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La Lengua » 2007 » September

Ars longa, vita brevis

Death Proof

7 de September de 2007

Crítica corta: esta película es un tostón.

Crítica larga:

La carrera de Tarantino parece seguir un patrón típico de muchos artistas: hace una película sorprendente y fresca que lo pone en el punto de mira de todos los aficionados al séptimo arte (Reservoir Dogs). Después, ya con un dinero bastante para hacer lo que quiera rueda su obra maestra (Pulp Fiction, tal vez la mejor película de los últimos quince años). Y después inicia una visible decadencia en la que no hace más que copiarse a sí mismo con resultados penosos. Jackie Brown es una película buena y entretenida, pero que carece de la genialidad de sus dos primeras obras. Kill Bill Vol. 1 y Vol. 2 son visualmente brillantes y vistosas, pero los diálogos parecen malas copias de los inolvidables duelos verbales de Vicent Vega y Jules Winnfield, y con Death Proof el niño malo de Knoxville parece haber tocado fondo. Digo, y lo deseo, que “parece” haber tocado fondo, pues ya me da bastante pena haber tenido que aguantar un bodrio como Death Proof, y espero no tener que seguir presenciando la decadencia del director más prometedor que ha habido en las últimas dos décadas (con una carrera paralela a la de M. Night Shyamalan, quien lleva un camino parecido, con unas primeras obras interesantes y una ida de olla reciente que parece no tener fin).

Puede que a Quentin Tarantino le suceda lo mismo que a George Lucas, que no tiene alrededor más que gente que le dice constantemente lo guapo que es, y una legión de gorilas que lo protegen de las críticas, y por lo tanto cada nueva película que saca es una parida que hace buena a la anterior. Quién sabe.

El caso es que esta película ha conseguido lo que ninguna del mismo director había conseguido hasta ahora: hacerme mirar el reloj cada cinco minutos, preguntándome por qué las escenas de diálogos están taaaaaaaaan artificialmente alargadas, sin tener ni la sustancia ni la forma suficientes para justificar su longitud.

De hecho, cada vez que uno de los personajes comenzaba una conversación, en mi interior me decía “¡Dios! ¿Otra vez? ¿Cuándo van a parar de hablar y va a haber tiros o persecuciones de coches?” Porque lo único bueno que hay en la película son dos cosas, a saber: una persecución de coches magistral, que te mantiene en tensión todo el tiempo que dura, y el papel de Kurt Russell, alejado de sus típicos personajes duros pero bonachones.

El resto de la película se reduce a: 1) interminables e insustanciales diálogos, que parecen una copia de los diálogos de Pulp Fiction rodada por un aficionado de dieciséis años; 2) homenajes de Quentin Tarantino a Quentin Tarantino, que está claro que el chico se quiere, consistentes en un montón de carteles de películas de serie B (por si se nos había olvidado que es un erudito del cine casposo) y miles de canciones con su correspondiente plano de detalle del disco funcionando en una jukebox (por si se nos había olvidado que sabe elegir la banda sonora de sus películas); y 3) cientos de escenas de los culos de sus actrices, como si esta película la hubiese rodado un viejo verde para su uso y disfrute privados.

Durante todo el metraje se suceden varios defectos a cosa hecha para que la película parezca una cinta de los años setenta, como simulaciones de rayaduras en el celuloide y cortes bruscos de escenas, intentando emular lo que sucedía cuando un rollo se estropeaba y había que empalmarlo de mala manera. Para todo lo cual, dicho sea de paso, no encuentro justificación alguna. Si la tecnología ha llegado a unas cotas de perfección visual realmente apabullantes (se pueden ver los citados Kill Bill para comprobarlo), no veo por qué hay que estropear una película entera para hacer un homenaje al cine setentero. Aunque, de todas maneras, la película ya estaba estropeada, así que tal vez no importe tanto.

Los actores no están mal del todo (aunque tal vez debería decir las actrices, porque en realidad el único papel masculino relevante es el de Russell, aunque está el típico cameo del propio director, que por cierto, y para más inri, ha engordado). También aparecen el sheriff de Kill Bill con su hijo número uno, que demuestran hasta qué punto Tarantino está enamorado de sus propias películas.

He aprendido una terrible verdad viendo esta cinta (o mejor dicho, este AVI): para hacer las cosas bien, no basta con amarlas. Es necesario mucho trabajo, mucho talento y una cierta dosis de distancia que te garantice una relativa autocrítica. Quentin ama el cine y es trabajador, pero me temo que el talento se le está acabando, y la autocrítica no la conoce ni de oídas.

Algún buen amigo debería decirle que, mientras no tenga una buena historia y unos diálogos trabajados, no se siente tras la cámara, porque unos cuantos de nosotros no se lo perdonaremos.

Y en fin, por decir algo bueno de esta película, daremos al César lo que es del César: las escenas de acción de esta película demuestran que Tarantino es el director mejor dotado para este tipo de cortes. Pero la restante hora y media de película es insoportable.

¿Más opiniones?

Gran Verdad

5 de September de 2007

Por supuesto, en el blog de Mauro Entrialgo.

Groucho y Bill

2 de September de 2007

Inimitable, insuperable. Vía ¡Vaya Tele! vía Menéame.

En La Lengua:

Decesos

1 de September de 2007

En el momento en que estaba planeando este artículo, habían muerto tres personajes públicos: la actriz Emma Penella, el escritor Francisco Umbral y el futbolista Antonio Puerta (aunque los programas del corazón pudieron felicitarse de la muerte de un par de personas más, José Luis de Vilallonga y una hermana de Julián Muñoz; ya se sabe de qué viven los buitres: de la carroña).

Sin apasionamiento: no sólo los programas del corazón, sino los programas de información general (telediarios y demás) han dado una importancia aproximada de 100 a 1 a favor de la muerte del futbolista. Y además, en la calle se ha visto claro: cientos de miles de personas llorando (en sentido literal) por la muerte del joven deportista, mientras que los actos fúnebres de los otros dos personajes (que han dedicado su vida por entero a la cultura de este país) sólo congregaron a gente de su gremio y a unos cuantos políticos, que pensaban que vestía mucho aparecer en tales lugares.

La muerte de una persona joven es una tragedia, aunque el otro día se mató un vecino mío, con novia e hijos, en un accidente de tráfico (es un decir) y a su entierro fueron sus familiares y los tres o cuatro amigos que no padecían resaca. La marabunta que despedía al pobre Antonio no era gente que se doliese de la juventud, sino de los goles que este chico había marcado en su corta vida profesional.

Es un espejo del país en que vivimos: dos personajes que durante décadas han ayudado a la gente a disfrutar de la cultura y sobre todo a pensar, arropados por tres o cuatro perdidos; un deportista cuyo oficio es dar circenses al público, es decir, adormecerlo para que deje de pensar, congrega a una multitud enfervorecida y doliente.

España. Y la tele encantada, por supuesto.

(Reflexión colateral: ha estado de moda, con lo de Umbral, apuntarse a eso de que no todo el que se muere era muy bueno, es decir, ponerlo a parir. Era un hombre muy sui géneris, qué duda cabe, aunque no fue ni de lejos tan genio ni tan cruel como Quevedo, con el que se le compara, supongo que sobre todo por sus anteojos. Pero llama la atención una cosa: si buscas, en los mismos blogs que han escupido sobre Paco Umbral estos días, los obituarios que le dedicaron a Jesús de Polanco, presidente del grupo PRISA, encontraréis grandes diferencias. Todo fueron buenas acciones de un hombre santo. ¿Tan caro es en este país ser un poco decente, coherente, inteligente, y todo eso que acaba en -ente? Por lo visto, sí.)

Mallorca

Aunque en principio casi me forzaron a ir a estas vacaciones, porque el típico turismo de playa no me atrae demasiado (aquí en Melilla tengo mi casa a unos 100 metros de la playa), al final el viaje ha sido muy agradable, por dos razones: primero, porque iba cargado de amigos, y cuando uno tiene unos amigos tan impresentables como yo, la diversión está en cualquier parte; y después, porque Mallorca tiene cientos de cosas interesantes, aparte de hoolligans borrachos berreantes y playas.

Por ejemplo, hemos visitado las impresionantes Cuevas del Drach, un espectáculo natural inigualable que os recomiendo vivamente. Son unas cuevas enormes, llenas de estalagmitas y estalactitas, que albergan uno de los lagos subterráneos más grandes del planeta. Cuando llegas al fondo de la cueva, donde está el lago, apagan las luces y ofrecen un bonito mini concierto de música clásica que te deja sin palabras. Sólo dos notas negativas: tienen el asunto demasiado masificado (si digo que entramos mil personas tal vez exagere un poco, pero sólo un poco), y además había un imbécil (sé que no me estás leyendo, pero por si acaso: me refiero a ti, IMBÉCIL de camiseta amarilla) que estuvo haciendo fotos y vídeos durante toda la excursión, a pesar de que estaba prohibido.

Al principio me enfadé un poco, porque no me gusta que me prohíban u ordenen algo sin dar una razón, como si estuviese haciendo la mili, pero me enfadé mucho más cuando la mayoría de los que estábamos allí guardamos resignados nuestras cámaras y tuvimos que sufrir a los tres o cuatro que son más listos que nadie y que les importa todo un carajo y no respetan las normas. Pero el consejo sigue siendo el mismo: no os perdáis las cuevas si tenéis la oportunidad de visitarlas.

En el pueblo donde están las cuevas, Porto Cristo, había una cala preciosa y sin demasiada gente, donde comimos y nos dimos un baño, y gracias al camarero del chiringuito divisamos una mansión que tiene el tenista Nadal sobre un pequeño peñón muy cerca de la orilla.

Yo también quiero ser rico.

También visitamos la ciudad de Palma, muy bonita, y con una impresionante catedral. Realmente impresionante. Tenía unas curiosas gárgolas que por supuesto fotografié:

Gárgolas

Os recomiendo echar un vistazo a la imagen en mayor tamaño para apreciar los detalles.

En Palma visitamos el Castillo de Bellver, uno de los únicos tres castillos con planta circular de Europa, de estilo gótico. Es muy bonito, y además en mí el entusiasmo era doble: es la prisión donde Jovellanos escribió una de sus obras más conocidas.

Patio del Castillo de Bellver

Por lo demás la cosa estuvo bien, pude escapar la semana entera sin pisar una discoteca, pasé buenos ratos en la piscina del hotel, hice muchas risas con los amigos y disfruté de un auténtico retraso de cinco horas en un vuelo chárter. Y lo más importante de todo: que un año más puedo decir que sobreviví a las vacaciones.

A partir del lunes, veremos si también puedo sobrevivir al trabajo.

Puedes ver todas las fotos que he subido del viaje a Mallorca aquí. Y todas mis fotos en mi página de Flickr.

P.S.: Y vimos una abubilla:

Abubilla

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