Ars longa, vita brevis

¡Feliz 2008! Move!

31 de December de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

Nada mejor para animar una fiesta que este clásico de Miles Davis interpretado por los geniales Manhattan Transfer. Ya sabéis: comed mucho, y si bebéis mucho también, pedidle a alguien que os conduzca por el buen camino.

¡Feliz año nuevo!

Get off of my cloud

30 de December de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

I live in an apartment on the ninety-ninth floor of my block.
And I sit at home looking out the window
Imagining the world has stopped.
Then in flies a guy who’s all dressed up like a Union Jack.
And says, I’ve won five pounds if I have his kind of detergent pack.

I said, Hey! You! Get off of my cloud
Hey! You! Get off of my cloud
Hey! You! Get off of my cloud
Don’t hang around ’cause two’s a crowd
On my cloud, baby.

¡Fuera de mi nube, malvados! Espero que sepáis disculpar la sequía de posts durante estas fiestas. Ni siquiera me tomo la molestia de explicarlo porque no tengo una razón concreta, pero ya sabéis: familiares, amigos, fiestas, mucha lectura, trabajo atrasado… Pronto estaremos de nuevo en el campo de batalla. Y vosotros, ¿decís algo o no?

Soy leyenda

28 de December de 2007

soyleyenda.png

Vi la película el otro día y la idea me pareció interesante, y curiosamente, mi amigo Tomás (que ahora debe de estar surcando el cielo en dirección a su Bruselas laboral) había comprado la novela de Richard Matheson en el aeropuerto, y se la regaló a mi novia… y al final he terminado leyéndola yo antes que ella. No es un gran mérito: la empecé anoche sobre la una de la madrugada y esta mañana he cerrado el libro, habiendo dormido unas siete horas entre medias. Son unas 180 paginitas apasionantes.

Voy a desvelar casi toda la trama de la novela aquí, así que si tenéis pensado leerla dentro de poco, tal vez os conviene no seguir leyendo. No obstante, podéis leer el post y ver la película tranquilamente, puesto que novela y film son totalmente distintos. La película no está mal; en realidad está muy bien ambientada, entretenida e interesante, pero ni el motivo, ni el final, ni el espíritu de la letra impresa se respetan en su última adaptación a la pantalla. Antes de esta cinta protagonizada por el Príncipe de Bel Air hubo dos adaptaciones: The Last Man on Earth, protagonizada por Vincent Price, y The Omega Man, con Charlton Heston (no he visto ninguna de las dos). Ahora hablaré de la novela, pero el último párrafo lo dedicaré a destacar las principales diferencias entre esta y su última adaptación, por si os interesa.

La premisa es la siguiente: una extraña bacteria ha diezmado a la humanidad, dejando a los supervivientes convertidos en vampiros. Entre toda esta desolación, un único superviviente, Robert Neville, se ha hecho fuerte en su casa, protegiéndola con puertas y ventanas herméticamente selladas, un generador eléctrico que alimenta una cocina, un gran frigorífico y la corriente de la casa y un depósito de agua. De día, este único representante de su especie sale a la calle a buscar a los vampiros y matarlos en su letargo diurno. De noche se atrinchera y sufre las embestidas, gritos y pedradas de los no muertos, las vampiresas haciéndole gestos obscenos -intuyen que lleva meses sin rozar un cuerpo de mujer-, y sobre todo la soledad del que sabe que la humanidad acaba con él. Para soportar este infierno, se emborracha cada noche y pone la música altísima en el tocadiscos, pero aun así sigue oyendo los horribles gritos de los vampiros, acurrucado y muerto de miedo, hasta que, cuando llega la luz del alba, se retiran a dormir. Y entonces su rutina de asesino de fieras vuelve a comenzar.

