Warning: Use of undefined constant get_magic_quotes_gpc - assumed 'get_magic_quotes_gpc' (this will throw an Error in a future version of PHP) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/cforms/lib_functions.php on line 339

Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/lalen2/public_html/images/cassette01.jpg(1) : eval()'d code(83) : eval()'d code(1) : eval()'d code(1) : eval()'d code:1) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/wp-super-cache/wp-cache-phase2.php on line 1164
La Lengua » 2007 » December

Ars longa, vita brevis

Piedra, papel, tijera

5 de December de 2007

Comprendo cómo las tijeras pueden ganar al papel, y entiendo cómo una piedra puede vencer a las tijeras, pero no hay una puta forma de que el papel pueda ganar a la piedra. ¿Se supone que el papel se pliega mágicamente alrededor de la piedra y la deja inmóvil? ¿Por qué narices el papel no puede hacer lo mismo a las tijeras? Que les den a las tijeras, ¿por qué no le puede hacerle lo mismo a la gente? ¿Por qué las hojas de papel rayado de los cuadernos de los escolares no están constantemente asfixiándolos cuando ellos toman apuntes en clase? Yo os diré por qué: porque el papel no puede ganarle a nadie. Una piedra le ganaría a esa mierda en dos segundos. Cuando yo juego a piedra, papel, tijera, siempre elijo piedra. Entonces cuando alguien afirma que me ha ganado con su papel, le atizo en la cara con el puño cerrado y digo: “Oh, mierda, lo siento, pensé que el papel te protegería, GILIPOLLAS”.

Traducido de aquí, vía Digg.

Venezuela, Chávez

4 de December de 2007

chavez.jpg

Entiendo que Venezuela es una democracia: cada seis años, creo, se vota al presidente de su Gobierno, y tengo entendido que pueden presentarse multitud de partidos políticos, algunos de ellos muy críticos con el actual presidente. Entiendo, también, que sus elecciones son relativamente transparentes, o al menos tanto como las de cualquier país democrático: no solo en varias de ellas ha habido observadores internacionales que han constatado la limpieza de los procesos electorales, sino que, como recuerda Íñigo Sáenz de Ugarte, Chávez acaba de perder unas elecciones, cosa poco probable en una dictadura. Entiendo también que su principal arma sea el populismo grosero y facilón, ya que esa es la principal arma de todos los políticos, habida cuenta de que la gente es tonta (cosa que, como ya os he dicho alguna vez, yo puedo decir sin tapujos porque no salgo por la tele). Entiendo, incluso, que sienta simpatías hacia ciertas dictaduras, que es un defecto achacable también a casi cualquier político occidental (en España, sin ir más lejos, a no pocos simpatizantes de Izquierda Unida se les hace el culo Pepsi-ColaTM con Fidel Castro, mientras que muchos dirigentes del Partido Popular tienen serias dificultades para condenar la dictadura franquista).

Lo que nunca entenderé es que este personaje caiga bien a personas que parecen considerarse amigas de la libertad y la razón, que son las verdaderas fuentes de las que bebe la democracia. Uno puede alabar la perfección de la democracia venezolana, que es tan imperfecta, ni más ni menos, como las democracias europeas de las que tan pagados nos sentimos. Pero no me entra en la cabeza que personas que en principio parecen civilizadas beban los vientos por un personaje que basa su discurso en los insultos, las amenazas, y los abrazos con individuos con el presidente de la República (¡ja!) de Irán, país mundialmente conocido por su lapidación de mujeres adúlteras. ¿Qué es lo que falla?

Yo os lo diré. Los políticos nos tienen bien adiestrados, como a perritos. A fuerza de costumbre nos han domesticado para que aceptemos que nuestra única elección es el mal menor. Yo robo, pero el de enfrente más; yo soy un inútil, pero más lo es el otro; yo no voy a proporcionaros un sueldo digo, pero mi adversario os lo va a bajar. Susto o muerte. «Los votos en blanco, las abstenciones, son votos para el enemigo», nos advierten los apesebrados, para que votemos lo que ellos quieren y quitarnos la opción de gritar que no estamos contentos con ninguno, que no pensamos otorgarles legitimidad hasta que sean mínimamente dignos de nuestro voto. Así nos luce el pelo.

Y en estos tiempos, en que cualquier idiota tiene un blog (y el que tenéis delante es una prueba), se oyen cientos de voces patrias que defienden al dirigente venezolano, que si no se dedicara a la política bien podríamos encontrarlo en vómitos como El diario de Patricia. Él no es que sea perfecto, dicen, o a veces lo callan. Pero peores son Bush y Aznar.

Pues vale. Si eso es todo a lo que aspiramos, pues eso será lo que nos merecemos.

Lengua impresa

Últimamente tengo poco tiempo para escribir, así que, cuando me pongo, me entra una hemorragia dialéctica difícil de contener. Es normal que muchos de vosotros, que tal vez accedáis al blog desde vuestro lugar de trabajo, no entréis todos los días con el tiempo suficiente para leer de una sentada todos los artículos.

La única con la confianza y falta de tacto suficientes para decírmelo ha sido Priscila, que me ha sugerido que incluya una opción en los posts que permita imprimirlos, para que así cada uno pueda sacarlos por la impresora y leerlos cuando buenamente pueda (o bien darle algún otro de los usos que tiene el papel impreso, y ya sabéis a lo que me refiero).

He instalado el plugin WP-Print 2.20, mediante el cual podéis imprimir cada artículo pulsando en el enlace correspondiente, que aparece debajo del título del post. Si tenéis dudas sobre su uso (o recomendaciones sobre su utilidad), podéis dejarlas en los comentarios.

El instinto del lenguaje

3 de December de 2007

instinto.png

La premisa de la que parte este interesante libro es la siguiente: existe un instinto en la especie humana que le hace desarrollar un lenguaje oral diferenciado de todas las formas de comunicación animal, y, como instinto, es innato y está codificado en nuestros genes.

A diferencia de casi todas las grandes corrientes de la lingüística, que siempre han catalogado las lenguas como algo puramente cultural, es decir, algo que ha sido creado como podía no haberlo sido, la tesis del libro es que la facultad de hablar una lengua no solo es algo para lo que nacemos preparados, sino que tiene un órgano físico dedicado a ello (más bien, parte de un órgano: el cerebro), igual que tenemos órganos para la digestión y para la circulación sanguínea.

Hasta hace poco, las teorías que negaban la existencia del lenguaje como un instinto se basaban, sobre todo, en dos cosas: primero, que no tenemos (al menos aparentemente) un órgano dedicado a la facultad de hablar, sino pequeñas modificaciones en partes de nuestro cuerpo, como la lengua, el paladar, la laringe, etc.; y segundo, que la especie humana ha creado miles de lenguas distintas entre sí.

Algunos de los descubrimientos del siglo XX parecen, al menos, poner en duda tal teoría, por ejemplo:

  • Absolutamente todas las civilizaciones conocidas, incluso algunas que han vivido aisladas del resto del mundo desde la Edad de Piedra, han desarrollado una lengua más o menos sofisticada que sirve exactamente a los mismos propósitos en cada una de ellas. Además, hay evidencias históricas de que nuestros antecesores en la cadena evolutiva (los distintos homo que nos han precedido) también utilizaban el lenguaje, como el desarrollo de hechos culturales que precisan de técnicas difícilmente transmisibles sin él: la ropa, las armas, las viviendas, y demás.
  • Hay hechos que se repiten en absolutamente todas las lenguas: son los conocidos como universales lingüísticos (aquí tenéis un artículo en formato PDF sobre el particular). Por ejemplo, todas las lenguas conocidas, vivas o muertas, distinguen las clases de sustantivo y verbo, y tienen consonantes nasales (como nuestras m, n y ñ). Este tipo de universales, que se dan en todas las lenguas, son llamados universales absolutos. Pero también hay universales relativos o implicacionales, que establecen que en todas las lenguas donde se produce X también se produce Y, sin excepción. Por ejemplo, no todas las lenguas conocen el número dual (el castellano sólo conoce los números singular y plural). Pero todas las lenguas que conocen el número dual, como el griego clásico, también conocen el número plural (el cual no es un universal). Estos hechos son difícilmente comprensibles si no asumimos alguna estructura lingüística cerebral e innata que produzca estas coincidencias.
  • A pesar de que no existe, como entidad autónoma, un órgano del lenguaje, al parecer sí que hay varias regiones del cerebro, como el área de Broca, que están destinadas desde nuestra concepción a determinadas funciones lingüísticas concretas1.
  • Aunque no tenemos, fuera de las áreas mencionadas, un órgano específico del lenguaje, sí que hay algunas partes de nuestro cuerpo que han sido modificadas exclusivamente para este cometido. Por ejemplo, la razón por la que las personas sufrimos frecuentemente atragantamientos es que la estructura de nuestro aparato fonador está diseñado para que podamos producir un número rico de fonemas (sonidos, o, para entendernos, letras), y el precio que pagamos a cambio es un sistema de nariz, boca y garganta más vulnerable a lo que conocemos como “se me ha ido la comida por el otro lado”. Este problema no se produce en nuestros parientes simios más cercanos, y no tiene sentido que nuestra especie lo haya desarrollado si no es para el lenguaje, dado que no sirve para nada más.
  • Existen enfermedades y lesiones cerebrales que únicamente afectan a la capacidad de hablar, sin afectar en nada a la inteligencia (se conocen como afasias). Existen, por ejemplo, personas con inteligencia normal, o incluso personas superdotadas, que son incapaces de hilvanar un enunciado coherente. Al mismo tiempo, existen personas con un cociente intelectual por debajo de lo normal (menos de 80) que pueden emitir largos discursos con gran coherencia gramatical. Esto se enfrenta a la idea de que el lenguaje es un invento cultural fruto de nuestra impresionante capacidad intelectual general, como lo pueden ser los televisores de cristal líquido o los cohetes que pueden viajar a la luna. Esto es: la humanidad podría existir, y lo ha hecho durante miles de años, sin fabricar televisores ni cohetes, porque no es algo innato ni necesario para nuestra supervivencia, aunque nuestro cerebro sea capaz de inventarlos. El lenguaje, sin embargo, es algo necesario en nuestra especie. No es ningún invento.

Es un libro bastante largo que echa por tierra bastantes tópicos, como el tan manido de que los esquimales tienen no sé cuántas palabras para el significado de “nieve”, y se enfrenta valientemente con algunas verdades centenarias y casi inmutables de la lingüística, como la que afirma que las palabras que designan los colores en los distintos idiomas son algo meramente cultural, y no fruto de nuestra naturaleza (aparentemente, aunque la gama de colores sea un continuum de frecuencias sin un salto detectable entre el rojo y el rosa, por ejemplo, nuestro ojo sí está preparado fisiológicamente para discriminar determinados colores). Aparte de todo esto, en sus trece largos capítulos se nos cuentan infinidad de curiosidades sobre el lenguaje y muchas de las distintas lenguas que en el mundo se han hablado y se hablan, todo dirigido a convencernos de su teoría sobre lo instintiva que es nuestra principal forma de comunicación. Y en general, al menos conmigo, está cerca de conseguirlo.

El libro se opone a las tesis de los idealistas, para los cuales el mundo lo vemos como lo vemos porque cada lengua concreta lo estanca en distintas realidades que se corresponden con las palabras, y afirma -y argumentos no le faltan- que hay realidades que existen independientemente de nuestra concepción del mundo, como los animales, los árboles, el mar, y otras muchas.

Hay un par de alegatos sobre la necesidad de preservar las lenguas minoritarias, y también en contra de los que él llama «coleccionistas de palabras», profesionales que se dedican al «buen hablar» (como lo habría sido el difunto Fernando Lázaro-Carreter con sus dardos), y también un capítulo dedicado a enfrentarse con ciertos convencionalismos académicos del inglés. Aquí es donde flojea un poco el libro, y se nota que Steven Pinker es, sin duda, un gran conocedor de la psicología, pero algo superficial en cuestiones gramaticales puras. Sin embargo, todas las posturas que defiende están respaldadas por argumentos razonados.

