Ars longa, vita brevis

La buena vida. O tal vez no

19 de August de 2007

A través de este artículo de Daniel Tercero sobre el fin de las retransmisiones taurinas en Televisión Española (¡y ya era hora!) llego a este otro en Criterio sobre la relación de los independentistas catalanistas y los movimientos antitaurinos (que es un tema que ahora mismo no voy a tratar). En él, leo en el comentario número 8:

5 años en el paraíso, comiendo a placer, follando a placer, etc. Para luego morir en 20 minutos cuando ya es adulto-madurete. El picador a los 5 minutos y las banderillas a los 10 (es decir, menos de 20 minutos).

Yo me apunto a eso, en versión humana:

-no pegar golpe en mi vida
-ni ver un despertador
-vivir permanentemente en la casa Play Boy follando gratis todo lo que entre en la casa
-comer sin parar en los mejores restaurantes y la mejor comida
-y finalmente, ya cincuentón, morir como un gladiador en poco más de un cuarto de hora

No está tan mal. Hasta les dejaría que me cortaran las dos orejas y el rabo una vez muerto.

No sé si es un chiste si lo dice en serio. Si es un chiste, tiene cierta gracia. Si lo dice en serio, creo que no merece ser llamado ser humano. Y no por su crueldad, sino por su falta de humanidad, en el sentido intelectual del término.

Nuestra especie ha llegado hasta donde ha llegado precisamente por ser luchadora, no por ser una criatura bovina que pasta alegremente sin más intereses que los que abarca su vista y que, como cualquier ser vivo, lucha cuando sufre. No servimos para ser apesebrados y luego acabar nuestros días dando diversión a una manada de sádicos en un zafio espectáculo, sino para mirar más allá de nuestros límites. No para morir en la arena de un circo, sino para viajar a la luna.

No dudo de que muchas personas querrían vivir así; yo no. En cualquier caso, ese tipo de elementos nunca servirán para hacer avanzar a nuestra especie. Como mucho, para que otros seres se rieran de ellos tomando un aperitivo mientras escupen sangre por la boca en sus últimos estertores. Pues eso.

(Por cierto, la edad óptima del hombre, en términos físicos y psicológicos, está entre los veinte y los treinta años, y no en los cincuenta. Esa sería la edad en la que nos echarían a sufrir y a morir.)

En La Lengua:

4 comentarios en “La buena vida. O tal vez no”

  • # Priscila dice:
    19 de August de 2007 a las 23:06

    Pues yo quiero vivir como una abeja reina y morar en la perfecta simetría de los habitáculos hexagonales de la colmena. Ser la única hembra de mi especie desarrollada sexualmente y seducir zánganos en divertidos vuelos de fecundación. Habitar, en definitiva, en un mundo de néctar, polen y cera, mientras las obreras alimentan mi estilizado cuerpo concebido para perpetuar y dinamizar la comunidad.

  • # Luis dice:
    25 de August de 2007 a las 12:00

    Hola, hace tiempo que le echo un vistazo de cuando en cuando a tu blog, me gusta bastante lo que escribes… En cuanto a lo de los toros, pues tienes toda la razón del mundo. Yo soy de Galicia, y la única plaza de toros que hay en la comunidad es la de mi ciudad, en Pontevedra, y bueno, aquí es una gran fiesta, en la plaza de toros y en la calle, ya que se acerca gente de todas las ciudades de alrededor. Eso sí, no deja de ser una verdadera salvajada, y quien escribió el comentario que expusiste, pues un salvaje, sin más. O es que no las pensó demasiado. Pero de esa gente hay mucha en el mundo…
    Continúa con el blog! Tienes muchas cosas interesantes. Un saludo.

  • # papablo dice:
    31 de August de 2007 a las 12:05

    Eso va por gustos. Si yo fuera un bóvido preferiría morir en una plaza de toros que no en un matadero, teniendo la oportunidad de defender mi vida. Preferiría que mi manada campasen libres por las dehesas de Salamanca que no verles hacinados en granjas, comiendo solo pienso, sin conocer a la hermana liebre, a la hermana mariposa, lagartija, zorro, etc. No cambiaria la uralita por ver amanecer cada mañana en la pradera ni el abrevadero por la charca y sus flores, el atardecer en la calma viendo juguetear a los novillos, la sombra de mi encina favorita cuando las chicharras cantan y tantas y tantas cosas que no cabrían en este blog. Y no me importaría dar la vida porque los míos pudiesen seguir viviendo practicamente en libertad como lo hacían sus antepasados desde los tiempos en que ni siquiera la historia existía. Y pensaría si es libertad lo que hacen aquellos locos que pasan junto al murete de piedra a toda prisa sin disfrutar cada palmo que recorren e incluso estampanándose de vez en cuando contra las piedras o entre si, abobados con las luces de sus salones, mtándose entre sí incluso por querer tener lo que nosotros tenemos sin llegar a poseerlo verdaderamente, sin poder degustar el trebol escarchado, los brotes junto a la charca o la avena silvestre, sin tiempo para ver florecer la jara y tantas cosas como digo.
    No, no soy un toro pero tampoco me rio por su muerte delante de un aperitivo, el sentimiento que me produce es mas de admiración a este animal. Pero esque nisiquiera me llevaría a risa la matanza del cerdo por mucho que disfrute de sus bondades luego en el aperitivo dichoso.
    Hace tiempo vi en un documental la manera en que los pastores mongoles sacrificaban a los corderos. Les abrian un pequeño hueco por debajo de las costillas, un corte limpio y no sangriento, luego les acogían entre sus brazos y mientras con su mano apretada paraba el ritmo del corazón, le acurrucaba y esperaba que placidamente fuese callendo en el sueño definitivo. Nunca he visto una forma mas tierna de sacrificio animal, he incluso no sé si mi fantasía añadía una nana y unas caricias en el entrecejo.
    Pues aún así, con una muerte tan dulce, consideraría que se me infravaloraría, que en verdad se estarían riendo de mí pues desecharían como visceras inservibles mi fuerza, mi valor, mi bravura, mi derecho a defender la vida.
    Quizá sea eso lo que no ven los antitaurinos. Solo ven sangre, dolorosa agonía y muerte. Al igual que si viesen por primera vez la ceremonia del té, no entienden nada y se dicen sensibles.

  • # papablo dice:
    31 de August de 2007 a las 12:28

    Se me olvidaba: Me gustaría ver los toros en la tele y tambien que mis hijos los vieran y los sintieran de manera similar a como los siento yo. No puedo evitarlo como no podría ni debería callar quien piensa que tiene algo que aportar a los demás, al menos mientras no me convenzan de estar equivocado, sin dejar de tener las orejitas bien abiertas para escuchar a los quei piensan lo contrario.

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