Warning: Use of undefined constant get_magic_quotes_gpc - assumed 'get_magic_quotes_gpc' (this will throw an Error in a future version of PHP) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/cforms/lib_functions.php on line 339

Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/lalen2/public_html/images/cassette01.jpg(1) : eval()'d code(83) : eval()'d code(1) : eval()'d code(1) : eval()'d code:1) in /home/lalen2/public_html/wp-content/plugins/wp-super-cache/wp-cache-phase2.php on line 1164
La Lengua » 2007 » October

Ars longa, vita brevis

Signs of the times

8 de October de 2007

Desde luego, con los tiempos tan absurdos que vivimos, este podría bien ser el nuevo escudo de España:

Y esta, la bandera:

O tal vez lo han sido siempre, y nosotros sin enterarnos.

Vía Daniel Tercero.

Consejos vendo

7 de October de 2007

¡Y para mí no tengo!

Aunque sea de letras, y entienda más de sintagmas y paradigmas que de bits, mi vicio -que no puede llamarse de otra manera- con los ordenadores hace que yo sea el amigo al que llaman mis conocidos cuando tienen cualquier problema informático.

Tantos años de prueba y error (más errores que pruebas, casi), varios discos duros fundidos, y mucha información perdida, hacen que yo sepa arreglar la mayoría de los problemas simples que tienen mis amigos con sus ordenadores. Virus, necesidad de formateo y reinstalación, problemas con la red, “el ordenador no se enciende”, etc. En fin, cosa nimia para cualquiera que entienda un poquito, pero una odisea para quien utilice el ordenador como una herramienta y no lo tenga como centro de su vida, como hacemos los viciosos.

Cada vez que un amigo pierde sus valiosos documentos por no hacer copias de seguridad, lo miro con cara de condescendencia y le suelto “Pues si no me haces caso, ¿qué quieres que yo haga? Ahora te fastidias.”

Es lo que acaba de pasarme a mí. Mi disco duro principal ha muerto. Estaba trabajando con un documento, cuando el incolgable Mac se quedó colgado. Después de esperar unos momentos, apagué el ordenador por las bravas. Después lo encendí. Pantalla en azul (no es la misma que la de Windows, ésta da menos miedito) y un casi imperceptible clic que se repetía varias veces. Después el silencio. Intento por varios procedimientos que el ordenador reconozca el disco (por ejemplo, arrancando el sistema desde otra unidad) y nada. Nada, aparte de las conocidas gotas de sudor frío por la sien.

Tras varios intentos y una búsqueda por los foros de alguien que hubiese sufrido el mismo problema que yo, el diagnóstico está claro: fallo físico en el disco duro. Información perdida irremediablemente. El disco duro, a la basura.

Mis documentos del instituto, mis 18 gigabytes de música, mis 3.000 fotos de los últimos dos años, mis correos electrónicos… Todo al traste. La mayoría de esos documentos son irrecuperables.

La música la puedo pasar otra vez del iPod al ordenador, pero perdiendo la información sobre el número de reproducciones, las notas que he dado a mis canciones preferidas, las listas de reproducción… Las fotos, en su mayoría, se han perdido para siempre, porque no existía otra copia que la del disco duro. Los documentos, sobre todo los del instituto, mal que bien, pueden recuperarse o rehacerse (casi siempre me envío una copia de los documentos importantes al correo, por si se pierden por el camino).

Pero sobre todo las fotos, todas, perdidas por siempre jamás.

¿O tal vez no? En mi desesperada investigación, he descubierto que hay empresas que se dedican a recuperar información de discos duros aparentemente muertos. Trabajan en un entorno limpio, casi de ciencia ficción, como los laboratorios donde se fabrican los microprocesadores, y todos van con mascarilla, gorrito, guantes, etc. Dicen que en muchos de los casos simplemente hay que sustituir la pieza dañada (porque un disco duro, por supuesto, son miles de piezas, y muchas de las que suelen fallar, mecánicas) o meter los discos de platino en otra carcasa de disco, y a volar. Aseguran un porcentaje de datos recuperados de alrededor del 80%, aunque admiten que hay discos que son irrecuperables. Yo no creo que el mío lo sea, puesto que no ha recibido golpes ni nada, simplemente lo apagué cuando estaba escribiendo o leyendo, y después de eso lo he intentado arrancar tres o cuatro veces y ya está. Y no huele a quemado. Esto último es broma. Creo.

La broma no sale barata: en una página de los Estados Unidos, me calculan un precio de unos 300 dólares (algo más de 200 euros). Aquí en España, en la única página donde he podido encontrar un precio orientativo, la cosa se acerca más a los 400. Pero no me hace gracia enviarlo a los EEUU, principalmente porque entre las cláusulas que tienes que aceptar se encuentra una que dice que van a revisar tu disco duro en busca de pornografía infantil, por si tienen que informar al FBI. Yo hay dos cosas que no tengo: ni pornografía infantil, ni miedo al FBI (al menos mientras yo esté aquí y ellos allí), pero mi disco está lleno de documentos privados en los que no me hace gracia que nadie fisgonee.

De momento he pedido información y presupuestos a dos empresas: Recovery Labs y Serman. Ambas parecen serias y dan bastante información sobre cómo funciona el proceso de recuperación en sus páginas web. Pero aún tengo mis dudas.

¿Alguien ha utilizado alguna vez los servicios de cualquiera de estas empresas? ¿Son fiables, efectivas? ¿Qué nivel de privacidad puedo esperar? ¿Habéis recuperado algún disco duro muerto, aunque sea por otros métodos o confiando en otras empresas?

Vuestras respuestas lo valen todo para mí en estos momentos.

El baile del pañuelo

4 de October de 2007

La noticia es que una menor acude al colegio en Cataluña oculta bajo un hiyab, en contra de las normas internas del centro, por orden de la Generalitat (aunque más bien diría yo que por orden de la Ley Orgánica de Educación, que dice que, en este país, todos los niños de entre 6 y 16 años han de estar forzosamente escolarizados).

El padre de la niña se ríe, claro, porque ¿en qué país la justicia se va a poner a favor de un extranjero que contraviene las normas de un centro legal de ese propio país? Teniendo en cuenta que viene de Marruecos, donde aún hay gente en la cárcel por manifestarse en contra de Hassan II, fallecido hace más de ocho años y padre del rey actual, el hecho de que él, armado sólo con su intolerancia y su machismo, pueda doblegar y hacer doblar la rodilla a una de las naciones más poderosas de la tierra, a uno de los pilares del impío occidente, su hilaridad se me antoja bastante lógica.

Y mientras, biempensantes de acá y acullá, pero sobre todo de acá, se felicitan por el enorme avance en multiculturalidad, pluralismo y derechos humanos. Desde luego, a estas alturas de la novela, no seré yo quien se sorprenda por que los merluzos defiendan el machismo medieval de determinadas culturas. Por suerte o por desgracia, ya ando curadito de espantos.

Fríamente: el pañuelo de marras no es más que otra prenda de vestir. Sí, una prenda de vestir que en ciertas culturas sólo llevan las mujeres, y que es aconsejable para la muestra de su recato, pero algo parecido sucede con las prendas que tapan los pechos de las mujeres en nuestra sociedad. Que las mujeres lleven el pecho tapado en la playa no es obligatorio, pero en ciertas costas de pueblo puede traer alguna que otra mirada de reprobación, aparte de otras miradas más sanotas.

En un programa infantil de televisión no tendríamos problemas en mostrar el torso desnudo de un hombre, pero seguramente, por muy abiertos de mente que nos pensemos, la mayoría de nosotros no permitiría la visión de ese programa a nuestros hijos si en él salieran las mamachicho mostrando el enorme y ovalado esplendor de sus mamas.

(Aunque se puede aquí argumentar que el pecho protuberante femenino es, por naturaleza, un atributo sexual definitorio de tal sexo y además un rasgo claramente atractivo y excitante para los varones, mientras que el cabello de la cabeza lo comparten ambos sexos, y ambos pueden tenerlo feo o bonito. Pero vamos a dejar de lado este detalle, por hoy.)

Podría extenderme durante líneas y líneas acerca de este asunto, pero asumo que después del post de ayer estaréis cansados de leerme. Así que intentaré ser breve.

El pañuelo islámico es un grave atentado machista contra las mujeres. Las marca como objetos prohibidos, pecaminosos, malditos. Su razón antropológica probablemente viene del mismo sitio que la del pudor judeocristiano: la vergüenza sobrevenida tras comer el fruto del árbol de la ciencia. Sin embargo, el pudor occidental es distinto. Hoy casi nadie se sorprendería de ver las mamas de una mujer en los mismos lugares donde se ven pechos varoniles (playas, anuncios, películas, conciertos de rock…).

Cada uno puede vestir como quiera, y debemos respetar las costumbres de los que vienen de fuera, al mismo tiempo que exigimos respeto por las nuestras.

Pero antes de nada está la ley. Y la ley deja a los centros educativos la organización interna de los mismos, incluido el régimen disciplinario. En mi centro, por ejemplo, un alumno no puede permanecer en clase con una gorra. Y si lo expulso, el Ministerio de Educación me lo meterá otra vez en clase, con toda la razón del mundo. Pero a mi clase no entra con la gorra, a no ser que me lo meta la policía. Son las normas del centro, y legalmente son aprobadas por el centro.

Y si las lumbreras del Ministerio (o de la Generalitat, o quien sea) quieren contravenir las normas de los centros educativos, lo que tienen que hacer es redactarlas ellos, y sanseacabó.

La niña no tiene ni idea de lo que quiere. La meten en una polémica ajena a su edad, donde, claro está, se pone del lado de sus padres, y en contra del colegio. ¿Quién no adora a sus padres a los 9 años? ¿Y quién no odiaba el colegio?

¿Cómo se puede hablar de libre elección de la niña a los 9 años? ¿Es que alguno de los que estáis leyendo esto hicisteis la Primera Comunión por convicción y fe, o por la cámara de fotos? El que algunos aludan a la elección de la niña para apoyar su miniburka me parece una broma muy macabra.

Los que se piensan y llaman progresistas y al mismo tiempo aplauden, o al menos comprenden, el uso de esta prenda castrante, deben comprender que están siendo complacientes y tolerantes con una costumbre machista, no islámica.

Y además, ¿es que estamos locos? Aunque de verdad fuese una costumbre puramente religiosa, y no machista, sería igual de estúpido que un progresista la comprendiera.

Extraigo los párrafos más brillantes de un artículo de Pilar Rahola (por cierto, sé que no me estarás leyendo, pero el diseño de tu web es un horror. Deja el flash para las páginas de películas y otras horteradas, que lo mejor para tu sitio es que la gente pueda enlazarte los artículos… ¡y escribirte cuando quiera decirte que el diseño de tu web es un horror!):

Estos son los errores que detecto. Primero, esperar en bragas un debate que lleva años sacudiendo a toda Europa y que aquí nadie ha previsto con inteligencia. No tenemos ni norma, ni ley, ni debate maduro y, de esta manera, el peso recae en las escuelas, que capean como pueden cada caso, a merced del ataque de pánico del político de turno. El caso de Girona es emblemático: a falta de norma general, la escuela tiene un régimen interno serio y antidiscriminatorio, que los padres de esta niña quieren vulnerar. La Generalitat es incapaz de saber qué hacer con el caso, deja pudrir el tema, lo enquista y después obliga a la escuela a incumplir su propia norma. La pregunta es obligada: si no se hubiera tratado de una cuestión que afecta al islam, ¿habrían vulnerado la autonomía del centro?
[…]
POR SUPUESTO, si alguien quiere venderme la moto de que la niña de 9 años –o el año pasado, con 8, y un mes sin escuela– es la que decide, me lo tomaré como lo que es: un chiste malo. No. Lo que tenemos es una escuela que intenta no permitir signos externos discriminatorios, unos padres fundamentalistas que tapan a su niña pequeña hasta el punto de privarla de movimientos (debe ser un poema en el recreo, con la falda hasta los tobillos), y una Generalitat que improvisa, vulnera los criterios de la escuela y acaba dando la razón al fanatismo.
[…]
Pero, si todo ello fuera poco, lo peor es el tema de fondo. No estamos ante un símbolo religioso, como la cruz o la propia media luna, sino ante un signo de dominio sexista, que estigmatiza a las niñas desde la infancia y las prepara para una vida de sumisión. Por desgracia, miles de leyes que imponen el velo allí donde el islam rigorista gobierna, con castigos que llegan a la muerte, avalan su significado ideológico.

Os recomiendo vivamente leer el artículo completo.

¿Hay solución? Sí, la de siempre. La pasta. No podemos expulsar a unos señores por vulnerar la igualdad entre sexos, sobre todo porque la devolución a Marruecos al final tendría como resultado una pérdida aún mayor de los derechos de la niña. Pero se puede multar. A este sí. ¿Quiere enviar a su niña al colegio como un símbolo de la supremacía integrista sobre las acomplejadas y vacilantes autoridades occidentales? De acuerdo, pero antes pase por caja. Si de verdad es tan importante cercenar la libertad de su hija, no le importará dejarse los cuartos. Digo yo.

Y a la niña, Educación para la ciudadanía, y de la buena. Que aprenda lo que hacen sus padres. Que se dé cuenta de lo que es el pañuelo y que lo queme delante de ellos. Eso sí que sería una lucha justa y valiente. Eso sí que sería una lucha por la libertad. Una lucha urgente y necesaria. No como otras hogueras.

En La Lengua:

Conversación durante la carrera

3 de October de 2007

(Dura lex, sed lex)

Lo iba hablando hoy con mi partenaire Antonio M. mientras hacíamos nuestro recorrido de footing habitual de los martes, jueves y domingos, y al final quedamos de acuerdo en algo: como decía una periodista británica o francesa, que no me acuerdo, en España las leyes son orientativas.

Lo cual a simple vista puede estar muy bien. Quiero decir, en este país es difícil que un ladrón vaya a la cárcel, e incluso un asesino tiene que demostrar ser francamente sanguinario para pasar más de cuatro o cinco años a la sombra. Pero vamos, este carácter contingente del cumplimiento de la ley sobre todo nos da ese aire de cultura mediterránea, del todo suave, del no me grites que me estás estresando que nos tiene tan orgullosos, mientras nos reímos de los suecos y los japoneses que tendrán todo el dinero que quieran, pero tienen un índice muy alto de suicidios, así que tan felices no deben de ser.

(Lo que no contamos, claro, es que los españoles que mueren esperando una consulta de la Seguridad Social seguramente suman muchos más que los suecos que se suicidan. Ellos se mueren porque quieren, y nosotros, con treinta o cuarenta años, esperando un análisis que no llega porque hay que gastar dinero en idioteces y no queda para la sanidad pública… ¡Pero oye, nosotros dormimos la siesta, seguro que nos tienen envidia!)

Sin embargo, hay algo muy malo, muy malo, en esto de que no sea obligatorio cumplir las leyes. Y nace de lo siguiente: las leyes son el único recurso realmente equitativo en una democracia.

En nuestro país, como en todos, hay ricos y pobres. Y no nos engañemos: todo el estado del bienestar que queramos, todas las becas, y toda esa parafernalia, pero los ricos engendran hijos ricos que tendrán trabajos de lujo -si es que alguna vez llegan a trabajar-, los hijos de clase media con suerte irán a la universidad y serán profesores de instituto, picapleitos o mileuristas (o tal vez todo a la vez), y los pobres tendrán hijos pobres que dejarán la enseñanza a los 16 ó 17 años para ayudar a su padre en el trabajo o buscar uno por su cuenta.

Cuando hay un problema entre ricos y pobres, hay dos formas de resolverlo: la tradicional y la justa. La forma tradicional es que el rico aplasta al pobre, viola a su mujer y se queda con lo poco que pueda tener. La justa es que una ley decide quién tiene razón, esta ley se aplica de la forma más equitativa posible y el resultado es que en ciertas ocasiones el rico no acaba violando a la mujer del pobre.

No es el sistema más justo posible, pero es el más justo que hemos conocido.

¿Qué pasa en este santo país? Pues que, repito, las leyes son orientativas, y no de estricto y obligado cumplimiento. Paraos a pensar un poco. ¿De cuántos políticos corruptos habéis oído hablar en las noticias? ¿De cuántos mangantes que hacen fortuna a costa de todos nosotros, y con la connivencia de los primeros? Y ahora intentad recordar un poco más: ¿de cuántos sabéis que hayan pisado la cárcel, y que se hayan quedado más de un par de meses? Es verdad: casi ninguno. ¿Cuánta gente hay encarcelada por los crímenes de los GAL, o por la trama de Terra Mítica de la Comunidad Valenciana? ¿Tres, cuatro en total? ¿Y cuánta gente creéis que se habrá beneficiado?

¿Y cuánta gente hay en la cárcel por robar para comer, o para suministrarse una dosis de droga? A puñados.

Y esto no es porque las leyes se hayan hecho por y para los ricos (quiero decir, no sólo por eso). Es porque en este país las leyes no se aplican y aquí no ha pasado nada. No tenemos, dentro de nuestra hedonista cultura mediterránea de la que tan estúpidamente orgullosos nos sentimos, la tradición de que una ley está escrita en piedra, y de que se cumple, así pueda arder Troya. Somos tan comprensivos con todo que siempre encontramos criterios de flexibilidad y de comprensión y los ponemos por encima del cumplimiento de la ley, y así pasa lo que pasa: cuando lo único que iguala a ricos y a pobres (id est, una ley que dice que si un rico mata a un pobre irá a la cárcel, igual que si hubiese sido al contrario), volvemos al orden tradicional: el pobre cumple la ley porque no tiene más remedio; el rico siempre encuentra una artimaña para escaparse. Y como no hay una cultura ni una tradición de respeto absoluto por la ley, pues cuando esto pasa, se hace evidente lo medieval de nuestra sociedad: los ricos siguen campando a sus anchas, y los pobres vivimos cada vez con más apreturas.

Esto me viene a la mente por hechos que en España suceden continuamente, todos los días, y que me vienen de perlas para ilustrar este post. Por ejemplo: que el presidente de una comunidad autónoma dice que va a convocar un referéndum, y que le da igual lo que diga la ley, que él lo va a hacer porque le da la gana. Por ejemplo: se amenaza de muerte a un representante político en Cataluña, y los que han cometido la amenaza pasan diez minutos en el juzgado y se van a su casa. Por ejemplo, que la dichosa ley de las banderas no se cumple en determinadas comunidades autónomas. Por ejemplo, que un tal Jaume d’Urgell se enfrenta a una multa por quitar la bandera que representa a todos los ciudadanos y poner una que representa sus ideales, y dice que si le ponen una multa no la piensa pagar. ¡Olé! Como está en contra de mis ideales, no pago la multa. Que paguen los pringados, que yo seguro que tengo detrás un montón de apoyo intelectual y político. Que pague la señora que ha dejado el coche en doble fila un momento porque ha ido a la guardería a recoger a sus hijos en el descanso de uno de sus tres trabajos. ¡Esos pringados son los que tienen que pagar! Yo la multa no la pago.

Quizás a algunos el párrafo anterior les suene españolista, aunque, a decir verdad, ignoro lo que significa esa palabra (¿que España se separe de… de qué??). Lo cierto es que no tiene ninguna intención centralista ni anti autonómica, pero es que por desgracia desde determinadas autonomías (que, no lo olvidemos, son Estado y tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley) son especialistas en pasarse la legalidad por el forro y posar ufanas para la foto. ¿Qué quieren después, que la gente acceda a pagar las multas? Vamos, hombre.

También dijo un sabio hace tiempo: nunca existe el derecho de incumplir la ley. Pero a veces existe la obligación de incumplirla. Me viene a la memoria el viejo servicio militar (la mili), en virtud del cual millones de jóvenes tuvieron que entregar un año o más de sus vidas a esa realidad virtual que llaman patria, perdiendo a menudo empleo, novia, o la misma vida, ya que muchos no podían soportarlo y se suicidaban.

El movimiento de insumisión a la mili, que llevó a muchos jóvenes a la cárcel, y que finalmente acabó contribuyendo a la aparición de un ejército profesional, es uno de los últimos hechos que me ha hecho sentir orgulloso de mi país (desde entonces voy cabizbajo y avergonzado por ser de donde soy). Existía esa obligación de incumplir una ley machista y retrógrada, que fastidiaba a los hombres por el hecho de haber nacido hombres, y les arrebataba un año de sus vidas.

Era una obligación incumplir esa ley. Y muy pocos cumplieron con esa obligación, lo que les supuso riesgos, pérdida de derechos, multas y cárcel.

Tener una bandera es una tontería pasada de fecha, pero no es una injusticia que haya empujado a nadie a la desesperación. Al menos, a nadie que esté en sus cabales. Existe el derecho de impulsar y proponer una ley para cambiarla por la que a mí me guste. Pero no existe el derecho, y mucho menos la obligación, de cambiarla a mi antojo.

Un chico que va a la cárcel por luchar contra una injusticia sexista y cruel es algo parecido a un héroe. Su deber moral es incumplir la ley.

Un chico falto de atención que se sube a un andamio para quitar la bandera constitucional y poner una que se le ha antojado es algo parecido a un payaso. Su deber moral es cumplir la ley. Punto final.

Cuando era un adolescente, claro, estaba en contra de todas las leyes, y las incumplía siempre que tenía ocasión. Le habrá pasado a muchísima gente, sobre todo a los que con dieciocho años tienen inquietudes y se preguntan el porqué de las injusticias. Era bonito ese impulso anárquico, y, aunque no fuera así, uno pensaba que al incumplir una ley estaba haciendo una justicia general (aunque, visto desde la perspectiva de los años, en realidad saltarme aquel semáforo sólo me beneficiaba a mí). El tiempo pasó y, admitiendo que muchas leyes son injustas, comprendo que la sociedad más justa será aquella en que absolutamente todos seamos escrupulosos con absolutamente todas las leyes. Se excluye a los adolescentes, por romanticismo, más que nada.

Pero oír a un político elegido por el pueblo, entrado en canas, afirmar que no cumple tal o cual ley porque no le da la gana (que al fin la razón suele ser esa), cual si fuera un imberbe con la cara invadida por el acné, me hace darme cuenta del desgraciado país en el que vivo: la nación de naciones de los eternos adolescentes.

Hay que comer

Archivos

Búsqueda

La Lengua en tu mail

Tu dirección de email:

FeedBlitz

Video

Más vídeos aquí

Fotos

www.flickr.com
Elementos de Elias.gomez Ir a la galería de Elias.gomez

Estadisticas


Ver estadísticas

La Lengua se publica con Wordpress | RSS de las entradas y de los comentarios | Diseño web: Dodepecho