Más memeces

Leo en Barrapunto:

Hace no mucho nos ocupamos de la incorrección lingüística de la corrección política. Quien pensase que era exagerado, puede contrastarlo hoy con la campaña que ha presentado la directora del Instituto de la Mujer, que incluye una aplicación llamada nombra.en.red para “abrir un horizonte nuevo en el que la mujer se apropie de la lengua”. Propone que se reconozcan, entre otras, ‘albañila’, ‘estudianta’, ‘bachillera’, ‘bedela’, ‘elaboradora’, ‘miembra’ (pero no ‘artisto’, ‘telefonisto’, ‘transportisto’, ‘dentisto’ u ‘oculisto’), pese a ser muchas de ellas sustantivos de género común. No se queda ahí, sino que la directora aprovecha la ocasión para regañar a la Academia por su tendencia “antropocéntrica” [sic].

Lo del antropocentrismo tiene guasa, pero dejémoslo por el momento (léase la nota al final de este post). Lo realmente ridículo es intentar cambiar la realidad a través de la lengua. Sí, la lengua es el instrumento más poderoso que tienen los seres humanos, pero es un instrumento de comunicación, no de alteración de la realidad. El lenguaje configura el mundo dentro de nuestro cerebro, pero para cambiarlo fuera es necesario usar otras herramientas, más físicas y menos simbólicas.

Me explico con un ejemplo facilito: sabido es que los indios norteamericanos, que nunca habían visto un tren, la primera vez que divisaron uno lo apodaron caballo de hierro. De esta manera acomodaron la realidad a su sistema simbólico. Y puede incluso que les funcionara dentro de su cultura, porque, después de todo, un tren sirve para lo mismo que un caballo, sólo que está hecho de otro material, y va un poco más rápido. sin embargo, esto nunca convirtió los trenes en caballos. El nombre que escogieron los indios sirvió para que se comunicaran, pero no pudo impedir la desintegración de su mundo a manos de los colonos anglosajones, que tenían herramientas más potentes y destructivas.

Ahora se pretende que usemos albañila para referirnos a las (tres o cuatro) mujeres que se dedican a esta honorable profesión. Y estudianta, bedela, miembra. Como si por arte de magia, usando un inexistente femenino (¿desde cuándo la terminación -il designa al género masculino? ¿Y -ante?) convirtiéramos a la mitad de los albañiles en mujeres, y pudiéramos hacer más paritario el pelotazo de la construcción.

No, amigas. Podemos configurar la realidad dentro de nuestro cerebro como nos parezca. Podemos seguir pensando que existe el ratón Pérez, pero eso no lo hará existir. Del mismo modo, podemos llamar víctima colateral a un niño destripado en medio de la guerra, pero eso no va a hacer que el niño deje de estar destripado y que sea horrible.

No hay que cambiar la expresión “niño destripado” por la expresión “daño colateral”; lo que hay que hacer es evitar el destripamiento de niños en las guerras. Lo que hay es que evitar las guerras, no llamarlas “conflictos” o “lucha contra el terror”.

Lo que hay que hacer es trabajar por la emancipación de la mujer y por la igualdad real entre ellas y nosotros, no cambiar las palabras para que dentro de nuestro cerebro la realidad sea de color rosa.

Pero echad un vistazo a los documentos en la web del Instituto de la Mujer. Vacuidad. Inflada de subvenciones, adivino. Para muestra, un botón, extraído de este documento (PDF) elaborado por tres colegas mías y por una historiadora:

[...] una lengua que no evoluciona acaba por perecer.

Au contraire. Una lengua que evoluciona acaba pereciendo, como el latín, que ellas mismas citan en el documento que enlazo. Por suerte, las lenguas evolucionan y mueren. Sólo que evolucionan en la dirección en que las empuja la sociedad, no son las sociedades las que evolucionan en la dirección dictada por el lenguaje. Es sólo otro ejemplo de querer cambiar la realidad creando símbolos en nuestro cerebro.

Lo he dicho varias veces en este blog, pero puedo decirlo una más: el lenguaje no hace la sociedad; la sociedad hace el lenguaje. Si mañana llamamos albañilas a las albañiles, y estudiantas a las estudiantes, no va a desaparecer (por ejemplo) la violencia machista. Pero si mañana hacemos desaparecer la violencia machista, lo más probable es que nuestra lengua deje de ser machista. O, en cualquier caso, ya no importará.

Sobre el antropocentrismo: es el sistema cultural que tenía al hombre (como especie, como homo sapiens, no como varón) por centro y medida de todas las cosas. Fue una de las características más importantes de períodos como la antigüedad griega o el Renacimiento. Anthropós significa en griego “ser humano”. Probablemente ellas quieran referirse al androcentrismo, palabra que no sé si existe, pero que vendría más adecuada, puesto que andrós significaba “hombre varón”, en contraposición a ginée (si no recuerdo mal) que designaba a la hermosa hembra de nuestra especie. Pero ya se sabe: la ignorancia es atrevida.

En La Lengua:

9 comentarios en “Más memeces”

  1. Carlos Ferrero dice:

    Un saludo.

    En general, coincido bastante con tu punto de vista. Quienes crean que modificando el lenguaje se modifica la realidad se han tragado la hipótesis de Sapir-Whorf (http://en.wikipedia.org/wiki/Sapir%E2%80%93Whorf_hypothesis) sin digerirla. Según las pruebas de que disponen los lingüistas en la actualidad, no cabe apenas duda de que el lenguaje influye sobre el pensamiento, pero no se sabe hasta qué punto; lo que ya no se acepta que el pensamiento sea únicamente lenguaje, como postularon Sapir y Whorf.

    En cualquier caso, aunque es cierto que el lenguaje influye sobre la realidad, me parece evidente que la influencia de la realidad sobre el lenguaje es infinitamente más fuerte. Por ejemplo, no creo que el cambio de la denominación de “portero” por la de “empleado de finca urbana” haya mejorado mucho las condiciones laborales de estas personas. Y en el caso del supuesto “machismo” de la lengua española, nadie se planteó si términos como “jueza” y “fiscala” eran aceptables hasta que no hubo mujeres ocupando esos puestos.

  2. Maki dice:

    No tengo muy claro que dijese antropocentrismo, segun “El mundo” fue asi, pero segun “el pais” (si, leo los dos) si que dijo androcentrismo (que aunque no exista se entiende). La lastima es que no haya visto ninguna imagen del evento para salir de dudas en cual se ha equivocado.

  3. José Carlos Rodríguez dice:

    Yo escribí sobre esta manía una anotación:
    http://www.liberalismo.org/bitacoras/5/605/

    El lenguaje tiene soluciones lógicas. Lo del machismo porque se diga juez y no jueza es un error.

  4. Reset Reboot dice:

    Esto me recuerda a lo del pueblo con señales de tráfico “paritarias”…

  5. Manuel dice:

    La última moda de la estupidez humana…

    Coincido contigo punto por punto… por cambiarle a una rosa el nombre no dejaría de ser una rosa… o por cambiarle el nombre a las armas no dejarán de ser usadas para matar.

  6. EFE dice:

    Malditos piratos machistos… ¡Grrrr!

  7. b... dice:

    ¡Hola!

    En general estoy de acuerdo contigo… sólo un comentario: una vez me entretuve en buscar albañil en el diccionario para confirmar que albañila era una barbaridad; pues bien, allí estaba albañila, pero para referirse a un cierto tipo de abejas. Mi diccionario (RAE) es una edición bastante antigua, pero he podido comprobar que sigue en la versión en línea, aunque no ya en el artículo de albañil, sino en el de abeja:
    http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&TIPO_BUS=3&LEMA=abeja

    En fin, si se aplica a las abejas, no veo impedimento moral para aplicarlo a las mujeres que se dediquen a la albañilería.

    En fin, una curiosidad como cualquier otra.
    ¡Saludos!

  8. La Lengua » Blog Archive » Un mundo feliz dice:

    [...] Más memeces [...]

  9. Héctor Brioso Santos dice:

    La ministra Bibiana se ha lucido en su primer día, pero hay que alegrarse de que, involuntariamente, haya contribuido a desprestigiar la fastasmagórica causa que defiende con armas tan estúpidas como son el oportunismo rancio, la falsa igualdad y las palabras hueras.

    Estoy completamente de acuerdo con la RAE -en general, demasiado permisiva en un país donde abundan los ignorantes- y con el autor de “Más memeces”. La lengua no es la realidad y cambiando la lengua a contrapelo -contra el criterio firme del hablante, esencialmente lógico- sólo se crea un galimatías ridículo. La semana que viene, alguna otra dama (o algún “damo”) propondrá que se traduzcan al femenino las obras de los clásicos o que se proscriban palabras arbitrariamente (¿qué haremos con “patata” o “berenjena”?), que se use el neutro o cualquier otra imbecilidad que nada tiene que ver con los problemas de las mujeres de la realidad. Quizás convenga recordar que los mayas tienen dos calendarios, uno masculino y otro femenino (curiosamente, con 260 días y años que no corren, siempre en cero), una idea novedosa que regalo a la ministra.

    En efecto, el Instituto de la Mujer, probablemente lo mismo que el Ministerio de Igualdad resultan ser -como ya podía suponerse- aparcamientos para aquell@s polític@s que no pueden dedicarse a otra cosa por su absoluta inutilidad. Propongo que se cree un instituto del Hombre para que haya paridad en la parida, igualdad en el absurdo.

    Asistimos a los efectos de una verdadera borrachera de poder de la falsa progresía, intoxicada con la demagogia más barata, siempre a costa del contribuyente, que no tiene tiempo para estas ridiculeces. Quizás se trata de un efecto colateral más de la mala política educativa de estos mismos señores…

    Propongo que se barran estos institutos y ministerios ociosos del mapa, pues las naciones cultas y evolucionadas de Occidente no han necesitado estas paparruchas para estar donde están.

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