Asesinando, que es gerundio

El gráfico muestra el top ten de países que se permiten decidir sobre la vida y muerte de sus ciudadanos. En cabeza, China, con unas estimaciones de 7.500 a 8.000 asesinatos legales -que no legítimos-. El ahora, por las delirantes circunstancias políticas mundiales, tan apreciado Irán, le sigue de lejos, con algo menos de 200. Y un dato que debería captar nuestra atención, como nos recuerda Daniel Tercero:
Parece mentira que no se proteste contra lo que ocurre en China con la misma energía que se protesta por lo que sucede en Estados Unidos. ¿Hablamos de la misma seguridad jurídica? Una persona es una vida igual en Sichuan que en California. ¿O no?
Si bien es cierto que sorprende e indigna quizás un poco más que se asesine a gente en nombre del estado en países democráticos, como son los Estados Unidos y no lo es China, ahí están los números. Y son muy elocuentes.
4 comentarios en “Asesinando, que es gerundio”
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# Josep Tarrés dice:
El tema de la pena de muerte es lo bastante complicado para no limitarnos a un “Sí” o a un “No” incondicional.
Cada país tiene su cultura, sus leyes, su estilo de vida, sus creencias, sus principios…
Si en un país democrático (que no es el caso de China) los ciudadanos deciden libremente que algunos crímenes deben castigarse con la pena de muerte, los ciudadanos de los otros países debemos aceptar su decisión aunque no nos parezca correcta.
Precisamente, la soberanía de un país consiste en dejar que se autoregule del modo que sus habitantes consideren más adecuado.
Recuerdo que, hace años, en clase de ética nos contaron que habían sociedades que consideraban la cárcel o el exilio como castigos mucho peores que la muerte. Los propios delincuentes preferían ser asesinados que encarcelados o exiliados para recuperar su dignidad.
Si ellos ya tienen sus propios principios y su propia escala de valores, ¿tenemos nosotros derecho a imponerles los nuestros?
Naturalmente, me estoy refiriendo siempre a estados democráticos. Si la pena de muerte es un castigo político ejercido por un gobierno dictatorial, es todo un concepto diferente.
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# antonio molina dice:
estoy casi de acuerdo contigo, pero me pregunto si lo que decide la mayoría es necesariamente lo mejor.
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# Elías dice:
Josep, no estoy de acuerdo contigo. Hay veces en que lo que decide la mayoría no es legítimo. Y hay derechos fundamentales que están por encima del derecho de una colectividad a decidir sobre sus leyes.
Por ejemplo, el derecho más primordial de todos: el derecho a la vida. Es uno de los pocos derechos (al contrario que el derecho a la libertad o a la propiedad privada) que no puede ser restituido, y además es el primero de los derechos humanos. También la libertad es un derecho humano, y hay penas que lo violan (la cárcel), pero al cabo de un tiempo pueden volver a ser restaurados; la vida no.
Además, pensemos en otro escenario: nuestro país vota por mayoría a un partido que lleva en su programa eliminar de un plumazo la libertad de expresión, y llegado al poder, cumple con su programa (aunque esto sí que sería raro). ¿Deberíamos aceptarlo? Yo creo que no. Incluso creo que nuestro deber moral sería incumplir esta ley y luchar contra ella.
Cuando las decisiones de la mayoría se oponen a los derechos de todos, no sólo existe el derecho de no acatarlas, sino incluso la obligación.
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# Crul dice:
Cuando se habla de la mayoría creo que no se precisa lo suficiente.
Deberíamos hablar de mayorías democráticas o mayorías plurárquicas, que no es lo mismo.
El problema de la democracia (en la teoría) es lo que se llama “dictadura de la mayoría”. Yo me lo explico a mí mismo con el cuento de los 51 blancos y 49 negros (o al revés):
En un país con esa población, si hubiera dos partidos y se juntaran por razas (ya sabemos cómo es el ser humano) los negros podrían acabar siendo esclavos de los blancos… por 2 votos!! El día que mueran 3 blancos, el escenario daría la vuelta radicalmente.
Yo creo que un sistema que nos permita elegir entre todos tiene que dar resultados parecidos frente a situaciones parecidas, y la democracia nos lleva (o puede hacerlo) de un extremo a otro con practicamente la misma situación política.
No sé… la democracia no me gusta.
Saludos a todos.


