Ars longa, vita brevis

Las brujas de Salem

1 de January de 2007

En 1692, en el pueblo de Salem, Massachusetts, un numeroso grupo de vecinos fue denunciado por practicar la brujería. Según las leyes inglesas (aún no se había declarado la independencia y no existían los Estados Unidos) éste era un delito castigado con la horca. No obstante, si el delincuente confesaba, esta pena era conmutada por una que en la práctica conllevaba la muerte social: la desposesión de las propiedades y la vergüenza pública.

La principal prueba que sirvió para juzgar -y ejecutar- a los acusados fue el testimonio de unas adolescentes, que juraban que los espíritus de aquellos se les presentaban por la noche en diversas formas, causándoles heridas, asfixia, e incitándolas a obrar de forma extraña y contra las buenas leyes cristianas. La inocencia en este delito era muy difícil de probar, puesto que la negación de la práctica de la brujería se aceptaba de facto como una prueba de culpabilidad… así que una vez eras acusado, lo mejor que podías hacer era confesar ser una bruja, pedir la clemencia del tribunal y resignarte a ser un paria.

Cuando uno finalmente confesaba sus artes oscuras, los jueces le pedían que denunciase a posibles cómplices, y al final, para repartir la culpa, todo el mundo acababa acusando a todo el mundo, y nadie estaba a salvo. Desde la mendiga oficial del pueblo hasta los más ricos terratenientes pasaron por el calvario, y el tribunal llegó a juzgar incluso a una niña de 4 años, que confesó ser bruja porque quería estar en la celda con su madre, acusada de brujería.

Entre 1692 y 1693, 20 personas fueron ahorcadas en Salem, y al menos 5 murieron en la cárcel, incluyendo al bebé que tuvo en prisión una de las acusadas. Giles Corey, un octogenario cascarrabias y cabezota, se negó a declarar, porque si no negaba ni confesaba la acusación, sus tierras no eran confiscadas y continuaban en propiedad de su familia. En estos casos, el tribunal utilizaba un método de tortura peculiar para lograr la confesión: se tumbaba al acusado en el suelo, se le ponía una tabla encima, y se iban apilando piedras sobre la tabla. Después de dos días de tortura, las últimas palabras del bueno de Giles fueron: “¡Más peso!”

Años después varias de las niñas que habían formulado las denuncias de brujería confesaron que se lo habían inventado, y los acusados fueron liberados, e incluso algunos de ellos consiguieron indemnizaciones del Estado de Massachusetts. Sin embargo, no ha sido hasta octubre de 2001, más de 300 años después, cuando se ha declarado oficialmente inocentes a todos los acusados en los juicios por brujería de Salem.

Este caso fue la inspiración que encontró el dramaturgo norteamericano Arthur Miller para escribir una de sus obras clásicas, Las brujas de Salem, cuyo título original es The Crucible (El crisol). Miller utilizó la anécdota, los personajes y el desenlace para denunciar la persecución a la que se sometió a las personas sospechosas de “actividades antiamericanas”, en un episodio de la historia de los EEUU conocida precisamente como “caza de brujas”. Durante la “caza de brujas”, el senador McCarthy interrogó a numerosas personas de diversos ámbitos de la vida pública y la cultura, muchos de los cuales fueron encarcelados y ejecutados. En los años 50, en plena efervescencia de la caza de brujas, Miller demostró una gran valentía al publicar esta obra, sabiendo que ello le acarrearía ser investigado y acosado por el absurdo comité liderado por McCarthy.

