Venezuela, Chávez

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Entiendo que Venezuela es una democracia: cada seis años, creo, se vota al presidente de su Gobierno, y tengo entendido que pueden presentarse multitud de partidos políticos, algunos de ellos muy críticos con el actual presidente. Entiendo, también, que sus elecciones son relativamente transparentes, o al menos tanto como las de cualquier país democrático: no solo en varias de ellas ha habido observadores internacionales que han constatado la limpieza de los procesos electorales, sino que, como recuerda Íñigo Sáenz de Ugarte, Chávez acaba de perder unas elecciones, cosa poco probable en una dictadura. Entiendo también que su principal arma sea el populismo grosero y facilón, ya que esa es la principal arma de todos los políticos, habida cuenta de que la gente es tonta (cosa que, como ya os he dicho alguna vez, yo puedo decir sin tapujos porque no salgo por la tele). Entiendo, incluso, que sienta simpatías hacia ciertas dictaduras, que es un defecto achacable también a casi cualquier político occidental (en España, sin ir más lejos, a no pocos simpatizantes de Izquierda Unida se les hace el culo Pepsi-ColaTM con Fidel Castro, mientras que muchos dirigentes del Partido Popular tienen serias dificultades para condenar la dictadura franquista).

Lo que nunca entenderé es que este personaje caiga bien a personas que parecen considerarse amigas de la libertad y la razón, que son las verdaderas fuentes de las que bebe la democracia. Uno puede alabar la perfección de la democracia venezolana, que es tan imperfecta, ni más ni menos, como las democracias europeas de las que tan pagados nos sentimos. Pero no me entra en la cabeza que personas que en principio parecen civilizadas beban los vientos por un personaje que basa su discurso en los insultos, las amenazas, y los abrazos con individuos con el presidente de la República (¡ja!) de Irán, país mundialmente conocido por su lapidación de mujeres adúlteras. ¿Qué es lo que falla?

Yo os lo diré. Los políticos nos tienen bien adiestrados, como a perritos. A fuerza de costumbre nos han domesticado para que aceptemos que nuestra única elección es el mal menor. Yo robo, pero el de enfrente más; yo soy un inútil, pero más lo es el otro; yo no voy a proporcionaros un sueldo digo, pero mi adversario os lo va a bajar. Susto o muerte. «Los votos en blanco, las abstenciones, son votos para el enemigo», nos advierten los apesebrados, para que votemos lo que ellos quieren y quitarnos la opción de gritar que no estamos contentos con ninguno, que no pensamos otorgarles legitimidad hasta que sean mínimamente dignos de nuestro voto. Así nos luce el pelo.

Y en estos tiempos, en que cualquier idiota tiene un blog (y el que tenéis delante es una prueba), se oyen cientos de voces patrias que defienden al dirigente venezolano, que si no se dedicara a la política bien podríamos encontrarlo en vómitos como El diario de Patricia. Él no es que sea perfecto, dicen, o a veces lo callan. Pero peores son Bush y Aznar.

Pues vale. Si eso es todo a lo que aspiramos, pues eso será lo que nos merecemos.

3 comentarios en “Venezuela, Chávez”

  1. El Pepito de Los Palotes dice:

    Amig, te invito a leer lo escrito en El Pepito de Los Palotes, concretamente el artículo titulado “Venezuela, los que gobiernan de verdad”, ubicadlo en http://pepipalo.blogspot.com/ y entenderás lo que está sucediendo en este país… EL ANÁLISIS REALIZADO NO TIENE DESPERDICIO.

  2. kapote dice:

    qué te sucede? no soportas que haya gente que escape al pensamiento único? alerta a navegantes: el pensamiento único intelectualoide es ir a por los que se salen de lo conveniente.
    así vamos, tienes razón, con tanto monárquico suelto bienavenido y bienculturalizado y con un ladrón venezolano que se atreve a robarnos el petróleo nativo que ya era nuestro, si será cabrón el tío chávez….
    pero, sabes el que roba a un ladrón tiene cientos de miles de años de perdón y los ladrones visten armani y son superpijos

  3. Elías dice:

    No recuerdo haber hablado de petróleo, kapote, sino de educación y crispación, y de la postura acrítica de algunos españoles respecto a Chávez.

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