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La Lengua » Conversación durante la carrera

Ars longa, vita brevis

Conversación durante la carrera

3 de October de 2007

(Dura lex, sed lex)

Lo iba hablando hoy con mi partenaire Antonio M. mientras hacíamos nuestro recorrido de footing habitual de los martes, jueves y domingos, y al final quedamos de acuerdo en algo: como decía una periodista británica o francesa, que no me acuerdo, en España las leyes son orientativas.

Lo cual a simple vista puede estar muy bien. Quiero decir, en este país es difícil que un ladrón vaya a la cárcel, e incluso un asesino tiene que demostrar ser francamente sanguinario para pasar más de cuatro o cinco años a la sombra. Pero vamos, este carácter contingente del cumplimiento de la ley sobre todo nos da ese aire de cultura mediterránea, del todo suave, del no me grites que me estás estresando que nos tiene tan orgullosos, mientras nos reímos de los suecos y los japoneses que tendrán todo el dinero que quieran, pero tienen un índice muy alto de suicidios, así que tan felices no deben de ser.

(Lo que no contamos, claro, es que los españoles que mueren esperando una consulta de la Seguridad Social seguramente suman muchos más que los suecos que se suicidan. Ellos se mueren porque quieren, y nosotros, con treinta o cuarenta años, esperando un análisis que no llega porque hay que gastar dinero en idioteces y no queda para la sanidad pública… ¡Pero oye, nosotros dormimos la siesta, seguro que nos tienen envidia!)

Sin embargo, hay algo muy malo, muy malo, en esto de que no sea obligatorio cumplir las leyes. Y nace de lo siguiente: las leyes son el único recurso realmente equitativo en una democracia.

En nuestro país, como en todos, hay ricos y pobres. Y no nos engañemos: todo el estado del bienestar que queramos, todas las becas, y toda esa parafernalia, pero los ricos engendran hijos ricos que tendrán trabajos de lujo -si es que alguna vez llegan a trabajar-, los hijos de clase media con suerte irán a la universidad y serán profesores de instituto, picapleitos o mileuristas (o tal vez todo a la vez), y los pobres tendrán hijos pobres que dejarán la enseñanza a los 16 ó 17 años para ayudar a su padre en el trabajo o buscar uno por su cuenta.

Cuando hay un problema entre ricos y pobres, hay dos formas de resolverlo: la tradicional y la justa. La forma tradicional es que el rico aplasta al pobre, viola a su mujer y se queda con lo poco que pueda tener. La justa es que una ley decide quién tiene razón, esta ley se aplica de la forma más equitativa posible y el resultado es que en ciertas ocasiones el rico no acaba violando a la mujer del pobre.

No es el sistema más justo posible, pero es el más justo que hemos conocido.

¿Qué pasa en este santo país? Pues que, repito, las leyes son orientativas, y no de estricto y obligado cumplimiento. Paraos a pensar un poco. ¿De cuántos políticos corruptos habéis oído hablar en las noticias? ¿De cuántos mangantes que hacen fortuna a costa de todos nosotros, y con la connivencia de los primeros? Y ahora intentad recordar un poco más: ¿de cuántos sabéis que hayan pisado la cárcel, y que se hayan quedado más de un par de meses? Es verdad: casi ninguno. ¿Cuánta gente hay encarcelada por los crímenes de los GAL, o por la trama de Terra Mítica de la Comunidad Valenciana? ¿Tres, cuatro en total? ¿Y cuánta gente creéis que se habrá beneficiado?

¿Y cuánta gente hay en la cárcel por robar para comer, o para suministrarse una dosis de droga? A puñados.

Y esto no es porque las leyes se hayan hecho por y para los ricos (quiero decir, no sólo por eso). Es porque en este país las leyes no se aplican y aquí no ha pasado nada. No tenemos, dentro de nuestra hedonista cultura mediterránea de la que tan estúpidamente orgullosos nos sentimos, la tradición de que una ley está escrita en piedra, y de que se cumple, así pueda arder Troya. Somos tan comprensivos con todo que siempre encontramos criterios de flexibilidad y de comprensión y los ponemos por encima del cumplimiento de la ley, y así pasa lo que pasa: cuando lo único que iguala a ricos y a pobres (id est, una ley que dice que si un rico mata a un pobre irá a la cárcel, igual que si hubiese sido al contrario), volvemos al orden tradicional: el pobre cumple la ley porque no tiene más remedio; el rico siempre encuentra una artimaña para escaparse. Y como no hay una cultura ni una tradición de respeto absoluto por la ley, pues cuando esto pasa, se hace evidente lo medieval de nuestra sociedad: los ricos siguen campando a sus anchas, y los pobres vivimos cada vez con más apreturas.

Esto me viene a la mente por hechos que en España suceden continuamente, todos los días, y que me vienen de perlas para ilustrar este post. Por ejemplo: que el presidente de una comunidad autónoma dice que va a convocar un referéndum, y que le da igual lo que diga la ley, que él lo va a hacer porque le da la gana. Por ejemplo: se amenaza de muerte a un representante político en Cataluña, y los que han cometido la amenaza pasan diez minutos en el juzgado y se van a su casa. Por ejemplo, que la dichosa ley de las banderas no se cumple en determinadas comunidades autónomas. Por ejemplo, que un tal Jaume d’Urgell se enfrenta a una multa por quitar la bandera que representa a todos los ciudadanos y poner una que representa sus ideales, y dice que si le ponen una multa no la piensa pagar. ¡Olé! Como está en contra de mis ideales, no pago la multa. Que paguen los pringados, que yo seguro que tengo detrás un montón de apoyo intelectual y político. Que pague la señora que ha dejado el coche en doble fila un momento porque ha ido a la guardería a recoger a sus hijos en el descanso de uno de sus tres trabajos. ¡Esos pringados son los que tienen que pagar! Yo la multa no la pago.

Quizás a algunos el párrafo anterior les suene españolista, aunque, a decir verdad, ignoro lo que significa esa palabra (¿que España se separe de… de qué??). Lo cierto es que no tiene ninguna intención centralista ni anti autonómica, pero es que por desgracia desde determinadas autonomías (que, no lo olvidemos, son Estado y tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir la ley) son especialistas en pasarse la legalidad por el forro y posar ufanas para la foto. ¿Qué quieren después, que la gente acceda a pagar las multas? Vamos, hombre.

También dijo un sabio hace tiempo: nunca existe el derecho de incumplir la ley. Pero a veces existe la obligación de incumplirla. Me viene a la memoria el viejo servicio militar (la mili), en virtud del cual millones de jóvenes tuvieron que entregar un año o más de sus vidas a esa realidad virtual que llaman patria, perdiendo a menudo empleo, novia, o la misma vida, ya que muchos no podían soportarlo y se suicidaban.

El movimiento de insumisión a la mili, que llevó a muchos jóvenes a la cárcel, y que finalmente acabó contribuyendo a la aparición de un ejército profesional, es uno de los últimos hechos que me ha hecho sentir orgulloso de mi país (desde entonces voy cabizbajo y avergonzado por ser de donde soy). Existía esa obligación de incumplir una ley machista y retrógrada, que fastidiaba a los hombres por el hecho de haber nacido hombres, y les arrebataba un año de sus vidas.

Era una obligación incumplir esa ley. Y muy pocos cumplieron con esa obligación, lo que les supuso riesgos, pérdida de derechos, multas y cárcel.

Tener una bandera es una tontería pasada de fecha, pero no es una injusticia que haya empujado a nadie a la desesperación. Al menos, a nadie que esté en sus cabales. Existe el derecho de impulsar y proponer una ley para cambiarla por la que a mí me guste. Pero no existe el derecho, y mucho menos la obligación, de cambiarla a mi antojo.

Un chico que va a la cárcel por luchar contra una injusticia sexista y cruel es algo parecido a un héroe. Su deber moral es incumplir la ley.

Un chico falto de atención que se sube a un andamio para quitar la bandera constitucional y poner una que se le ha antojado es algo parecido a un payaso. Su deber moral es cumplir la ley. Punto final.

Cuando era un adolescente, claro, estaba en contra de todas las leyes, y las incumplía siempre que tenía ocasión. Le habrá pasado a muchísima gente, sobre todo a los que con dieciocho años tienen inquietudes y se preguntan el porqué de las injusticias. Era bonito ese impulso anárquico, y, aunque no fuera así, uno pensaba que al incumplir una ley estaba haciendo una justicia general (aunque, visto desde la perspectiva de los años, en realidad saltarme aquel semáforo sólo me beneficiaba a mí). El tiempo pasó y, admitiendo que muchas leyes son injustas, comprendo que la sociedad más justa será aquella en que absolutamente todos seamos escrupulosos con absolutamente todas las leyes. Se excluye a los adolescentes, por romanticismo, más que nada.

Pero oír a un político elegido por el pueblo, entrado en canas, afirmar que no cumple tal o cual ley porque no le da la gana (que al fin la razón suele ser esa), cual si fuera un imberbe con la cara invadida por el acné, me hace darme cuenta del desgraciado país en el que vivo: la nación de naciones de los eternos adolescentes.

7 comentarios en “Conversación durante la carrera”

  • # A.H.Lippincott dice:
    3 de October de 2007 a las 22:44

    No es sólo eso del tiparro que dice que no cumple la ley porque no le da la gana, es peor: detrás hay una legión de merluzos esperando a que digan de qué partido era para decidir si les parece bien o mal.
    http://www.danieltercero.net/archivo/mingote_200702.jpg

  • # Uno que pasaba por aqui dice:
    3 de October de 2007 a las 23:48

    Y entonces,… si dices que la ley esta para cumplirla a raja tabla,…pero luego estas orgulloso de la España insumisa porque la ley era retrograda y no se que mas,…entonces que leyes tenemos la obligacion moral de romper y cuales de seguir? las que te parezcan bien a ti? o las que le parezcan bien a cada uno? o todas? o ninguna? y los jovenes exculpados por romanticismo? cuanto mejor nos iria si nunca nos llegaria el momento de dejar de ser jovenes y sentar la cabeza, porque sera el comienzo de la era de pensar con el culo

  • # Manuel dice:
    4 de October de 2007 a las 11:59

    Iba a decir, que lo peor es la panda de borregos energúmenos que hay detrás jaleándole en nombre de la Libertad de Expresión (pobre ella)…

    Pero A.H.Lippincott se me ha adelantado…

    Estoy de acuerdo con lo que has expuesto… es una vergüenza ver cómo los poderosos (por tener poder o dinero) se libran de cumplir la ley, ayer mismo Bruselas tuvo que sancionar a Cepsa y Repsol por pactar precios mientras aquí nadie decía nada, mientras los pobres la sufren en sus carnes…

    Permíteme que responda a ‘Uno que pasaba por aquí’…

    La ley está para cumplirla y es nuestra obligación hacerlo… pero a lo que se refiere el autor, es a incumplir las leyes injustas que no hacen ningún bien y causan mal a los que estamos abajo…

    Te ilustro con un ejemplo.. mi padre hizo su declaración el año que se jubiló y se equivocó al rellenarla creyendo que no debía poner los datos de lo cobrado de su jubilación… era su primer año se lio con tanto número…
    Le llaman de Hacienda, le comunican el error y le dicen que tiene que subsanarlo y volver a llevar la declaración…
    Mi padre, cumpliendo la ley así lo hace, entregando lo que le piden y abonando el dinero extra que le correspondía pagar.

    Pero un par de semana más tarde, le envían una carta diciendo que debe de pagar una multa que superaba lo que había pagado en la declaración, por ‘intento de fraude a la Hacienda Pública’…
    Mi padre se fue a la Delegación de Hacienda, y tras hablar con un par de funcionarios cortos de entendederas, pide hablar con la Directora de la Delegación…
    Una vez con ella, le explica cuál fue su error y le comunica que le parece totalmente excesiva la multa enviada, cuando él NUNCA se ha negado a pagar sus impuestos… y cuando todo se debio a su desconocimiento, y a tener que hacer él su declaración porque no le habían enviado el borrador por ‘circunstancias especiales que lo imposibilitan’…

    La diferencia, como podrás apreciar, está en que la segunda ley, pensada seguramente para quienes intentan engañar al fisco es injusta con quienes se equivocan sin intención, por su desconocimiento de las leyes fiscales… y a esa desobediencia es a la que alude el autor…

  • # En España las leyes son meramente orientativas « España es una merienda de negros dice:
    4 de October de 2007 a las 13:31

    […] Elías ha escrito una larga, larga anotación sobre la idea, recogida por él de una periodista extranjera, de que en España las leyes son orientativas: Esto me viene a la mente por hechos que en España suceden continuamente, todos los días, y que me vienen de perlas para ilustrar este post. Por ejemplo: que el presidente de una comunidad autónoma dice que va a convocar un referéndum, y que le da igual lo que diga la ley, que él lo va a hacer porque le da la gana. Por ejemplo: se amenaza de muerte a un representante político en Cataluña, y los que han cometido la amenaza pasan diez minutos en el juzgado y se van a su casa. Por ejemplo, que la dichosa ley de las banderas no se cumple en determinadas comunidades autónomas. Por ejemplo, que un tal Jaume d’Urgell se enfrenta a una multa por quitar la bandera que representa a todos los ciudadanos y poner una que representa sus ideales, y dice que si le ponen una multa no la piensa pagar. ¡Olé! Como está en contra de mis ideales, no pago la multa. Que paguen los pringados, que yo seguro que tengo detrás un montón de apoyo intelectual y político. Que pague la señora que ha dejado el coche en doble fila un momento porque ha ido a la guardería a recoger a sus hijos en el descanso de uno de sus tres trabajos. ¡Esos pringados son los que tienen que pagar! Yo la multa no la pago. […]

  • # Rodolfo dice:
    4 de October de 2007 a las 21:18

    Si estás en un semáforo en rojo parado con tu coche, y te da por largarte pero 3 metros más adelante te caza un policía, no sólo te hará dar marcha atrás para volverte a poner en el semáforo en rojo.

    No amigo.

    Te pondrá la multa.

    Eso es lo que le ha pasado a tu respetable progenitor, y espero que con la comparación lo entiendas, suponiendo que lo quieras entender. ¡Qué casualidad que a la gente siempre se le “olvida” declarar ingresos! Todavía está por ver que alguien declare de más por error. No te jode… Aquí somos todos muy buenos.

  • # La Lengua » Blog Archive » El baile del pañuelo dice:
    4 de October de 2007 a las 22:44

    […] La Lengua Ars longa, vita brevis « Conversación durante la carrera […]

  • # La Lengua » A los menores sí les pasa algo dice:
    15 de December de 2008 a las 21:57

    […] de todo, pero si se aplicaran las leyes, tal vez nos iría mejor. Pero ya se sabe: en este país, las leyes son orientativas, no de obligado […]

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