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La Lengua » 2007 » June

Ars longa, vita brevis

Sin tregua

7 de June de 2007

Como era previsible, ETA ha roto formalmente su tregua (aunque yo creía que un atentado con dos víctimas mortales se debía entender como una ruptura de tregua, se ve que no).

Zapatero creía que podía acabar con el terrorismo hablando. Y ha habido grandes muestras de amnesia por parte de casi todos.

Los jaleadores del Presidente, que deben de haber pensado que esto de hablar con ETA ha sido una idea genial (¡otra!) de Zapatero, como si no se le hubiera ocurrido a nadie antes que a él, y se hartaron de poner en sus blogs esos banners que decían “En mi nombre sí”. Olvidaron, digo, que antes de Zapatero lo intentó Aznar, y antes que Aznar, Felipe González, y probablemente antes que González, Suárez y Calvo Sotelo, e incluso me atrevería a asegurar que seguramente Franco también lo había intentado por las buenas. Con ETA no se acaba así. Sólo hay una manera segura de acabar con ellos: ceder en todo y darles a esa manada de bestias todos los derechos que exigen a costa de los derechos de la mayor parte de la población vasca (que no comulga con sus ruedas de molino) y a costa del pesar de las víctimas. También se puede intentar acabar con ella por la vía policial, vía que -estoy casi seguro- nunca podrá atajar el problema del todo, pero puede atenuarlo hasta convertirlo en testimonial.

Y los jaleadores de la oposición del Partido Popular, que se olvidan de que durante la tregua que ETA declaró mientras era presidente José María Aznar, el gobierno popular estuvo manteniendo numerosos contactos con los terroristas (“cesiones” y “rendiciones” los llaman cuando los hace otro), y sacó a la calle a terroristas a puñados.

Pero en fin, ya se sabe que estamos en España, y aquí todo lo convertimos en un espectáculo. En este caso, en un espectáculo lamentable. Pero espectáculo al fin y al cabo.

Números primos

Un número primo es aquel que solo es divisible por sí mismo y por 1, si queremos que el resto sea 0. Por ejemplo, el número 7 es primo, porque sólo da una división exacta si lo dividimos por 7 ó por 1. Hasta ahora, aunque parezca increíble, se han descubierto números primos de varios millones de dígitos, y además estos interesantes números son protagonistas de muchas curiosidades; por ejemplo, cualquier número par mayor que 2 se puede expresar como la suma de dos primos (4=1+3; 10=3+7; 22=5+17; y así se puede seguir tal vez hasta el infinito, aunque esto aún no ha sido demostrado).

Hay una demostración sencilla y vistosa de que los números primos son infinitos. Imaginad que creemos que el número primo más alto es el 11. Pues obtenemos el número primo que sale del producto de todos los números primos desde el 2 (el número primo más bajo) hasta el 11 (el que creemos que es más alto): 2 x 3 x 5 x 7 x 11 = 2.310. A este número le sumamos 1 y obtenemos el 2.311. Lógicamente, 2.311 no es divisible ni por 2, ni por 3, ni por 4, ni por 5, ni por 7, ni por 11. Por lo tanto, una de dos: o el 2.311 es un número primo, o es producto de dos (o más) primos mayores que 11. Por lo tanto, el 11 no es el número primo más grande. Y esta demostración puede hacerse con cualesquiera números primos, por grandes que sean.

Adaptado del libro Matemática, ¿estás ahí?, de Adrián Paenza, editado por RBA y que puede ser descargado gratuita y legalmente en esta dirección.

Gorka Limotxo, ese hombre

5 de June de 2007

gorka

Gorka “Limotxo” Iruretagoiena Martínez-Bordiú vino al mundo una soleada mañana de verano de principios de los ochenta en una capital de provincia vasca. Su infancia transcurrió sin sobresaltos en el seno de una familia humilde y trabajadora. Como sus progenitores no disponían de los duros suficientes para comprarle juguetes le acabaron regalando un Photoshop de trapo con el que el pequeño infante compuso sus primeras combinaciones de píxels polícromos.

Leyendo esta mañana este pasaje de la autobiografía de Gorka Limotxo, me he atragantado de la risa. Literalmente.

Suspendidos todos

3 de June de 2007

Burro

Noticia: se podrá suspender en España la Selectividad (prueba de acceso a la universidad para quienes han terminado la Educación Secundaria, incluida la obligatoria y los dos cursos de bachillerato) por tener demasiadas faltas de ortografía (vía Menéame).

Consideraciones:

1. ¿Son realmente importantes las faltas de ortografía? Y que conste que os habla un profesor de secundaria de Lengua y Literatura. Pero, en serio, ¿son tan importantes? ¿Para qué? Yo quiero animar al debate, en este post no voy a postularme por una postura u otra. Es verdad que me horroriza encontrar faltas de ortografía en los periódicos, en los libros impresos, en internet y en los exámenes de mis alumnos. Pero también es cierto que la ortografía es siempre convencional, y no lógica en un sentido sincrónico. Por ejemplo, la h en castellano no representa ningún sonido; la b y la v representan el mismo, y la g puede representar dos sonidos distintos; y estas dos últimas situaciones se repiten a lo largo de nuestro abecedario. Y tenemos situaciones si cabe más rocambolescas: la c representa, cuando va sola (no hablaré ahora del dígrafo ch) dos sonidos, uno de los cuales comparte con la z y el otro con la k y con el dígrafo qu. Vaya lío, ¿no? ¿Tiene sentido toda esta confusión, es práctica para algo? Sí, me diréis: para escribir bien. Ya -respondería yo-, pero si decidiéramos que la v desapareciera y que tanto caballo como valiente se escribiesen con b, entonces escribir bien sería tanto caballo como baliente. La ortografía sería más lógica, tendría sentido, y ahorraríamos un montón de suspensos que, si somos completamente lógicos y racionales, no mejoran prácticamente nada los conocimientos y la preparación práctica de los alumnos (la ortografía, tal y como está hoy en día, es simplemente una prueba de memoria: saber que valiente se escribe con v y que hablar lleva hache).

Mucha gente piensa que este problema es exclusivo del castellano: nada más lejos de la realidad. Casi cualquier idioma escrito tiene este tipo de incongruencias. Por ejemplo, el inglés: la s de sugar (azúcar) se pronuncia igual que el grupo sh de she (ella). Existe un alfabeto fonético internacional (AFI) que es bastante más exacto y objetivo que los alfabetos de las lenguas concretas, pero sólo es usado por esa caterva de freaks que se llaman a sí mismos lingüistas. Además, si echáis un ojo a la página de la Wikipedia que acabo de enlazar, veréis que dista mucho de ser un alfabeto sencillo: tal vez sea incluso más complicado de memorizar que nuestras propias e incongruentes normas ortográficas.

2. De mis tres cursos de experiencia docente, sólo en el primero de ellos (curso 2004-2005) tuve como alumnos a estudiantes de bachillerato, a los que preparaba para la PAU o Selectividad (especialmente a los alumnos de 2º de Bachillerato). Su preparación ortográfica era, en el mejor de los casos, mediocre. En la media, era lamentable. Y en casos excepcionales, desastrosa. Me enfrenté con miles de , así, con tilde, de españa con minúscula, y a algunos alumnos tenía que recordarles día tras día cómo se escribía su propio nombre, porque ¡no lo sabían! Seguramente estáis pensando que casi todos suspendieron, al menos Lengua, que era mi responsabilidad. Pues la respuesta es no. Casi todos aprobaron, o dicho de otra manera: los aprobé. Después fueron a la temida Selectividad y en casi todos los casos aprobaron con mejor nota que la que yo les había puesto, con todas sus faltas ortográficas y de expresión (recuerdo cómo algunos me buscaron y me espetaron: “¿Ves, profe? Al final he aprobado, y he sacado un 7, tú nos puntuabas demasiado bajo”. Los recuerdo con cariño, sin embargo).

¿Qué debe hacer un profesor de Lengua (o de cualquier otra asignatura, ya que en todas se escribe) de bachillerato cuando se encuentra con varios grupos de alumnos que no saben escribir? La respuesta fácil es: suspenderlos a todos hasta que aprendan. La difícil, que es la que me hice yo (tan complicado y retorcido como siempre) fue preguntarme a mi vez: ¿Cómo es posible que hayan aprobado la Educación Primaria, y la Secundaria Obligatoria, en ocasiones con notas excelentes, sin saber escribir? Y más: ¿Sería justo que yo los suspendiese y truncase sus expectativas, cuando en realidad nadie hasta ahora se ha tomado un verdadero esfuerzo en exigirles que cumplan con las reglas ortográficas y de expresión?

3. ¿Es lo mismo la ortografía ahora que hace treinta años? Hace treinta años no había esta abundancia de material escrito. Publicar algo era mucho más caro. No se editaban tantas revistas como ahora, ya que no había tanto dinero y no se vendían. El teléfono sólo se podía usar con lenguaje oral, nada de mensajes escritos. No había internet, y por tanto no había blogs. Y, por qué no decirlo, los universitarios, incluyendo en esta denominación a periodistas, médicos, redactores, profesores y elementos de cualquier otro pelaje, estaban mejor preparados que nosotros, al menos en cuestiones de ortografía. Es decir: había menos fuentes en las que leer, y las que había estaban mejor escritas que ahora (entiéndase mejor como “de forma más adecuada a las normas ortográficas”). Uno no había leído en ningún telediario, ni en ningún blog, ni en los subtítulos de un DVD nada como “haber cuándo hacemos tal cosa”. Ya he dicho antes que la ortografía es básicamente memorística. Si uno no ha leído una palabra mal escrita, puede tener dudas sobre su ortografía, pero cuando uno la ha leído mal escrita miles de veces en periódicos, blogs, sms, subtítulos, telediarios, etc… puede que haya visto la palabra más veces mal escrita que bien, y escribe govierno y se queda tan ancho.

Es como lo de los billones. Puede que hace unos años casi nadie supiera lo que era un billón. Ahora que diez millones de palurdos han medio aprendido inglés en este país, vemos por todos lados la palabra billón representando lo que no es1. ¿Qué culpa tenemos si al final todos se hacen la picha un lío?

4. ¿Qué hacer? Ya he avisado antes de que en este post no iba a decantarme por ninguna solución, pero sí que voy a arriesgarme a hacer una propuesta: o nos tomamos en serio la cuestión de la ortografía, o la abolimos de una vez por todas. Si vamos a seguir usando de estas normas ilógicas, pues démosles la importancia que queramos y exijamos, por tanto, su correcto uso. Pero si todo el mundo piensa realmente que no tiene tanta importancia, ¿por qué no las tiramos a la basura? Prescindamos de la v. Escribamos casa, ceso, cilo, coco y culo, por ejemplo, y borremos del mapa la k y la qu. Usemos la h para escribir hoza (choza), hoho (chocho) y histe (chiste). Usemos las mayúsculas en lugar de los signos de exclamación, y no para comenzar oraciones, textos o nombres propios. Y en un par de lustros los alumnos no deberán seguir sufriendo la angustia de la posibilidad del suspenso por motivos ortográficos, sobre todo cuando la mayoría de los periodistas de la tele, los blogstars y sus propios profesores desconocen las normas ortográficas en gran medida.

Yo estoy a gusto con las normas ortográficas tal y como están, pero creo que ya va siendo hora de ser consecuentes y lógicos, y apostar todos a una. Sería lo mejor. ¿Vuestras opiniones?

(1) Un billón es un millón de millones. Sin embargo, la palabra inglesa billion no es en castellano un billón, sino un millardo, es decir, mil millones.

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