Así van pasando los meses, y Neville se acostumbra a la rutina, al horror y a la soledad. Se propone como un reto sobrevivir y encontrar un remedio contra la enfermedad del vampiro. Investiga por qué les daña la luz, por qué les horroriza el ajo, por qué no soportan la visión de una cruz, por qué no les gustan los espejos y por qué la única forma de matarlos es clavándoles una estaca. Poco a poco, aunque parezca increíble, va resolviendo científicamente cada una de estas cuestiones, a veces recurriendo a la biología, a veces a la química, a veces a la psicología. Pero su precaria situación convierte en una tarea titánica el afán de arreglar el mundo él solo (a partir de aquí voy a empezar a destripar el final de la novela).
(more…)

Miradas malvadas

26 de December de 2007

Este niño es la monda: lo han entrenado para que ponga cara de malo de película cuando se lo piden:

Yo creo que tiene el futuro clarísimo: va para actor de Hollywood… o para profe de Secundaria.

Vía Boing Boing.

La arquitectura del lenguaje

chomsky2.png

Este libro es la transcripción de una conferencia que Noam Chomsky dio en enero de 1996 en la Universidad de Delhi, en La India. De cinco conferencias en total, esta fue la única que estuvo centrada exclusivamente en el lenguaje, y en los últimos avances logrados en la ciencia lingüística (al menos, hasta el momento). También se transcriben las preguntas que los asistentes le hicieron al venerable profesor, y sus respuestas, tanto in situ como las que le hicieron por escrito y que él tuvo la amabilidad de contestar por carta.

Aunque, hablando de ciencia a finales del siglo XX y principios del XXI, un texto de 1996 no pueda considerarse muy novedoso, me he encontrado con diversas teorías y desarrollos que no conocía: principalmente, he sabido de la existencia del Programa Minimalista (Wikipedia en inglés, página del MIT) que es al parecer por donde avanza actualmente lo más innovador de la ciencia lingüística.

Se nos dice, por ejemplo, que, dado que se considera que el lenguaje es una capacidad innata de los seres humanos (y no un simple hecho cultural inventado como a menudo se concebía), el lenguaje es idéntico en todos los seres humanos y en los miles de lenguas que existen en el mundo. Un chino y un alemán son prácticamente idénticos genéticamente hablando, y por tanto las estructuras cerebrales que les permiten expresarse mediante un lenguaje oral deben ser idénticas. Entonces, ¿cómo es posible que a simple vista el chino y el alemán sean dos lenguas incompatibles?

Al parecer no lo son tanto. Supuestamente, en su funcionamiento, son exactamente iguales. Es en su expresión externa, en el aspecto más superficial, donde se encuentran las diferencias. Al igual que el color de la piel, la estatura y la forma de los ojos son distintos en un chino y en un alemán, pero básica y -sobre todo- genéticamente ambas personas son iguales, los idiomas son en un principio iguales entre sí. Lo único que cambia es la apariencia externa.

También se nos habla de principios y parámetros. Si no he entendido mal, los principios son las características que todos los idiomas comparten entre sí; esto es, lo que todas las lenguas tienen en común, y que sería a grandes rasgos nuestra capacidad lingüística innata. Los parámetros serían una serie de factores que son relativamente libres: es decir, que pueden variar, y de hecho lo hacen, según la lengua que hablemos. Si observamos dos (o doscientas) lenguas distintas y prescindimos de los parámetros, los principios que nos quedan son iguales en todas ellas. Esto me recuerda inevitablemente a los universales lingüísticos, de los que ya os he hablado aquí alguna vez.

Las diversas preguntas que los alumnos le hacen a Chomsky le sirven de excusa para entrar en algunas interesantísimas cuestiones relacionadas con la lingüística. Por ejemplo, se habla del caso de los niños lobo y otras personas que ha sido privadas de conversación hasta edades avanzadas de su adolescencia. Estas personas no llegan nunca a hablar con una soltura mínimamente cercana a la de cualquier persona normal. Se presume, con casi total seguridad, que la causa es que, en determinados momentos de la infancia, la facultad del lenguaje precisa de determinados estímulos para desarrollarse; en ausencia de dichos estímulos, queda inevitablemente atrofiada.

En el párrafo anterior he introducido la fórmula «se presume». Esto es porque, lógicamente, los experimentos con seres humanos están en contra de la ética y no se hacen, al menos en países más o menos civilizados. Sin embargo, se han hecho experimentos análogos con monos y gatos, fijándose esta vez en alguna otra facultad (como la visión). Privando durante alguna fase de su desarrollo a estos pobres animales de los estímulos adecuados, su visión queda atrofiada para el resto de su vida, sin que sea recuperable.

Sin embargo, es imposible afirmar sin dudas si esto es lo que sucede con el lenguaje, pues como recuerda el profesor, las personas que no han hablado con nadie hasta los doce o trece años están por lo general en un lamentable estado psicopático y no puede decirse cuánto de su deficiencia lingüística se debe a la falta de estímulos y cuánto se debe al lamentable estado de sus cerebros.

Otro de los asuntos que se abordan en el libro es la concepción del lenguaje como una interfaz configurable. Se nos presenta una metáfora explicativa muy clara. Todas las personas tenemos, al nacer, una especie de máquina con unos botones que pueden dejarse apagados o encenderse. La máquina es igual en todas las personas, pero a medida que vamos aprendiendo un idioma, vamos encendiendo unos botones, mientras que los demás los dejamos como están. Esta sería la causa de que haya tantos idiomas distintos en el mundo, mientras que el sistema del que nos servimos para usarlos es igual en todas las personas.

Esta visión del lenguaje como interfaz nos lleva a otra conclusión: es posible que el lenguaje sea, en realidad, la principal y casi única diferencia entre una persona y un gran simio. Sin embargo, esta herramienta nos permite dar dimensiones desconocidas a nuestro pensamiento. Aunque Chomsky no cree que el lenguaje sea imprescindible para pensar, sí que queda bastante claro que es una importante arma de supervivencia. Quizás -sigo parafraseando al profesor- los monos no hablan porque no poseen esa interfaz que nosotros sí tenemos.

La principal idea que sobrevuela todo el libro es a la vez pesimista y optimista. Es pesimista porque cree que, al igual que todas las ciencias, la lingüística se encuentra en pañales, y la mera sospecha de todo lo que nos queda por saber e investigar es suficiente para abrumar al más osado de los estudiosos. Por otra parte, es optimista porque esta misma idea sirve para dar ánimos a los investigadores para que sigan en la brecha y no den nunca nada por sentado.

Lamentablemente, este libro es, en gran parte de sus páginas, demasiado técnico. Aunque yo no soy un experto en nada, sino un simple licenciado en Filología Hispánica, nunca pierdo la oportunidad de actualizarme y leer cuantos textos sobre lingüística caen en mis manos, para no quedarme anticuado. Pero hasta para mí ha sido realmente trabajoso entender algunas de las respuestas que se encuentran en el libro, y en no pocas ocasiones he tenido que leer las palabras sin enterarme prácticamente de nada. Esto no me ha hecho abandonar, sino tomar unas notas para seguir investigando, en otros libros o en la red, pero comprendo que para la mayor parte de mis lectores la concreción del tema tratado, junto con su nivel científico, puedan convertir este libro en un ladrillo intragable. Un ladrillo finito, eso sí, pues el libro no pasa de las 100 páginas, incluida la bibliografía.

Feliz Navidad

24 de December de 2007

pingu.jpg

Cenad bien y, en cuanto a la comida, recordad que cantidad no es sinónimo de calidad. Y nada de alcohol al volante. No empeoremos el asunto de la superpoblación en las cárceles españolas. Y en los cementerios.

Bang Bang

23 de December de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

I was five and he was six
we rode on horses made of sticks.
He wore black and I wore white
he would always win the fight…

Bang bang, he shot me down,
bang bang, I hit the ground,
bang bang, that awful sound,
bang bang… my baby shot me down.

¿Cómo nos han podido colar el canon?

21 de December de 2007

¿Qué es el canon?

Supongo que a estas alturas ya todo el mundo sabe lo que es: una especie de impuesto mafioso que todos pagamos a las sociedades de autor como castigo por el derecho de vivir en una sociedad de la información.

Concretando un poco más: que cada vez que te compres un teléfono móvil, o una impresora, o le compres a tu hijo un ordenador para sus trabajos escolares, o incluso cuando compres unos cuantos discos vírgenes para grabar el vídeo o las fotos de tu boda, le pagas una cantidad determinada a la SGAE y otras entidades gestoras como compensación por unas ganancias que supuestamente dejan de percibir los autores, ya que esos productos los puedes usar para copiar sus obras.

Esta especie de impuesto es injusto desde el principio, ya que, en primer lugar, aunque efectivamente hay gente que utiliza esos soportes para grabar obras con derechos de autor, la multa se pone antes de que se cometa la falta: te cobran el canon por si utilizas los CD vírgenes para grabar un disco de Bisbal o de la Pantoja, y no tienes más remedio que pagarlo, aunque vayas a utilizar los discos como posavasos. Es decir, que tú le pagas una compensación a las sociedades de derechos de autor porque sí, y luego usas tu CD o tu tarjeta de memoria para lo que quieras (ellos ya han cobrado, por lo tanto les importa un bledo). En segundo lugar, las sociedades de autor reparten los beneficios del canon (que se cifran en cientos de millones de euros) a su criterio, que nunca llegan a explicar del todo, pero suponemos que los más fervientes defensores de este atraco a mano legislada son los que más tarta comen: Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Teddy Bautista, Ramoncín, Juan Luis Galiardo, etc. Es imposible que los autores sepan qué grabas tú en los CD en tu casa, así que la forma de repartir el dinero del canon es irremediablemente injusta. Pero por favor, ¿alguien ha usado alguna vez un DVD para copiar una película de Juan Luis Galiardo? ¿Y un CD de Teddy Bautista? Es más… ¿quién es ese señor?

Aquí tenéis una tabla con los productos que a partir de ahora van a estar sujetos al canon digital. Miradla bien y reflexionad. Cada vez que compréis uno de estos productos (y, en nuestra sociedad, es prácticamente imposible no gastar dinero en alguno de ellos varias veces al año) la Sociedad General de Autores y Editores meterá la mano en vuestro bolsillo y recaudará una cantidad, que repartirá no se sabe muy bien de qué manera entre unos pocos socios privilegiados. Vuelve a leer la tabla y vuelve a reflexionar.

canon.gif

¿Pero por qué pagamos el canon?

Al parecer hay una normativa europea que obliga a que los estados compensen a los autores de obras con derechos de autor. Cada país tiene la potestad de legislar el modo de hacer efectiva esa compensación. En España se ha optado por el canon, pero hay otras formas. Se puede pensar que deberíamos hacerlo de otra manera, adoptando un método alternativo al canon.

Yo niego la mayor. ¿Por qué debemos compensar a los artistas? Todo el mundo tiene pérdidas. Los feriantes pierden dinero cuando llueve, los que tienen una tienda de revelado de fotografías han perdido dinero con la llegada de las cámaras digitales, los pescadores cuando los caladeros se van quedando sin peces… Todos tenemos pérdidas de un modo u otro. ¿Por qué los ciudadanos debemos compensar a los artistas, o a nadie? ¿Alguien les ha obligado a ser artistas? Si no les sale rentable ser artistas, ¿por qué no se dedican a otra cosa? Yo también quiero ganar más dinero, ¿por qué no establece el Gobierno una forma de compensarme por ello?

Es más: si en este país la mayor parte de las películas que se producen están subvencionadas, ¿cómo es posible que yo pague la producción de una película con mis impuestos, y luego pague un canon al director de esa película cuando compro un DVD virgen? ¿No deberían darme el canon a mí? Pues se ve que no: en este país, primero pagas una película, y luego el que no la ha pagado (el director) te vuelve a cobrar cuando compras una impresora o una memoria USB. Y lo más probable -y triste- es que casi con seguridad no llegaré nunca a ver esa película, ni por supuesto a cobrarla, porque es un bodrio. Señoras y señores, esto es de locos.

Entonces, si todo está tan claro, ¿cómo han podido colarnos el canon?

Para responder a esto tenemos que citar al bueno de Noam Chomsky, del que hablaba en el artículo anterior. Os recomiendo enfervorecidamente ver el documental Manufacturing Consent (en Google Video con subtítulos en castellano, parte 1 y parte 2). En él Chomsky hace una afirmación demoledora, una de esas ideas que está rondando tu cabeza de forma indeterminada, y que él sabe expresar de manera totalmente concreta y lúcida. Esto es tan importante que quiero resaltarlo:

En las sociedades democráticas occidentales, los votantes no deciden. Existe un pequeño porcentaje de la población que toma parte activa en las decisiones que afectan a todos (grandes empresas, políticos, sindicalistas, profesores, profesionales bien pagados, etc.). La función del resto de la población (la gran mayoría) es simplemente aportar su dinero para que se mantenga ese statu quo en el que no deciden nada, y como mucho se limitan a depositar de vez en cuando su voto en una urna, debidamente adoctrinados y asustados por los medios de comunicación. Esta trama perfectamente urdida perpetúa este modelo de sociedad, en que casi todo el mundo vive en una ilusión de libertad y capacidad de decisión, cuando en realidad cada cosa que hacemos los don nadies va destinada a seguir sosteniendo este sistema injusto en el cual se nos reserva el papel de meros pagadores.

Sí, suena un poco fuerte, y parecen las típicas conspiranoias de un resentido pasado de rosca. Pero vamos a pensar un poco en ello, y a intentar aplicarlo al caso del canon digital en España.

¿A quién beneficia el canon? Está claro: a algunos autores. ¿A quién perjudica? A la inmensa mayoría de la población (diréis: pero es posible vivir sin comprar un teléfono móvil y un ordenador. Y yo replico: sí, y también es posible vivir sin agua corriente. Pero, en nuestro tiempo, y con las exigencias de la sociedad, ni una cosa ni la otra son posibles). Entonces, ¿cómo nos lo han podido colar?

Los medios de comunicación han tenido un papel importantísimo. En primer lugar -y siguiendo la teoría de Chomsky- ellos controlan lo que la gente sabe y lo que no. En este caso, el de un atraco que va a afectar a la totalidad de la población, y que en total nos va a arrebatar cientos de millones de euros, la obligación de los medios debería ser estar informando continuamente sobre ello. Mucha gente dirá que hay otros problemas más acuciantes, y no les faltará razón. O tal vez sí. Por una lado, el canon es algo que va a afectar absolutamente a toda la población, en beneficio de unos pocos empresarios. Recordad, por ejemplo, que los CD vírgenes con los que se graban los juicios en España los pagamos todos con nuestros impuestos. Pues bien, aunque no tengas un equipo musical, de hecho aunque no tengas electricidad en tu casa, vas a pagar esos CD con su correspondiente canon. El canon lo pagamos todos. El canon beneficia a un pequeñísimo lobby. ¿Esto es una democracia? ¿Esto es un Estado del bienestar? ¿Esto es un Gobierno socialista? ¿Desde cuándo los gobiernos socialistas se dedican a meter la mano en el bolsillo de la mayoría para dar este dinero a una minoría? ¿¿Pero esto qué es?? ¿Por qué no se dedica el dinero del canon para construir una nueva planta en algún hospital? ¿No es más urgente esta compensación?

¿Queréis más pruebas de la responsabilidad de los medios de comunicación? ¿Cuántas veces hemos visto en las noticias un reportaje sobre los productos piratas que se venden en determinados establecimientos y mercadillos? Normalmente se centran en marcas muy establecidas: Rolex, Vittorio y Luccino, Ágatha Ruiz de la Prada, Levi’s, Dolce y Gabbana… Vemos a un montón de policías decomisando esas mercancías piratas mientras el locutor de Telecinco o de Antena 3 o la Sexta nos cuentan, con voz de melodrama, los sufrimientos que estos grandes diseñadores padecen debido a las copias de sus productos.

¿Qué diablos le importa eso al ciudadano de a pie? Nada. Tienen la desfachatez de informarnos de que tropecientos policías se dedican exclusivamente a proteger el prestigio (y el dinero, que a fin de cuentas, ahí es adonde va todo) de una élite económica, e incluso nos cuentan -la mayoría de las veces sin pruebas ni investigaciones serias- la mala calidad de los productos falsos. Pues señores desinformadores, no creo que haya tantísima diferencia de calidad entre un Rolex falso y uno verdadero. Los dos dan la hora. Uno es de latón y el otro de oro, pero para lo que sirven, tanto da. Un hipotecopagante encuentra sumamente ventajoso comprar un reloj por veinte euros, si le va a funcionar igual que uno de dos mil. El problema ahí lo tiene la reducidísima élite económica. ¿Por qué no hacen un informativo para ricos, y les ponen a ellos esas noticias, que es a quienes les afecta? ¿Por qué dedican tanto esfuerzo en adoctrinarnos sobre lo malvados que son los productos pirateados? ¿Por qué los humildes trabajadores hemos de pagar a unos efectivos policiales para que protejan los bienes materiales de unos pocos privilegiados, mientras en los barrios pobres la falta de seguridad es un asunto de vital urgencia?

Los medios de comunicación son una parte importante y beneficiaria de este modelo de sociedad en que unos viven y otros les pagamos la vida a esos unos. Por eso, nunca te van a informar de lo que realmente te interesa. Te van a domesticar para que tragues con el canon o con lo que sea. Y para que, en marzo, pienses como un borreguito: «los dos partidos son malos, pero me veo obligado a votar al menos malo». Entonces habrán cumplido con su trabajo a la perfección. Y ellos, a seguir viviendo, y tú, a seguir pagando.

¿Pero es que no podemos hacer nada?

Sí, podemos hacer dos cosas. Una, seguir aceptando, seguir tragando y seguir pagando. Seguir manteniendo el sistema y aceptar que la vida es así: los que sudamos tinta para pagar una hipoteca, a pagar un canon que cobran los que tienen varias casas pagadas hace años. O también podemos ser demócratas de verdad, y utilizar todas las herramientas disponibles para decidir realmente lo que pasa en nuestra sociedad, para ser ciudadanos y dejar de ser simples pagadores.

Yo no le voy a decir a nadie lo que debe hacer. Pero, por si os interesa, os cuento lo que pienso hacer yo.

  • No pienso volver a ir al cine. A ver ninguna película. Ni siquiera las que me interesen mucho. Cuando haya una que no pueda resistirme a ver, esperaré a que salga en DVD y la bajaré del eMule o de alguna red de Bittorrent. Lo cual en España es legal.
  • Voy a intentar, por todos los medios, no comprar ninguno de los soportes que están sujetos al pago del canon digital. Ya tengo mis dos ordenadores montados, con mis discos duros, mis impresoras, etc. Aguantaré así algún tiempo. Cuando no tenga más remedio que comprar algo, intentaré hacerlo en eBay o en alguna tienda del extranjero. Pero, si puedo evitarlo, ninguno de estos vividores va a llevarse un céntimo de mi bolsillo si no vienen a mi casa a arrebatármelo. Y aquí les espero.
  • No voy a comprar música. De hecho, hace años que dejé de comprar CD originales de música, y últimamente compraba en la iTunes Store de Apple. Ahora, ni eso. Si me interesa mucho algún disco, lo bajaré del Emule o de Bittorrent. Una vez más, os recuerdo que es perfectamente legal. Tampoco compraré películas en DVD.
  • Intentaré que todos los de mi entorno se enteren perfectamente de lo que nos están haciendo. Recordad que nos han podido colar el canon gracias a la desinformación propiciada por los medios de comunicación. Tu vecino, tu padre, tu tío, no saben que cada vez que compran un ordenador para que su hijo haga los trabajos en la universidad, las sociedades de autor le meten la mano en el bolsillo. Su deber como ciudadanos es saberlo. Si ellos no hacen por informarse, los medios tampoco lo van a hacer. Debemos hacerlo nosotros.

Nos jugamos mucho, amigos. Dar una respuesta al canon es un asunto crucial. Sí, es más urgente arreglar el problema de las pateras, pero lo primero en democracia es demostrar a los gobiernos que no pueden hacer con nosotros lo que ellos quieran en beneficio de una reducida élite. Debemos demostrarles que estamos alertas. Que ellos no gobiernan, que gobernamos nosotros.

Eso es la democracia. Que gobiernes tú y yo. No que paguemos a unos sinvergüenzas para que gobiernen para otros. Y hay que hacérselo saber. Pásalo.

Modales, Stallman y Chomsky

20 de December de 2007

chomsky1.png

Como dijo el clásico (aunque en realidad no recuerdo de dónde salió la frase hecha), en tiempos como estos, donde cada vez se presta menos atención a la ética, uno no tiene más remedio que refugiarse en la estética. En eso fundamentaba mi reciente crítica a Hugo Chávez: sin negar que sea el político más demócrata del mundo -lo cual tampoco es decir demasiado- me enerva su permanente desprecio a las formas y a la dignidad de cualquiera que tenga la osadía de no rezarle.

Hace un par de días mi amiga Sonia Blanco escribió un post acerca de la última conferencia que Richard Stallman, cabeza visible del software libre¹ en todo el mundo y creador del proyecto GNU, impartió en Granada ante un puñado de fervientes seguidores. Dejando clara en todo momento la relevancia del movimiento por el software gratuito y abierto que defiende Stallman, y sin negar ni un ápice de la importancia que tanto él como su proyecto en efecto tienen para toda la comunidad mundial, se quejaba mi malagueña de la falta de respeto que mostró el gurú ante los asistentes y los anfitriones, poniéndose de morritos por un escaso retraso de 20 minutos (¡que estamos en España, Richal! En este país si te retrasas 20 minutos aún puedes decir tranquilamente que eres puntual) y ofendiéndose porque le habían plantado delante un portátil de Apple, la compañía de Steve Jobs, hermano mellizo del Anticristo, del que fue separado al poco de nacer. Dicho portátil, por cierto, no estaba ahí por cuestiones religiosas ni publicitarias, sino porque otro conferenciante lo iba a necesitar momentos después.

El post de Sonia fue meneado y ahí empezó la cruenta masacre: un montón de talibanes² le dedicaron una serie de improperios que un servidor no está dispuesto a reproducir (intento, como siempre, mantener mi blog relativamente limpio, o curioso, como decimos por el Sur). La principal crítica que se hacía a Blanco -después de limpiarla de insultos- era que cómo se atrevía ella (que no es nadie) a criticar a una persona que tantísimo ha hecho por el avance de la humanidad.

Es curioso, en primer lugar, que para defender a una persona que aboga por la libre difusión de la cultura, entre otras cosas para paliar las diferencias sociales (en el mundo actual, el acceso a la información es de facto una ventaja económica), se utilice un argumento tan aristocrático como que una doña nadie no puede criticar a un noble, un semidiós, ya que este, por definición, es infalible, como el Papa de Roma. Y después, como ya he comentado, da un poco de miedo ver la falta de crítica que existe entre algunos de los seguidores del señor Stallman, a los que me cuesta muchísimo diferenciar de los integristas religiosos y de las adolescentes seguidoras del último melenas berreante que la SGAE les quiera vender.

Estos integristas (que conste que me refiero únicamente al sector talibán, y no a los otros, aunque ellos si quieren me pueden trollear también) no parecen darse cuenta de que este señor, seamos francos, tampoco ha hecho nada tan grande por la humanidad. Todo el proyecto GNU, y la filosofía de Stallman, me parecen muy interesantes y justos, pero en realidad dudo que más de un 1 por 1.000 de la población haya oído alguna vez la palabra «software». De estos, unos pocos sabrán que hay programas que se pagan y otros que no, como Firefox (aunque ya se sabe que en la informática lo normal es no pagar por ningún programa). De entre estos, escojamos al pequeño porcentaje que sabe de qué van las siglas GNU, GPL, etc. y tendremos a la despreciable cantidad de personas que en el mundo saben quién es este señor, que para algunos es el responsable de que el cielo no caiga sobre nuestras cabezas.

Ahora comparémoslo con otra persona que también podemos decir que es importante. Me pido a Noam Chomsky. Este profesor estadounidense es autor de varias decenas o cientos de libros. Es el pensador que ha dado a la Lingüística su revolución más importante durante el siglo XX (y quizás durante toda su historia). Además, es el principal crítico con la política exterior de los Estados Unidos, cosa que demuestra sin tapujos allí donde se le presenta la ocasión, y con argumentos razonados, no ciñéndose una bomba al estómago o un pin a la camiseta. También ha escrito varios libros y dado cientos de conferencias alertando sobre el adormecimiento de la población en los países democráticos, que deja a los votantes en manos de las grandes empresas. Se estima que es el tercer autor más citado de toda la historia, y el único entre los diez primeros que sigue vivo.

Pues bien, el bueno de Noam suele esgrimir una amplia sonrisa durante sus conferencias, sin importar cuál sea el tema tratado, el público o el lugar al que se le haya invitado. Después de su conferencia, y de la ovación con que el público, en pie, le suele obsequiar, siempre tiene tiempo para un debate entre él y los asistentes. No contento con ello, si no hay tiempo para responder a todo el mundo (y los cuestionantes suelen ser simples estudiantes universitarios o cualquiera que se pasa por ahí, como él mismo dice, nunca le da mayor importancia a nadie por el simple hecho de tener un diploma), a menudo pide que le planteen las preguntas por escrito y se las envíen a su departamento en el MIT, para responderlas por carta cuando le sea posible. Y lo normal es que le sea posible en el breve plazo de un mes.

Si queréis ver una muestra de este monstruo del pensamiento en acción, podéis comprobar en este enlace si lo que digo es cierto (al menos, en lo referente a los modales).

Las comparaciones, si queréis, las podéis hacer vosotros mismos.

(1) Escribo «libre» en bastardilla porque, por mucho que me guste que un programa se pueda copiar, distribuir y modificar sin limitaciones legales, me chirría bastante la idea de asignar una facultad exclusivamente humana, esto es, la libertad, a un conjunto más o menos grande y ordenado de unos y ceros.

(2) Son talibanes en el sentido más amplio del término. Los talibanes de Afganistán asesinan a gente en nombre del islam, y con ello consiguen que gran parte de la opinión pública tenga una imagen negativa de todos los musulmanes, incluida la gran mayoría de ellos que viven su vida sin meterse con nadie. De forma análoga, estos talibanes del software libre, con sus teclas inyectadas en sangre, hacen que mucha gente tenga miedo de que algún día puedan llegar a decidir algo en nuestras vidas, o simplemente en nuestros ordenadores.

Sobre el dichoso canon

19 de December de 2007

Considero una cuestión fundamental, e incluso moral, leer este artículo de Enrique Dans.

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho