pobreza y un gran retraso científico y tecnológico. Además, con el único premio de volver a instaurar en el poder a los mismos inútiles que nos llevaron a la invasión francesa.
Cuánto gilipollas y que pocas guillotinas…
Yo supongo que quienes lo han votado positivo son los mismos que, cuando se hablaba de terrorismo en Irak contra los ocupantes de la coalición de Bush y Blair, decían que del mismo modo habría que llamar terroristas a los insurgentes españoles. Que no eran terroristas, sino luchadores por la libertad.
Las cuestiones de guerra y de política internacional son muy complicadas, y yo no pretendo sentar cátedra con este post. Pero me sorprende la increíble capacidad de la gente para no ser consecuente. ¿En qué quedamos?
Napoleón quería imponer la Ilustración en España tanto como Bush quería imponer la democracia en Irak (uno quería tener un cómodo campo de batalla para hacerle la puñeta a Portugal y a Inglaterra fuera de Francia, y que esta no se viera arrasada por la guerra; el otro quiere petróleo). Mientras, unos insurgentes (¿terroristas?) españoles querían recuperar una dictadura regia y religiosa, y otros insurgentes (¿terroristas?) quieren imponer una dictadura aún peor que la de Sadam, que al menos era más o menos laica; los aliados bombardean a mansalva causando incontables bajas en la población civil, lo mismo que hizo Napoleón en el infausto dos de mayo.
O habrá quien crea que Napoleón actuaba guiado por el noble impulso de ilustrar a sus morenos vecinos del sur, y que el pobre no tuvo más remedio que liarse a bayonetazos cuando vio que nos poníamos farrucos.
Total, que soy un afrancesado en contra de Napoleón. El caso es llevar la contraria.
6 de Enero de 2008 a las 14:18
Una vez leí que Napoleón era bulímico y que tenía una hernia de hiato. También que después de cada batalla se comía un pollo entero.
8 de Enero de 2008 a las 11:28
Curioso… hasta hoy no sabía mucho de estos hechos, salvo que nos lo enseñaban ensalzando el espíritu nacional y nos referimos a ellos como una lección de fuerza ante los ‘malvados’ franceses.
Ahora, que soy más mayor y me gusta reflexionar sobre las cosas, lo cierto es que sí parece que fue un error echar a los franceses. Quizás, si les hubiésemos dejado hacer a día de hoy este no fuese un país de ladrones y mangantes, y sí una nación más moderna, con una identidad propia y más cabeza.
12 de Enero de 2008 a las 13:16
Bueno, si hay algo que me gusta de esta vida, son los matices de grises que hay entre los absolutos blanco y negro (quizás me ha ayudado a pensar de esta manera el tener un padre para el que sólo existen blanco y negro).
Por eso, la invasión francesa se queda en ese gris tan dificil de catalogar.
Ah, y si me permites una breve reflexión, yo creo que ni con Borbones y no Bonapartes hubiera cambiado mucho la cosa, debe ser cosa del ADN o del clima español…