
En la foto: Ingrid Bergman.
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El post ¿Feo? que escribí el otro día ha generado un interesante debate amorfo (ya lleva 17 comentarios) que me parece relevante como para traerlo a la portada del blog.
Antes de nada, ¿en qué consiste ser guapo? Nuestros antepasados de la antigüedad clásica pensaban tal vez que un humano bello debía parecerse a los dioses, pero puede que la realidad -como siempre- sea bastante más prosaica.
Aparte de las lógicas oscilaciones según épocas, los cánones de belleza se han mantenido con bastante regularidad a lo largo de los siglos. Siempre se ha preferido que el hombre sea alto, de espaldas anchas y sin acumulación de grasa, y tampoco están de más unas piernas largas. Cualquiera de estos factores es fácilmente explicable desde el punto de vista biológico: el hombre es el cazador, el defensor de la familia, el guerrero. Debe ser grande y musculoso. Y rápido: unas piernas largas son más eficientes en el desplazamiento, ya que requieren menos energía para avanzar que la que necesitaría un paticorto. Obtención de energía (caza), uso eficiente de ella y protección.
En cuanto a las mujeres, por mucho que pensemos que antiguamente nos gustaban gordísimas y que ahora nos gustan flaquísimas, yo creo que el asunto tampoco ha cambiado tanto. En épocas de escasez un cuerpo con excedentes constituía una reserva de energía, y socialmente es lógico que triunfase (preguntad a vuestros abuelos: en la posguerra, en España, las madres estaban orgullosísimas de sus hijos obesos). Ahora, en esta época de sobreabundancia vacua, es lógico que restemos del ideal esa reserva de energía innecesaria. Pero hay algo que permanece: pechos generosos, y unas caderas bastante más anchas que la cintura. Dicho de otro modo: anchas caderas como signo de buena procreadora, y grandes pechos rebosantes de leche para amamantar a los hijos. Si exceptuamos a las modelos de ropa (cuyos cuerpos, no nos engañemos, no gustan al común de los varones, sino exclusivamente a los diseñadores de moda), desde la Venus de Willendorf hasta Laetitia Casta, el trinomio binomio tetas + caderas se mantiene estable.
Hay también rasgos compartidos por el ideal de belleza de ambos sexos, como la simetría. Tener un físico simétrico es más importante que lo que pudiera parecer. En primer lugar, delata un crecimiento sin enfermedades ni accidentes, donde el cuerpo ha podido desarrollarse y mantenerse sano. Y además, en las extremidades, por ejemplo, la simetría garantiza, de nuevo, un desplazamiento más eficiente, al hacer innecesaria una corrección constante de la dirección provocada por una pierna más larga que otra, lo que conllevaría una pérdida inútil de energía. También una apariencia joven es un factor apreciadísimo para quien quiere aparentar belleza, ya que la juventud es un punto a favor de las capacidades reproductivas y energéticas de un individuo.
Total, que sí, que a todos nos gustan las personas guapas, y que no sólo es lógico, sino que no tenemos más remedio genético. Pero lo bueno, en el caso de las personas, es que nuestro potentísimo cerebro nos hace sensibles a otros tipos de belleza que no son evidentes a los sentidos: la inteligencia, la bondad, el buen humor, son rasgos que en general son apreciados en la búsqueda de una pareja. Eso, tal vez, es la explicación de por qué los feos no nos hemos extinguido (mientras que los animales, en general, son todos ellos buenos modelos canónicos de sus especies respectivas).
Y ahora el debate: ¿preferirías ser más guapo o más inteligente? ¿Renunciarías a parte de tu inteligencia por un extra de belleza, y viceversa? ¿Crees que, en igualdad del resto de factores, un guapo tiene más probabilidades de ser feliz que uno del montón? Tus opiniones -y la mía también- en los comentarios.