Las brujas de Salem (respeto el título de la traducción al castellano) se divide en cuatro actos y es una obra muy intensa y dramática, en el sentido emocional de la palabra. En ella no sólo se retrata el delirante juicio desarrollado en Salem contra unos pueblerinos inocentes, sino que dicho juicio sirve de pretexto para sacar a la luz las verdaderas causas de las denuncias: la avaricia, la envidia, los odios personales, e incluso la lujuria. Lo peor de todo es que el tribunal acaba creyendo a pies juntillas las acusaciones de unas adolescentes alocadas, y estas acusaciones llevan a gente a la cárcel y a la horca, y Arthur Miller lo escribe todo de una manera terriblemente lúcida. De repente, hacia el final de la obra, te das cuenta de una cosa: todo el mundo sabe que las acusaciones de brujería son falsas: las acusadoras, los testigos, los acusados… Por desgracia, el único que acaba creyendo que el diablo ha puesto los pies en Salem es el tribunal, lo que conduce fatalmente a la ejecución de varios de los acusados. A los que leáis la obra por este post, os recomiendo que os detengáis en el tercer acto todo lo que podáis: es intensísimo. En el mismo volumen viene el guión que el propio Miller realizó para la película El Crisol, protagonizada por Daniel Day-Lewis y Winona Ryder (bastante recomendable, yo la vi hace años).

Cuando comenté Rebelión en la granja, de Orwell, remarqué la nota al principio del libro que avisa de que puede leerse en tres niveles distintos: como un cuento infantil, como una denuncia de los regímenes totalitarios comunistas, y como un espejo intemporal de la condición humana. Con esta obra pasa lo mismo. Puede verse como una simple obra dramática, magistral, eso sí; como una denuncia clara de los injustos procesos de la caza de brujas de McCarthy; y como un aviso de que muchas veces, sin quererlo, hacemos caso a los que más gritan, y no a los que tienen razón.

Y no sé por qué, siempre que leo algún libro donde se retrata de forma tan fiel la sinrazón, me acuerdo de la política española en los últimos tiempos. Ayer, en una protesta por el último atentado de ETA, unos descerebrados acabaron frente a la sede del PSOE lanzando huevos; años antes, cuando éste estaba en la oposición, fueron otros descerebrados los que se dedicaban a asediar las sedes del partido entonces en el poder, el PP. Igual que durante los procesos judiciales de Salem, algunos se aprovechan de los descerebrados gritones para obtener réditos personales: en Massachusetts, la principal causa real de las acusaciones no fue la brujería, sino la disputa por unas tierras de labranza. En la España actual, los dos principales partidos políticos se aprovechan de los gritones de turno (llámense Asociación de Víctimas del Terrorismo o Nunca Máis) para llegar al poder o mantenerse en él. En el caso que se relata en la obra, la cosa acabó en tragedia, y hubieron de pasar 300 años hasta que se arregló la cosa, siquiera malamente. Me temo que aquí, y ahora, vamos por el mismo camino.

Citas:

HALE (sufriendo mucho): Recuerde que, hasta una hora antes de su caída, Dios mismo se recreaba en la belleza de Lucifer.

CHEEVER: Cuando hablé con la señora Proctor en su casa, afirmó no tener muñecas. Pero también dijo que las había tenido de niña.

PROCTOR: Hace quince años que mi mujer dejó de ser niña, excelencia.

HATHORNE: Pero una muñeca bien puede durar quince años.

PROCTOR: Dura si se la guarda, pero mi Mary jura que nunca vio muñecas en mi casa, y tampoco las ha visto ninguna otra persona.

PARRIS: ¿Por qué no podría haber muñecas escondidas en algún sitio donde nadie las viera?

PROCTOR (furioso): También podría haber un dragón con cinco patas en mi casa, pero nadie lo ha visto nunca.

PROCTOR: ¡Sí que he confesado! ¿Acaso el arrepentimiento, para ser auténtico, ha de ser público? ¡Dios no necesita que se clave mi nombre en la puerta de la iglesia! ¡Dios ve mi nombre; Dios sabe de la negrura de mis pecados! ¡Eso es suficiente!

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9 comentarios en “Las brujas de Salem”

  • # antonio molina dice:
    2 de January de 2007 a las 16:21

    habría que conocer la mentalidad de la época para entender cómo no se daban cuenta de lo increíble del asunto: el que acusaba no tenía que demostrar absolutamente nada, y encima el acusado no tenía escapatoria; no podía ni negar ni admitir los cargos.
    aunque bien pensado, hoy día tampoco exigimos prueba alguna cuando la noticia o el rumor que llega a nuestros oídos encaja a la perfección con nuestras convicciones. sólo con eso basta para llevar a nuestro enemigo a la guillotina.

