
Una verdad incómoda es un libro escrito, o casi más bien diseñado, por el ex vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, acerca de cómo el hombre está afectando el clima de la tierra hasta un punto que debería comenzar a alarmarnos. De hecho, si sólo la mitad, o la cuarta parte de lo que se dice en el libro es cierto, ya deberíamos estar seriamente preocupados.
Las emisiones de gases invernadero a la atmósfera provocados por el desarrollo técnico de la humanidad -especialmente en los países más industrializados, como es lógico- están teniendo efectos palpables que, si hoy en día son simplemente apreciables (véase, por ejemplo, la progresiva desaparición del lago Chad a lo largo de las últimas décadas), en poco tiempo pueden ser realmente catastróficos. Y no en el sentido hollywoodiano, es decir, no va a helarse Nueva York en cinco minutos, ni de repente van a florecer los tsunamis por doquier, pero a medio plazo los efectos del cambio climático van a afectar a absolutamente todos los continentes y naciones del planeta, incluidos aquellos que piensan estar protegidos por su dinero y sus fronteras.
Pensad por un momento en el lago Chad, el del enlace de más arriba. Lo malo de su desecación no es que se pierda un espectacular paisaje natural para las fotos de los turistas; si os fijáis, el lago está compartido por cuatro países, en una región del continente no especialmente húmeda. Esto puede ser el detonante de cruentas guerras por el control de lo poco que quede del lago. La economía y la vida de millones de personas depende de esa enorme masa húmeda. Todo esto significaría millones de muertos, epidemias, hambre… y desplazados. Quizás los países occidentales piensan que la desaparición de un lago en la mitad del continente negro no puede afectarles, pero podemos estar seguros de que si cien millones de personas se quedan sin agua para beber, sin peces para pescar, etc. tirarán para arriba. Y esta vez no podremos echar la culpa del hambre a la corrupción de sus políticos: la mayoría de los gases invernadero causantes del calentamiento planetario -una inmensísima mayoría- son emitidos por los Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia.
Pero ¿es verdad que la tierra se está calentando en exceso? En Melilla, por ejemplo, nevó hace un par de años (por primera vez en mis treinta y dos). ¿Se puede hablar realmente de calentamiento global? La respuesta es que sí. El clima es un sistema complejísimo, y es posible que el calentamiento esté enfriando ciertas zonas, pero miles de mediciones a lo largo y ancho del planeta azul demuestran que la temperatura general está subiendo. Hay sitios donde ya no nieva, por primera vez en décadas. El hielo desaparece de los polos. Los glaciares se derriten. Hay una corriente de opinión empeñada en negar el problema, y al leer el libro yo estaba muy interesado en saber qué opinaba de ello Al Gore. El dato aportado es aplastante: de todos los artículo que ponen en duda el calentamiento y la responsabilidad humana en él, ninguno de ellos ha sido publicado en una revista científica, sino en revistas de interés general, periódicos, suplementos dominicales… que como sabemos están más interesados en las ventas que en la información veraz (y que me perdonen las excepciones que confirman la regla). Sin embargo, cientos y cientos de artículos científicos, publicados en revistas especializadas, y fruto de innumerables experimentos y mediciones, coinciden en la verdad incómoda a la que el libro hace referencia: nos estamos cargando el planeta, y lo vamos a pagar caro. Y no nuestros nietos: la deuda vamos a empezar pagándola nosotros.
Se ha criticado el hecho de que Al Gore tal vez no sea sincero del todo, y que varias empresas muy contaminantes le sufragan como político, y él no se atreve a criticarlas. Sobre el primer punto: estoy seguro de que miente, o al menos tal vez exagera un poco. Pero no olvidemos que Gore es un político. Si no fuese mínimamente hipócrita, no pensaría que el mundo se va a acabar dentro de treinta años: pensaría que el mundo ha llegado ya a su fin. Y por otra parte, el hecho de que sea un hipócrita no es capaz de ocultar el hecho, contrastado y apoyado por miles de científicos (incluidos decenas de premios Nobel en diversas disciplinas), experimentos y mediciones, de que el cambio climático es una realidad.
Al final del libro se nos da una serie de consejos para contribuir humildemente al freno e incluso la reversión del aumento de las temperaturas, aunque la mayoría de ellos yo, por ejemplo, ya los aplicaba (intentar reutilizar las cosas, compartir el coche, usar bombillas de bajo consumo, etc.).
Al libro le veo principalmente dos defectos. Primero, que está escrito para un público estadounidense. Y se nota demasiado. Quizás la mitad de los hechos, los datos y los consejos que da están directamente dirigidos a los ciudadanos norteamericanos. Esto es relativamente lógico, ya que ellos son, con mucho, el país que más contamina la atmósfera, y además, habiendo sido impulsor del protocolo de Kyoto para reducir las emisiones de gases invernadero (precisamente bajo la administración Clinton-Gore), no ha llegado a firmarlo. Esto no molesta demasiado. Quizás sí molesta un poco el hecho de que cite tanto a Dios en su palabrería. No me molesta que la gente crea, pero los políticos europeos no suelen ser tan píos en sus intervenciones (ni siquiera los cristianos). El segundo defecto puede verse también como una virtud. Y es el siguiente: se apoya demasiado en lo gráfico. Esto tiene una fuerza tremenda, y quizás más en el asunto que trata: no hace falta que te cuenten que las nieves perpetuas del Kilimanjaro están en peligro, sino que tú mismo ves que en poco tiempo nos quedaremos sin ellas. A menudo los gráficos pecan de simplistas, pero se entiende que el afán del libro es concienciar a cuanta más gente mejor, y según dicen la educación en los Estados Unidos es -aún- peor que en España. Además, el texto es a veces casi ilegible, por una mala elección del color de fondo o del tamaño de letra.
Con todo: es un libro muy recomendable. Un libro del que hablarás a tus amigos, a tu pareja, a tus padres. Te pondrá a pensar qué puedes hacer para ahorrar unos grados a tu planeta, y qué puedes hacer para concienciar a la gente. Y por si todo eso no fuera suficiente, además tiene unas fotografías fabulosas.