Ars longa, vita brevis

Cerdo

30 de August de 2007

Cerdo

Estaba leyendo este artículo en un interesante blog (es mi último descubrimiento y os lo recomiendo sin reservas) cuando la última afirmación me dejó mosqueado: es cuando el autor nos pregunta

¿Sabíais que el Arabe tiene más de 3000 palabras que significan caballo y más de 9000 para decir camello?

Aunque he googleado durante un buen rato, no he podido dar con ninguna fuente que sostuviese esa afirmación, pero sin lugar a dudas puedo afirmar que no es correcta (las razones que esgrimo las podéis leer en este comentario y los que siguen). En concreto, digo que

hay un universal lingüístico ampliamente aceptado que es el de la economía del lenguaje: la lengua va eliminando términos repetidos, para evitar un sobreesfuerzo memorístico y hacer más eficiente la comunicación. En los pocos casos en que hay sinónimos absolutos (perro y can, veneno y ponzoña, etc) el idioma se va encargando de ir eliminando un término en favor de otro (en los casos citados han prevalecido perro y veneno, por ejemplo).

Si bien sigue habiendo sinónimos en todas las lenguas, estos casos son siempre debidos a leves distinciones en el significado (por ejemplo, perro y sabueso) o bien a diferencias estilísticas o sociales (cuello y pescuezo, trabajo y tajo, etc.).

En el caso de que hubiese varios términos en el árabe o cualquier otra lengua para referirse a los caballos, esto debería deberse principalmente a dos factores: diferencias estilísticas o bien diferencias de significado. Por ejemplo, si tienen caballos como animales de carga, o de batalla, o como montura, es posible que haya una palabra diferente para cada caso (aunque no es demasiado frecuente).

Incluso en casos en que un determinado animal haya sido muy importante para determinadas culturas (por ejemplo, el caballo en las culturas europeas, o el camello en las de medio oriente) es casi imposible que haya tantos términos para una sola realidad (aunque, metiéndonos en más honduras lingüísticas, las palabras no expresan “realidades” sino “conceptos”). Es totalmente antieconómico, y además me resulta difícil imaginar 3.000 conceptos distintos de caballo, y más difícil todavía que, existiendo un menor número de conceptos, el idioma conserve tantos términos que en el habla corriente no tendrían demasiada utilidad.

Pero el caso es que pensando en el tema, me he acordado del caso del cerdo. El cerdo es un animal que ha sido casi siempre importantísimo para los pueblos de la Península, y siempre ha habido un montón de hechos culturales alrededor de él. Aparte de expresiones despectivas (“hueles como un cerdo”) o positivas (“eres como el cerdo, que tiene buenos hasta los andares”), tenemos en nuestro idioma un montón de palabras para referirnos a este divino animal. Me gustaría que me ayudáseis a hacer un inventario de las palabras que usamos para hablar de los cerdos, para ver hasta dónde llegamos. Dejadme vuestras propuestas en los comentarios y las iré añadiendo.

Cría: lechón, cochinillo, gorrino…
Adulto: cerdo, puerco, guarro, marrano…

Actualización: Echando un vistazo por casualidad a la versión traducida por Google, Pig, encuentro una buena demostración de lo dicho anteriormente en este post: para el trío “lechón, cochinillo, gorrino”, en inglés dice “pig, cochinillo, gorrino”, esto es (si consideramos más o menos fiable la traducción): en inglés no hay palabra para la cría del cerdo (este diccionario online me dice que es “suckling pig”, algo así como “cerdo mamón” o “lactante”, para ser más finos), y ni siquiera admite los matices de las dos siguientes palabras; para las cuatro palabras del cerdo adulto, “cerdo, puerco, marrano, guarro”, la versión traducida dice “pig, pig, guarro, pig”. ¿La realidad configura el lenguaje, o es a la inversa? Esto da para otros cuantos posts…

Él nunca lo haría

28 de August de 2007

Simplemente una emotiva imagen, vista en Pizdaus.

Meteorología avanzada

27 de August de 2007

Sin comentarios. Gracias a Antonio Molina por la foto, con total seguridad (y por desgracia) un fake.

Disclaimer: este post no va sobre la política venezolana, un tema tan controvertido que me cansa sólo pensar en ponerme a reflexionar sobre él. Es simplemente una foto graciosa. ¡Que hay que explicarlo todo, oiga!

Vírgenes

25 de August de 2007

Creo que el diario 20 Minutos, dejando a un lado su profesionalidad (o falta de ella), se considera en general un diario de línea editorial izquierdista (no me gusta el uso tendencioso de la palabra “progresista”, ya que todos los políticos, sean de derecha o de izquierda, pretenden lo mismo: el progreso, principalmente el de sus cuentas corrientes). Si bien en sus noticias no se aprecia una tendencia tan descaradamente partidista como en El País o en Libertad Digital, sus páginas de opinión en forma de blogs suelen albergar principalmente a columnistas de ideología socialista. Eso está bien, desde luego: las páginas de opinión es donde deben ir las opiniones, sean las que sean, y el periodismo siempre ha tenido un fuerte componente de opinión, lo que es normal y hasta deseable.

Pero al leer este artículo titulado «¿Cómo perder la virginidad?» me he sentido arrastrado por la fuerza unos veinte o treinta años hacia atrás en el tiempo. No os detengáis en las numerosas faltas de ortografía, gramática y expresión, producto del sistema educativo del que orgullosamente formo parte, y fijaos en el contenido. El artículo da una serie de consejos para cuando se pierde la virginidad. Unos consejos, desde luego, nunca están de más, sobre todo para una experiencia a la que se le da excesiva importancia y que suele acabar en desastre (lo que es lógico, cuando se hace por primera vez algo que uno considera muy importante).

Lo que más me ha llamado la atención es el primer consejo que se da a las chicas:

No lo hagas hasta que no estés completamente convencida, nunca por que te lo piden, ni porque todos lo hacen, ni porque llevaba unas copas de más.

Por supuesto, la experiencia es diferente en los chicos que en las chicas, por lo que no está mal que haya consejos diferenciados. Sin embargo, me voy a la sección de “ellos” y no encuentro un consejo semejante. ¿Por qué?

Creo que la respuesta está bastante clara: la virginidad, en el caso de las mujeres, es un precioso tesoro que hay que conservar hasta que una esté completamente segura. La virginidad (es decir, la falta de experiencia) en las mujeres es un bien en sí mismo, porque aún tenemos la idea de que las mujeres son seres cándidos y etéreos a los que hay que proteger de la maldad intrínseca de la masculinidad (desde luego, el mejor ejemplo son las despedidas de solteras). El hombre, sin embargo, es un cazador que debe follar a diestro y siniestro, porque cuanto más lo haga más hombre es. En una vuelta de tuerca más a la retrógrada dialéctica del artículo, se llega a decir que hay que considerar un “honor” el hecho de quitar la virginidad a una persona, aunque, eso sí, este consejo es válido para ambos sexos.

Regreso al pasado, parte n.

La buena vida. O tal vez no

19 de August de 2007

A través de este artículo de Daniel Tercero sobre el fin de las retransmisiones taurinas en Televisión Española (¡y ya era hora!) llego a este otro en Criterio sobre la relación de los independentistas catalanistas y los movimientos antitaurinos (que es un tema que ahora mismo no voy a tratar). En él, leo en el comentario número 8:

5 años en el paraíso, comiendo a placer, follando a placer, etc. Para luego morir en 20 minutos cuando ya es adulto-madurete. El picador a los 5 minutos y las banderillas a los 10 (es decir, menos de 20 minutos).

Yo me apunto a eso, en versión humana:

-no pegar golpe en mi vida
-ni ver un despertador
-vivir permanentemente en la casa Play Boy follando gratis todo lo que entre en la casa
-comer sin parar en los mejores restaurantes y la mejor comida
-y finalmente, ya cincuentón, morir como un gladiador en poco más de un cuarto de hora

No está tan mal. Hasta les dejaría que me cortaran las dos orejas y el rabo una vez muerto.

No sé si es un chiste si lo dice en serio. Si es un chiste, tiene cierta gracia. Si lo dice en serio, creo que no merece ser llamado ser humano. Y no por su crueldad, sino por su falta de humanidad, en el sentido intelectual del término.

Nuestra especie ha llegado hasta donde ha llegado precisamente por ser luchadora, no por ser una criatura bovina que pasta alegremente sin más intereses que los que abarca su vista y que, como cualquier ser vivo, lucha cuando sufre. No servimos para ser apesebrados y luego acabar nuestros días dando diversión a una manada de sádicos en un zafio espectáculo, sino para mirar más allá de nuestros límites. No para morir en la arena de un circo, sino para viajar a la luna.

No dudo de que muchas personas querrían vivir así; yo no. En cualquier caso, ese tipo de elementos nunca servirán para hacer avanzar a nuestra especie. Como mucho, para que otros seres se rieran de ellos tomando un aperitivo mientras escupen sangre por la boca en sus últimos estertores. Pues eso.

(Por cierto, la edad óptima del hombre, en términos físicos y psicológicos, está entre los veinte y los treinta años, y no en los cincuenta. Esa sería la edad en la que nos echarían a sufrir y a morir.)

En La Lengua:

Alien vegetal

18 de August de 2007

Alien

¡A ver ahora quién se come a quién! En Laughing Squid vía Boing Boing.

Feria

17 de August de 2007

DSC02317

Espero que disculpéis la falta de actualizaciones en el blog, pero es que un servidor ha aprovechado unas breves vacaciones para hacer el mal por la feria de Málaga. A pesar de mi apretadísima agenda, también ha habido tiempo para hacer una mini quedada con bloggers de Málaga y visitantes, como Sonia Blanco y Fernando Tricas.

Y mañana, en avión a Mallorca. Más actualizaciones cuando lleguemos a la isla. Pasadlo bien.

Una breve historia de casi todo

10 de August de 2007

Una breve historia de casi todo

Mientras leía este fantástico libro (sobre el que ya he escrito dos posts, aquí y aquí), me venían a la mente varios comentarios para escribir la reseña. Todos eran comentarios del tipo “es un libro imprescindible”, “el mejor libro de divulgación científica”, “se lo recomendaría a todo el mundo”, “se está acabando y me da mucha pena”, etc. Curiosamente, buscando otros posts sobre el mismo libro, me he encontrado con los del El Pez y CPI, y entre los posts y los comentarios, casi todo el mundo está de acuerdo. A veces incluso literalmente.

Es uno de los libros más interesantes que he leído, de esos que cuando llevas un minuto esperando en una cola cualquiera, lamentas no tener en las manos, porque leyéndolo el tiempo se te pasa volando.

La materia es muy extensa: una narración de toda la historia del universo, desde la gran explosión hasta la aparición y dispersión del homo sapiens sapiens por la faz de la tierra. No intenta saber qué pasó antes de la gran explosión, ya que, como él mismo dice, el tiempo y el espacio fueron creados en dicha explosión, y por lo tanto no hay nada antes.

Seguro que hay decenas de libros que abarcan el mismo tema, pero el enfoque que le da Bill Bryson es muy atractivo. Y tal vez ello se deba, precisamente, a que Bryson no es un científico, sino un escritor de libros de viajes (género al que no me he acercado nunca y no sé exactamente en qué consiste). Así que, por un lado, cuenta unos hechos científicos que él comprende a gente que probablemente tenga como mucho la misma formación que él, lo que los hace perfectamente comprensibles. Y, por otro, cuando hay alguna polémica relacionada con cualquier investigación científica, se abstiene normalmente de tomar partido y es bastante objetivo, lo que no es demasiado común en los libros de ciencias escritos por científicos.

Porque Bryson observa a los científicos como los científicos observan el resto del universo: con absoluta frialdad. Y ello consigue un efecto cómico, seguro que a propósito. Te das cuenta de lo humanos que son los científicos, de que entre ellos hay personas buenas y malas, ineptas y brillantes, maduras e infantiles, y sobre todo de una cosa: que una gran parte de los hechos que se nos presentan como probados, aún son objeto de notable controversia, y a veces de sangrientas luchas en la comunidad científica.

He aprendido muchísimas cosas con este libro (aunque algunas ya las conocía por encima, y otras simplemente casi se saben por intuición). Por ejemplo, que no solo el universo es inmensamente grande. Saliendo de la tierra, todo es inmensamente grande. Estamos a una distancia tal simplemente del planeta Neptuno, que es probable que pasen muchísimas generaciones antes de que siquiera se sueñe con viajar a él. Que probablemente conocemos solamente menos de una de cada cien o mil especies vivas sobre la tierra, y quizás sólo una de cada millón o mil millones que han existido en nuestro planeta. Que seguramente haya millones de especies de dinosaurios de las que nunca sabremos nada (de hecho, son raros los esqueletos de dinosaurios completos, y la mayoría de ellos se han reconstruido a base de varios esqueletos fragmentarios y conjeturas). Que vivimos en una edad del hielo, solo que en su fase templada, así que la temperatura normal de la tierra es bastante más calida de lo que es ahora. Que la última gran erupción de un volcán ocurrió en una isla hace menos de doscientos años, mató de forma casi instantánea a 100.000 personas y oscureció el cielo de todo el planeta. Que el parque Yellowstone, en los Estados Unidos, es una bomba de relojería a la que le toca explotar ya y que puede provocar una extinción comparable a la que aniquiló a los dinosaurios, extinción que, por cierto, no fue ni con mucho la más terrible que ha asolado el planeta. Que el último tigre de Tasmania, cuando murió, fue arrojado al cubo de la basura y seguramente nunca tendremos información completa sobre su ADN. Que el último dodo (disecado) fue mandado quemar por el director del museo donde se encontraba, así que no hay manera de conocer su cuerpo completo más que en base a descripciones poco fiables y a restos fragmentarios. Que no hay dos reinos solamente (plantas y animales), ni tres (con los hongos), sino veintitrés, y sólo tres de ellos (los tres citados) son visibles sin un microscopio. Que cada año cruzan la órbita de la tierra varias docenas de meteoritos como los de Armageddon, y que no los vemos porque para verlos es necesario tener un telescopio apuntando hacia ellos en ese preciso momento… y que si alguno de ellos llega a impactar contra la tierra (lo que nos matará a todos con casi total seguridad), lo veremos en el cielo cuando queden quizás menos de 30 segundos para el choque. Que si extiendes los brazos en una metáfora de toda la edad de la tierra (4.600 millones de años) y te limas ligeramente las uñas de una mano, habrás borrado completamente la historia de nuestra especie.

Y podría seguir así durante horas.

Dicen que este libro hace la ciencia divertida, pero creo que los que lo dicen no saben hasta qué punto es cierto. A mí la ciencia siempre me ha interesado (aunque soy profesor de lengua y literatura, mi acercamiento a los libros al principio fue exclusivamente con libros sobre animales, sobre todo aves). Sin embargo, algunas materias, como la geología, siempre me habían parecido mortalmente aburridas, hasta el punto de llegar a odiar (aunque inofensivamente) a los profesores que había tenido que mostraban entusiasmo por ella (sin duda, no supieron hacer bien su trabajo). Sin embargo, con este libro he devorado literalmente decenas de páginas sobre piedras, sin ningún atisbo de indigestión. Este libro es, de verdad, impresionante.

Dice Indro Montanelli, en su Historia de los griegos, que llamó a este libro de esa manera, y no Historia de Grecia (como había hecho con su Historia de Roma y su Historia de la Edad Media) porque la historia de Grecia es más una historia de hombres que de un imperio o una civilización. Con este libro pasa algo parecido: es más una historia de los científicos que una historia de la ciencia. Pero los científicos, además de ser una causa jocandi, son una puerta hacia la ciencia y hacia el por qué y el cómo de la ciencia. Hacia el qué sabemos y el cómo lo sabemos. Y también hacia la duda, que es la principal herramienta del conocimiento: no sólo nos enseña las dudas de los científicos, sino que nos enseña a dudar de los científicos, no como tales, sino como personas, no para que dudemos del conocimiento científico, sino precisamente para que nos demos cuenta de que sabemos muy pocas cosas, algunas de ellas de forma dudosa, y de que queda un infinito por saber. Y hace falta gente, hacen falta científicos que se peleen y que de sus peleas saquen cosas en claro, porque nuestra especie, por mucho que nos creamos, está todavía en pañales, y lo mejor de todo (aunque ninguno de nosotros lo veremos), está por llegar.

Y recuerda una cosa: has tenido dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, dieciséis tatarabuelos… una larguísima estirpe que hace miles de millones de años era un ser unicelular. Si cualquiera de esos miles de millones de tus ancestros hubiese muerto en un accidente, o devorado, o por cualquier motivo se hubiese reproducido con una pareja distinta, no estarías aquí. ¿Conociste a tu novia por casualidad? Pues millones de esas casualidades han propiciado tu existencia. El hecho de que estés leyendo esto ahora mismo es no sólo improbable, sino prácticamente imposible. No voy a utilizar este argumento para decirte que aproveches tu vida y dejes de hacer botellones… Pero es un hecho que, sin duda, te hace dejar la vista fija en algún sitio y ponerte a pensar…

Este libro debería ser lectura obligatoria en todas las escuelas del mundo.

O, pensándolo bien, mejor no.

Be nice

9 de August de 2007

Be nice

(Pórtate bien con los Estados Unidos… o llevaremos la democracia a tu país)

Vía Menéame.

El reino de lo invisible

8 de August de 2007

Algunos científicos piensan ahora que podría haber hasta 100 billones de toneladas de bacterias viviendo bajo nuestros pies, en lo que se conoce como ecosistemas microbianos litoautótrofos subterráneos. Thomas Gold, de la Universidad de Cornell, ha calculado que si cogieses todas las bacterias del interior de la Tierra y las vertieses en la superficie, cubrirían el planeta hasta una altura de 15 metros, la altura de un edificio de cuatro plantas. Si los cálculos son correctos, podría haber más vida bajo la tierra que encima de ella.

Da que pensar. Esto quiere decir que si sumas la masa de todas las ballenas azules, los cachalotes, los calamares gigantes, los meros, los cangrejos emperador y el resto de las criaturas de los océanos, más todos los elefantes del mundo, las jirafas, las llamas, los koalas, los rinocerontes, los hipopótamos, los tigres, leones, leopardos, guepardos, linces, lobos, osos pardos, grises y polares, cóndores de los Andes, avestruces, chimpancés, gorilas, orangutanes, monos araña, arañas, seres humanos… es decir, todo lo vivo que se ve en el mar, la tierra o el aire, su masa representa un pequeño porcentaje de la vida en nuestro planeta. La inmensa mayoría de los seres vivos de la tierra viven fuera del alcance de nuestra vista en las almohadas, en tu escritorio, en el monitor que estás mirando ahora mismo, en tus manos y toda la superficie de tu piel, tu lengua, tus ojos, tu estómago, tu faringe, el aire, las rocas, el agua, la tierra y el mundo subterráneo. Y lo más truculento de todo: la mayoría de los miles de millones de bacterias que viven en el interior de nuestro cuerpo son necesarias para la vida humana, ya que nos ayudan a hacer la digestión y otros procesos vitales.

No me canso de devorar este libro. Si no lo estás leyendo (o comprando) en este momento, no sé a qué demonios esperas.

Hay que comer

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