  • # La Lengua » Blog Archive » La Ley de Godwin dice:
    2 de January de 2007 a las 21:06

    […] La Lengua Ars longa, vita brevis « Las brujas de Salem […]

  • # Closto dice:
    31 de March de 2007 a las 18:14

    Puedo proemter y prometo que la película The Crucible no decepcionará a nadie. A mí me encanta. La estoy viendo por tercera o cuarta vez, ahora en inglés, y es genial. Me permito meter una cita (más o menos lo que pude copiar en clase viéndola) de Miss. Nurse (creo que se llama así la anciana) y Ann Puttnam (adoro a este personaje y la actriz me está convenciendo) que me emocionó y conmocionó y que recoge el miedo, las dudas y la conciencia de quien ve que el tren que habían construido se estaba descarrilando:

    Miss Nurse: (asustada) They have sinned against God. That’s how they pay it. It’s God’s will.
    Ann Puttnam: (gimoteando y llorando) If that is his will, where is his forgiveness?
    Miss Nurse: (con relativa seguridad) They have sinned against us!
    Ann Puttnam: (llorando y gritando) THEN WHERE IS YOUR FORGIVENESS!?

  • # ramlih dice:
    20 de July de 2007 a las 0:37

    pienso que esta obra es como una forma de ver la vida.La envidea, los rumores, el despresio hacia las personas, hacen que asta una amistad muy profunda se rompa, las brujas de Salem era simplemente eso rumores, envidea, y despresio hacia las personas de aquel tiempo, la injusticia forma parte de nuestra vida, en el sentido que las personas mas grandes se creen superiores a las mas pequeñas piensan que nada mas vale su palabra y no la de los demas en los tiempos de Salem murieron muchas personas inosentes que por las palabras de unas adolecentes alocadas o las de las personas envidiosas eran encarseladas o ahorcadas injustamente los niños eran separados de sus padres por esta rason hoy en el mundo pasa algo muy paresido entre los paises y las personas hay muchas matansas e injusticia los invito a reflexionar sobre estas cosas dolorosas y siempre pensar en el mal que tu les haces a las personas que no te caen bien deves pensar en lo mal que esa persona lo pasa y siempre ponerse a sus pies siempre recuerden esta dicho “TRATA ALOS DEMAS COMO QUIERES QUE TE TRATEN”.

  • # anonimo dice:
    3 de November de 2007 a las 20:39

    5 por1
    1 por 5
    que mi bolunta se cumpla

  • # mariano dice:
    6 de November de 2007 a las 17:13

    Para mi, eso explica el por que de la desaparición de las doctrinas dogmáticas. Pero coincido con el comentario anterior, la ignorancia y falta de perspicacia por ambas partes, tanto la judicial (con su “justicia divina”), como la civil(“incredulidad y falsos testimonios”) son los protagonistas principales de esta obra. En otras palabras creo que era algo común, que podia suceder por características culturales y evolutivas en una sociedad y más en una pequeña en sus comienzos. Un ejemplo de esto es cuando recién comienza la obra, Parris está mas preocupado por cómo quedará su reputación, que por cuál será el destino de su hija, lo cual en esta época nos parecería de lo mas banal. y un ejemplo actual en mi opinión sería el caso del “ingeniero” Bloomberg o el ex-presidente Menem.

  • # catherine dice:
    15 de November de 2007 a las 21:31

    pues la pelicula es una imitacion del trato que recibian las mujeres en esa epoca, pero en si hay mucha trama y ficciòn..

  • # robert dice:
    27 de November de 2007 a las 20:49

    como ser un brujo de salem

  • # yasdegado dice:
    29 de January de 2008 a las 22:00

    Es un episodio negro que, aunque sucedió en un pueblo de lo que hoy es EE UU, no es dificil que vulva a suceder, como lo vivió en carne propia Arthur Miller, en cualquier parte del mundo, pues la ambición, la ignorancia, el fanatismo, la indolencia (de las autoridades competentes) y la corrupción, que tienen un campo fertil en el alma de quienes no han sido criados con valores de buena convivencia, de amor al prójimo, y de respeto a la vida, independientemente de sus tendencias políticas, condición social, y creencias eligiosas

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