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La Lengua » 2007 » November

Ars longa, vita brevis

Voodoo Zombie

20 de November de 2007

-¿Qué eres tú?

-Católico.

-Compartís muchas cosas con el vudú: la creencia en los santos, en los milagros…

-Nosotros no tenemos zombis.

-Jesús resucitó al tercer día.

Diálogo entre Booth y la superdoctora Temperance Brennan, en Bones.

Fascismo sintáctico

19 de November de 2007

En Italia hay dos clases de fascistas: los fascistas y los antifascistas.

(Erróneamente atribuida a Oriana Fallaci, cuando en realidad es de su abuelo)

Desde pequeños nos enseñan en la escuela que hay nombres, verbos, adjetivos, adverbios, pronombres, preposiciones, etc. Se distinguen entre sí por sus rasgos semánticos (esto es, de significado), morfológicos (atendiendo, por ejemplo, a si admiten variación de número) y funcionales (un nombre puede ser el núcleo del sujeto de una oración, pero una conjunción no).

Diversos estudios gramáticos vienen a poner en duda esa arcaica distinción, que en realidad se mantiene más que nada por respeto a los clásicos y a sus poéticas y gramáticas. Por ejemplo, sintácticamente, un nombre y un pronombre son difícilmente distinguibles. No hay diferencia funcional entre nombre y pronombre en las siguientes oraciones: Me gusta el coche, Me gusta el tuyo. Tanto coche como tuyo funcionan como núcleos de un sintagma nominal en función de sujeto de una oración. Incluso, ambos admiten adyacentes adjetivos: Me gusta el coche rojo, Me gusta el tuyo rojo.

Morfológicamente, casi todos los pronombres admiten variación de género y número (tuyo, tuya, tuyos, tuyas), al igual que muchos nombres (gato, gata, gatos, gatas).

Y si atendemos al significado, podemos decir que los nombres tienen un significado propio (frigorífico) mientras que los pronombres lo tienen en gran parte prestado (tuyo puede ser tanto tu frigorífico como tu coche o tu velocirraptor). Sin embargo, tenemos también algunos nombres cuyo significado es casi todo prestado y dependiente del contexto, como cosa.

Así pues, buena parte de las gramáticas modernas no distinguen entre los nombres y los pronombres.

Yo cada vez distingo menos entre los fascistas y los autodenominados antifascistas. Funcionalmente, al menos, son lo mismo: grupos de inadaptados que salen a la calle en grupo a molestar, ya sea atacando posesiones privadas (automóviles, cajeros automáticos), ya enseres públicos que pagamos entre todos (contenedores de basura, farolas), ya a ciudadanos que han cometido el delito de no pensar como ellos, o a veces de no vestir como ellos.

Incluso están llegando a igualarse en la apariencia externa, esto es, en la morfología: cabezas rapadas, ropa de la misma marca, idénticos aires chulescos. A ver quién, antes de cinco segundos, es capaz de distinguir entre esta web y esta otra. Pues una pertenece a las Brigadas Antifascistas de Madrid y la otra al grupo racista Aryan Nations (naciones arias). Los diseños de ambas son perfectamente intercambiables. El gusto por los colores rojo y negro, la letra gótica (tan querida por Adolf Hitler y sus servicios de propaganda), los mismos mensajes agresivos hacia quienes no son de su pensamiento (único).

Se puede alegar que, al menos semánticamente, son distintos. Unos defienden la pureza racial y nacional, la xenofobia (disimulada o no), la perdurabilidad de los símbolos nacionales. Los otros están en contra. Pero yo creo que mienten. Lo que define a un fascista, más que sus querencias, son sus métodos. Es lo que igualaba al ex comunista Mussolini con el místico ateo Hitler y el nacional católico Franco: el poder de sus perros para amedrentar a la ciudadanía corriente. Esa que paga las farolas y los contenedores (en otras partes, autobuses) que unos y otros queman. Ese es el verdadero significado del fascismo: la incapacidad de respetar a quienes tienen una opinión política distinta de la propia.

Y, en ese sentido, sigo sin ver diferencia entre unos y otros.

aNobii: organiza tus libros en la web

17 de November de 2007

aNobii es un servicio web con el que puedes organizar todos tus libros en la red. El sistema de introducción de libros es muy sencillo (con el ISBN), y una vez has introducido el título puedes añadir comentarios, etiquetas, ver la opinión de otros usuarios, etc.

El sistema está disponible en varios idiomas, y aunque la traducción al castellano tiene algunos fallos, es bastante decente.

Las opciones para catalogar los libros son innumerables: puedes añadir etiquetas, introducir la fecha de compra (e incluso, si es un regalo, puedes escribir el nombre de la persona que te lo ha regalado), el precio, la fecha en que lo leíste, añadir comentarios que sólo puedes leer tú, e indicar si lo tienes prestado.

También puedes visitar las estanterías del resto de los usuarios (aquí está la mía) y poner tus libros en venta en el mismo servicio.

Normalmente, si el libro que estás catalogando no es muy raro, en la base de datos suelen tener ya la portada del libro. Si no es así, puedes añadirla tú, escaneándola o buscándola en la red. Una vez has añadido un nuevo título, te aparece a su lado el número de usuarios que tienen ese libro, además de ti.

Yo conocí la página hace como un par de semanas, y siempre que tengo un rato y me acuerdo añado algún libro. Tardaré bastante en catalogarlos todos, pero cuando has terminado de añadir todos tus libros, el único trabajo es ir metiendo los que te compras, y actualizarlos cuando los terminas de leer… poca cosa más.

Los comentarios están abiertos para que me contéis qué os parece el invento.

La extraña pareja

Un vídeo de paz, amor y eso que llaman tolerancia para el fin de semana.

Vía Cute Overload.

Sunny Afternoon

15 de November de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

My girlfriend’s run off with my car,
and gone back to her ma and pa,
telling tales of drunkenness and cruelty.

Derechos de autor

13 de November de 2007

chickenpatent.jpg

–He patentado la ira.

–¡No puedes patentar la ira!

–¿Es que eso constituye un problema para ti?

–(airado) Pues, de hecho, sí.

–Entonces me debes pasta.

Savage Chickens vía Menéame.

El camino

12 de November de 2007

elcamino.jpg

A Daniel, el Mochuelo, lo van a enviar a la ciudad para estudiar el Bachillerato, hecho ineludible que lo separará de su querido valle vasco y de todos los recuerdos de su niñez. Ante la inevitabilidad de la partida y la imposibilidad de dormir, comienza a recordar en flashbacks los pasos más importantes de su camino vital, camino que da título a la novela y que su padre, el quesero, trunca cuando decide que debe estudiar para progresar y llegar más lejos que él.

La estructura de esta novela, sin ser un prodigio de originalidad, es desarrollada por Miguel Delibes de forma absolutamente magistral. El primer capítulo comienza cuando el Mochuelo se va a la cama y descubre que no puede dormir y se pone a recordar. El último, cuando el día comienza a clarear y el pobre chico lo ve como un condenado a muerte vería amanecer el último día desde su celda. En medio de estos dos capítulos se hincha como un globo toda la historia del valle, de sus habitantes, sus costumbres, su forma de hablar y de vivir y sus complejas relaciones sociales.

El estilo de esta novela es el que ha hecho de Delibes el escritor más castellano, si me permitís que lo diga así. Sus novelas, a menudo o casi siempre, parece que nos las está contando un paisano, en lugar de estar nosotros leyéndolas en soledad. Domina el léxico como pocos, sobre todo las palabras pueblerinas, y es capaz de escribir una obra maestra con giros populares que, como digo, a veces nos hacen olvidar que estamos leyendo. Las repeticiones, los anacolutos, los giros sintácticos imposibles, que son una marca de la casa, logran, como ya he dicho, que parezca que realmente hay un hombre rememorando su niñez y recuperando para ello el habla infantil y desenfadada, en lugar de haber miles de horas de trabajo y reflexión para la consecución de un estilo perfecto.

Los personajes de la novela están realmente vivos. Es la segunda vez que digo esto, con otras palabras, después de comentar Tokio Blues, de Haruki Murakami. Aunque a veces salen caricaturizados e incluso a menudo me recuerdan a los animalescos personajes de Cela, todos están tan llenos de virtudes y defectos como cualquier persona real, sin héroes ni villanos, y con unos pocos personajes hiperbolizados que tal vez sirven como puntos de guía para que nos demos cuenta de lo normales que son todos: hablo de Roque, el Moñigo, hijo del herrero, tan fuerte que con 13 años le dio una paliza a un joven de 20; o de su padre, tan bestia que saca una imagen de procesión a hombros él solo, y que me recuerda en su fuerza a Arcadio Buendía, de Cien años de soledad (aunque la novela de García Márquez se publicaría más de diez años después). Todos los demás personajes podrían ser perfectamente nuestros vecinos, si viviésemos en un valle perdido del norte de España durante la posguerra.

No recomiendo a nadie que tarde treinta y dos años en leerla, como he hecho yo, porque es sin duda una de las cimas de la novela española del siglo pasado. Y siempre sienta bien poder leer a un escritor que se apaga mientras aún está vivo. Supongo que a estas alturas, y teniendo unos lectores tan cultivados como los tengo yo, ya habrá pasado por vuestras manos hace tiempo. Si no es así, o si pensáis releerla, un consejo: leed lentamente el capítulo XVII, porque creo que es uno de los mejores fragmentos que se han escrito nunca en español. Y en el español de Delibes, ahí es nada.

La Guindilla mayor descendió a la tienda. Dio media vuelta a la llave y entró Catalina, la Lepórida. Ésta, al igual que sus hermanas, tenía el labio superior plegado como los conejos y su naricita se fruncía y distendía incesantemente como si incesantemente olisquease. Las llamaban, por eso, las Lepóridas. También las apodaban las Cacas, porque se llamaban Catalina, Carmen, Camila, Caridad y Casilda y el padre había sido tartamudo.

[…]

–Pongamos la luz en la sala y censuremos duramente las películas –arguyó la Guindilla mayor.

A la vuelta de muchas discusiones se aprobó la sugerencia de la Guindilla. La comisión de censura quedó integrada por don José, el cura, la Guindilla mayor y Trino, el sacristán. Los tres se reunían los sábados en la cuadra de Pancho y pasaban la película que se proyectaría al día siguiente.

Una tarde detuvieron la prueba en una escena dudosa.

–A mi entender esa marrana enseña demasiado las piernas, don José –dijo la Guindilla.

–Eso me estaba pareciendo a mí –dijo don José. Y volviendo el rostro hacia Trino, el sacristán, que miraba la imagen de la mujer sin pestañear y boquiabierto, le conminó–: Trino, o dejas de mirar así o te excluyo de la comisión de censura.

Shut the fuck up

11 de November de 2007

Enlace al vídeo en YouTube. ¿Es que queda alguien que no lo haya visto?

Ahora en serio: vamos a intentar trabajar con los datos fríos.

En primer lugar, esto no es cuestión de orgullos patrios. Yo no soy tan estúpido como para enorgullecerme de ser español, ni como para avergonzarme por ello (el hecho de haber nacido en España no es mérito ni tampoco pecado de este que os escribe). España no ha mandado a callar a Venezuela, ni los españoles a los venezolanos. El Rey, como jefe del Estado, es embajador de él adonde quiera que vaya, igual que Chávez lo es de la bolivariana Venezuela, pero estaría bueno que eso nos hiciera responsables de lo que uno y otro hacen o dicen (¡Dios nos libre!).

Tampoco es cuestión de racismo, que es el bálsamo de Fierabrás que todo lo cura. En cuanto alguien se mete conmigo, digo que es una agresión racista y automáticamente me convierto en el portador de la razón. Pues tampoco. Creo que hoy en día tal vez los mayores alentadores del racismo son los que pretenden ser intocables por no ser “blancos” (adjetivo que no sé exactamente qué significa dentro de este contexto). Esto esconde, tal vez, un inconfesable complejo de inferioridad del que sólo pueden curarse ellos, admitiendo que pueden ser objeto de críticas sin escudarse en que los tataratatarabuelos de los “blancos” robaron no sé cuánto oro a sus tataratatarabuelos. Neorracistas: desde aquí os digo que valéis lo mismo que los paleorracistas, ni más, ni menos. Por lo tanto, podéis dirigir países tan bien o tan mal como los europeos y sus descendientes, pero también podéis ser objeto de la crítica razonada.

Ni de colonialismo. Cuando Juan Carlos de Borbón ascendió a la jefatura del Estado, España ya había perdido, por suerte para ella (y tal vez por desgracia para los saharauis) todo reducto colonial de antaño, y ahora mismo la única colonia que conocemos es el Peñón de Gibraltar.

Chávez ha estado en su línea, como dicen ahora los cursis. No hay peor embajador de Venezuela que su Presidente, que no para de soltar exabruptos. Alguien debería decirle que representa a un gran país y que sus intervenciones no están a la altura de este. Por muy bolivariano y revolucionario que usted sea, debe guardar las formas. Como he dicho antes, usted es representante de su país, y no es justo que la gente piense que los venezolanos no tienen educación porque usted no la tenga.

¿Se puede decir lo mismo del Rey? Pues sí y no. Por un lado, como he dicho, un jefe de estado no debe faltar al respeto a nadie, pues representa a su estado. Así que merece un pequeño tirón de orejas. Pero, por otro, la intervención del Borbón es entendible en su contexto: no estaba mandando a callar a Chávez porque no le gustase lo que estaba diciendo, sino porque estaba pisando continuamente a Zapatero, que estaba en uso de la palabra. Así que no se le puede criticar por lo que a algunos les gustaría que hubiese sido (un acto colonialista, imperialista y racista), sino solamente por lo que fue. Una salida de tono, injustificable como tal, pero comprensible en su origen.

El que ha quedado como un señor es el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ha sabido hablar a tiempo, como le correspondía (al contrario que Chávez); hablar con firmeza pero también moderación, como correspondía (al contrario que el Rey); y defender a su bestia negra, Aznar, cuando no está delante para defenderse (al contrario que este, que va poniendo verde a Zapatero allá donde va). Tantos disgustos que me ha dado ZP, y a última hora parece que me va contentando, con su visita y la de los Reyes a Ceuta y Melilla, y ahora con esto. Quizás esté echando el carácter que se le acusaba de no tener, y que tampoco le hacía demasiada falta, dado que el Partido Popular está empeñado en perder las próximas elecciones a fuerza de decir gilipuerteces.

Por último, un consejo para Chávez: ojo con a quién llama fascista, puede encontrarse con su propia imagen en un espejo. Al menos Aznar no reventó ninguna manifestación estudiantil a balazo limpio.

En fin, como diría mi admirada Patricia Conde, un abrazo para los venezolanos (menos para uno, que está castigao); otro para los españoles (menos para uno, que no puede abrazarse con sus propias extremidades), y vayamos pensando en alguna forma de quitar hierro al asunto, y de paso ganarnos unas chapitas. Que no se puede estar todo el día de mal humor.

(Reflexión colateral. Repitan conmigo: “Aznar no es el Cid”. Fue un presidente del Gobierno con sus claros y sus oscuros, algunos muy oscuros, como el asunto de la guerra de Irak, pero lo que importa aquí es el pretérito perfecto. Lo fue, y ya no lo es, y es posible, y hasta deseable, que no vuelva a serlo nunca. Déjenlo diluirse en el pádel y sus libros, como dejamos diluirse a González en los bonsáis y sus joyas. Los políticos retirados son como los fantasmas: en cuanto dejas de creer en ellos, se desvanecen. Ya sé que sale muy rentable para sus adversarios volverlo a levantar y sentarlo en el caballo, pero puede que no sea bueno para nuestra democracia.)

Consejos vendo (II)

8 de November de 2007

Como saben mis lectores fieles, hace unas semanas el disco duro de mi MacBook dijo “hasta aquí hemos llegado” y pereció llevándose miles de canciones, documentos y -lo peor de todo- fotografías irrecuperables. Os pedí consejo y amablemente me lo disteis, indicándome que había varias empresas que se dedicaban a recuperar los datos de discos duros en apariencia perdidos para el mundo de los vivos.

Hablé con varias de esas empresas, pero finalmente desistí de usar sus servicios al comprobar que me costaba menos volver a irme a Mallorca y hacer las fotografías que pagar por una recuperación de datos que, sin garantizarme un porcentaje de éxito, me iba a costar entre 1.000 y 2.000 euros (y el precio estaba más cerca de la segunda cifra que de la primera). Así que lo que he hecho es pedir a Optize un disco duro exactamente igual que el que falló, y cuando llegue intentaré cambiar el disco de platino de la unidad muerta por el de la nueva, a ver si puedo recuperar algo (también aquí admito consejos sobre esterilización y todo eso).

El caso es que ayer en The Unofficial Apple Weblog publicaron un post donde desvelan que los discos duros de la marca Seagate (como el mío) tienen una grave tendencia a fallar en portátiles Mac (como el mío). En concreto, los problemas suelen presentarse en las unidades con firmware 7.01, y aunque el del mío es el 3.06, hay ya decenas de comentarios, incluidos algunos escritos por trabajadores de servicios técnicos de Apple (¡la infalible marca Apple!), que confirman que el problema es muy frecuente (y ya han tardado en darse cuenta, canastos). Por desgracia, alguno de estos comentaristas cuentan que han intentado recobrar los datos de los discos fallidos y no han podido hacerlo.

Así que mientras esperáis el tercer, y espero que felizmente definitivo, post sobre este problema, si tenéis un portátil Apple os doy un consejo gratis: haced copias de seguridad como muy poco semanalmente. Y si tenéis montado un disco duro Seagate, cambiadlo cuando podáis. Luego no digáis que no os avisé.

Starman

7 de November de 2007

Enlace al vídeo en YouTube

There’s a starman waiting in the sky
he’d like to come and meet us
but he thinks he’d blow our minds

Hay que comer

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