Warning: Use of undefined constant get_magic_quotes_gpc - assumed 'get_magic_quotes_gpc' (this will throw an Error in a future version of PHP) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/cforms/lib_functions.php on line 339

Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/lalen2/public_html/images/cassette01.jpg(1) : eval()'d code(83) : eval()'d code(1) : eval()'d code(1) : eval()'d code:1) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/wp-super-cache/wp-cache-phase2.php on line 1164
La Lengua » El corazón de las tinieblas

Ars longa, vita brevis

El corazón de las tinieblas

6 de December de 2007

Eran conquistadores, y para eso no se requiere más que fuerza bruta; algo, por cierto, de lo que no hay que enorgullecerse cuando se tiene, porque esa fuerza no es más que un accidente derivado de la debilidad de los otros.

El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Próximamente en La Lengua.

El título de esta novela es un ejemplo de lo difícil que resulta, casi siempre, hacer una traducción fiable de un idioma a otro, incluso entre los dos principales idiomas occidentales estándar, como son el inglés y el castellano. En castellano, las tinieblas del título tienen una connotación indudablemente tenebrosa, como en el original Heart of Darkness, pero el sustantivo inglés, en este relato, tiene muchas más referencias. Se refiere al continente negro (África), a la oscuridad de los esclavos congoleños, a la oscuridad de la gran metrópoli de la época, Londres, y por supuesto a las tinieblas que se ciernen sobre la humanidad cuando se observan los efectos de la civilización mal entendida trasladada por la fuerza a regiones incivilizadas.

El corazón de las tinieblas tiene la estructura de un relato dentro de otro: un narrador en primera persona nos cuenta cómo Marlow, a su vez, nos narra sus aventuras como capitán de un barco de vapor que hace una travesía por el Congo, país que no llega a ser nombrado en la novela. El motivo de su viaje es, en principio, recoger un cargamento de marfil para la empresa que le ha contratado, aunque su motivación real es la búsqueda de aventuras. Sin embargo, al llegar a su destino, su misión cambia: debe recoger al señor Kurtz, un enigmático personaje que está al mando de uno de los puestos que se dedican a conseguir el preciado marfil, y que se ha vuelto loco. Aunque Kurtz aparece sólo en unos breves pasajes al final de la narración, las escuetas descripciones que hacen de él varios de los personajes con los que se encuentra Marlow hacen que el pobre loco se convierta en una obsesión para este.

A lo largo de su trayecto río arriba, nuestro narrador se encuentra cara a cara con la verdad sobre la colonización europea en África (en este caso, con el dominio del rey belga Leopoldo II en el Congo). Asiste horrorizado a los suplicios a los que unos hombres someten a otros, bajo la excusa de la colonización y la civilización, pero con el verdadero y llano objetivo de la explotación económica de sus recursos.

Esta novela está llena de contrastes: desde la claridad del sol de África hasta la oscuridad presente en todas sus páginas, hasta la impresionante figura de Kurtz, palabra que significa “bajo” en alemán y que da nombre al enorme personaje de un loco que mide dos metros y que, según todos cuentan -porque él no llega a hablar mucho-, tiene una altura moral tan inabarcable que los terrores vividos en el continente le hacen perder la razón.

La prosa se me ha hecho un poco farragosa, aunque no sé cómo repartir la culpa: puede que se deba a una traducción torpe, o a que esta novela se escribió cuando en el Realismo ya estaba casi todo dicho y la narración estaba buscando su sitio en el siglo XX. Sin embargo, es una historia interesante y que ha tenido una influencia enorme tras su publicación, en tres entregas y en la prensa, en 1899. Fue una mirada valiente de Conrad -que se basó en sus propias experiencias en el Congo- a las sucias actividades de Europa en África, que le puso delante de la cara a todo el mundo, y aparte de haberse convertido en un clásico en lengua inglesa, fue la inspiración para una de las mejores películas de finales del siglo pasado: Apocalipsis Now. Aunque Ford Coppola ambientó su cinta en Vietnam, y convirtió al señor Kurtz en el coronel Kurtz, dirigiendo una de las mejores interpretaciones de Marlon Brando.

5 comentarios en “El corazón de las tinieblas”

  • # erre dice:
    8 de December de 2007 a las 2:04

    Me pareció bastante coñazo la novela. Muy farragosa de leer, quizá por la traducción, como dices.

    Lo mejor que tiene es que insipiró Apocalypse Now 🙂

    Bueno, reconozco que el ambiente oscuro y opresivo está muy logrado, pero no puedo decir que me gustara.

  • # Alma dice:
    13 de December de 2007 a las 16:55

    Está por de más decir que la traducción no es cosa fácil….
    se debe tener la capacidad de léxico en cultura general para lograr lo que es este libro no se logró…
    en fin… no estaría de más intentarlo leer en el idioma original. n_n

  • # AMTM dice:
    9 de March de 2012 a las 16:18

    Joseph Conrad “uno de los casos más singulares de escritores que han triunfado y se han consagrado en una lengua distinta de la materna”. El polaco no escribió nada en su lengua destinado a la publicación, siempre utilizo el inglés. Su nombre completo era Józef Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski. La familia Korzeniowski pertenecía a la nobleza polaca, culta y patriótica, venida a menos por los avances políticos del país. Hay que tener en cuenta que a partir del siglo XVIII Polonia había sido sometida a su desmembramiento y desaparición como estado independiente debido a su anexión por Austria, Prusia y Rusia en 1772, 1793 y 1795. Esta situación provoco el exilio de muchos nobles polacos a Occidente. Desde muy joven y quizás influenciado por la multitud de novelas leidas durante sus primeros años de aprendizaje con sus padres en el exilio, el se sentía atraído por el continente africano y las posibles aventuras que allí encontraría. La fascinación por el mundo colonial no era inusual en una época en la que el discurso oficial exhortaba a asumir la “carga del hombre blanco” y a obtener la gloria realizando algún tipo de servicio civil o militar en las colonias. El rey belga Leopolodo II (1835-1909) defendía la “sagrada misión” que llevaban a cabo los europeos en África. Conrad se propuso aprovechar su experiencia mercante como medio de viajar a África. Intento obtener un puesto como capitán de alguno de los barcos comerciales que surcaban el río Congo pero finalmente y tras mucho recorrido embarco en un barco fluvial que remontaba el rio Congo pero lo hico como simple marinero y no como capitán a pesar de lo prometido por los agentes e la compañía. Durante la primera parte del viaje, antes de llegar al Congo, Conrad se mostraba moderadamente satisfecho. El contacto con la realidad del Congo cambio la situación radicalmente.
    El Congo era desde 1885, una colonia personal del rey Leopoldo, quien maniobró diplomáticamente durante años para asegurarse el control de este rico territorio. En 1876 Leopoldo convocó una conferencia internacional en Bruselas, con el fin de examinar la situación del continente africano, en un momento en el que las principales naciones europeas parecían situarse al borde de un conflicto armado a causa de sus intereses coloniales. Como resultado de la conferencia se formó la Asociación Africana Internacional, que formalmente pretendía impulsar el conocimiento de África por parte de todas las naciones cristianas pero que, de hecho, se convirtió en un instrumento del rey belga para aumentar su influencia entre los países colonizadores. En 1884 Bismarck convocó una conferencia en Berlín, con la intención de llegar a un acuerdo pacífico entre las grandes potencias que tenían intereses en África.
    A pasar de la escasa importancia de su reino (Bélgica existía desde hacia menos de cincuenta años) el rey se las arregló para que la conferencia del encomendase el gobierno del Congo. Las ambiciones de Leopoldo se vieron obstaculizadas, sin embargo, por un problema de índole jurídica. De acuerdo con la Constitución Belga, el rey necesitaba la autorización del Parlamento para convertirse en soberano de otro país. De nuevo el monarca fue lo suficientemente hábil para asegurarse el éxito. El parlamento aprobó un acuerdo por el cual el rey asumía el control del Estado Independiente del Congo (el nombre que se asignó a este territorio) como una posesión personal, sin que el Estado belga pudiese reclamar ningún derecho sobre la colonia. El rey estableció una estructura de gobierno formada por tres ministerios (Asuntos Exteriores y Justicia, Finanzas e Interior), junto con un Gobernador General, encargado de la administración ordinaria de la colonia, y varios altos funcionarios. En realidad esta estructura encubría un régimen absolutista, puesto que cualquier decisión legislativa era nula a menos que fuese refrendada previamente por el rey. Una de estas decisiones consistió en que los nativos prestasen tributo, bien mediante el pago de una cierta cantidad de dinero (que casi nadie tenía), bien mediante una contraprestación laboral. Se trataba, en la práctica, de implantar un sistema totalmente esclavista, salvo en el nombre, que permitiera obtener las materias primas mediante las que el rey pretendía enriquecerse (primero marfil y más tarde caucho). Para asegurar la supervivencia del sistema, en un entorno en el que unos pocos europeos debían controlar a millones de africanos, los representantes de Leopoldo recurrieron al terror, perpetrando innumerables actos de barbarie y genocidio (como la mutilación, que era uno de los castigos más usuales para los delitos menores). Se calcula que durante el periodo de dominio del rey belga fueron asesinados y torturados unos seis millones de africanos. De hecho, la estimación que se hace es que durante la época en que el Congo estuvo bajo el control del rey Leopoldo la población pasó de veinte o treinta millones a sólo ocho.
    Esta es, pues, la situación con la que Conrad se encontró al llegar a áfrica. A las penalidades que hubo de soportar a causa de un clima extremo y otros padecimientos físicos (caminatas agotadoras, enfermedades, insectos…) se sumó la constatación de que el país exótico y misterioso que había imaginado era, en realidad una gigantesca cárcel, regida con mano de hierro por dirigentes codiciosos, que no dudaban en invocar la religión y la moral cuando convenía a sus intereses, pero que prescindían de ellas por completo cuando lo consideraban innecesario. El desengaño del escritor quedó plasmado en el diario que escribió en África, en el que se recogen sus experiencias desde que sale de Matadi, el 13 de junio de 189’, hasta que llega a Kinshasa, el 1 agosto. A este diario hay que añadir su correspondencia personal y algunos de los ensayos que escribiría posteriormente. Todos ellos coinciden en destacar el carácter traumático que tuvo para Conrad la experiencia africana; en una carta a su tía <>.
    Mas esa experiencia africana no fue solo una decepción de las ilusiones infantiles, sino además un serio reces en la salud fisca y psíquica del escrito. Un ataque de disentería primero, y luego otro de malaria, permitieron a Conrad librarse de su contrato de tres años con la compañía belga y regresar a Europa en diciembre de 1890. La herida dejada por el Congo fue, sin embargo, más profunda que las debilidades físicas. Psicológicamente el escritor quedó muy afectado y cayó en una depresión de la que logro salir, pero que volvería a presentarse en diversas ocasiones posteriormente. Muchos de sus amigos, y su esposa Jessie, comentaran el proverbial mal humor del escritos, que fue célebre por su irritabilidad e inestabilidad psíquica; Conrad se enfadaba con facilidad, vivía con verdadera angustia su trabajo como escrito, y se mostraba impaciente y dominante en muchos asuntos de la vida cotidiana.
    No es extraño por ello que esa experiencia africana marque tan fuertemente la composición de el corazón de las tinieblas, cuya trama guarda semejanzas importantes con la experiencia vital de Conrad. Ya hemos mencionado de pasada la pasión por los mapas que comparten Marlow y el escritor, o el hecho de que ambos viajen a áfrica gracias a la recomendación de su tía. Podríamos añadir otras similitudes, como la muerte del capitán Fresleven (Freiesleben era el nombre verdadero del capitán) que permite a Marlow/Conrad obtener su puesto; el accidente del arco; el descubrimiento de un cadáver con un tiro en la cabeza; el significado alemán del nombre de Kurtz (Conrad conoció a un agente enfermo llamado Georges Antoine Klein, que también falleció a bordo del barco); etc. Evidentemente también existen diferencias entre el relato y la vida real. Esto, añadido a las diversas interpretaciones alegóricas, que veremos más adelante cuando hablemos de la crítica escrita sobre esta obra, aconseja prudencia a la hora de defender una lectura estrictamente biográfica de la novela, o de trazar demasiados paralelismos entre las opiniones de Conrad y las de sus personajes.
    Como ha comentado Ian Watt, las diferencias entre el tratamiento de la experiencia personal que hace Conrad en El corazón de las tinieblas son notables. Marlow <>. Los reflejos de la realidad en este aspecto son muy escasos, ya que se limitan a unos pocos lugares sin importancia. La mayor parte de las veces el escritor prefiere referencias genéricas y evitar lo mas especifico. Para Watt ello obedece seguramente al propósito confesado por Conrad en una carta a un amigo Richard Curle: <>.
    A su llegada a Europa, en enero de 1891, Conrad busca otros destinos, pues sigue con la idea de navegar y ejercer su profesión de capitán de barco. Durante varios meses, sin embargo, se ve obligado a recuperarse de los percances físicos (la malaria no lo abandona durante mucho tiempo) y psíquicos de su viaje al Congo, pasando periodos tanto en Inglaterra como en ginebra, en un balneario. Trabaja temporalmente en un almacén de Londres, y como traductor, hasta que finalmente le ofrecen el puesto de primer oficial en el clíper Torrens, renombrado buque de pasaje de la época.

  • # AMTM dice:
    9 de March de 2012 a las 16:33

    perdón! se me ha olvidado decir que lo escrito obviamente no es cosecha propia!

    “el corazon de las tinieblas” edicion de Fernando Galván y Jose Santiago Fernandez Vazquez, Madrid: Cátedra,2005.

    Os he puesto un resumen para contextualizar la obra y que se entienda mejor…

    pero si teneis tiempo merece la pena leerlo entero
    🙂

  • # Alex | restaurantes en toledo dice:
    19 de April de 2012 a las 16:17

    Me ha encnatado su blog, una buena aportación a la red. Tienen cuenta facebook?

Escribe un comentario

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho