¿Qué es el canon?
Supongo que a estas alturas ya todo el mundo sabe lo que es: una especie de impuesto mafioso que todos pagamos a las sociedades de autor como castigo por el derecho de vivir en una sociedad de la información.
Concretando un poco más: que cada vez que te compres un teléfono móvil, o una impresora, o le compres a tu hijo un ordenador para sus trabajos escolares, o incluso cuando compres unos cuantos discos vírgenes para grabar el vídeo o las fotos de tu boda, le pagas una cantidad determinada a la SGAE y otras entidades gestoras como compensación por unas ganancias que supuestamente dejan de percibir los autores, ya que esos productos los puedes usar para copiar sus obras.
Esta especie de impuesto es injusto desde el principio, ya que, en primer lugar, aunque efectivamente hay gente que utiliza esos soportes para grabar obras con derechos de autor, la multa se pone antes de que se cometa la falta: te cobran el canon por si utilizas los CD vírgenes para grabar un disco de Bisbal o de la Pantoja, y no tienes más remedio que pagarlo, aunque vayas a utilizar los discos como posavasos. Es decir, que tú le pagas una compensación a las sociedades de derechos de autor porque sí, y luego usas tu CD o tu tarjeta de memoria para lo que quieras (ellos ya han cobrado, por lo tanto les importa un bledo). En segundo lugar, las sociedades de autor reparten los beneficios del canon (que se cifran en cientos de millones de euros) a su criterio, que nunca llegan a explicar del todo, pero suponemos que los más fervientes defensores de este atraco a mano legislada son los que más tarta comen: Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Teddy Bautista, Ramoncín, Juan Luis Galiardo, etc. Es imposible que los autores sepan qué grabas tú en los CD en tu casa, así que la forma de repartir el dinero del canon es irremediablemente injusta. Pero por favor, ¿alguien ha usado alguna vez un DVD para copiar una película de Juan Luis Galiardo? ¿Y un CD de Teddy Bautista? Es más… ¿quién es ese señor?
Aquí tenéis una tabla con los productos que a partir de ahora van a estar sujetos al canon digital. Miradla bien y reflexionad. Cada vez que compréis uno de estos productos (y, en nuestra sociedad, es prácticamente imposible no gastar dinero en alguno de ellos varias veces al año) la Sociedad General de Autores y Editores meterá la mano en vuestro bolsillo y recaudará una cantidad, que repartirá no se sabe muy bien de qué manera entre unos pocos socios privilegiados. Vuelve a leer la tabla y vuelve a reflexionar.

¿Pero por qué pagamos el canon?
Al parecer hay una normativa europea que obliga a que los estados compensen a los autores de obras con derechos de autor. Cada país tiene la potestad de legislar el modo de hacer efectiva esa compensación. En España se ha optado por el canon, pero hay otras formas. Se puede pensar que deberíamos hacerlo de otra manera, adoptando un método alternativo al canon.
Yo niego la mayor. ¿Por qué debemos compensar a los artistas? Todo el mundo tiene pérdidas. Los feriantes pierden dinero cuando llueve, los que tienen una tienda de revelado de fotografías han perdido dinero con la llegada de las cámaras digitales, los pescadores cuando los caladeros se van quedando sin peces… Todos tenemos pérdidas de un modo u otro. ¿Por qué los ciudadanos debemos compensar a los artistas, o a nadie? ¿Alguien les ha obligado a ser artistas? Si no les sale rentable ser artistas, ¿por qué no se dedican a otra cosa? Yo también quiero ganar más dinero, ¿por qué no establece el Gobierno una forma de compensarme por ello?
Es más: si en este país la mayor parte de las películas que se producen están subvencionadas, ¿cómo es posible que yo pague la producción de una película con mis impuestos, y luego pague un canon al director de esa película cuando compro un DVD virgen? ¿No deberían darme el canon a mí? Pues se ve que no: en este país, primero pagas una película, y luego el que no la ha pagado (el director) te vuelve a cobrar cuando compras una impresora o una memoria USB. Y lo más probable -y triste- es que casi con seguridad no llegaré nunca a ver esa película, ni por supuesto a cobrarla, porque es un bodrio. Señoras y señores, esto es de locos.
Entonces, si todo está tan claro, ¿cómo han podido colarnos el canon?
Para responder a esto tenemos que citar al bueno de Noam Chomsky, del que hablaba en el artículo anterior. Os recomiendo enfervorecidamente ver el documental Manufacturing Consent (en Google Video con subtítulos en castellano, parte 1 y parte 2). En él Chomsky hace una afirmación demoledora, una de esas ideas que está rondando tu cabeza de forma indeterminada, y que él sabe expresar de manera totalmente concreta y lúcida. Esto es tan importante que quiero resaltarlo:
En las sociedades democráticas occidentales, los votantes no deciden. Existe un pequeño porcentaje de la población que toma parte activa en las decisiones que afectan a todos (grandes empresas, políticos, sindicalistas, profesores, profesionales bien pagados, etc.). La función del resto de la población (la gran mayoría) es simplemente aportar su dinero para que se mantenga ese statu quo en el que no deciden nada, y como mucho se limitan a depositar de vez en cuando su voto en una urna, debidamente adoctrinados y asustados por los medios de comunicación. Esta trama perfectamente urdida perpetúa este modelo de sociedad, en que casi todo el mundo vive en una ilusión de libertad y capacidad de decisión, cuando en realidad cada cosa que hacemos los don nadies va destinada a seguir sosteniendo este sistema injusto en el cual se nos reserva el papel de meros pagadores.
Sí, suena un poco fuerte, y parecen las típicas conspiranoias de un resentido pasado de rosca. Pero vamos a pensar un poco en ello, y a intentar aplicarlo al caso del canon digital en España.
¿A quién beneficia el canon? Está claro: a algunos autores. ¿A quién perjudica? A la inmensa mayoría de la población (diréis: pero es posible vivir sin comprar un teléfono móvil y un ordenador. Y yo replico: sí, y también es posible vivir sin agua corriente. Pero, en nuestro tiempo, y con las exigencias de la sociedad, ni una cosa ni la otra son posibles). Entonces, ¿cómo nos lo han podido colar?
Los medios de comunicación han tenido un papel importantísimo. En primer lugar -y siguiendo la teoría de Chomsky- ellos controlan lo que la gente sabe y lo que no. En este caso, el de un atraco que va a afectar a la totalidad de la población, y que en total nos va a arrebatar cientos de millones de euros, la obligación de los medios debería ser estar informando continuamente sobre ello. Mucha gente dirá que hay otros problemas más acuciantes, y no les faltará razón. O tal vez sí. Por una lado, el canon es algo que va a afectar absolutamente a toda la población, en beneficio de unos pocos empresarios. Recordad, por ejemplo, que los CD vírgenes con los que se graban los juicios en España los pagamos todos con nuestros impuestos. Pues bien, aunque no tengas un equipo musical, de hecho aunque no tengas electricidad en tu casa, vas a pagar esos CD con su correspondiente canon. El canon lo pagamos todos. El canon beneficia a un pequeñísimo lobby. ¿Esto es una democracia? ¿Esto es un Estado del bienestar? ¿Esto es un Gobierno socialista? ¿Desde cuándo los gobiernos socialistas se dedican a meter la mano en el bolsillo de la mayoría para dar este dinero a una minoría? ¿¿Pero esto qué es?? ¿Por qué no se dedica el dinero del canon para construir una nueva planta en algún hospital? ¿No es más urgente esta compensación?
¿Queréis más pruebas de la responsabilidad de los medios de comunicación? ¿Cuántas veces hemos visto en las noticias un reportaje sobre los productos piratas que se venden en determinados establecimientos y mercadillos? Normalmente se centran en marcas muy establecidas: Rolex, Vittorio y Luccino, Ágatha Ruiz de la Prada, Levi’s, Dolce y Gabbana… Vemos a un montón de policías decomisando esas mercancías piratas mientras el locutor de Telecinco o de Antena 3 o la Sexta nos cuentan, con voz de melodrama, los sufrimientos que estos grandes diseñadores padecen debido a las copias de sus productos.
¿Qué diablos le importa eso al ciudadano de a pie? Nada. Tienen la desfachatez de informarnos de que tropecientos policías se dedican exclusivamente a proteger el prestigio (y el dinero, que a fin de cuentas, ahí es adonde va todo) de una élite económica, e incluso nos cuentan -la mayoría de las veces sin pruebas ni investigaciones serias- la mala calidad de los productos falsos. Pues señores desinformadores, no creo que haya tantísima diferencia de calidad entre un Rolex falso y uno verdadero. Los dos dan la hora. Uno es de latón y el otro de oro, pero para lo que sirven, tanto da. Un hipotecopagante encuentra sumamente ventajoso comprar un reloj por veinte euros, si le va a funcionar igual que uno de dos mil. El problema ahí lo tiene la reducidísima élite económica. ¿Por qué no hacen un informativo para ricos, y les ponen a ellos esas noticias, que es a quienes les afecta? ¿Por qué dedican tanto esfuerzo en adoctrinarnos sobre lo malvados que son los productos pirateados? ¿Por qué los humildes trabajadores hemos de pagar a unos efectivos policiales para que protejan los bienes materiales de unos pocos privilegiados, mientras en los barrios pobres la falta de seguridad es un asunto de vital urgencia?
Los medios de comunicación son una parte importante y beneficiaria de este modelo de sociedad en que unos viven y otros les pagamos la vida a esos unos. Por eso, nunca te van a informar de lo que realmente te interesa. Te van a domesticar para que tragues con el canon o con lo que sea. Y para que, en marzo, pienses como un borreguito: «los dos partidos son malos, pero me veo obligado a votar al menos malo». Entonces habrán cumplido con su trabajo a la perfección. Y ellos, a seguir viviendo, y tú, a seguir pagando.
¿Pero es que no podemos hacer nada?
Sí, podemos hacer dos cosas. Una, seguir aceptando, seguir tragando y seguir pagando. Seguir manteniendo el sistema y aceptar que la vida es así: los que sudamos tinta para pagar una hipoteca, a pagar un canon que cobran los que tienen varias casas pagadas hace años. O también podemos ser demócratas de verdad, y utilizar todas las herramientas disponibles para decidir realmente lo que pasa en nuestra sociedad, para ser ciudadanos y dejar de ser simples pagadores.
Yo no le voy a decir a nadie lo que debe hacer. Pero, por si os interesa, os cuento lo que pienso hacer yo.
- No pienso volver a ir al cine. A ver ninguna película. Ni siquiera las que me interesen mucho. Cuando haya una que no pueda resistirme a ver, esperaré a que salga en DVD y la bajaré del eMule o de alguna red de Bittorrent. Lo cual en España es legal.
- Voy a intentar, por todos los medios, no comprar ninguno de los soportes que están sujetos al pago del canon digital. Ya tengo mis dos ordenadores montados, con mis discos duros, mis impresoras, etc. Aguantaré así algún tiempo. Cuando no tenga más remedio que comprar algo, intentaré hacerlo en eBay o en alguna tienda del extranjero. Pero, si puedo evitarlo, ninguno de estos vividores va a llevarse un céntimo de mi bolsillo si no vienen a mi casa a arrebatármelo. Y aquí les espero.
- No voy a comprar música. De hecho, hace años que dejé de comprar CD originales de música, y últimamente compraba en la iTunes Store de Apple. Ahora, ni eso. Si me interesa mucho algún disco, lo bajaré del Emule o de Bittorrent. Una vez más, os recuerdo que es perfectamente legal. Tampoco compraré películas en DVD.
- Intentaré que todos los de mi entorno se enteren perfectamente de lo que nos están haciendo. Recordad que nos han podido colar el canon gracias a la desinformación propiciada por los medios de comunicación. Tu vecino, tu padre, tu tío, no saben que cada vez que compran un ordenador para que su hijo haga los trabajos en la universidad, las sociedades de autor le meten la mano en el bolsillo. Su deber como ciudadanos es saberlo. Si ellos no hacen por informarse, los medios tampoco lo van a hacer. Debemos hacerlo nosotros.
Nos jugamos mucho, amigos. Dar una respuesta al canon es un asunto crucial. Sí, es más urgente arreglar el problema de las pateras, pero lo primero en democracia es demostrar a los gobiernos que no pueden hacer con nosotros lo que ellos quieran en beneficio de una reducida élite. Debemos demostrarles que estamos alertas. Que ellos no gobiernan, que gobernamos nosotros.
Eso es la democracia. Que gobiernes tú y yo. No que paguemos a unos sinvergüenzas para que gobiernen para otros. Y hay que hacérselo saber. Pásalo.