Ars longa, vita brevis

Leer

8 de December de 2007

Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.

Inicio de Lolita, de Vladimir Nabokov, en una moderna traducción de Francesc Roca.

En mi corta -y no vocacional- carrera como profesor de Lengua castellana y literatura, cada vez me preocupa menos enseñar a los alumnos a hablar, porque la mayoría sabe hablar perfectamente (sólo que a veces los adultos no nos damos cuenta de que intentamos instruirles en el idioma que se hablaba cuando nosotros éramos niños, esto es, cuando eran los adultos de entonces quienes nos abroncaban a nosotros).

En realidad, tienen un problema de ortografía, pero eso es algo que se puede arreglar perfectamente sin un profesor, simplemente aplicando un sistema de premios y castigos. La ortografía es algo puramente convencional, muchísimo más que la lengua oral.

No, mi principal objetivo es que lean. En gran parte porque forma parte de las leyes educativas, e intento ser un buen profesional. Pero, sobre todo, porque si no llegan a adoptar el acto de leer como algo cotidiano y continuado, se pierden la mayor parte del universo. Porque la mayor parte de las cosas están en los libros, que han inventado millones de universos paralelos a este único en el que vivimos. Si no leen, no solamente pierden esa mágica comunicación que se establece entre nosotros y un ciego llamado Homero que tal vez vivió hace dos milenios y medio, sino que también se pierden todos esos mundos posibles e imposibles.

Mi ilusión, por lo tanto, es que, a fuerza de rigor académico, lleguen a darse cuenta de que leer está de puta madre. Aunque, claro, nunca utilizo esos términos. Si consigo que acepten que leer es una obligación académica, tal vez habré logrado que el 5% de alumnos brillantes de cada clase (los que obtienen sobresalientes de continuo) desarrollen un hábito lector, porque piensen que es su obligación, como su obligación es aprender a despejar ecuaciones o el nombre de los países de la Unión Europea. Pero si, con mucho esfuerzo, consigo que se rían, que se emocionen, que se les ericen los vellos de los brazos cuando leen algo de Bécquer o del Lazarillo, entonces habré conseguido mi propósito: que tomen la literatura como lo que es, una forma de ocio milenaria ligada a nuestra principal forma de expresión.

Puedo conseguir, a fuerza de amenazas y castigos, que 28 alumnos de una clase de 32 lean la novela que les hemos mandado para el trimestre. O también, a fuerza de que me vean reír con una obra y de reírse ellos mismos, que 15 ó 20 de esos 32 lean el libro con gusto. En el primer caso, cuando acaben la educación obligatoria, quizás haya tres o cuatro que lean más allá de sus dieciséis años. En el segundo, puede que los quince o veinte lo hagan. En ninguna de las situaciones mi éxito habrá sido total, pero está mucho más cerca el segundo caso que el primero.

Los diversos manuales de Lengua de la ESO suelen definir la literatura, con variaciones, como «una forma de expresión artística en la que el autor literario utiliza el lenguaje de manera especial para crear un mundo y unos personajes imaginados». A base de corregir cien veces la misma pregunta, me la he aprendido de memoria. Pero creo que en esa definición falta algo fundamental: la intención del autor literario. Yo siempre les digo lo mismo: puede que el autor pretenda obtener dinero vendiendo libros, o fama, o algún favor social, o -a menudo en los textos líricos- incluso la atención de alguien del sexo opuesto. Pero por debajo de todo esto tenemos la misma intención: el autor quiere que te lo pases bien. Eso es la literatura. Si un alumno acaba toda su educación obligatoria en España (¡diez años!) sin habérselo pasado bien leyendo, puede que hayamos conseguido que se lea veinte libros. Pero lo que está claro es que no le hemos enseñado Literatura, con mayúscula. Es como si le enseñáramos una bicicleta, incluso como si le explicáramos las leyes físicas que rigen su funcionamiento (metáforas, sinécdoques, aliteraciones), pero no le hubiésemos enseñado a montar y no le hubiéramos dejado disfrutar echando unas carreras.

El texto citado al principio de este post pertenece a la que es, probablemente, la mejor novela norteamericana del siglo XX: Lolita, de Nabokov1. ¿Por qué es tan fantástico? ¿Por qué hay que pasárselo tan bien?