Creo que la extensión del libro y la importancia del tema tratado (nada de lo que nos hace humanos podría existir sin el lenguaje, y tampoco el estudio y la transmisión de las distintas ciencias) lo hacen comparable a mi otro libro de divulgación preferido de este año: Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson. Es tan amplio el tema que aborda, y lo hace tan documentadamente, que creo que es una obra imprescindible para cualquier persona culta que quiera conocer el porqué de nuestro lenguaje, de los distintos idiomas, de por qué estoy escribiendo y vosotros estáis leyendo. Aunque para los legos los pasajes sobre ciertos temas específicos (como la gramática transformacional de Noam Chomsky) pueden ser algo difíciles, y en mi opinión pueden saltárselos sin problemas, todo el que tenga curiosidad sobre las grandes cuestiones de nuestra especie debería tener este libro en su mesita de noche.

Otras opiniones sobre el libro:

En La Lengua:

(1) Es curioso que, aunque muchos experimentos han constatado que la emisión de determinados mensajes lingüísticos provocan reacciones químico eléctricas en esta área y otras, en un porcentaje mínimo de personas el área que reacciona a los mismos estímulos es otra. Esto parece estar también diseñado desde nuestro genoma. Durante el nacimiento, y dada la enorme cabeza de los bebés humanos y el estrecho conducto vaginal por el que tienen que salir, es frecuente que se produzcan pequeños infartos cerebrales, que o bien se compensan al poco tiempo, o bien no son lo suficientemente graves como para constituir un problema a los individuos adultos. Parece ser que en estos casos el cerebro es capaz de destinar alguna otra zona de propósito general para que desempeñe las funciones previstas originalmente para la zona dañada.

¿Los negros se parecen más a los monos?

2 de December de 2007

bush-ape2.jpg

Al parecer, recientemente ha sido polémica en el lamentable programa Gran Hermano de la cadena ex amiga Telecinco la intervención de una de sus participantes, una tal Amor, que hablando sobre uno de sus competidores de concurso (de color… negro, llamado Andalla) graznaba que los negros se parecen más a los monos que el resto de las razas (vídeo en YouTube). Por cierto, el susodicho Andalla por lo visto había dicho que los homosexuales eran una especie de degenerados o algo así, lo que nos presenta la primera prueba de igualdad entre las razas: la estupidez se reparte equitativamente.

Este asunto me recordó un libro de Isaac Asimov llamado La visita al tiranosaurio y otros cien artículos en uno de los cuales se abordaba el mismo tema. ¿Los negros son más parecidos a nuestros primos primates que el resto de las razas, especialmente las de color más claro? Veamos lo que pensaba al respecto Asimov.

El color de la piel no parece justificación para tal afirmación, porque en la mayoría de los monos está oculta bajo un tupido manto de pelo. Además, en las zonas de piel visibles, descubrimos que también hay diferencias entre los monos: desde la piel negra de los gorilas (uno de los simios superiores), hasta la rosada clara del Násico.

Este simpático narizón nos sirve para rebatir otro argumento: el de que los negros se parecen más a los monos por tener la nariz chata, como si eso fuese un rasgo de primitivismo, en lugar de una simple adaptación al medio (al parecer, los humanos nórdicos tienen la nariz más alargada para que el aire de las gélidas zonas del norte de Europa tenga tiempo de calentarse antes de llegar a los pulmones, cosa inservible en las cálidas sabanas africanas). Pues bien, don Násico nos sirve de ejemplo de que la longitud de las narices no es un rasgo primitivo ni moderno, sino de simple adaptación.

Ahora fijémonos en el pelo, y descubriremos otras dos llamativas características. En primer lugar, los monos no suelen tener el pelo rizado, al contrario que los negros. Y, en segundo, curiosamente los individuos de raza negra se encuentran entre los menos peludos de toda la humanidad, lo que parece de nuevo constituir otra adaptación a un medio cálido donde no es necesario este procedimiento para conservar el calor corporal.

Estas eran las razones de Asimov. Y yo añadiré otra, ya puestos: la longitud del pene, en la media de los humanos, es mucho mayor que en cualquiera de las especies de monos que pululan por selvas, junglas y sabanas (recomiendo el libro El mono desnudo de Desmond Morris para este y otros curiosos datos). Y si debemos tener en cuenta esto para establecer la cercanía o lejanía de parentesco con los monos… pues acabad la frase vosotros mismos.

Tranquilos, que no me he subido al carro de los racistas inversos de lo políticamente correcto y no estoy dispuesto a afirmar que los negros sean superiores al resto de los humanos. Para expresar la tesis que me parece más aceptable, termino con una cita del libro El instinto del lenguaje, que por fin he acabado de leer, y que parece venir que ni pintada:

La raza y la etnia son los factores que producen diferencias menores. Los especialistas en genética humana Walter Bodmer y Luigi Cavalli-Sforza han observado un hecho paradójico en relación con la raza. Para los legos en la materia, la raza es, por desgracia, un rasgo extremadamente notorio, mientras que para los biólogos es prácticamente invisible. El ochenta y cinco por ciento de la variación genética humana consta de diferencias entre individuos que pertenecen a un mismo grupo étnico, tribu o nación. Un ocho por ciento corresponde a diferencias entre grupos étnicos y tan sólo un siete por ciento corresponde a diferencias «raciales». En otras palabras, las diferencias genéticas entre dos suecos, por ejemplo, tomados al azar es (sic) aproximadamente doce veces mayor que las diferencias genéticas entre el promedio de los suecos y el promedio de los apaches o los warlpiris. […] La raza se encuentra, literalmente, muy por debajo de la piel, aunque dada la tendencia de las personas a deducir diferencias internas a partir de las externas, la naturaleza nos ha llevado engañosamente a creer que la raza es importante. La «penetrante» visión de la genética molecular demuestra, en cambio, la uniformidad de nuestra especie.

La negrita es mía.

Inside and Out

1 de December de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

I’ll wait, I’ll never give in
our love has got the power.
Too many lovers in one lifetime
ain’t good for you.

Tou treat me like a vision in the night,
someone there to stay behind you
when yor world ain’t working right.

I am no vision I’m the girl
who
loves
you
inside and out.

Backwards and forwards
with my heart hanging out.
I
love
no other way.
What are we gonna do if we loose that fire?

Propina: no debéis perderos esta impagable versión de Secret heart en directo:

Enlace al vídeo en YouTube

Secret heart,
why so misterious?
Why so sacred, why so serious?
Maybe you’re just acting tough.
Maybe your just
not man enough,
what’s wrong?

Let ’em in on your secret heart.

ETA mata

ETA ha asesinado a un guardia civil en Francia. Se volverá a oír hablar de diálogo. Yo ya he dicho lo que pensaba en un comentario a la noticia en Menéame. Como no tengo nada que añadir (y además es posible que el comentario quede sepultado por votos negativos), lo transcribo aquí:

Tristísima noticia.

Sigo sin entender eso del “diálogo”. Tanto en el Gobierno Vasco como en el Nacional hay multitud de foros para el diálogo. Los políticos están continuamente hablando, en los distintos parlamentos, en el Senado, donde haga falta. El diálogo existe. Pero si una persona mata a otra, habrá que meterla en la cárcel, ¿no?

Se acusa continuamente a los distintos gobiernos de no querer dialogar… ¿Es que acaso es el Estado quien se acerca por detrás a una persona y le descerraja dos tiros? ¡Yo creía que eran ellos! ¡Y son ellos los que acusan a los demás de no querer dialogar! Esto es totalmente delirante.

El caso del IRA no tiene nada que ver con el de ETA. En Irlanda del Norte sí estaban oprimidos. No tenían transferidas las competencias que tiene aquí el País Vasco, no había escuelas pagadas con dinero público donde se dijese que Gran Bretaña era un estado ocupador, etc., etc., etc. No se pueden comparar ambas situaciones. Al menos, no seriamente.

Todos los distintos gobiernos de España, que se sepa, han dialogado con ETA. Y el resultado ha sido el mismo. Yo no digo que la lucha policial sea una solución perfecta, pero no entiendo por qué la gente cree que la negociación (que no diálogo) es una solución perfecta. ¿Cuántas veces tiene que fracasar el “diálogo” para que aceptemos que con estos descerebrados no es la solución?

Quizá, aunque sea terrible decirlo, la única solución a medias sea que nos acostumbremos a algún asesinato de vez en cuando. El tráfico produce muchas más muertes y nos hemos acostumbrado (y nunca lo solucionaremos del todo). Quizás no nos quede más remedio que aceptarlo.

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho