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La Lengua » Matar un ruiseñor

Ars longa, vita brevis

Matar un ruiseñor

5 de November de 2007

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La estadounidense Harper Lee publicó esta, su única novela, en 1960. En 1961 ganó con ella el premio Pulitzer, y en 1962 fue llevada al cine por el director Robert Mulligan en una cinta protagonizada por Gregory Peck, que con su memorable interpretación de Atticus Finch ganó el Oscar al mejor actor, consiguiendo además los premios a mejor guion adaptado y a mejor dirección artística en blanco y negro. Yo había visto la película hace tres o cuatro años, y el otro día, en mi visita semanal a la librería, con ese 5 € a tamaño gigante en la portada no me pude resistir.

La trama se desarrolla a mediados de la década de los años 30 del siglo XX en la pequeña población de Maycomb, Alabama, en el sur profundo de los Estados Unidos (el pueblo es ficticio, pero es un buen retrato de cualquier población de la época y del lugar concretos). Una niña muy despierta para sus seis años, Jean Louise “Scout” Finch, rememora desde un futuro no especificado unos años que serían cruciales para ella, su hermano Jem, su padre, el idealista abogado Atticus Finch, y para toda la población.

Un negro es acusado de la violación de una chica blanca de 19 años. Esto, sin necesidad de juicio, significaba en la Alabama de los años 30 una condena a la silla eléctrica casi con seguridad, en un veredicto dictado por un jurado de doce hombres blancos sin piedad. Aun así, Atticus Finch acepta el caso que se le encomienda de oficio, porque cree que es su deber. Esto le embarca no sólo en una difícil empresa profesional, sino también en una desagradable situación social, en la que se arriesga a perder el inmenso respeto que despierta en todos, la tranquilidad de sus hijos, e incluso su propia seguridad personal.

La pérdida de la inocencia de los pequeños Scout y Jem es el telón de fondo sobre el que se desarrolla el drama; la historia empieza bastante antes del juicio contra Tom Robinson, y termina bastante después del desenlace del proceso (que no desvelaré aquí). Los intensos días de preparación del juicio y aceptación del veredicto son únicamente una especie de punto de inflexión en la infancia de los dos mocosos. Su vida, especialmente su vida interior, no volverá a ser como antes. La gran aventura moral a la que asisten como meros espectadores será una historia a la que entran como niños, y de la que salen con dos necesidades principales: la de aceptación de que el mundo que les rodea es de cierta manera muy difícil de cambiar, y la de cambiar esa realidad haciendo todo lo que puedan.

El retrato de la pequeña y tranquila Maycomb podría ser perfectamente un cuadro de costumbres de la época en el que faltan pocas cosas: tenemos a los viejos veteranos de la guerra de Secesión, que piensan que el sur volverá a alzarse, o al menos que debería; a las solteronas de pueblo que viven la vida de los demás, a falta de una propia; a los negros que, después de ser liberados en apariencia, viven en una situación de parias poco mejor que la época en que eran esclavos; e incluso hay un fantasmagórico personaje elíptico (como el protagonista de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato), un hombre encerrado por su propia familia que ejerce una irresistible atracción sobre la imaginación de los niños, y que acabará teniendo un protagonismo casi total. En medio de todos estos personajes tétricos se levanta como una esperanza el iluso de Atticus (al que los niños llaman por su nombre de pila), un joven viudo que se esfuerza en educar a sus hijos de la manera más recta posible y está siempre dispuesto a aceptar cristianamente todos los insultos, las afrentas y las causas perdidas.

La narración es agilísima y solo me ha llevado un par de días acabar con el volumen de 410 páginas. Aparte del gran estilo con el que está escrito, este libro lo tiene casi todo: una historia de protoamor entre dos niños, un apasionante juicio, escenas de conflicto racial e incluso de miedo, coloristas descripciones de la Alabama de la primera mitad del siglo pasado y una historia totalmente verosímil (es algo aceptado pensar que gran parte de la novela es autobiográfica). Además, sin que sea su propósito principal, es un gran alegato antirracista, y en el libro podemos apreciar circunstancias paradójicas que aún se producen, por desgracia, hoy en día (como la de la maestra que aborrece el antisemitismo de Hitler, que estaba en su época de apogeo en Alemania, mientras piensa que hay que atar cortos a los negros porque todos van por ahí violando mujeres blancas). La parte del juicio es bastante convencional, pero interesante. Una de las consecuencias de los millones de películas y series que se han hecho sobre juicios y abogados es que, en asuntos legales, es difícil que a uno ya lo sorprenda una historia de ficción.

Matar un ruiseñor es un libro que os gustará, sin duda, y que probablemente se convierta en una de vuestras novelas favoritas.

5 comentarios en “Matar un ruiseñor”

  • # erre dice:
    5 de November de 2007 a las 22:05

    Me encantó la novela. Curiosamente, no recuerdo bien si he visto la peli.

  • # Elías dice:
    5 de November de 2007 a las 22:19

    Pues no te la pierdas, también es muy buena.

  • # erre dice:
    6 de November de 2007 a las 0:38

    Pues si tengo ocasión la veré. O la volveré a ver, según.

  • # Rhus dice:
    6 de November de 2007 a las 13:13

    NOTA DEL BLOGGER: Este comentario puede desvelarte algún punto sobre el desenlace del libro. Si tienes pensado leerlo en breve, es posible que desees pasarlo por alto. Fin de la nota. El comentario, a continuación:

    Es una novela del todo deliciosa. Muy buena tu crítica.

    Me pregunto si con lo de «convencional» te refieres a las circunstancias de la detención del muchacho negro, el argumento básico de la defensa y el resultado del juicio. En ese caso, sí, supongo que es convencional aunque podamos encontrar cientos de ejemplos similares en los Estados Unidos de la época (y de hoy, aunque el racismo se haya refinado bastante). Y es verdad que hemos visto tantas pelis de juicios que ya nos sentimos escépticos ante un argumento sencillo como este. Ahora bien, el relato del juicio en sí es tan trepidante y está tan bien escrito como el resto de la novela, ¿no crees? Con la misma mezcla acertadísima de la visión de Scout y los hechos, digamos, reales.

    Eso sí, después de lo dicho, tengo que confesar que lo leí con ojos modernos y cuando llegué al punto culminante del juicio solté el libro y me puse a aullar de incredulidad. Necesité unas horas para reflexionar que la novelista no me estaba tomando el pelo y no había recurrido a un dramatismo de folletón decimonónico, sino que contaba algo real como la vida misma.

    Yo venía aquí a enterarme de tu opinión sobre la visita de los reyes, esa sobre la que escribes por «vergüenza bloguera», je, je, y me encuentro con esta sugerencia para releer el libro. Mucho más interesante, ¡gracias!

  • # Elías dice:
    6 de November de 2007 a las 19:22

    Es convencional retrospectivamente (tal vez no lo he expresado con claridad). Quiero decir que probablemente cuando se escribió, el juicio narrado era bastante sorprendente, con sus giros de 180 grados y todo eso. Pero, como digo en el post, después de chorrocientas series y películas de juicios, ya es difícil que uno se sorprenda. Sin embargo, está narrado con maestría y dominio de la intriga, eso no se lo quita nadie 🙂

    Saludos.

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