En primer lugar, Lolita es la historia de una relación obsesiva de un cuarentón con una niña de doce años. Esto lo comprendemos desde el principio: la novela lleva el nombre de la niña; el primer párrafo de la narración comienza con el nombre de la niña, y acaba con él; las tres veces que la nombra lo hace de maneras distintas, primero con el nombre completo, después separándolo con guiones, y finalmente con puntos y seguido. Así se nos presenta la obsesión de Humbert Humbert con la niña, obsesión que va saboreando, deteniéndose cada vez más lentamente en el nombre, hasta disfrutar con cada una de sus partes. El lenguaje está muy relacionado con la gastronomía, ya que uno sale por donde entra la otra, y Nabokov lo sabe. El nombre de Lolita se paladea:

Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes.

Lo malo es que, con la traducción, nos perdemos inevitablemente parte de lo mejor de este principio. Leamos:

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

En el original inglés se aprecia el gusto del autor por la aliteración: primero, del fonema /l/, tan presente en el nombre de la niña:

Lolita, light of my life, fire of my loins.

Lolita, light, life, loins. Lolita, luz, vida, entrañas. La «l» crea una conexión entre estos términos que nos indican, primero, que Lolita es algo primordial para Humbert, algo totalmente imprescindible (luz) para su ser (vida). Y, además, algo que está inserto en lo más profundo de él (entrañas). Seguimos leyendo:

My sin, my soul.

Sin, soul: pecado, alma. Lo mismo que se ha dicho hasta ahora sobre el fonema /l/ se puede aplicar a /s/: une como un hilo de coser estos dos términos, reforzando la expresión y resaltando su significado, irremediablemente unido. Más:

Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

En este caso, el fonema protagonista es /t/. Aunque aparece en más vocablos, dejemos las preposiciones y fijémonos en las palabras más significativas: Lo-lee-ta, tip, tongue, taking, trip, steps, palate, tap, Lo. Lee. Ta. Todas, unidas por la fuerza del sonido, nos cuentan el viaje de la lengua desde el interior hasta el exterior, desde el sentimiento hasta la expresión (esto último es una apreciación subjetiva). Es especialmente simbólica la fuerza de la unión de los términos «tip» y «tap», esto es, “punta” (de la lengua) y “golpea” o “se apoya” (en los dientes).

Ahora convendría que leyeseis lentamente el párrafo citado, en inglés (espero que casi todos los que leéis La Lengua sepáis leer inglés). Muy lentamente, y tratando de daros cuenta de la posición de vuestra lengua en cada sílaba. Mejor aún si lo leéis en voz alta. Especialmente, en el nombre de Lolita, en que «la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes». Decid el nombre, sílaba por sílaba, y comprobad que el viaje es cierto. Lo. Li. Ta.

Por eso leer está de puta madre.

(1) Irónicamente, está escrita por un ruso nacionalizado estadounidense, que no tenía al inglés como lengua materna.

6 comentarios en “Leer”

  • # Antonio dice:
    8 de December de 2007 a las 21:59

    Lo acabo de contar en mi blog: la lectura es cosa de pocos, y tú lo demuestras con este post. Ves como los que leemos somos un poco raritos…

  • # La Lengua » Blog Archive » El hechicero dice:
    9 de December de 2007 a las 22:56

    […] La Lengua Ars longa, vita brevis « Leer […]

  • # meneame.net dice:
    11 de December de 2007 a las 19:43

    Leer (una invitación a la lectura)…

    Sensacional artículo invitando a la lectura de cualquier libro en general y a la obra maestra de Nabokov en particular…

  • # Alma dice:
    13 de December de 2007 a las 16:06

    ” …por eso leer está de puta madre” :-O

    totalmente de acuerdo.

  • # Pedro dice:
    10 de February de 2008 a las 7:44

    Creo que en la enseñanza obligatoria “se pasan” con tanto análisis de oraciones. Aunque sea una simpleza, cuando voy a comprar no pienso en el sujeto, verbo y complemento (yo no pasé de ahí) y me encanta leer y no sé que es un sintagma nominal…Nuestro alumnado hace lo mismo en Lengua, Inglés y lengua autóctona (unas 9 horas del currículo) para luego NO saber hablar -ni expresarse- por falta de vocabulario. Deben leer más, mucho más. ¡Con la cantidad de buenas novelas que hay hoy… es una pena -y una “castaña”- que tengan que leer “El lazarillo de …” (sin menospreciar) cuando hay un Borges, un Javier Marias, un Cortazar, etc. etc. … Lo de siempre: al poder no le interesa la cultura. Amen.

  • # La Lengua » Vacuna contra los libros (y 3) dice:
    11 de September de 2012 a las 22:13

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