Cabeza
[Richard] Owen procedía de Lancaster, en el norte de Inglaterra, donde se había hecho médico. Era un anatomista nato y tan entregado a sus estudios que tomaba prestados a veces ilícitamente miembros, órganos y otras partes de cadáveres y se los llevaba a casa para diseccionarlos con tranquilidad. En una ocasión en que iba cargado con un saco que contenía la cabeza de un marinero negro africano que acababa de cortar, resbaló en un adoquín mojado y vio con horror que la cabeza se caía del saco, se iba saltando calle abajo y se colaba por la puerta abierta de una casa, en la que penetró deteniéndose en el salón de la entrada. Sólo podemos imaginar lo que dirían los habitantes de la casa al ver que una cabeza desprendida entraba rodando por su puerta y se paraba a sus pies. Es de suponer que no hubiesen llegado a ninguna conclusión demasiado novedosa cuando, un instante después, un joven que parecía muy nervioso irrumpió en su casa y recogió, sin decir palabra, la cabeza y se apresuró a desaparecer de nuevo.
Extraído del apasionante libro Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, que espero terminar y comentar en breve en La Lengua.

15 de Julio de 2007 a las 22:26
No sé por qué, pero al releer esta cita me ha parecido propia del legendario blog Calumnia que algo queda, de nuestra comentarista de honor.
16 de Julio de 2007 a las 8:25
Yo me lo he terminado hace poco. El tema es que profundiza mucho en el cómo se descubrieron las cosas, para mi gusto enrollándose demasiado en historias personales; está entre divulgación científica y prensa rosa, jeje.
Lo bueno es que se centra mucho más en cómo se descrubrieron las cosas que en los descubrimientos en sí. Esto te permite hacerte una idea mucho más realista de hasta qué punto son válidas las cosas que dice la televisión sobre los ciientíficos.
No es lo que me esperaba, pero me alegra haberlo leído
16 de Julio de 2007 a las 12:10
Me apunto el título, tengo tiempo y ganas, pero me espero a tu nueva entrada para adquirirlo.
La Red ya no es lo que era. El buen gusto no existe, no hay más que porno, machistorros, femiguarris y basura sms style. ¡Que vuelva ya Georgi Dann!
8 de Agosto de 2007 a las 13:28
[…] No me canso de devorar este libro. Si no lo estás leyendo (o comprando) en este momento, no sé a qué demonios esperas. […]
8 de Agosto de 2007 a las 19:38
vaya, lo tuve en la mano en FNAC y al final me decanté por “Gödel, Escher, Bach”, que lo llevaba buscando muuuucho tiempo ^^U
saludos